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Capítulo 54

2|

«¿Por qué habrá venido este hombre?»

Esa fue la única pregunta que logré formular en mi mente, tras unos segundos de vacío. Tenía la cabeza pesada y, a causa de la fiebre, no podía pensar con claridad. Parpadeé débilmente y pregunté sin energías:

―¿Qué… quiere de mí?

Al escuchar mi voz apagada, como si estuviera muriendo, Nathaniel Miller dijo:

―Sabía que estaría en casa.

Su tono sonaba como si lo hubiera esperado. Solté un suspiro breve, como un “Ah…”

―En general, en estos casos, significa que no estoy en condiciones de recibir visitas.

Era mi forma de decirle que, sin importar su motivo, se fuera. Pero Nathaniel Miller no mostró la más mínima intención de hacerlo. En cambio, miró significativamente más allá de mi cabeza, hacia el interior del estudio, y luego, devolviendo su mirada a mi rostro, esbozó una sonrisa.

―¿Acaso no se lo dije? A mí no me importa ni siquiera que sean tres.

Sin poder evitarlo, fruncí el ceño.

―¿Qué… significa eso? ―Salió de mí una voz sin fuerzas.

Al final, no pude contenerme y, apoyado en la puerta, incliné la cabeza para mirarlo. Fue entonces cuando Nathaniel, por primera vez, preguntó con aire de sorpresa:

―¿Acaso no estaba divirtiéndose con alguien?

―¿Qué…?

Estaba exasperado, pero ni siquiera tenía fuerzas para responder con sarcasmo. En su lugar, solté un suspiro y me llevé una mano a la frente. Un momento después, comprendí el significado de sus palabras. Al parecer, este hombre había pensado que yo estaba con otro hombre. Por eso había insistido tanto con el timbre…

Pero, aun así, era extraño. ¿Por qué se habría empeñado hasta ese punto? No era posible que este hombre hubiera venido hasta aquí solo para tener sexo conmigo…

―Espere, oiga.

Mientras estaba sumido en mis pensamientos, Nathaniel pasó por delante de mí con total naturalidad y entró. Una vez más, había caído en la misma táctica. Atónito, me quedé mirando su espalda mientras él se detenía en un lugar similar al de ayer y observaba la casa.

«Maldito sea.»

Tardíamente, apreté los dientes y cerré la puerta de entrada. Mi cuerpo pesaba y mi cabeza ardía, pero no pude evitar decir algo.

―¿Es que no aprendió modales? ¿Acaso no debe pedir permiso para entrar en la casa de alguien?

Lo regañé con mi voz ronca y débil, pero, como era de esperar, a Nathaniel Miller no le afectó en lo más mínimo. Él, con toda tranquilidad, respondió de un modo que hizo que mi protesta, forzada desde las cuerdas vocales, pareciera insignificante:

―Fingir que no está cuando en realidad sí lo está, tampoco es de buena educación.

―¡Es que estoy enfermo! ―Al final, estallé de frustración y lo solté―. ¿Por qué si no estaría en casa a esta hora? ¿Acaso cree que volví temprano solo para tener sexo?

Él, todavía con su rostro impasible, me devolvió la pregunta:

―Ayer también dijo que estaba enfermo y que descansaría, ¿no es así?

Sus palabras me dejaron sin habla. 

«¿Acaso mentir sobre estar enfermo para tomarse el día libre tenía un precio tan alto?» 

Ahora estaba claro que este hombre no había creído mi mentira del día anterior. Por eso había traído champán sin inmutarse. Y, de hecho, cuando Nathaniel vino, yo estaba perfectamente bien…

«Fue mi propia culpa.»

No pude evitar que escapara un gemido de mis labios. Aunque hoy realmente no me sentía bien, debido a lo sucedido el día anterior, mis palabras ya no tenían credibilidad. Una sola mentira había logrado socavar tanto la confianza.

―Hoy es en serio ―murmuré sin fuerzas.

Hasta yo mismo sentía que mis palabras carecían por completo de credibilidad, pero aun así tenía que decirlas.

―De verdad me siento mal. Tengo gripe.

Volví a insistir, pero, una vez más, no funcionó. Nathaniel murmuró con simpleza, como si no fuera gran cosa.

―No es más que un resfriado.

―…Ah. ―No pude evitar suspirar, exasperado.

Lo había olvidado.

«La clase de sujeto que es este tipo.»

Los Alfas dominantes no se resfrían. No solo eso, poseen una excelente inmunidad contra todas las enfermedades. Había oído que, al envejecer y disminuir su secreción de feromonas, a veces podían enfermar, pero ni siquiera así su probabilidad se comparaba a la de una persona normal. Debido a eso, este fenotipo vivía más que el promedio y mantenía su juventud por más tiempo.

Aunque pensaba que, en muchos aspectos, era un fenotipo increíblemente ventajoso, en una situación como esta me sentía injustamente tratado. 

«Solo por haber tenido la suerte de nacer con ese fenotipo, la dificultad de su vida es tan diferente.»

Al pensarlo, la indignación me invadió.

―¡Váyase! Ahora mismo no tengo ganas de tener sexo ni con usted ni con nadie más. ¿Acaso no lo entiende? ¡Estoy enfermo! ¿Un simple resfriado? ¡Y usted ni siquiera lo ha padecido, maldito sea! No se haga el superior…

―¿Chrissy Jin?

De pronto, sentí como si mi cuerpo flotara en el aire. Nathaniel Miller llamó mi nombre con el rostro alarmado, pero pronto su imagen también desapareció de mi vista, y mi conciencia se apagó por completo.

***

«…Qué acogedor.»

Algo suave envolvía todo mi cuerpo. También parecía haber un tenue aroma agradable. Exhalé un suspiro tranquilo y me giré de costado. Fue justo entonces cuando sentí en la mejilla una sensación fría y lisa, como nunca antes había experimentado.

«¿Eh?»

Abrí los ojos con dificultad y, desconcertado, miré lentamente a mi alrededor. Adondequiera que mirara, el paisaje me era desconocido. Comenzando por el alto techo, que no podía compararse con el de mi propio estudio, las dimensiones de la habitación eran sorprendentemente amplias. Las paredes de un azul pálido, aunque a primera vista parecían frías, también transmitían una sensación de frescura. Y, sobre todo, la comodidad de la enorme cama en la que yacía me hizo dudar de si aún estaba soñando. Acaricié con la punta de los dedos la sábana que me cubría con cuidado, y en ese momento vi que tenía una aguja clavada en el brazo. Seguí con la mirada el largo tubo transparente hasta arriba, donde había una bolsa de suero que goteaba líquido de manera regular.

«¿Qué es todo esto…?»

Miré alrededor con urgencia. A través de la ventana abierta de pared a pared se extendía un cielo infinito. Por los muebles minimalistas dispuestos en la habitación y, por supuesto, por la cama en la que descansaba, supe que definitivamente no era un hospital. 

«Entonces, ¿dónde diablos estoy?»

Aturdido, intenté incorporarme de golpe, pero de inmediato sentí un mareo y volví a recostarme. Al mismo tiempo, me embistió un terrible dolor de cabeza. Tragué un gemido y contraje el rostro, cuando de repente escuché unos ligeros golpes en la puerta. Me puse tenso de inmediato y, al girar, la puerta se abrió y entró un hombre que nunca hubiera imaginado.

―Despertó.

Nathaniel Miller murmuró con su habitual rostro inexpresivo y dio un paso adelante. Me resultó muy extraño verlo todavía apoyado en su bastón con una mano, mientras sostenía una bandeja con la otra.

Con los ojos muy abiertos por la sorpresa, me quedé mirándolo fijamente. Él se acercó sin vacilar, ajustó el suero con habilidad, me miró y preguntó:

―¿Se siente un poco mejor? Le traje algo de comida.

Era una sucesión de sucesos sorprendentes, así que no sabía por dónde empezar. Logré incorporarme con dificultad y, mientras aún luchaba contra la fiebre que persistía en mi cuerpo, pregunté sin bajar la guardia:

―¿Qué… pasó…? ¿Dónde… diablos estoy?

Con la boca completamente seca, logré preguntar a duras penas y entrecortadamente. Luego, añadí una pregunta incrédula:

―¿Acaso… es su casa?

Aunque se lo pregunté sin poder creerlo todavía, él respondió con toda naturalidad:

―Esa pocilga es demasiado pequeña para mí.

Robin: ajajajajaj nos dijo pobres a todos !!!

―¿Qué…? ―Atónito, apenas logré articular esas palabras.

Cuando hay demasiado que decir, a veces no se puede decir nada. Me cubrí el rostro con una mano e intenté respirar hondo. Mientras, Nathaniel dejó la bandeja que traía sobre la mesa auxiliar y dijo:

―Debería beber agua. Es bueno mantenerse hidratado. Cuando termine el suero, será buen momento para tomar medicamentos. Aunque tiene la garganta bastante inflamada, mejorará cuando baje la fiebre. Unos dos o tres días serán suficientes.

Verlo comportarse así, dando órdenes por aquí y por allá, me producía una sensación extraña. «¿No es de sentido común llevar a un enfermo al hospital? ¿Por qué me trajo a su casa?» Además, su actitud de darse aires de superioridad y querer enseñar a los demás me resultaba aún más desagradable. Tal vez mis pensamientos internos se reflejaron en mi rostro, porque Nathaniel de repente soltó una risa burlona.

―¿No lo sabía? Tengo una licencia médica.

Sus palabras inesperadas me tomaron por sorpresa. 

«¿Una licencia médica? ¿Este hombre?»

―¿Entonces… quiere decir que usted puso esta inyección? ―Le mostré el brazo con el suero, y Nathaniel asintió―.

La ubicación de la mayoría de los vasos sanguíneos es similar, así que no fue difícil.

Esta vez también respondió con sencillez. Pero, por muy extraño que pareciera, aunque su tono era llano, como si no fuera nada del otro mundo, por eso mismo resultaba más arrogante.

Era como si estuviera diciendo: «Ustedes, que ni siquiera pueden hacer algo así, son unos simios».

Robin: jajajajaja ayudaaaa tenemos classistassues!!!

nosotros cada que Nathaniel nos recuerda de mil maneras que es super iper mega rico y nosotros pues…. tenemos salud



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN TU PATRONA


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