Capítulo 47
Cuando Yeo-woon fue quien rompió el hielo, las pupilas oscuras del otro se estremecieron levemente. Era divertido ver lo confundido que se ponía al ser abordado primero, pese a que había estado observándolo fijamente desde hacía rato. Se habían cruzado varias veces antes, pero era la primera vez que coincidían en la piscina. Incluso con un chándal holgado se le notaba la buena percha, pero sin la ropa, sus hombros parecían aún más anchos. Y nadaba bien, así que seguramente llevaba años entrenando.
—¡…!
De pronto, el vecino cruzó los brazos sobre el pecho en forma de equis y se aferró con fuerza a sus propios antebrazos. Sumergido hasta la barbilla, lo miraba desde abajo con una mezcla de alarma y desconfianza. Como no decía nada a pesar de su escrutinio, Yeo-woon se sentó en el borde de la piscina y preguntó.
—¿Cuántos años tienes?
—¿Q-qué? ¿Siempre preguntas la edad así de repente?
—¿Entonces cuándo se supone que debo hacerlo?
Estaba seguro de que soltaría algún comentario cortante, tipo “no es asunto tuyo”, seguido de una vuelta de cabeza con desdén, pero en lugar de eso, él se quedó pensando un buen rato antes de murmurar con voz baja.
—…Veintitrés.
—¿Perdón?
—Que tengo veintitrés. ¿Y tú?
«¿Eh? ¿Por qué está respondiendo tan dócilmente? ¿Estará enfermo?»
—Cuatro años más que tú.
—¡Hah! ¡Eres un anciano!
El chico levantó la barbilla con una sonrisa torcida en los labios. Parecía que lo hacía adrede, como si quisiera provocar.
«Bueno, supongo que con veintitrés años, yo le debo parecer viejo de verdad.»
En la universidad, con apenas un año de diferencia, ya trataban a los mayores como si fueran veteranos. Así que Yeo-woon asintió, aceptando su comentario sin molestarse. Pero al parecer, fue esa reacción suya la que dejó aún más desconcertado al chico.
—¿No vas a ducharte?
—¿…Por qué tendría que ducharme contigo?
El tono del chico, que hasta hacía poco había sido curiosamente dócil, volvió por fin a su estilo habitual. Al verlo con esa expresión llena de desconfianza, Yeo-woon se sintió extrañamente aliviado. Por un momento había llegado a pensar que quizás estaba enfermo o algo.
—Yo no he dicho en ningún momento que nos ducháramos juntos…
—¡Ja, sí, claro, muy gracioso!
Retrocedió unos pasos a toda prisa, y sin esperar respuesta, se alejó nadando a toda velocidad hasta el otro extremo del carril. Yeo-woon lo observó con la cabeza ligeramente ladeada, y sin decir nada más, se dirigió primero a las duchas. Cuando terminó de cambiarse y salió de la piscina, él todavía no había aparecido por ninguna parte.
Mientras caminaba solo de regreso a casa, Yeo-woon se dio cuenta de repente de que no le había preguntado el nombre al vecino. Recordaba vagamente que, en ese entonces, llevaba un gafete con su nombre en el uniforme del café, pero lo había visto tan de pasada que no logró recordarlo con claridad.
—La próxima vez que lo vea… le preguntaré su nombre.
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Y dos días después, en su regreso a la piscina, el vecino de al lado apareció usando un traje de baño de cuerpo entero.
—¿Y ese muchacho por qué trae traje completo con este calor?
—¿Será que es instructor?
—Capaz que tiene frío.
Yeo-woon se dio la vuelta. El hombre que había entrado tras él llevaba un traje diferente al de la última vez. A decir verdad, no le había parecido raro en un inicio, pero al oír los murmullos del grupo que ya estaba en el agua socializando, comprendió que ese tipo de traje solo lo usaban los instructores o la gente durante el invierno.
«¿Frío? Pero ya casi es verano. Qué raro… ¿será que es muy friolento?»
Yeo-woon ladeó la cabeza con duda. El agua estaba un poco fría, pero eso era lo normal en cualquier piscina. Además, se suponía que el otro había estado en la clase avanzada y nadaba desde hace tiempo. ¿Y sentía frío con esto?
De pronto, el hombre comenzó a caminar directamente hacia Yeo-woon y se paró frente a él, mirándolo fijamente. Parecía estar de buen humor. Cuando se habían cruzado más temprano en el vestuario, se había echado para atrás a toda prisa mientras se quitaba la ropa. Pero ahora hasta le saludaba con la mirada…
«¿Será que tiene cambios de humor bruscos?»
Era alguien extraño, sin duda. Yeo-woon le devolvió el gesto con un leve asentimiento y saludó a su vecino.
—Hola.
—…Ya nos vimos hace rato. ¿Por qué me saluda otra vez?
—Es que antes salió corriendo de repente y no pude saludarlo. ¿Entró rápido hoy?
—…
El hombre entrecerró los ojos y miró a Yeo-woon desde arriba. La diferencia de estatura entre ellos era tal que incluso se sentía una ligera presión. A simple vista, parecía superar fácilmente los 1,80 cm.
Por encima de sus anchos hombros, Yeo-woon alcanzaba a ver la piscina infantil. No pensaba meterse hasta que el instructor del grupo inicial saliera a dirigir los ejercicios de calentamiento, pero desde dentro del agua, los niños de primaria que chapoteaban en la piscina comenzaron a saludarlo con entusiasmo.
—¡Ah, el adulto otra vez!
—Hyung, ¿por qué no viniste ayer?
—¡Hyung, hyung! ¡Ahora sé nadar de perrito muy rápido! ¿Quieres ver?
Al acercarse y pasar junto al hombre, los niños se agarraron de los tobillos de Yeo-woon, insistiendo para que entrara al agua. Justo cuando sus dedos del pie rozaban la superficie, alguien le sujetó la muñeca con fuerza y lo jaló hacia atrás.
—¡Ah!
—Oiga.
Quien le sostenía la mano era su vecino. Esperó a que Yeo-woon recuperara el equilibrio, y luego soltó un profundo suspiro.
—¿No sabe que si se mete al agua sin calentar puede sufrir un accidente?
—…Pero es la piscina infantil.
—¿Y acaso usted es un niño? ¿Para qué entra ahí?
—Es poco profunda…
—Por poca que sea, si entra de repente puede que su cuerpo reaccione mal. ¿Ni lo más básico sabe, en serio?
—¿Qué demonios aprendió el primer día? —murmuró entre dientes, frunciendo los labios.
Yeo-woon lo observó. Aquel hombre, que hasta hacía poco lo evitaba como si fuera contagioso, ahora parecía genuinamente preocupado. La calidez que aún persistía en su muñeca, donde la había sujetado, lo desconcertaba. Lo miró fijamente y preguntó en voz baja.
—¿Está preocupado por mí?
—¿Preocupado? ¿Preocupado? Ha. ¿Y por qué lo estaría?
«Lo sabía.»
—Bueno… da igual.
—¿Quería que me preocupara por usted o qué? Vaya, lo que hay que oír…
Dicho eso, soltó la muñeca de Yeo-woon con un gesto brusco, casi como si le molestara el contacto. Aún sintiendo el calor del otro, Yeo-woon se rascó distraídamente la zona y volvió a hablar:
—La otra vez dijo que tenía veintitrés, ¿cierto?
—Vaya, se acuerda.
—¿Es universitario?
—¿Y eso para qué? ¿Y si no lo fuera? ¿Puede dejar de asumir cosas solo por la edad? Ese tipo de preguntas, llenas de prejuicios, molestan.
—Ah… desempleado, entonces.
—¡Soy universitario! —replicó, frunciendo el ceño con irritación.
«Si era así, ¿por qué no decirlo desde el principio? Qué manera más complicada de responder…»
—¿Y cómo se llama?
—No necesita saberlo.
—¿Y cómo se llama usted, señor No-necesita-saberlo?
—¡Ay, por Dios!
Parecía no gustarle mucho su propio nombre. Yeo-woon empezó a darse una idea de cómo tratar con él: bastaba con soltar un par de frases como esa para que se irritara enseguida. Su reacción era tan vivaz, casi como un pez recién salido del agua, que daban ganas de provocarlo un poco más.
—¡Pero si ese Hyung la tiene grandísima!
Spookyboogie: Niñoooo!!!! jajajajjjajajjajajaa
Justo entonces, un niño que llevaba rato esperando que Yeo-woon le prestara atención murmuró aquello con total inocencia. De inmediato, tanto Yeo-woon como el hombre dirigieron la mirada hacia él. Al sentirse observado, el niño se recostó de espaldas en el agua y comenzó a nadar de espaldas hacia el otro extremo de la piscina.
—…
—…
Yeo-woon intentó no mirar, de verdad lo intentó. Pero poco a poco su cabeza giró por cuenta propia, hasta que su mirada bajó… justo antes de que una gran mano le cubriera los ojos. El gesto fue tan repentino que Yeo-woon dio un respingo.
—¿Q-qué cree que está mirando?
—Ni siquiera he visto nada todavía…
—¿Todavía? ¿Así que quiere ver? —se burló con una sonrisita sarcástica.
—¿Eh? ¿Acaso va a mostrármelo?
—¡¿Tengo que estar loco para eso o qué?!
«…¿Loco?»
Al oír el murmullo de Yeo-woon, el hombre apartó finalmente la mano que le cubría el rostro. Con la vista por fin despejada, lo primero que vio fue ese rostro fruncido, con los labios apretados, mirándolo fijamente.
—Joder, en serio…
¿Sería imaginación suya, o el enrojecimiento que subía por su nuca y orejas parecía genuino a pesar de los insultos?
El hombre se dio media vuelta bruscamente y empezó a alejarse con pasos largos, como si quisiera poner la mayor distancia posible entre ellos. Justo en ese momento, el instructor de natación, que acababa de salir del vestuario, estuvo a punto de chocar con él y soltó un grito sorprendido.
—¡Ay, cuidado!

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: SPOOKYBOOGIE
CORRECCIÓN: YOUZHAO
REVSION: GOLDRED