Capítulo 57
La habitación estaba en silencio.
Rudville respiraba con dificultad, como si hubiera estado corriendo sin parar, y todo su cuerpo estaba empapado en sudor frío.
Se tumbó en la cama y palpó el espacio a su lado.
No había nada, por supuesto.
Había vivido solo toda su vida, dormido solo, y nunca había compartido su cama con nadie. ¿Por qué hizo ese gesto entonces?
Ni él mismo lo entendía.
Pero, ¿cuándo había entendido algo alguna vez?
Se levantó de la cama.
Su mente aún parecía flotar en el límite entre el sueño y la realidad, pero su cuerpo se movía con normalidad.
Caminó con la mirada perdida.
Su conciencia no sabía adónde iba, pero sus pasos se dirigían claramente hacia un destino concreto.
Nada más salir de su habitación, giró por el pasillo…
Y llegó a la puerta de Odelli.
Rudville extendió la mano y abrió la puerta.
Entró en la habitación como una brisa nocturna, sin hacer ruido.
Y entonces miró hacia abajo, donde Odelli dormía plácidamente en el centro del amplio dosel de la cama, con las manos juntas sobre el pecho.
«Sigue durmiendo como un cadáver», pensó Rudville.
Tanto cuando estaba en el ataúd como cuando dormía sola en la cama, siempre yacía tan tranquila y serena.
Había veces que la había sacudido para despertarla del ataúd, y otras que se había derrumbado en llanto al verla dormir.
Sin saber siquiera qué estaba pensando, Rudville se acostó silenciosamente a su lado.
Y, por su cuenta, la atrajo hacia él y la abrazó con fuerza.
—Mmm…
Ella, ahogándose en sueños, protestó y trató de empujarlo, pero él le palmoteó la espalda con familiaridad.
—Está bien, soy yo. Tu Ru. Tu caballero. Tu esclavo…
Susurró esas palabras sin siquiera saber lo que decía.
Rudville cerró los ojos.
Cuando el cálido aroma que la rodeaba llegó a lo más profundo de sus pulmones, por fin pudo respirar.
Y así, Rudville cayó en un sueño profundo.
Por primera vez en meses.
Sin sueños, sin pesadillas, durante un largo rato.
୨꒷・┈┈・⊹ ̊ʚ・┈ ⊹ ̊✪ ⊹ ̊┈・ɞ⊹ ̊・┈┈・꒷୧
Al día siguiente…
Rudville abrió los ojos lentamente.
El canto de un pájaro desconocido, anunciando el amanecer, resonó en sus oídos.
«¿Mañana?»
¿Se había despertado por la mañana y no en mitad de la noche?
A diferencia de lo habitual, su cabeza estaba clara y su mente lúcida.
Esa sensación refrescante que se tiene después de un sueño profundo.
Una sensación que no experimentaba desde hacía mucho tiempo.
Y luego llegó la extrañeza.
Este no era su dormitorio.
La textura de las sábanas, el leve aroma a hierbas, la temperatura cálida pero no excesiva…
Todo era diferente.
«¿Qué demonios…?»
Y, sobre todo, notó el calor de alguien pequeño y cálido en sus brazos.
Despertar en una habitación desconocida, abrazando a una persona desconocida, era una experiencia nueva incluso para él.
Rudville no pudo evitar perder su habitual compostura y quedarse desconcertado.
Bajó la mirada lentamente.
Y sus ojos se encontraron directamente con los de Odelli, que lo miraba con ojos despiertos y brillantes sobre su pecho.
—¡…!
Rudville sintió que su corazón se detenía.
—…¿Estaba despierta?
—Sí.
—¿Por qué no me despertó…?
—Lo intenté como veinte veces antes de rendirme.
—…
—…
Parece que Rudville la abrazaba tan fuerte que ella no podía escapar.
—¿Cómo he llegado aquí…?
Su mente quedó en blanco por un momento.
¿Había venido inconscientemente? ¿Él?
Su corazón latía tan fuerte que, en un arrebato, separó a Odelli de su pecho.
—Parece que… me he vuelto loco.
—No pasa nada.
—¿Que no pasa nada?
¿Cómo que no pasa nada?
Rudville, irritado por su respuesta indiferente, replicó:
—¿Qué demonios significa que no pasa nada?
—La gente pierde la cabeza cuando no puede dormir. Su Alteza ya estaba un poco loco de antes, así que esto es el doble de locura.
—…
—Lo entiendo.
—Vaya comprensión más profunda —respondió Rudville con sarcasmo, levantándose con rigidez.
Pero, a pesar de su tono, no podía mirarla a los ojos.
SILENCIO.
Ni Odelli ni Rudville dijeron nada.
Rudville sintió que su pecho aún estaba caliente por el contacto con ella y, sin razón alguna, se ajustó la ropa.
El hombre siempre seguro, frío e imperturbable había desaparecido.
Rudville se apartó, como si estuviera huyendo de ella.
—No lo recuerdo.
Era verdad.
Recordaba haber tenido una pesadilla y despertarse de ella, pero después… nada.
Todo se volvió negro.
Solo quedaba una vaga sensación de haber caminado como guiado por instinto.
Probablemente, era por el poder de purificación de la Princesa.
Su instinto de supervivencia lo había llevado inconscientemente hacia alguien que pudiera aliviar su dolor.
Pero esa excusa no servía de nada.
Mientras Rudville pensaba en cómo disculparse, Odelli respondió con calma:
—Eso parece.
No hizo preguntas, no lo presionó.
Como si no sintiera nada al respecto.
O como si lo entendiera.
Eso lo enfureció aún más.
De pronto, Rudville, que hasta entonces parecía incómodo, endureció su expresión y la atacó verbalmente:
—¿Reaccionaría igual si otro hombre se colara en su cama en mitad de la noche?
Odelli parpadeó.
La voz de Rudville era baja y afilada, llena de fragmentos de emociones que ni él mismo podía explicar.
—…
Después de un momento de silencio, Odelli inclinó ligeramente la cabeza y respondió con serenidad:
—Eso no pasaría.
Rudville no entendió al principio.
Su ira se desvaneció lentamente ante su voz tranquila y segura.
La miró en silencio.
Odelli seguía mirándolo directamente, sin mostrar emoción alguna.
Pero Rudville notó un temblor casi imperceptible en sus ojos.
Ella también estaba alterada.
—…Lo siento.
Al final, Rudville fue el primero en hablar.
Una disculpa inesperada.
—No.
—…
Odelli se levantó primero.
Arreglándose el vestido con calma, le hizo un leve saludo, como cualquier otra mañana.
—Entonces, me retiro primero.
Y, al abrir la puerta, añadió en voz baja:
—…Si no hubieras sido Rudville, te habría pateado en un punto vital.
—…
—Pero estabas durmiendo tan profundamente que no pude hacerlo…
¿Profundamente?
¿Esa palabra podía describirlo a él?
Pero antes de que Rudville pudiera reaccionar, Odelli salió sin mirar atrás.
Él la observó en silencio.
La puerta se cerró y la habitación quedó en calma otra vez.
—…
Se dejó caer en la cama.
Su corazón seguía latiendo con fuerza.
Extendió los dedos lentamente.
Aún podía sentir el calor de ella.
«…Esto se va a convertir en una adicción.»

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD