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Capítulo 56

Ante las palabras de Rudville, Odelli respondió esforzándose por ocultar su amargura.  

—Al menos un efecto parece seguro.  

Nadie se atrevería siquiera a tocarlo.  

—Pero… ¿estará bien? 

—¿El qué?

—Que se sepa que yo soy la mujer de los ojos azules.  

Odelli, fingiendo serenidad, observó la reacción de Rudville mientras preguntaba.  

—¿Ya no piensa seguir buscándola?

—Ah…  

Rudville respondió con indiferencia.  

Por un instante fugaz, un gesto de cansancio cruzó su rostro.  

—¿Cómo debería decirlo…?  

Se frotó la barbilla, sumido en sus pensamientos, antes de recuperar su expresión impasible y hablar.  

—Desde el principio, temporal y espacialmente, esa mujer nunca pudo existir en este mundo.  

—…

—Los espíritus siempre me lo recordaban. Que era una mujer que no podía ser real.  

«Bueno, cada vez que escuchaba eso, creo que sacaba mi espada y enloquecía.»  

Rudville añadió esto como si estuviera desenterrando un recuerdo lejano, aunque en realidad había sucedido hace poco.  

—Quizás realmente estaba loco y solo vi alucinaciones. Estaba completamente intoxicado, al borde de convertirme en un monstruo.  

«Así que llegó a esa conclusión.»  

—Solo quería llenar algo vacío dentro de mí. Podría haber sido alguien… o solo una ilusión.  

Odelli, que conocía toda la verdad, no sabía cómo reaccionar.  

Decidió guardar silencio, juzgando que no corregir su ilusión sería mejor para su salud mental.  

—Ahora ese vacío es un poco menor, así que creo que estoy bien. 

—¿…Menor?  

—Suficiente para seguir viviendo.  

Rudville habló con frialdad.  

Se detuvo un momento, como si sintiera que había sido innecesariamente sincero, y desvió incómodo la conversación.  

—Al final, ¿quién creería que un Gran Duque que buscaba a una mujer por todas partes, de repente se enamora de otra y se casa?  

Remarcó sus palabras, como si nunca hubiera habido otra opción.  

—No tienes más remedio que ser tú la mujer de los ojos azules.  

«Podrían simplemente no actuar como si fueran inseparables…»  

Odelli lo pensó, pero Rudville no le dio oportunidad de replicar.  

—Tu desaparición también la justificaremos diciendo que te escapaste porque tu familia se oponía a que me vieras.  

—Entonces, ¿por qué Su Alteza buscaba a la princesa de Kardel?

  

—Porque la Princesa me conoció ocultando su identidad.  

—Esto no es un cuento de hadas…  

—No está mal.  

«¿Qué parte no está mal?»  

Pero Rudville parecía bastante satisfecho con esta ridícula novela romántica.  

Esbozó una sonrisa juguetona.  

—Hace cuatro meses hubo un baile de máscaras en el palacio imperial. La Princesa se escabulló de su familia y asistió en secreto. Ese día, nos encontramos por casualidad y nos reconocimos al instante…  

Cuanto más escuchaba, más aturdida se sentía Odelli.  

No tenía ningún sentido.  

¿Una mujer misteriosa que volvió loco al Gran Duque de Hierro y Sangre?  

¿Acaso era una diosa del amor descendida del cielo o una historia posible solo con drogas prohibidas?  

«…Pero, sin darme cuenta, ya estaba inmersa en esa novela cursi.»  

—Parece poco convincente. Al menos debería ser creíble para que la gente lo trague. No son tontos…  

—No es… tan descabellado.  

«¿Eh?»  

Antes de que Odelli pudiera preguntar con incredulidad, Rudville continuó rápidamente.  

—Cuando sonó la campana del reloj, tú te fuiste por miedo a ser descubierta, y yo no pude detenerte. Solo recordé esos ojos azules…  

—Suena a algo que he escuchado antes.  

—Deja de interrumpir. A las masas les encantan estas historias clichés.  

«Definitivamente será memorable.»  

Si esto se extendía, quedaría grabado en la mente de todos.  

Rudville ya había atraído mucha atención al reunir a mujeres de ojos azules en el castillo.  

Todos esperarían la continuación.  

¿Quién diría que su interés era la enfermiza Princesa de Kardel, ocultando su identidad?  

La gente hablaría de su historia durante días.  

—Su Alteza, por mucho que…

  

—Deja ese título.  

—…

—Un apodo más íntimo que tu nombre sería mejor. Podrías llamarme “Ru”… 

 

—…Eso no lo haré.  

Hubo un breve conflicto por los detalles innecesarios, pero al final, su historia de amor parecía cerrarse así.  

Odelli, con el rostro exhausto, le preguntó con cautela:  

—No habrá olvidado la cláusula de excluir sentimientos personales, ¿verdad?  

Él soltó una risa burlona.  

—¿Cuándo acordamos eso? Solo actuaremos para que la familia Kardel lo crea. Nuestra relación contractual no cambiará.  

—… 

«Pero hoy habla mucho más de lo usual…»  

Odelli lo miró con los ojos entrecerrados.  

—¿No cree que esto es lo mejor, más eficiente y efectivo? Hasta usted lo sabe, ¿no?  

Rudville le devolvió la pregunta.  

Y, desafortunadamente, tenía razón, así que Odelli no pudo refutarlo.  

—Ah, no… También debería llamarte “Odelli”. ¿O prefieres un apodo?

—Odelli es suficiente.  

Odelli sintió que había caído en su trampa, pero ya era tarde.  

No pasaría mucho antes de que los rumores se esparcieran como pólvora.  

 

୨꒷・┈┈・⊹ ̊ʚ・┈ ⊹ ̊✪ ⊹ ̊┈・ɞ⊹ ̊・┈┈・꒷୧

Después de recibir la purificación de Odelli, las pesadillas de Rudville disminuyeron notablemente.  

Las pesadillas que se repetían cada noche no, el infierno que incluso invadía su vida diaria ahora solo llegaba dos o tres veces por semana.  

Podía dormir un poco mejor.  

De apenas una hora de sueño al día, ahora lograba dormir hasta tres horas.  

Claro, no todos los días.  

Todavía había noches en que el insomnio lo visitaba, y seguía fumando cigarrillos como un adicto hasta el amanecer.  

Pero al menos reducía la cantidad poco a poco.  

Había un cambio claro.  

En lugar de ser aplastado cada día por sueños que lo derrumbaban, ahora empezaba a sentir que estaba vivo.  

Pero eso no significaba que las pesadillas hubieran desaparecido por completo.  

«…Otra vez.»  

Cuando quedó atrapado en esa pesadilla interminable después de tanto tiempo.  

Cuando no importaba cuánto luchara, no había señal de despertar.  

Y cuando sentía que pasaría una eternidad en esa oscuridad impenetrable…  

Ya no podía aceptarlo con la misma familiaridad y hastío de antes.  

Por primera vez en mucho tiempo, sintió verdadera desesperación.  

Jadeó, como si se estuviera asfixiando.  

El dolor que se había vuelto insensible al repetirse diariamente, ahora se sentía más agudo por haberlo experimentado menos.  

Como si le hubieran dado un respiro solo para infligirle mayor sufrimiento.  

Justo cuando creía haber salido a la superficie y podía respirar, sin previo aviso, era arrastrado de vuelta a las profundidades.  

A ese abismo oscuro, sofocante y sin fin.  

Rudville había regresado a ese pozo sin fondo.  

«Esto debe ser un castigo por algún gran pecado de una vida pasada.»  

¿De qué otra forma podría explicar por qué seguía soñando esto?  

Viendo a alguien morir.  

Descomponiéndose.  

Cayendo sin fin, una y otra vez…  

«¿Hasta cuándo?»  

¿Continuaría hasta su muerte?  

Pero ni siquiera la muerte le era permitida.  

Alguien se lo había impedido.  

Persiguiéndolo incansablemente, interfiriendo y cuestionando cada detalle.  

Cuando estaba al borde de la muerte, a punto de caer al infierno, esa persona lo arrastró de vuelta a este mundo.  

—Dijo que me necesitaría.  

«No, nunca te necesité.»  

Pero ella lo hizo necesitarla.  

Lo sacó a rastras de ese abismo, obligándolo a vivir.  

Le dio significado a una vida sin sentido.  

Entonces, ahora era su responsabilidad.  

«Sí, todo esto es tu culpa.»  

Robin:



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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