Capítulo 46
No es que simplemente lo haya enterrado… No sé exactamente cómo hacerlo, así que necesito investigar un poco. Es increíble incluso cuando lo como con los nudillos.
Pero lo más importante en ese momento era, sin duda, el bossam-kimchi* que acompañaría a la carne hervida. Solo de pensar en comer un trozo de cerdo recién hervido, calentito, con un poco de kimchi recién preparado y desmenuzado encima, se me hacía la boca agua. Chase tendría que ser capaz de prepararlo bien.
N/T: Bossam-kimchi es un kimchi coreano donde el relleno se envuelve entero en hojas grandes de col antes de fermentar.
—¿Seguías pensando en eso? ¿En el bossam-kimchi?
—¿Eh? No, bueno. Más o menos eso.
Había reflexionado un poco más sobre el extraño ambiente de ese día, sobre el amor no correspondido que le partía el corazón a Chase, pero al final la conclusión había sido el bossam-kimchi, así que dije que más o menos era eso. Al ver mi respuesta, Chase mostró una expresión visiblemente aliviada.
—Qué alivio.
—¿Qué cosa?
—Que el cachorro no esté pensando tonterías.
—No creo que pensar en bossam-kimchi sea tan constructivo.
—De todas las ideas que se te ocurren, las relacionadas con comida son las más constructivas.
—…
Quise replicar, pero no tenía nada que decir. Lo más frustrante era que no estaba equivocado. Así que, en lugar de responder, incliné la cabeza hacia atrás, puse fuerza en la mirada y lo miré con audacia.
—¿Por qué me miras así? ¿En qué estás pensando ahora?
Chase sonrió y me tocó la frente con el dedo índice. ¿Estaría a punto de tener náuseas de nuevo? Eso era lo que estaba pensando, pero ni aunque me partieran la boca podría decirlo.
¿Por qué no podía decirlo? En realidad, podía preguntárselo, pero por alguna razón no me salían las palabras. Parecería que le estaba rogando un beso…
Así que, en cambio, solté cualquier cosa:
—Lo que dijiste antes, no me respondiste bien.
—¿Qué cosa?
—¿Era tu primera vez o no? ¿Has besado a alguien más que a mí? ¿Sí o no?
—¿Qué? ¡Claro que no!
Al hacerle la pregunta sorpresa, la respuesta salió disparada. Solo entonces me sentí satisfecho y encogí los hombros.
—Bueno, no importa si lo has hecho, ¿sabes?
—A mí tampoco me importa. Entonces, ¿y tú?
En solo 0.1 segundos después de decir que no le importaba, ya me lo preguntaba nervioso. Me dieron ganas de burlarme de él, así que acaricié mi mentón con el dedo y rodé los ojos. Solo lo provocaría hasta donde el temperamental leopardo negro pudiera aguantar.
Con la mentalidad de agitar una caña de pescar con golosinas frente a un gatito, tenté suavemente a Chase. Al fin y al cabo, un leopardo negro y un gatito no son tan diferentes…
—Mmm. Dijiste que no te importaba, pero parece que sí.
—No me importa. No me importa, pero como yo ya lo dije, es justo que tú también lo hagas.
—¿No? Si no te importa, entonces eso tampoco debería importarte, ¿no?
—¿Estás jugando? ¿Otra vez desobedeciéndome?
—Chase fue el primero en decir una cosa y la contraria, ¿no?
—Cachorro. De verdad me estás haciendo enfadar.
Lamentablemente, la escasa paciencia de Chase llegó rápidamente a su límite. Su expresión se volvió dura al instante, y sus oscuros ojos brillaron de manera aterradora.
—Siempre evades el tema, eso es sospechoso. ¿Qué hiciste con alguien más? Confiesa y te tendré piedad, cachorro.
¡Pero si no he cometido ningún crimen! No entendía por qué sus celos eran tan intensos. Pero, espera, ¿esto son celos, verdad? Luego no me digas que no. Bueno, no es que quiera que sienta celos, pero…
—¡No, no los hay! ¡Deja de ponerme esa mirada!
Al final, me apresuré a levantar las manos y negarlo todo. No sé cómo era el Leoruca original, pero como yo no había hecho nada, decidí dejarlo así. Luego le preguntaré al mayordomo.
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Gracias a haber encontrado una solución, las náuseas de Chase parecieron mejorar por un tiempo. Sin embargo, aunque era lamentable… no, más bien desconcertante, el beso que compartimos ese día no se repitió.
Cuando Chase parecía sufrir, me acercaba y me asomaba con curiosidad, y él, incluso con su aspecto demacrado, solía soltar una risita ahogada.
—¿Quieres un besito?
Si vacilaba antes de preguntar, él entrecerraba los ojos y bajaba la cabeza hacia mí.
Cerraba los ojos en silencio, esperando el beso que seguiría. Sus labios, que apenas rozaban los míos antes de separarse, eran suaves y cálidos.
Pero el problema era que eso era todo. No, no es que fuera un problema…
No es que yo lo sintiera como insuficiente, pero si seguíamos así, solo con estos picos de pájaro, ¿acaso no sería inútil para aliviar sus náuseas? Había mucho trabajo pendiente, teníamos que adquirir Tesathy pronto, y después de la adquisición habría que gestionarla… ¡Si Chase, que debía trabajar como un buey, seguía atormentado por las náuseas, solo yo saldría perjudicado!
Con ese pensamiento genuinamente egoísta, agarré su codo y pregunté tímidamente:
—¿Con esto basta? No creo que sea suficiente…
—Está bien así.
—No creo que esté bien…
—¿Por qué? ¿Te sabe a poco?
—¿Qué dices? ¡¿Quién dijo qué y por qué se quedaría con ganas?! ¡No creas que con palabras lo arreglas todo!
Me alteré tanto que salté, y Chase, con un suspiro, cruzó los brazos. Luego, entrecerró los ojos y esbozó una sonrisa burlona, tan arrogante y bonita que me irritó profundamente.
—Ese no es el problema ahora.
Mientras refunfuñaba llena de quejas, Chase encendió el televisor y señaló la pantalla con un gesto de mentón. Si ese no era el problema, ¿entonces cuál era? ¿Acaso había algo más importante que un beso…? No, quiero decir, ¿algo más importante que superar saludablemente las náuseas?
—¿Qué pasa? ¿Descubriste cómo hacer bossam-kimchi?
Cuando respondí refunfuñando, Chase puso cara de incredulidad. El día que hervimos la carne, al final no logramos averiguar cómo preparar el kimchi, y tuvimos que conformarnos con un triste mu-saengchae* hecho con rábanos cortados y polvo de chile. Todavía me ardía el fracaso, así que no entendía por qué actuaba así. Algún día descubriría la receta del kimchi, no importaba qué.
N/T: Mu-saengchae es una ensalada coreana de rábano blanco en tiras, condimentada con especias y vinagre.
—Deja de hablar del bossam-kimchi y mira el televisor primero. Eso ya te lo prepararé yo después.
—Es una promesa. Y tiene que llevar ostras frescas.
—Sí, sí.
Con ese ánimo de descontento, miré de reojo la pantalla, donde se emitía el noticiero del mediodía. A la derecha, con la foto de un gran buque de fondo, una presentadora de rostro tenso daba una noticia de última hora:
[El BDI, o índice de fletes marítimos, ha registrado una caída durante cuatro meses consecutivos. En medio de un panorama incierto para el sector naviero, se presta atención al destino de Tesathy, la quinta mayor naviera del país. Si Tesathy, que lleva meses sin encontrar un nuevo dueño, termina en bancarrota, los astilleros nacionales que recibieron pedidos de nuevos buques en el pasado también podrían verse afectados al no poder entregar las embarcaciones, lo que impactaría sus resultados. De no mediar una solución, podría desencadenarse una cadena de quiebras…]
El informe continuó un buen rato, pero no entendí ni una palabra. ¿Qué quería decir todo eso? ¿Que Tesathy iba a quebrar?
Confundido, miré alternativamente a Chase y a la pantalla, moviendo nerviosamente los dedos. Chase dejó escapar un suspiro entre risas.
—¿En todo este mes no entendiste nada de los informes empresariales que te mostré?
—Por eso digo, ¿para qué perder el tiempo así?
—¿Te estás quejando?
Podría decírmelo de buena manera, pero siempre tiene que regañarme primero. ¿De verdad le gusto? ¡Si trata así a la persona que le gusta, nunca va a conseguir nada!
Mientras me quejaba mentalmente, lo miré fijamente. Pero en cuanto nuestros ojos se encontraron, aparté rápidamente la mirada y fingí desinterés.
—Dejemos otros detalles para que los estudies después. Vayamos al grano.
¿Más estudios? ¿Tengo que estudiar de nuevo? Por un momento puse cara de angustia, pero al oír que me daría la conclusión, mis ojos brillaron. Chase sonrió levemente y me pellizcó la mejilla.
—Este es el punto más bajo. Es hora de entrar.
—¿Qué? ¡Pero si era algo muy importante!
Unos días después, por fin se completaron los trámites para establecer una empresa de inversión a mi nombre. Desde que decidimos invertir en la producción de películas, Chase y yo lo habíamos estado discutiendo, así que tomó un poco más de tiempo del esperado.
Me registré como la mayor accionista, con el 85% de las acciones, mientras que Chase, que se encargaría de la gestión operativa, se quedaría con el 7,5%. Pero Chase no lo aceptó de buena gana.
—¿Por qué voy a quedarme con el 7,5%? ¿Tiene sentido esto?
No entendía por qué siempre se quejaba cuando le daban algo. Fastidiado, agité las manos y respondí sin pensar:
—Es una correa. Tu correa.
Lo dije como broma, pero en realidad iba en serio.
En la novela, por estas fechas, Chase entraba a trabajar en el grupo Kaisa y, tras vivir ciertos incidentes, regresaba a la familia Artheon consumido por el deseo de vengarse de Leoruca. Ese detalle me inquietaba.
A diferencia de la historia original, en esta vida no habría ningún error mío que llevara a la desgracia de la madre de Chase, y nuestra relación era bastante buena, así que confiaba en que eso no ocurriría.
Pero por si acaso se activaba algo como el “poder del argumento original” o como se llame, mejor era ser precavido. Sobre todo, no podía permitir que me arrebataran a mi único cerebro, así que no me quedaba más remedio que asegurar bien esta especie de correa.
Pero si hubiera aceptado mis palabras sin rechistar, no sería el maldito leopardo negro.
—Ni siquiera necesito esto para trabajar hasta los huesos, así que tómatelo y no te preocupes. ¿Cómo vas a repartir acciones a una estudiante de pregrado que ni siquiera se ha graduado? ¿Es que piensas hacer negocios así en el futuro?
Y así continuó, durante veinte minutos, un bombardeo incesante de sermones.

TRADUCCIÓN: ELIZA
CORRECCIÓN: HASHI
REVISIONISMO: ELIZA