Skip to content

ACOSB

  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks
ACOSB

Capítulo 56

Pasaban tanto tiempo corriendo juntos por el jardín o jugando en los cuartos, que no cabía duda de que el niño y la niña eran muy cercanos en su infancia.

Y aquello le dejaba a Huberg, de niño, una sensación bastante especial.

Aunque había un pequeño problema.

{ —Oye, Renée. ¿Quieres venir conmigo…?}

{ —¡Millen, vamos juntos!}

El hecho era que en la mirada de la niña, nunca estaba él, sino siempre Millen.

Aquella niña, hambrienta de afecto parental, prefería seguir a un hermano mayor antes que a un amigo de su misma edad con quien se la pasaba peleando.

Por eso, la mano que Huberg le extendía siempre era rechazada. Y ella ni siquiera se daba cuenta de ello.

Incluso ahora, Adeline seguramente sigue viendo solo a Millen.

{—Pero eso no significa que ahora vaya a ponerme con juegos tontos de amor infantil ni nada por el estilo.}

Huberg recordó la carta que recibió hace unos días de su padre, Philip.

Aunque la carta iba dirigida a él, casi todo lo que decía giraba en torno a Millen.

[Incluso si heredas el título, no debes olvidar que Millen sigue siendo tu hermano mayor.]

[Millen puede suplir aquello en lo que tú careces, así que cooperen entre ustedes. ¿Aún no piensas en casarte? Millen, por cierto, tiene intención de casarse con la única hija del duque Zeller. Es una chica recta y encantadora, ¿no crees? Tu madre y yo esperamos que tú también encuentres a alguien así.]

[Tienes muchas más carencias que Millen, así que busca a una dama que pueda compensarlas. Alguien como Adeline sería ideal, ¿no crees? Tu hermano siempre ha tenido buen ojo desde pequeño.]

Una carta llena de elogios hacia Millen, con un tono apenas disimulado de desdén hacia Huberg.

Aunque no lo decía directamente, Huberg sabía bien que Philip siempre había preferido a Millen y que los comparaba constantemente.

«No pensé que incluso llegarías a compararnos en cuestión de pareja…»

No importa. Si se lo arrebata, eso bastaría.

No soportaba ver que Millen tuviera algo mejor que él, lo que fuera.

«Maldito bastardo ilegítimo…»

Mostrando los dientes con una sonrisa torcida, la mano de Huberk cayó con un golpe seco sobre la mesa.

Sus ojos turbios, como cubiertos de humo, brillaron con un calor extraño mientras miraba al hombre frente a él.

—Entonces, es una promesa, Su Alteza Kaiden.

El cabello rojo, perfectamente peinado hacia atrás, cayó con elegancia sobre la frente del hombre.

Su rostro bien formado, claramente heredado del emperador, mostraba una expresión feroz.

No era rudeza, sino la frialdad afilada de una espada forjada con esmero lo que envolvía su rostro.

Kaiden Crawford, segundo príncipe del Imperio Crawford, sonrió.

—Sí. Por supuesto.

Siempre y cuando trajera a Adeline.

***

Una noche de luna nueva, en la que ni la luna se asomaba.

A pesar de la hora avanzada, el mayordomo del duque Zeller aún no había conciliado el sueño.

Junto a la dormida Adeline, en una oscuridad absoluta, el rostro de Carlyle, que brillaba como el de un ave rapaz, reflejaba una profunda confusión.

Pero no era por las mismas razones de antes.

No era el tormento de atreverse a desear a su señorita, como lo fue en el pasado.

 Él ya había aceptado sus deseos. Incluso los había justificado, como lo haría una bestia.

Una vez que el pecado le pareció razonable, no desearla empezó a sentirse como un defecto de virtud.

Pero mientras velaba junto a ella, como un león de piedra frente al trono, Carlyle se mantenía libre de sus impulsos impuros.

Así que la turbulencia en su interior no era culpa de esta noche en particular.

Un poco antes del anochecer, en la carroza de regreso del sastre a la mansión del duque Zeller.

Adeline señaló el recibo que Carlyle tenía en la mano y le dijo:

—Carlyle, ese traje que compramos hoy es para ti. Pensándolo bien, nunca te he dado un buen regalo.

—¿Es… para mí?

Carlyle se sorprendió más de lo que esperaba al oír eso.

Le había preguntado si no le resultaba incómodo moverse, si se veía bien… jamás pensó que estuviera pensando en eso.

Ahora que sabía por qué Adeline lo había llevado al sastre, se sintió culpable por haber respondido con indiferencia, creyendo que el traje era para Jack.

Pero lo que realmente lo hacía sentirse culpable era aceptar un artículo de lujo así, sin más.

—De verdad, no es necesario, señorita. Si necesito algo, el señor Diego ya me ha dado muchas cosas…

—Pero eso no lo he hecho yo. Este es mi regalo, así que acéptalo.

En realidad, no era la primera vez que Adeline le daba algo a Carlyle, pero hasta ahora habían sido detalles simples de su época en la academia.

Como unos guantes, una correa para reloj o una montura nueva para sus gafas.

Le decía que usara esos regalos porque los suyos estaban rotos o viejos… pero ¿cómo podría él atreverse a usar algo que ella le había dado?

Todo se desgasta con el uso, y solo imaginar que un regalo de Adeline se estropeara le resultaba insoportable.

Por eso, Carlyle pensó en los regalos de Adeline, guardados cuidadosamente en lo más profundo de su cajón.

«Me ha dado tantas cosas… no entiendo por qué piensa que nunca me ha dado nada.»

Aunque, claro, no era tan difícil de entender si lo pensaba bien.

El sentimiento de deuda del que hablaba Adeline tenía que ver con los tres años desde que se convirtió en duquesa de Zeller.

«Durante su matrimonio con Julian, no tenía dinero para regalarme nada.»

Ahora, al menos, podía permitirse regalarle algo, y eso la hacía sentirse bien.

Adeline se sentía tranquila por eso, pero para Carlyle, que no conocía todos los detalles, esas palabras sonaban muy distintas.

Quizá porque últimamente sentía que Adeline empezaba a ocultarle cosas.

Tal vez también fuera por aquel herbolario sin letrero al que Adeline dijo haber ido, y cuyo recuerdo le dejaba un extraño sabor amargo en la boca.

«No quiero dudar de la señorita… pero…»

Carlyle recordó cuando Adeline le dijo que había pasado por el herbolario.

—Subí a la carroza sin haber comido nada y me sentí un poco mareada. Vi una botica enfrente y compré algo para el mareo.

Ella dijo eso mientras le mostraba el frasco, y Carlyle no dijo nada más en ese momento.

Pero en realidad, desde el principio, Carlyle supo que era mentira.

¿Cómo no iba a notar el más mínimo cambio en el semblante de Adeline, si había estado a su lado toda su vida?

Si realmente se hubiera sentido tan mareada como para necesitar medicina, Carlyle lo habría notado antes que nadie.

Y aun así, decidió callar.

«No entiendo por qué sigue diciéndome mentiras…»

No podía comprender por qué Adeline le mentía incluso sobre algo tan insignificante como eso.

Antes, habría asentido y lo habría dejado pasar. Pero ahora, esas pequeñas mentiras comenzaban a atorarse en su garganta como una espina molesta.

Inconscientemente, Carlyle recordó lo que había pasado unos días atrás.

El día que Adeline regresó abrazando a Jack. La raíz de su decisión de alejar a Jack del lado de Adeline era que entre ellos había cosas que él no conocía.

«En ese momento pensé que lo que me molestaba era que Jack Hatzfeld compartiera secretos con ella.»

Pero ahora que lo pensaba… no era solo eso.

Detestaba los secretos.

Cuantos más secretos Adeline le ocultaba, más sentía que entre ellos se abría una distancia imposible de cruzar.

Carlyle se consolaba creyendo que su relación con Adeline era especial, que compartían momentos que nadie más podía siquiera tocar.

Era vulnerable a esa sensación de lejanía que percibía en ella.

«Ni siquiera me atrevo a desear ser su amante…»

«…pero al menos, ¿no puedo aspirar a ser quien esté más cerca de ella, su herramienta más útil?»

Que cuando Adeline tendiera la mano, él fuera quien siempre estuviera allí, para ser tomado como si fuera natural.



TRADUCCIÓN: ELLIS
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK


¿TE HAS CANSADO?

© 2026 ACOSB

No puedes copiar el contenido de esta página.

    Previous Post

  • CAPÍTULO 55

    Next Post

  • CAPÍTULO 57
Scroll to top
  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks