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Capítulo 54

Lo importante vino después.

La razón por la que Max había comprado el veneno.

Adeline no conocía en profundidad a Max, pero considerando que había crecido bajo un jardinero común y vivía como un simple sirviente en la casa de los Belof, ¿qué motivo podría tener para comprar veneno?

No, de entrada, ¿cómo siquiera sabía de la existencia de ese lugar?

«Esa información me costó dinero al conseguirla con un contrabandista ».

Además, según había oído, el llamado “elixir de amor” era extremadamente caro.

No parecía una exageración cuando el contrabandista le dijo que los nobles solían comprarlo para “reavivar” su relación conyugal.

«Claro, un veneno de ese tipo no va a ser barato»

Un veneno llamado “elixir de amor”, sin secuelas físicas si se tomaba el antídoto.

Max, quien apenas sobrevivía con el sueldo de un sirviente de la casa Belof, no tenía razón alguna para invertir tanto dinero en un veneno tan costoso.

Si realmente quería hacerle daño a alguien o necesitaba veneno por alguna razón, podría haber conseguido fácilmente algo barato como veneno para ratas.

Al final, solo quedaba una conclusión.

«Max fue a comprar veneno por encargo de alguien.»

Y siendo Max un sirviente de la casa Belof, quien le hizo el encargo también debía ser alguien de esa misma casa.

Cuanto más lo pensaba, más sospechoso parecía el momento.

«La cena a la que Milen me invitó es mañana por la noche.»

¿Y justo hoy, el día anterior, un sirviente de la casa Belof compra veneno?

Los marqueses de Belof no estaban en la capital.

La cena a la que Adeline había sido invitada era para darles la bienvenida por su regreso.

Ya sabía que regresarían al mediodía, así que quedaban descartados como sospechosos.

Solo quedaban Huberg y Millen.

«Hace tiempo que no tengo ningún contacto con Huberg.»

Después de todo, Adeline llevaba tiempo esforzándose por encontrarse con él en secreto.

 Y al final, todos los pensamientos apuntaban a una sola persona.

«Millenberg Belof.»

 ¿De verdad…?

 ¿Planeaba invitarla a cenar solo para envenenarla?

Según lo que Adeline había visto, Millen y Max parecían bastante cercanos. Así que no podía descartar la posibilidad de que fuera Millen quien le encargó comprar el veneno.

Además, quien la había invitado a la cena había sido Millen desde el principio.

Y sobre todo, Millen tenía el antecedente de haberla llevado a una caída desastrosa en su vida pasada.

Así que si ese veneno comprado por Max realmente iba a ser usado contra Adeline…

«La única persona capaz de hacer algo así… es Millen.»

Adeline apretó fuertemente los puños y luego los soltó. Sin darse cuenta, sus manos ya estaban húmedas de sudor frío por la tensión.

Mientras Carlyle entraba al probador, ella salió un momento de la sastrería.

Y entró en la misma farmacia de la que había salido Max, para comprar un antídoto.

—Deme un antídoto que funcione contra cualquier tipo de veneno.

—¿No sabe de qué tipo de veneno se trata? Sería mejor saberlo para que el antídoto funcione bien —le respondió la mujer, que parecía fabricar los remedios personalmente.

La dueña del local, que claramente preparaba los medicamentos ella misma, le preguntó a Adeline qué tipo de veneno era, pero Adeline no podía responder.

No podía decir que era el mismo veneno que había comprado el hombre pelirrojo que había estado allí hace un momento.

«No debo hacer nada que parezca sospechoso »

 Sería un problema si la llegaban a descubrir más adelante.

 —No sé qué tipo de veneno es, pero me dijeron que actúa rápido, así que por favor deme un antídoto para ese tipo.

 La boticaria, algo dudosa por la respuesta tan vaga, finalmente sacó un frasco y se lo entregó.

—Le repito, si no sabe el tipo de veneno, el antídoto podría no funcionar bien. Pero si realmente es de efecto rápido… al menos esto podría darle tiempo para recibir atención médica.

En otras palabras, no era un antídoto definitivo, pero sí un medicamento que podía frenar la propagación del veneno lo suficiente como para ganar tiempo y descubrir qué clase de sustancia era.

La mujer añadió que una cura universal solo existía en los sueños, así que eso era lo mejor que podía ofrecer.

Adeline tampoco esperaba conseguir un antídoto perfecto si no sabía el tipo de veneno.

«Si el veneno fue comprado aquí, es probable que aquí también vendan su antídoto.»

 Ese fue el único pensamiento que la llevó hasta ahí.

Si realmente terminaba envenenada y el veneno comenzaba a actuar, al menos tendría suficiente tiempo para conseguir el verdadero antídoto, como había dicho la mujer.

Claro que lo ideal era no tomar el veneno desde el principio, y ella no pensaba ser una víctima pasiva.

«Ojalá no tenga que recurrir a ese plan »

Adeline compró el antídoto, lo guardó en su pecho y regresó rápidamente a la sastrería.

A través del vidrio, vio a Carlyle. Apenas se abrió la puerta, él se acercó de inmediato y le preguntó qué había pasado.

—Hace rato subí a la carreta con el estómago vacío y me sentí un poco mareada. Como vi una botica justo enfrente, fui a comprar algo para el mareo.

De hecho, Adeline había comprado también un medicamento para el mareo solo para que su mentira pareciera creíble.

Cuando agitó el frasco frente a él, Carlyle suspiró visiblemente aliviado.

—Si tiene ese tipo de molestias, por favor dígamelo la próxima vez. Cuando salí del probador y no la vi, me preocupé pensando que algo le había podido pasar.

—De todos modos no tenía nada que hacer aquí. Estaba justo enfrente, ¿qué más da? Por cierto, Carlyle, ese traje te queda muy bien.

«…»


Carlyle se dio cuenta de que Adeline estaba cambiando de tema, pero ya no tenía argumentos para insistir.

Después de todo, había salido a comprar medicina porque se sentía mal. No podía reclamarle por eso.

Además, el lugar estaba justo enfrente y Adeline había regresado sana y salva.

Así que Carlyle solo se pasó la mano por la cara seca y dio por terminada la reprimenda.

—La próxima vez, por favor avíseme si va a ir a algún lado.

—Ya te dije que sí. Pero dime, ¿ese traje es cómodo para moverte?

Adeline volvió a desviar el tema hacia el traje.

Y esta vez, Carlyle también se dejó arrastrar dócilmente por el cambio de conversación.

Sin embargo, Carlyle no podía quitarse de la cabeza esa extraña inquietud que le quedaba en el fondo.

«Desde hace algunos días… el comportamiento de la señorita ha empezado a volverse algo extraño.»

¿Mareo, cuando nunca se marea? ¿Y justo porque había una botica ahí enfrente?

Carlyle dirigió la mirada hacia el establecimiento del otro lado de la calle.

La tienda a la que Adeline había entrado no tenía ningún letrero visible.

Tampoco decía en ningún lado que fuera una farmacia.

***

 En ese mismo momento, en el club Lambert.

—Entonces, Huberg, ¿otra vez tuviste un altercado con tu hermano? Ustedes dos realmente se llevan mal sin excepción.

Dentro de una habitación ubicada en lo más profundo del lugar.

Un hombre con un grueso cigarro en la boca encendió el extremo mientras lanzaba la pregunta.

Su tono, aunque mezclado con algo de risa, no era tanto cortante como más bien en broma.

Pero el joven de cabello plateado sentado frente a él Huberg Belof frunció el ceño con una expresión feroz, claramente no le hizo gracia.

—¿Y eso es culpa mía? Ese imbécil de Millenberg nunca falla en sacarme de quicio.

—¿Ah, sí? ¿No será más bien que estás molesto porque con el regreso del matrimonio Belof mañana tendrás que quedarte encerrado en casa por un tiempo?

«…»


Lo había tocado en un punto sensible, pues no hubo respuesta.

El hombre soltó una risa floja, como si no fuera algo que le sorprendiera, y exhaló una larga bocanada de humo.

 Los hermanos Belof, que se llevaban mal como siempre.

Aunque el mundo no estaba al tanto de esta enemistad, para ese hombre no era en absoluto una sorpresa.

Desde hacía bastante tiempo mantenía una relación cercana con Huberg, así que conocía bien su carácter desenfrenado y explosivo, así como el resentimiento que sentía hacia su hermano.

 —Tch…

 Recordando lo que había pasado unas horas antes, Huberg chasqueó la lengua con fastidio.

Cuando el sol aún estaba alto en el cielo, Huberg había regresado por primera vez en mucho tiempo a la residencia de los Beloff.

Y entonces…

—Pareces estar de buen humor, Huberg.

Se volvió a encontrar con esa sonrisa hipócrita y despreciable.



TRADUCCIÓN: ELLIS
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK


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