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Capítulo 5

Pasó otra semana desde entonces.  

Cada vez que cruzaban una nueva frontera, la temperatura descendía, y sobre los pequeños hombros de Clarisse se añadía un abrigo grueso más.

Así, para cuando llegaron a Sheridan, Clarisse se había convertido en una bola humana de abrigos, al punto de que no podía mover los brazos con comodidad.

El problema era que, aunque se hubiera puesto tantas capas, el invierno en Sheridan era insoportablemente frío.

Clarisse miraba la ciudad desconocida apenas asomando su rostro bajo el abrigo. 

En el camino, Quentin había comentado que había más piedras que personas y parecía haberlo dicho por las montañas rocosas que rodeaban el lugar.

Al pasar por el distrito residencial de techos bajos y entrar en la bulliciosa zona comercial, los aldeanos del pueblo salieron a la calle y comenzaron a saludar al Duque con la mano.

Era su regreso después de medio año. 

El Duque redujo un poco la velocidad para saludar a los aldeanos del pueblo y escuchar sobre los eventos que habían ocurrido durante su ausencia.

Clarisse se asombraba de que Maximilian prestara atención a las historias de la gente común.

En Grezekia, Clarisse rara vez había salido del castillo y no podía hablar con las personas fuera del palacio.

Sólo su padre y su hermano tuvieron conversaciones con nobles de alto rango. 

En las raras ocasiones en que Clarisse quería saludar a alguien y se acercaba con cautela, a menudo recibía miradas de desprecio.

Sin embargo, el Duque era alguien que escuchaba atentamente las historias de todas las personas.

Clarisse se sintió orgullosa sin motivo alguno. Aun cuando él y ella no tenían relación alguna. 

En el momento en que el grupo salió del pueblo, vieron una enorme mansión que se elevaba en una pequeña colina.

—Quentin.

Pronto, Maximilian se acercó al carruaje de Clarisse a caballo.

—Sí, Duque.

Quentin inclinó la cabeza hacia la ventana.

—Iré a inspeccionar inmediatamente las murallas del norte. Me tomará unos tres días, así que primero regresa y descansa. 

—¿Sí? ¡¿Sí?!

—Sé que estás emocionado por el fin de la guerra, pero no podemos bajar la guardia con los monstruos en pleno invierno.

—Pero…

—He estado lejos de Sheridan durante demasiado tiempo debido a la guerra. Según cuenta la leyenda, las campanas de la mansión Sheridan no advierten de la invasión de monstruos, por lo tanto tenemos que estar en guardia nosotros mismos.

Quentin murmuró con descontento:

—Aun así, no descansará… 

 Pero pronto asintió diciendo que entendía.

—Está bien. En cambio deberá regresar pronto, ¿de acuerdo? En lugar de ir a la capital, prometió dar un gran banquete para todos. 

—Entendido.

Los ojos negros del Duque miraron de reojo a Clarisse. Ella observaba su expresión mientras sostenía la bolsa de piedras.

—La niña seguirá bajo tu cuidado.

—¡Eso no es posible!

—¿Por qué?

—¿Cómo podría ocuparme libremente de los asuntos de los niños que residen en el castillo? Eso es responsabilidad de la señora. 

Cuando dijo «señora», el Duque hizo una pausa por un momento, pero Quentin no se dio cuenta.

—¿Es así…? 

El Duque vaciló un momento con una expresión renuente en su rostro, y luego concluyó con una voz mezclada con torpeza. 

—Entonces… informa a la Duquesa de Sheridan que le confiaré al prisionero por un tiempo.

—¡Sí! Es una excelente decisión.

—Entonces, partiré directamente hacia el norte.

El Duque giró su caballo y se alejó del grupo con cinco caballeros.

—Lo has escuchado, ¿verdad?

Quentin miró a Clarisse con una expresión alegre.

—Ah… ¡sí!

Cuando Clarisse respondió con una sonrisa forzada, la mansión apareció completamente visible más allá de la ventana.

Mirando hacia fuera, Clarisse se sintió un poco extraña. 

A diferencia del bien mantenido pueblo de Sheridan, la mansión donde vivía el Duque parecía estar algo descuidada.

El reloj del exterior de la mansión había dejado de funcionar y algunas de las piedras de la pared exterior estaban huecas, como si les faltaran dientes.

«¿Será porque allí es invierno?»

Con la mayoría de las ventanas bloqueadas con tablones de madera, la mansión entera se asemejaba a una enorme prisión.

—Eh, bueno. Aunque no es un lugar lujoso. ¿Deberíamos decir que no hay nada que podamos hacer al respecto ya que es un edificio que no puede ser reparado por humanos comunes…? De todos modos. 

Quentin terminó su explicación justo al tiempo que el carruaje se detuvo.

—Te acostumbrarás pronto. 

**✿❀ ❀✿**

Mientras los Caballeros bajaban del carruaje y eran recibidos por la Duquesa y los sirvientes, Clarisse siguió a Quentin al interior de la mansión a través de una pequeña puerta situada al lateral de la mansión.

Cerca de la entrada, el fuego encendido pronto calentó su cuerpo, que parecía congelado.

—Bueno, primero tenemos que hacer algo con esa ropa.

Quentin le fue quitando los abrigos a la niña, uno tras otro, pues llevaba tantas capas que algunos rozaban el suelo.

Sin embargo, no podía dejar a Clarisse vestida solo con aquel delgado vestido que llevaba originalmente, por lo que terminó envolviéndole los hombros con una manta cálida. 

—Esto debería ser suficiente. Sígueme, tienes que saludar a la señora.

—¿Saludarla?

—¿Tienes que saludar a la persona que te cuidará, ¿no?

—Bueno… sí, pero…

A Quentin le resultó extraño que una niña, que había sido tan valiente, ahora se encontrara tan desanimada, pero no se molestó en preguntar más. En lugar de eso, tomó una vela y subió las escaleras.

Era una escalera estrecha usada por los sirvientes, ya que solo los miembros de la familia del Duque y aquellos con permiso especial podían usar la escalera principal.

Aunque normalmente Quentin usaba la escalera principal con el permiso del Duque, hoy tomó este camino por la presencia de la prisionera Clarisse.

Las escaleras tenían escalones altos y un suelo irregular, lo que hacía que fueran incómodas de subir para los niños.

Quentin miró de reojo hacia atrás. Afortunadamente, la niña lo seguía con cautela, apoyándose en la pared a cada paso.

—Conoces la etiqueta básica, ¿verdad? 

—…Sí.

Clarisse apenas respondió mientras luchaba por subir las escaleras que le llegaban hasta las rodillas. 

La Reina de Grezekia le había enseñado a Clarisse las normas básicas de etiqueta.

A pesar de ser una niña de nacimiento vergonzoso, se aseguraron de que su comportamiento no fuera una deshonra para la familia real.

Aunque el método era bastante violento, Clarisse a menudo recibía golpes en la cabeza.

—Gracias a Dios. Debes mantener modales básicos en la mansión. 

Y si no lo hacía, ¿la señora también le golpearía la cabeza?

Asustada por la idea, la niña respondió rápidamente con entusiasmo.

—¡Está bien, lo haré bien!

—Me alegra ver que tienes confianza.

Clarisse no tenía confianza, pero no se atrevió a corregirlo.

Subir las escaleras fue tan difícil que la dejaba sin aliento, y la idea de conocer a alguien que llamaban la Reina de estas tierras la ponía nerviosa, haciéndole difícil hablar.

Subieron un poco más antes de que Quentin abriera una puerta que conectaba con el pasillo del segundo piso.

El pasillo estaba oscuro.

Esto se debía a que la mayoría de las ventanas estaban cubiertas con tablas de madera como consecuencia del frío clima. 

Aun así, gracias a las velas encendidas a intervalos regulares, Clarisse era capaz de observar su alrededor.

Tapices de varios tamaños decoraban el techo redondo y las paredes. 

—Piedra…

Clarisse rozó ligeramente la pared cercana y murmuró en voz baja. 

Las piedras, que seguramente habían permanecido en el mismo lugar durante al menos cien años, tenían una superficie muy lisa. 

—Es una mansión con una larga historia. Aunque es un poco tosca.

Clarisse, que había estado colgada de la pared, sacudió la cabeza, sonriendo alegremente por primera vez desde que había entrado en la mansión.

—No, la mansión es muy acogedora y hermosa.

¿La mansión es acogedora?

Quentin pensó que esa expresión era un poco extraña, así que estuvo a punto de preguntar de nuevo.

—¿Ha vuelto, señor Saint-Claire?

Una mujer de mediana edad, vestida con un delantal ceñido, hizo una reverencia frente a él. 

La severidad de su voz y su rostro imponían cierto temor, provocando que Clarisse retrocediera instintivamente, colocándose a espaldas de Quentin.

—He regresado, señora Bessie.

Quentin asintió ligeramente y miró la puerta cerrada al lado de Bessie.

—¿La Duquesa ha regresado a su habitación?

Parecía que ella era la doncella directa de la Duquesa. 

—Sí, el Duque no ha regresado, así que está muy preocupada. 

—Supongo que sí, pero volverá en tres días. ¿Puedo ver a la Duquesa un momento?

—Por supuesto, si dejas esa pequeña bestia a mi cuidado.

Bessie señaló con la barbilla a Clarisse, que se había escondido detrás de Quentin. 

Clarisse se encogió de hombros.

—Ah, esta niña. 

Cuando Quentin intentó explicarle, ella rápidamente respondió como si quisiera interrumpirlo. 

—He escuchado a los caballeros hablar de ella. Una prisionera de guerra. 

—Sí, el Duque le pidió a la señora que cuidara de la niña. Así que dile a la señora que quiero verla. 

—Pero, señor Saint-Claire

La doncella permaneció en una postura rígida y no se movió un centímetro, como si no tuviera intención de abrir la puerta.

—Eso está muy sucio. 

—Oh…  Bueno, ha sido un largo viaje en carruaje… 

—Señor Saint-Claire, puede entrar y hablar con la Duquesa. Yo me encargaré de lavarla y la llevaré a saludar a la señora más tarde. 

Al escuchar eso, Quentin fue invadido por una sensación desagradable. 

No sabía por qué, pero algo en la actitud de Bessie le resultaba inquietante. 

No obstante, no había nada incorrecto en lo que decía.

Durante el viaje en carruaje, varias veces había ido a buscar agua para que la niña se bañara, pero no estaba seguro de que la niña pequeña hubiera podido hacerlo completamente sola.

Su cabello rosado, que originalmente era suave, ahora estaba enredado como una col. Cualquiera podía darse cuenta que no era una vista adecuada para saludar a la noble señora. 

Además, era inevitable que se refiriera a Clarisse como “Eso”.

Después de todo, los prisioneros de guerra eran la clase más baja de criminales. Era de sentido común no tratarlos como seres humanos. 

Además, ¿no debería esa niña estar muerta ya?

—Bueno… está bien. 

Quentin, con una expresión de preocupación en su rostro, se alejó un paso de la niña que se escondía detrás suyo.

—Llévatela.

Por un instante, vio el rostro pálido de Clarisse, pero no había nada más que pudiera hacer por ella.

Después de todo, Bessie solo planeaba lavarla, no hacerle daño.

—Hmm, sigue a Bessie, báñate con agua caliente y luego saluda a la Duquesa.

Le dijo esto a Clarisse, que lo miraba en silencio, y luego, como si huyera, llamó a la puerta del estudio de la Duquesa y entró.

—Ah…

Clarisse, que permaneció en el pasillo, levantó lentamente la cabeza y miró a Bessie con las manos entrelazadas.

—Sígueme.

La doncella llevó a Clarisse al baño de los sirvientes, donde le lavó la cara y el cuerpo de manera bastante descuidada.

No parecía que las cosas estuvieran muy limpias, lo que hizo que Clarisse tuviera sus dudas.

—Dijiste que debía limpiarme adecuadamente antes de ver a la Duquesa. 

Cuando por fin se armó de valor para señalar cuidadosamente ese punto, la criada resopló.

—¿Qué esperas hacer al ver a la Duquesa?

—Bueno, yo… 

El tono de Bessie era tan frío que Clarisse sintió miedo. 

Pero con un poco más de coraje, consiguió mover su mandíbula que parecía haberse congelado.

—De… devolver el favor…

—¿Devolver el favor? Qué ridículo. 

Bessie soltó una risa burlona.

Caxi-Nim : Ah… ⋌༼ •̀ ⌂ •́ ༽⋋

—Solo hay una manera en que puedes devolverle el favor a la Duquesa.

Bessie arrojó una toalla húmeda y maloliente a Clarisse.

Clarisse lo tomó con ambas manos y se secó suavemente los brazos y las piernas.

—Dime si había alguna mujer entrometida en el grupo que llegó. 

—¿Una mujer…?

Desafortunadamente, Clarisse no entendió la esencia de lo que Bessie intentaba decir. 

Un noble que regresó recientemente de la guerra había traído a su propiedad a una nueva mujer que había conocido en Grezekia, le proporcionó un lugar separado para vivir y continuó con su relación ilícita. 

Ya se había extendido el rumor entre las doncellas de que varias damas nobles estaban sufriendo debido a situaciones similares.

Clarisse pensó profundamente mientras abrazaba la toalla y respondió con cuidado.

—Había muchas mujeres en el grupo. Había caballeros y soldados, todos eran fuertes y admirables. 

—¡Idiota, te estoy preguntando si el Duque llegó tarde porque estaba ocupado buscando una casa para una mujer que trajo con él!

—¿El Duque? ¿Una casa?

—Sí, te estoy preguntando si el Duque de Sheridan trajo a una mujer que no fuera caballero ni soldado. 

En efecto, había una mujer que no era ni caballero ni soldado. Esa era Clarisse misma.

Pero no sabía nada sobre el resto del grupo.

Incluso si lo supiera, Clarisse sabía que iba en contra de la etiqueta básica hablar de la información de otras personas.

«Tío Quentin dijo que siempre debía mantener la etiqueta básica en la mansión.»

A pesar de sentir el frío en sus hombros, Clarisse miró a la doncella directamente y respondió.

—No puedo decirle de eso.

—… ¿Qué?

—He decidido mantener la etiqueta. Así que, por favor, déjeme mantener mi lealtad al Duque. 

Clarisse estaba un poco asustada por la mirada punzante de la criada, pero eso no significaba que pudiera romper su determinación.

Afortunadamente, la doncella no hizo más preguntas sobre el Duque.

—¿Por qué tuvo que entrar algo tan molesto…? El Duque debería haber acabado con ella rápidamente, uf. 

—El Duque dijo que era ilegal que yo muriera rápidamente.

Bessie miró a Clarisse y gruñó mientras le arrojaba un viejo vestido marrón.

—¿Qué es esto?



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ONEKAWAII
CORRECCIÓN: CAXI-NIM
REVISIÓN: MICHO



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