Capítulo 56
—Qué ruidoso. Deberías estar durmiendo tranquilamente.
El Maestro extendió una píldora verde. Reconocí el olor familiar de las hierbas que tomaba cada vez que me resfriaba en invierno. Era una mezcla de plantas medicinales para bajar la fiebre y ayudar a dormir.
—Gracias.
La tomé de un trago, y escuché otro —¡tsk!— de desaprobación. Mientras vacilaba, sosteniendo la taza vacía, el Maestro me empujó la frente con fuerza, obligándome a acostarme en la cama. Luego, me arrebató la taza.
Como siempre, el efecto fue rápido. Cerré los ojos y, en poco tiempo, la conciencia comenzó a desvanecerse. Seguro al despertar me sentiría mucho mejor. Justo antes de dormirme, en ese estado entre sueños, sentí una voz tierna y una caricia.
—¿Crees que a mi edad debería preocuparme por la vida de un discípulo como tú?
Así que el maestro había venido por mí.
—Gracias de nuevo por responder a mi solicitud.
Mis dos personas favoritas hablaban entre ellos, pero sus voces sonaban distorsionadas, como si estuvieran bajo el agua. Era tan reconfortante como una canción de cuna, y en un instante, caí en un sueño profundo.
✧—————-➣
Mi conciencia se despertó intermitentemente varias veces antes de volver a dormirme. Pensé que al día siguiente estaría bien, pero al parecer estaba más enfermo de lo que creía.
«¿Por qué este maldito cuerpo tiene que hacerme sufrir tanto? No sabía que sería así cuando tomé el veneno que me dio mi madre. Si pudiera volver al pasado con mis recuerdos intactos, ¿habría rechazado el té de rosas que me ofreció?».
…Mmm. Probablemente no. Porque cuando lo bebía, ella me sonreía con toda su atención. Solo por ver esa sonrisa, lo haría de nuevo.
«¿Podría evitar la muerte de mi madre? Entonces… ¿me amaría?».
El viento soplaba fuerte, haciendo que la lona de la tienda se agitara con un sonido amenazante. Eso me sacó de mis pensamientos inútiles y me obligó a sentarme en la cama.
Pero, ¿por qué no hay nadie aquí? Ni Ruwen, ni mi hermana, ni el Maestro, ni siquiera Taran. No son el tipo de personas que me dejarían solo.
Un extraño malestar se apoderó de mí, y me bajé de la cama. Debido al tiempo acostado, mis piernas cedieron al instante, y caí antes de poder dar un paso. La palma de mi mano, que se apoyó instintivamente en la cama, ardía. Ni siquiera sentí dolor en el momento.
Bueno, en ese entonces estaba demasiado ocupado intentando salvar a Ruwen como para notarlo.
Miré fijamente la venda que cubría mi palma, luego me levanté, haciendo fuerza en las piernas. Tambaleé un poco, pero después de pararme un rato, pude caminar sin problemas.
Al salir de la tienda, entendí por qué no había nadie a mi lado. El Segundo Príncipe había llegado, y traía consigo a las familias de los bandidos que habían sido secuestrados. Los caballeros de la orden estaban ocupados atendiendo a todos.
Ah, ahí está Taran. Parece que tuvo un reencuentro emotivo, porque estaba llorando entre la multitud. Las mujeres que sostenían a sus hijos lo consolaban y reían.
«Qué alivio».
¿Y qué pasó con el líder?
Para saberlo, tendría que encontrar a Irene. Seguro estaban reunidos en la tienda de mi hermana recibiendo al Segundo Príncipe, pero no tenía idea de cuál era. La tienda más lujosa era la mía, aparentemente. Las demás se veían iguales. Parece que mi hermana me dio la suya.
Sin otra opción, me acerqué a un caballero que vigilaba la entrada.
—¿El Príncipe ha llegado? ¿Dónde está la tienda de mi hermana?
—Yo lo llevaré. ¿Necesita ayuda para caminar?
Iba a rechazarlo, pero como no estaba del todo recuperado, asentí. Esperaba que me sostuviera, pero sus manos solo se movieron torpemente en el aire. Lo miré confundido, y él, nervioso, dobló el brazo y lo extendió.
—¿En realidad no quieres ayudarme, sino escoltarme?
—N-no es eso…
Sus orejas y cuello se enrojecieron. Incluso se estremeció cuando suspiré.
«¿Cómo puede ser caballero con esa timidez? ¿No le dan miedo los monstruos? A mí sí me daban miedo».
—Olvídalo. Solo dime dónde está.
—Pero si se entera que lo dejé ir solo, me castigarán. Déjeme acompañarlo.
—Entonces no me trates como a una dama.
—¿Puedo… tocarlo, entonces?
«¿Por qué habla así?».
Entrecerré los ojos, y él empezó a balbucear, agitado.
—¡P-perdón! Es que para ayudarlo tendría que tocarlo, y… ¿estaría bien?
—No. No estaría bien.
—Entonces, ¿cómo…?
—Solo dime dónde está.
Ya me sentía mal, ¿y ahora esto? Me irrité, y el caballero se puso rígido, como una estatua.
«Bien, quédate así. Mejor le pregunto a alguien más».
Di un paso para alejarme, pero él me siguió atropelladamente.
—¡Lo guiaré! Si lo dejo ir solo, me matarán…
—¿Dónde es?
El caballero me indicó la dirección desde medio paso atrás. Eso habría sido suficiente, pero sus manos seguían moviéndose cerca de mí, como si quisiera tocarme.
«Ni siquiera me sostuvo cuando me tambaleé. ¿Por qué actúa así?».
—Aquí es.
Aunque fui yo quien caminó con dificultad, él tenía la frente empapada de sudor. Lo miré de reojo antes de levantar la lona de la entrada.
—¡Faye!
Mi hermana fue la primera en verme y me sonrió ampliamente.
—Pequeño Señor. Yo lo ayudaré.
Ruwen se acercó de inmediato y me sostuvo del brazo. Se veía bien, como si se hubiera recuperado por completo.
Pero primero debía saludar al Segundo Príncipe. Cuando giré la mirada, nuestros ojos se encontraron, y él me estaba mirando fijamente. Enseguida, como si nada hubiera pasado, ajustó su expresión y esbozó una sonrisa molesta.
«¿Qué? No tiene razón para mirarme así».
—Faye, ¿te sientes mejor?
Mi hermana se acercó y acarició mi mejilla. Miré más allá de su hombro y noté que la sonrisa del Príncipe tenía una pequeña grieta.
«Hmm…».
Los demás no lo notarían, pero yo sí. Porque también uso una máscara como la suya.
«Parece que no le gusta que mi hermana me preste tanta atención».
Qué típico del dios de los celos. Pero no me preocuparía por sus tonterías. Sabe que si me toca y se descubre, mi hermana lo odiará.
—Sí. Mucho mejor. Pero primero debo saludar a Su Alteza.
Mi hermana se apartó, y yo, fingiendo inocencia, saludé con una sonrisa pura y protocolaria.
—Saludo al Segundo Príncipe.
—Qué rápido… Bah, no importa. Me alegra que estés bien.
«¿Intentará regañarme delante de mi hermana?».
—Gracias por su preocupación. Pero, ¿puedo preguntar qué pasó con los bandidos que me llevaron?
«¿Estarán a salvo? ¿Llegaron a tiempo?».
—El grupo del Primer Príncipe regresó al palacio. El caballero Dedrick arrestó a todos los bandidos que te secuestraron. Deberían estar llegando pronto.
—Qué alivio. ¿Cómo logró traer a las familias de los bandidos?
La verdad, tenía curiosidad. Lo había pedido, pero no creí que fuera posible. Aunque, siendo el protagonista masculino, era de esperar que lo resolviera. Y vaya que lo hizo. Era confiable cuando se trataba de sus intereses.
—Negocié un intercambio de rehenes. Les dije que si no te liberaban, ejecutaría a uno por uno.
—¿Qué?
Su sonrisa alegre me hizo dudar de lo que escuché. Pero el Príncipe solo se encogió de hombros, como si nada estuviera mal. Irene suspiró y negó con la cabeza, y él, tosiendo, se arregló el cuello y cambió su expresión por una sonrisa más amable.
—Es una broma.
—Ya veo…
—Inventamos una buena historia para convencerlos.
Irene explicó con una sonrisa. Habían hecho pasar a los bandidos por un grupo inocente de cazadores, usando a un niño como carnada. Un niño que, llorando, suplicó al Príncipe que salvara a su madre.
El Primer Príncipe intentó interferir, pero oficialmente no estaba involucrado, así que la presencia del niño conmovió al Emperador.
«Por eso la monarquía absoluta es tan absurda. Si convences al Emperador, hasta la mentira más ridícula se vuelve verdad. Hay leyes y juicios, pero el Emperador puede revocar cualquier decisión».
«Por eso el Primer Príncipe no debe convertirse en el heredero».
Aunque no me agradara, el Segundo Príncipe debía ser el próximo Emperador. Al menos él actúa dentro de lo razonable. Y, sobre todo, tiene a Irene como su brújula moral. Nunca haría nada que ella odiara.

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: PATITA DE PERRO
RAW HUNTER: MALVADOS LTD