Capítulo 50
—Es mi bebé.
—¿La fecha prevista es…? ¿Eh? ¿¡Qué… qué dices?
Los saltos excitados del Director se detuvieron en seco. La declaración bomba de Chase, que había permanecido callado hasta ahora, hizo que el ambiente se volviera tan silencioso como una tumba.
Chase miró alternativamente al Director, petrificado como una estatua, y a Abel, que se había quedado congelado con los ojos desorbitados. Luego, sonrió con malicia mientras levantaba la comisura de los ojos.
Después, me jaló hacia él, rodeó mis hombros con un brazo y señaló mi vientre con la barbilla antes de anunciar con orgullo:
—Soy el padre. Y el bebé sera un leopardo negro.
—…
—…
—…
La boca del Director se abrió como la de un muñeco cascanueces. Chase estiró la mano y le cerró la mandíbula con un dedo. Luego, miró a Abel, que ni siquiera parpadeaba, y le lanzó una sonrisa deslumbrante, casi irritante por lo hermosa que era.
—Por eso no puedo dejar que Leoruca venga solo, Senior.
—…
La expresión de Abel se enfrió lentamente. Quizás fuera por el rostro absurdamente atractivo de Chase, que parecía decir Gané, ¿verdad?, o quizás por lo molesto que resultaba su actitud. En cualquier caso, era evidente que estaba furioso.
Por primera vez, su expresión siempre gentil y cálida se resquebrajó por completo. Intentó forzar una sonrisa, pero la comisura de sus labios temblaba tan visiblemente que daba pena verlo.
«Pero… ¿ganar qué? ¿Qué estaba compitiendo con Abel? ¿Acaso… por mí?»
En cuanto ese pensamiento cruzó mi mente, me sobresalté. Sin duda, esto parecía una escena de triángulo amoroso, donde el interés romántico competía frente a su enamorado secreto. ¿Acaso yo era ahora la tercera en discordia?
Sin darme cuenta, casi solté un grito y me tapé la boca con ambas manos. Mis mejillas ardían y mi corazón latía tan fuerte que parecía querer salirse de mi pecho.
Desde hacía rato, solo un pensamiento giraba en mi cabeza: ¿Qué hago ahora? ¡Esto es un desastre!
«¡Parece que a Chase le gusto de verdad!»
—Dijeron que se habían conocido…
Abel me miró con una expresión que parecía decir “Así que era verdad” o “¿Todavía están juntos?”. Aparentemente, no se había creído lo que dijimos en la fiesta de fin de año sobre habernos conocido ahí.
Sus ojos se agitaban descontroladamente, como si quisiera interrogarme sobre cómo había terminado con un bebé de la nada. Me encogí de hombros mentalmente. Bueno, supongo que soy un alma pecadora.
¿Y si a Chase le gusto desde ese entonces? ¡Se enamoró de mí a primera vista cuando me posicioné en este cuerpo! ¡Oh no, pero yo no lo amo! ¡Pobre Chase, está condenado a un amor no correspondido!
—¿Por qué pones esa cara de idiota?
Chase se acercó tanto que su boca rozó mi oreja y susurró esas palabras. Mis mejillas se encendieron de inmediato, y comencé a protestar agitando los brazos, negando haber puesto ninguna cara de idiota. Chase, exasperado, agarró mis muñecas y me las bajó.
—¿En qué estabas pensando para ponerte tan rojo? ¿Eh?
—¡No es nada! ¡Ni siquiera estoy rojo! ¿Desde cuándo te fijas en si mi cara está roja o no?
—¿Qué dices? Te estoy viendo ahora mismo.
—No, es solo que… ¡tengo frío!
—¿Frío? Pero ya casi es primavera.
—¡Quizás es por el embarazo! ¡Si yo digo que tengo frío, quién eres tú para contradecirme!
—¿Y ahora por qué te enojas? Cachorro, ¿tienes hambre?
Aunque puso cara de incredulidad, Chase se quitó su chaqueta azul y me la puso sobre la cabeza. La capucha cayó sobre mi rostro, bloqueando mi visión.
—¿Qué quieres comer? Vi un local de tacos por aquí cerca.
—Mmm… ahora no tengo antojo de tacos.
—¿Entonces?
—¿Samgyetang*?
N/T: *El samgyetang es una sopa coreana de pollo con arroz y ginseng, considerada reconstituyente.
—¿Aquí?
—Sí, lo quiero…
Hace un momento no tenía ningún antojo, pero en cuanto Chase preguntó, de repente imaginé un pollo descansando elegantemente dentro de una olla, y se me hizo agua la boca.
Pues claro que Chase no sabía originalmente qué era el samgyetang.
Pero un día, cuando sentí que me desmayaría si no lo comía de inmediato, lo agarré del brazo y, con voz quebrada, le dije que quería una sopa de pollo especial que se llamaba samgyetang. Él me calmó, diciéndome que respirara hondo y lo explicara despacio.
Así que, entre hipos, le conté que era un caldo donde se rellena un pollo limpio con arroz glutinoso, se le amarraban las patas y se hervía con otros ingredientes. Chase entonces me dio un helado para que me entretuviera, fue de compras y, como si nada, lo preparó exactamente como le había dicho. Aunque sí frunció el ceño al preguntar:
—¿De verdad hay que amarrarle las patas?
—Es que no soy yo, es Yeontan quien lo quiere…
Desde entonces, Chase solía preparármelo. Aunque quizás pedir samgyetang en medio de un set de filmación era demasiado. Al verme cohibido y usando al bebé como excusa, Chase suspiró, sonrió y me pellizcó la mejilla.
—¿Para qué dices eso? Lo que tú quieras es más importante que lo que pida Yeontan.
—…¿En serio?
—Sí, pero… ¿samgyetang aquí?
—…
—¿Quieres que compre un pollo ahora? ¿Hay cocina aquí?
—No creo…
No quedó más que posponer el samgyetang. Tendríamos que pasar al supermercado de camino a casa. O quizás podríamos hacer dakhanmari*, con fideos de cuchillo incluidos. Nunca lo habíamos intentado. Solo de pensarlo, se me hizo agua la boca de nuevo.
N/T: *El dakhanmari plato coreano de pollo entero hervido en caldo con papas, pastel de arroz y fideos.
Aunque, para los fideos, ¿tendríamos que amasar harina y estirarla a mano? Con esos brazos, Chase seguro lo haría bien…
Debí perderme demasiado en mis divagaciones, porque Chase agitó su mano frente a mis ojos para llamar mi atención.
—Cachorro, despierta. ¿El hambre te nubla la vista?
—No es eso. Oye, ¿adónde se fue todo el mundo?
—Empezaron a filmar mientras murmurabas sobre fideos caseros. ¿Te quedaste dormido de pie? Hasta babeabas.
Sus largos dedos me limpiaron la comisura de los labios. Avergonzado, evité su mirada y miré alrededor. Abel, que supuestamente no tenía escenas aún, estaba pegado al Director, dándonos la espalda.
Al verlo, murmuré sin pensar:
—Dijo que nos mostraría el set, pero se fue.
¿Se habrá ofendido por lo evidente que fue Chase? Bueno, sí llamó la atención hacer eso frente al Director y Abel. Recordándolo, no pude evitar sonreír. No sabía por qué, pero desde antes me daban ganas de reír.
—¿Quién va a andar mostrando el set? Él está trabajando, con un sueldo caro. ¿Crees que tiene tiempo para perder?
—Ya, ya lo sé.
Dios, este leopardo negro es tan celoso que no sé qué hacer.
Deja los celos y mejor vamos a ver el set. Tiré del brazo de Chase y caminamos hacia los decorados. El escenario de la época se veía pintoresco a simple vista, incluso más atmosférico que en las descripciones de la novela original. Quizás la mayor inversión había marcado la diferencia.
—¿Qué tal? ¿Crees que la película quedará bien?
—¿Yo qué voy a saber?
—Pero tienes buen ojo para esto.
Como inversionista, el instinto de Chase era bastante confiable. En la novela, todo lo que él respaldaba terminaba teniendo éxito, sin excepción.
—Sí, se siente bien.
Mientras recorría el set con la mirada, Chase continuó:
—Parece que quedará mucho mejor de lo que imaginé en la presentación inicial. Quizás sea por la estabilidad del presupuesto.
—¿En serio? ¿De verdad?
—Con más recursos, el Director debe estar más relajado. Y el actor principal…
Hizo una mueca, como si le costara admitirlo, pero añadió:
—…encaja mucho mejor que el que recomendó el anterior inversionista.
Me dio gracia que, aunque le disgustara, terminara elogiando a Abel. La verdad, Abel, sentado junto a la protagonista repasando el guión, se integraba perfectamente al elegante decorado, como un cuadro.
—Entonces quizás sí sea mucho mejor que antes.
—¿Que antes?

TRADUCCIÓN: ELIZA
CORRECCIÓN: HASHI
REVISIONISMO: ELIZA