Capítulo 48. Efectos secundarios de las tonterías
—¿Qué? ¿Rumores…?
—¿Qué?
Odette abrió mucho los ojos.
—¿El rumor…? Entonces, ¿hay un rumor circulando? ¿Por qué, de repente…? Uh, ¿de qué rumores estás hablando…?
Por extraño que parezca, su voz se escuchó por duplicado.
«¿Qué acabo de hacer? ¿Estaba murmurando en voz alta? ¿Y si lo escuchó…?»
Los ojos de Lacilia se abrieron de par en par, sorprendida.
—Es como si…
—¿Su Alteza? ¿Qué le pasa?
Odette se acercó, visiblemente preocupada.
—¿Qué es esto…?
La escena que había visto en el sueño se había vuelto real al despertar.
«Así es como no quiero que te veas al final…»
La preocupación nubló su mente al verse reflejada en los ojos de Odette.
Como Odette, hoy.
«—Mirar dentro de la mente humana.»
Le había preguntado si eso era algo malo.
Entonces Geuman dejó de verse cálido. Su expresión se volvió triste.
«—Ya no podrás confiar en los humanos. No tendrás cariño ni compasión. Porque la mente humana está increíblemente nublada.»
Y eso… eso era justo lo que acababa de pasar.
—Su Alteza la Emperatriz… Bueno, ¿te importa?
—Princesa, ahora…
—Sí, Su Alteza.
Lacilia agarró la manga de Odette. Sus ojos, grandes y brillantes, temblaban como los de un conejo asustado.
—¿Qué estás pensando?
—¿Qué?
Odette parpadeó, desconcertada, sin saber dónde mirar.
—Uhm, bueno… es solo que… Su Alteza parecía un poco sorprendida…
—¿Eso es todo?
—S-Sí. Sí, eso es todo…
Lacilia no dijo nada más. Tomó a Odette del brazo y negó con la cabeza lentamente.
El lugar estaba en completo silencio, a diferencia de antes. Solo se oía la respiración agitada de Odette, que salía en ráfagas alarmadas por su boca.
—¿Fue solo un sueño…? ¿Me confundí por un momento?
Siguió observando a Odette. Ella simplemente parpadeaba, sin saber qué decir. Y aunque miraba con atención, no escuchó nada. Nada más.
—Sí… eso es lo que parece.
Lacilia cerró la puerta en su mente a la confusión que le había estado perturbando.
De todos modos, no había ninguna razón para que algo así le sucediera a ella.
Se suponía que… no debía pasar.
—¿BIP?
Fifi se acercó y le dio un suave picotazo en el dorso de la mano. No era un ataque, sino una súplica silenciosa para que lo mirara.
—Está bien… Solo me acabo de despertar. Estaba un poco… alterada.
Lacilia suspiró, acariciando a Fifi. Supuso que aquel “rumor” no era más que una conversación interna accidental, algo que Odette había dicho sin querer.
Volvió la cabeza hacia ella.
—¿Ese rumor circula entre los cortesanos?
—Eh, eso es… eso es…
—Quiero que me lo digas. Si el rumor es sobre mí, tengo derecho a saberlo. ¿Dicen que rechazo a Su Majestad porque no puedo olvidar al Duque de Pielion?
Odette asomó la cabeza, como si ya no pudiera esconderlo.
—Sí… eso es. Ayer, ustedes dos… parecían llevarse mal, y bueno… los cortesanos comenzaron a hablar de eso. Todos creen que Su Majestad está claramente enamorado de usted, pero usted no. Creo que por eso surgió el rumor.
Como Lacilia había sido directa, Odette pensó que quizá lo había mencionado sin querer.
—Lo siento mucho, Su Alteza. No supe controlar mi boca. Ya fue un pecado despertarla, pero además hablar de rumores… Ay, ¿por qué lo hice? ¿¡Por qué siempre hago eso!?
—No puedo culparte, a menos que hayas estado difundiendo rumores. Y me desperté porque debía hacerlo. No tienes que preocuparte por eso.
Odette parecía a punto de llorar, sobrecogida por la culpa.
—Usted siempre es tan generosa… Tal vez por eso me relajo demasiado. Pensé que todo estaba bien… pero no. De ahora en adelante seré mucho, mucho más cuidadosa.
—No deberías castigarte así. Pero… ese rumor es un problema. Si alguien vuelve a mencionarlo, tráelo ante mí. No… no importa. Finge que no lo escuchaste.
—¿Cómo que no importa? ¡Si es un rumor falso, por supuesto que debe corregirse! ¡Su Alteza ni siquiera ha visto al Duque de Pielion últimamente!
En ese momento, una idea cruzó la mente de Lacilia.
—¿Solíamos vernos seguido?
—¿Qué? Oh… eso fue antes de que usted entrara al palacio…
La expresión de preocupación en el rostro de Odette fue una clara respuesta.
—Entonces los cortesanos lo saben, ¿verdad?
—Bueno… eso no significa que…
—Lo entiendo.
Odette la miró con desconcierto. Le parecía extraño que Lacilia estuviera tan tranquila… como si nada.
—Su Alteza la Emperatriz… sé que todo esto puede parecer una exageración, pero si me permite, quiero preguntarle algo. Aunque el rumor sea falso, ¿por qué dejarlo pasar? El Duque de Pielion es de la misma familia, y esto puede herirlo. Y Su Majestad… él se sentirá devastado…
—¿Y si fuera cierto?
—¿Qué…?
Odette se quedó con la boca abierta, como si acabara de recibir una bofetada.
—¿Y si antes de perder la memoria, hubiese amado al Duque de Pielion? ¿Y si realmente lo hubiera querido?
—No… no puedo creerlo, Su Alteza. Usted es la compañera de Su Majestad…
—Desde que perdí la memoria… no recuerdo ese sentimiento de admiración hacia él.
—Su Alteza la Emperatriz…
—Y viéndolo ahora… supongo que nunca fui realmente su compañera.
Lacilia sonrió, pero era una sonrisa amarga, rota.
Lo que había dicho antes era mentira.
Pero lo que acababa de decir… era la verdad.
Ella no era real.
Así que tenía que arreglar las cosas.
—No te preocupes más por los rumores, Odette. Si fueran ciertos… no podría detenerlos de todas formas.
—¿BIP? ¡BIP!
Fifi miró hacia arriba, notando que la expresión de Lacilia era extraña.
Si los rumores falsos eran un problema, dijo que castigaría a quienes hablaran mal.
Lacilia sonrió y levantó a Fifi en brazos.
—¿Vas a picotearle toda la cara como a Lord Horced? No, no puedes.
—¿BIP?
—Si no puedes, no puedes. La gente se enojará más si les picotean la cara.
—BIP.
—Lo mismo pasa con arrancarte el pelo. No podrán enojarse contigo porque eres demasiado lindo, pero en cambio se enojarán conmigo.“Es la Emperatriz la que manipula despiadadamente a ese pajarito para tapar los chismes.”
—¡BIP! ¡BIP!
—Así que está bien.
—…¿BIP?
Fifi preguntó si realmente existía un ser humano llamado Duque de Pielion.
—Sí.
—¡BIP!
Fifi se enfadó. ¿Cómo podría gustarle a su Emperatriz otro humano?
—No lo sé, pero no depende de ti a quién yo quiera.
—¡BIP! ¡BIP!
Fifi chilló, voló y saltó por toda la habitación. Aun así, salió disparado por la ventana como si su furia no se hubiera calmado.
—Oh, Ren…
Odette miró con tristeza hacia la ventana por donde Fifi había desaparecido. Mientras tanto, Fifi ni siquiera se giró; parecía volar cada vez más rápido.
Odette murmuró, molesta:
—…Está enojado.
—Sí.
—No puede hacer eso… ¿No crees?
—No depende de ti enojarte cuando quieras.
—Lo es, pero…
Odette se quedó callada.
Siguió un silencio bastante pesado.
—El Emperador se enojará tanto como Fifi, porque son iguales —dijo finalmente Lacilia.
Así que espera que esté dispuesto a deponer a la Emperatriz cuya marca ha desaparecido y que dice que no puede olvidar a otro.
Y que la olvide a ella.
Que encuentre a la real.
«Por favor.»
Así pasó la tarde.
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¡BAM!
La puerta de la habitación se abrió de golpe, como si fuera a romperse.
—Sácalo.
Eso fue lo único que dijo Rescal mientras arrastraba a alguien por la nuca hasta la entrada y lo arrojaba sin contemplaciones.
Era algo impensable, considerando que dentro y fuera de la presencia del Emperador había unos 90 aristócratas. Por supuesto, jamás habían sido tratados de esa manera en ningún otro lugar.
—¡Su Majestad! ¡Este cuerpo pertenece al Emperador Amarillo!
¡PAM!
Pero antes de que pudiera comenzar su protesta como es debido, Rescal ya había cerrado la puerta de un portazo.
—Ta-Ta… ¿No viste lo que les pasó a los que hablaron antes? ¿Por qué lo hiciste?
Liyan se mordió la lengua.
El Conde Laschet, el aristócrata que acababa de ser expulsado, levantó la cabeza.
Era amigo íntimo del séptimo hermano menor del Emperador. Por eso, se consideraba a sí mismo casi como el tío del Emperador.
Así que no dudaba de que era su deber ofrecerle “sabios” consejos.
Especialmente ahora, con los rumores desagradables sobre el matrimonio del Emperador corriendo como pólvora por la capital. ¿Cómo no iba a intervenir?
Pero apenas mencionó la palabra “rumor”, el Emperador lo agarró por la nuca y lo lanzó fuera de la sala del trono como si fuera un saco viejo.
El conde, furioso, agitó el puño y miró a Liyan.
—¿¡Qué dijiste!?
Liyan lo miró tranquilo.
—No te levantes tan rápido. Desde la forma en que caíste, espero que el impacto haya sido en el coxis.
—¿Eh? ¿En serio?… ¡No, ¿qué dijiste!?
—Viniste al salón del trono antes del baile… Bueno, para salvar las apariencias, digamos que aún eres un noble. En fin, dicen que un aristócrata se rompió el hueso de la cadera. No pudo levantarse, así que la Guardia tuvo que sacarlo en camilla.
—¿Q-qué…? ¿Dijiste…?
Era mentira, por supuesto. Pero Liyan lo dijo tan natural que el conde se lo tragó completo.
—Su Majestad está muy incómoda con el rumor, pero aún así viniste a chismear. ¿Cómo puedes ser tan insensible? Me alegra que te hayas agrietado el hueso. Para mí, Su Majestad fue generoso al solo echarte.
—¿Eh…? ¿Eh?
—Como bien sabes, Su Alteza la Reina es su compañera. ¿De verdad crees que está bien insinuar que tiene un amante o algo parecido?
—Uh… um…
—Y Su Majestad no tiene tiempo para lidiar con un loco. Bastante tiene con los asuntos políticos del país.
—Umm…
Liyan fingió quitarse el polvo del hombro y le dio una palmada al conde.
—Y como caballero guardián de Su Majestad, también estoy preocupado. No sé ni por dónde empezar a corregir este falso rumor. Esto está por arruinar a todos los nobles de la capital que visitan el palacio.
—TSK, TSK.
—…
Finalmente, el conde entendió la postura del Emperador frente a los rumores.
«Si no quieres romperte los huesos, cierra la boca y siéntate quieto.»
—¿Ya pasó el susto? ¿Quieres ayuda para ponerte de pie?
—…Por favor.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: YAKULT
CORRECCIÓN: ALI
REVISION: SHAI