Skip to content

ACOSB

  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks
ACOSB

Capítulo 46

Los miembros del equipo de seguridad fueron a visitar a Henry al hospital y, al verlo con mejor semblante del que esperaban, se sintieron aliviados.  

—¿Seguro que necesitas estar hospitalizado? —preguntó Seth.

Henry rechinó los dientes de inmediato.

—¿Qué mierda dices? ¡Que te hagan un agujero en el estómago y luego hablamos, imbécil!

—Dicen que como solo fue un roce, te darán el alta pronto… ay.

Isaac, sin tacto, alcanzó a decir eso antes de que Henry levantara el pie y lo pateara sin dudar. Gimoteando por el dolor, Henry lo fulminó con la mirada, mientras Seth lo miraba con lástima y desviaba el rostro.

—¿Entonces nos quedamos aquí hasta que Henry se recupere, o regresamos antes? —preguntó Seth.

Todas las miradas se centraron en Mark. Él ya había anunciado que haría un comunicado importante, así que carraspeó y habló:

—Verán… nos vamos a quedar más tiempo. Como guardaespaldas de C.

—¿Eh? ¿No se suponía que ya terminábamos?

Mark negó con la cabeza.

—Dicen que debemos quedarnos hasta que acaben las grabaciones. Si nos negamos, demandarán por incumplimiento de contrato… pero, a cambio, si cumplimos hasta el final nos pagarán el triple de lo acordado.

—¡Ese cabrón se cree que el dinero lo arregla todo!

—Un momento… ¿entonces más de 300 mil dólares por persona? —saltó Isaac.

Henry, que estaba a punto de levantarse indignado, se detuvo en seco.

—¿¡300 mil dólares!?

Seth, sorprendido, repitió:

—¿300 mil?

Mark volvió a carraspear antes de responder:

—En realidad, son 450 mil. Todavía falta bastante para que termine el rodaje, pero con esa cantidad cualquiera podría vivir unos años sin trabajar…

Se detuvo un instante y miró a Henry, que sonreía de oreja a oreja en la cama, y añadió con sarcasmo:

—…siempre y cuando no te lo juegues todo en una sola noche de apuestas.

Todos, incluido Mark, lo miraron con preocupación, aunque Henry parecía no escuchar nada, perdido ya en sus propias fantasías. Finalmente, Seth le dijo a Isaac:

—No le prestes dinero nunca más.

—Por supuesto.

Isaac asintió muy serio, aunque tanto Mark como Seth sabían que, igual que la vez anterior, terminaría arruinándose.

Seth suspiró y cambió de tema:

—¿Qué pasó con Josh? Desde ayer no lo vemos.

—Ah, eso —respondió Mark—. Se fue a la casa de su madre. Dijo que quería ver a Pete después de tanto tiempo. Como el equipo original ya regresó, tenemos más margen…

No terminó de hablar cuando Henry, ansioso, preguntó:

—¿Y el dinero? ¿Cuándo lo pagan?

Mark, astuto, contestó sin dudar:

—Cuando el trabajo termine.

—¡Tacaño de mierda!

Mientras Henry insultaba a Chase, Seth le lanzó a Mark una mirada de aprobación.

«Bien hecho, Mark.»

Mark le devolvió el gesto con un leve asentimiento, pensando: «A este tipo habría que comprarle acciones para que no se arruine otra vez.»

***

Desde la mañana, Chase no había dejado de mostrarse inquieto. Apenas había probado un poco de agua, incapaz de comer nada. El motivo era claro: ese día, por fin, Josh le presentaría a su hijo.

Habían escogido como lugar un famoso parque de diversiones, un sitio que Pete nunca había visitado. Fue una elección de Chase, y como siempre, Laura se encargó de pagar la descomunal suma con total serenidad.

Ese día, el parque permanecía cerrado al público. Desde temprano, en lugar de visitantes comunes, estaba repleto de hombres vestidos con trajes negros: el renovado equipo de seguridad de Chase. Ellos se dedicaban a revisar las instalaciones, verificar la identidad de los empleados y repartirse las posiciones de vigilancia con absoluta seriedad.

Mientras tanto, el tiempo pasó volando. Ya casi era la hora en que Josh debía llegar.

FUUU.

Chase dejó escapar otra vez el suspiro que llevaba repitiendo incontables veces, sentado en una de las mesas al aire libre. Por más que respiraba hondo, no lograba calmarse.

Como había tenido que liberar el día completo, su agenda se apretó aún más y la noche anterior lo obligaron a rodar hasta el amanecer. Aun así, apenas pudo dormir: se levantó, estuvo dando vueltas por el tráiler y terminó llegando mucho antes de la hora acordada. Desde entonces no hacía más que esperar nervioso a Josh.

La idea de que le presentara a su hijo lo llenaba de ansiedad. Claro, significaba que Josh también lo tomaba en serio, pero había algo que no dejaba de darle vueltas en la cabeza.

{—No te preocupes, a él le vas a gustar. Porque…}

Ese “porque” lo perseguía. ¿Qué habría querido decir después? Chase se moría por saberlo, pero al mismo tiempo le daba miedo la respuesta. ¿Y si Josh solo se refería a que el niño también encontraba atractivo su rostro?

Por más que intentaba quitarle importancia, la inquietud lo carcomía.

En ese instante sonó su celular.

—¿Hola?

Ni siquiera se fijó en el número, pero ya sabía de quién se trataba. Tras un silencio corto, la voz que había estado esperando llegó del otro lado.

[—¿Hola, Chase?]

Chase soltó un respiro tembloroso sin darse cuenta. Josh continuó:

[—¿Me oyes?]

—…Habla.

Logró responder con esfuerzo.

[—Ya llegamos. ¿Está todo listo?]

Chase no tenía idea a qué “preparativos” se refería, pero respondió que sí. Josh, en un tono cálido, añadió:

[—Todo saldrá bien, Chase.]

Después de una breve pausa, colgó. Chase cerró los ojos, soltó otro aliento tembloroso y por primera vez en su vida sintió ganas de rezar. Juntó las manos, respiró profundo una y otra vez, hasta que al fin lo vio aparecer.

Josh avanzaba hacia él acompañado por un guardaespaldas. Como siempre, llevaba una sonrisa en el rostro. Esta vez, no vestía el traje de seguridad habitual, sino una camiseta sencilla y unos jeans rasgados aquí y allá. El cabello, apenas peinado, caía descuidadamente sobre la frente, y en los pies llevaba unas zapatillas deportivas de baloncesto que habían estado de moda hacía años. Nada en ese atuendo tenía nada de especial… salvo que era Josh quien lo llevaba.

Chase se quedó embobado mirándolo, hasta que notó la pequeña mano que Josh sujetaba. Entonces el corazón se le desplomó.

El niño era el vivo retrato de Josh en miniatura. Si alguien quería saber cómo se veía Josh de pequeño, solo tenía que mirarlo a él. Chase quedó absorto, incapaz de apartar los ojos.

—¿Llevas mucho esperando? ¿Hace cuánto que saliste? —le preguntó Josh con su típica calidez.

Pero Chase no le respondió, seguía mirando al niño. Josh se agachó y, poniéndose a la altura del pequeño, le dijo con suavidad:

—Pete, ¿recuerdas lo que hablamos? Vamos, saluda.

El niño, con un peluche de perro en una mano y la otra en la boca, alzó la vista tímidamente hacia Chase. El parecido con Josh era tan grande que a Chase se le apretó el pecho.

—Hola, Pete…

Su voz salió ronca, y por eso se calló enseguida. El niño abrió los ojos como platos y, de pronto, se lanzó a los brazos de Josh. El rostro de Chase palideció en un segundo, hasta que Josh, riendo, lo tranquilizó:

—No es lo que piensas. Se abrazó porque le caíste bien.

—¿Qué…?

Atónito, Chase volvió a mirar al niño. Pete escondía la cara contra el pecho de Josh, pero de reojo lo espiaba, y cuando Chase intentó sonreírle, el pequeño soltó un grito:

—¡Villano!

—¡Pete! —lo reprendió Josh al instante.

Chase se quedó helado, pero Josh se apresuró a explicar:

—Es una mala costumbre que tiene últimamente: a cualquiera que no conoce le dice eso. Y todo porque Emma le enseñó esas tonterías…

Chase apenas escuchaba. Solo cuando otros guardaespaldas le confirmaron que el niño había hecho lo mismo con ellos, pudo recuperar un poco de calma.

Josh no perdió la oportunidad de regañar al pequeño:

—Pete, ya hablamos de esto. No debes decir palabras feas. Si lo haces otra vez, te pondré frijoles en cada comida.

El niño se quedó lívido. Chase, sorprendido, preguntó en voz baja:

—¿Frijoles?

—Sí, los odia —respondió Josh con naturalidad, aunque enseguida se puso incómodo al ver la cara intrigada de Chase.

Avergonzado, cargó a Pete en brazos y le extendió la mano libre a Chase.

—Vamos. ¿Dónde quieres subir primero? Ya revisé el mapa del parque.

Chase lo miró, dudando, pero Josh se inclinó un poco y fue él quien tomó su mano. El rubor subió enseguida a las orejas de Chase, que se las cubrió con la otra mano. Josh, disimulando, desvió la mirada.

—De niño venía seguido, pero es la primera vez que no hago fila —comentó Josh, sonriente.

—…¿Vivías en California? —preguntó Chase.

—Sí, aquí nací. Fui al instituto D.

Conversando de forma natural, los tres se alejaron por el parque, seguidos a distancia por varios guardaespaldas.

***

La energía del niño era sorprendente. Después de subir a varios juegos seguidos, no mostraba la menor señal de cansancio.

En cambio, Chase y Josh ya estaban al límite, aunque solo se tratara de atracciones para niños. Mientras Pete daba su tercera vuelta en el mismo trenecito, Josh se masajeaba los hombros sin darse cuenta. Cuando miró de reojo a Chase, lo encontró con una expresión que parecía la de alguien con el alma completamente agotada.

El tren avanzaba lentamente y, al dar la curva, pasó frente a ellos. Chase le dedicó una sonrisa y agitó la mano. Pete, entre risas, le devolvió el gesto. Pero apenas el niño desapareció de su vista, la sonrisa de Chase también se desvaneció.

Josh, que lo había estado observando todo, no pudo evitar soltar una risa. Chase lo miró sin entender, así que Josh se aclaró la voz y comentó:

—Gracias. Para Pete es la primera vez en un parque de diversiones.

—Lo sé.

Chase respondió con un tono apagado. Él mismo había propuesto el lugar porque Josh, sin darse cuenta, le había dicho que Pete nunca había ido. Josh lo adivinó y le sonrió con ternura. Aunque no estaba acostumbrado a tratar con niños, Chase se armaba de paciencia con Pete: ni siquiera cuando el pequeño se tomaba su tiempo o evadía responder, él mostraba la más mínima molestia.

Eso sí, llegó un punto en que no pudo más con las atracciones. Tras intentarlo varias veces, optó por quedarse abajo y animar a Pete desde fuera. Cuando el niño regresó, Chase volvió a saludarlo con una sonrisa radiante y dijo:

—También es mi primera vez.

—¿Qué? —Josh se giró sorprendido.

Con la mirada fija en Pete, que se alejaba otra vez en el trenecito, Chase repitió:

—Es la primera vez que vengo a un parque de diversiones.

Josh arqueó una ceja.

—Pues parecías bastante acostumbrado a los juegos.

—He montado antes, sí. Teníamos casi todo en el jardín de casa.

Josh se mordió la lengua para no preguntar de qué tamaño podía ser ese “jardín”. El tren ya estaba frenando, así que fueron a recoger al niño.

—¿Qué quieres ahora? …¿O mejor comemos primero? —preguntó Josh tras ver la hora.

Por costumbre, tomó una de las manos de Pete y luego miró de reojo a Chase, invitándolo a tomar la otra. Pero él no entendió la señal. Pete, en cambio, se aferró a la pierna de Josh, obligándolo a cargarlo en brazos. Con el niño sujeto de un lado, Josh estiró la mano libre hacia Chase y lo llevó consigo.

El parque funcionaba con normalidad. Al pasar frente a un puesto de helados, Chase le compró a Pete un cono de fresa y le dio uno de vainilla a Josh. Luego intentó seguir caminando, pero Pete se plantó y preguntó, frunciendo el ceño:

—¿No vas a pagar?

Chase se detuvo en seco. El niño claramente no entendía lo que pasaba. Así que, imitando a Josh, se agachó para ponerse a su altura y le explicó:

—Pete, hoy compré todo el parque. Así que no hay que pagar.

—¿Todo el parque?

Pete ladeó la cabeza, confundido. Era demasiado pequeño para comprender. Chase insistió con calma:

—Hoy, todo lo que hay aquí es tuyo.

El niño alzó la mirada hacia Josh en busca de confirmación. Este le sonrió y asintió:

—Es cierto.

Pete, todavía dudando, volvió a preguntar:

—Entonces… ¿puedo comer otro helado?

Apenas terminó la frase, ya tenía un cono gigante de fresa en cada mano.

Después de darle un hot dog, Josh y Chase se sentaron a comer hamburguesas. Chase comía sin derramar ni una gota, impecable incluso al dar mordidas, y Josh lo miró con cierta admiración.

Pete, en cambio, tenía la mandíbula y hasta la camisa nueva manchadas de ketchup. Josh le limpió como pudo con una servilleta y luego le dio un sorbo de refresco.

Chase, que lo observaba con atención, rompió el silencio:

—…¿Lo has criado solo todo este tiempo?

Josh se quedó quieto un momento. Pero entendió que era el momento de decir la verdad. Aprovechó que Pete estaba concentrado en su comida y respondió en voz baja:

—Siempre lo he criado yo solo. Su papá… no sabe que existe.

—¿No lo sabe?

Josh repasó mentalmente todo lo que había ensayado desde la noche anterior, pero las palabras se le atoraron. Justo entonces Pete volteó la cabeza.

—Daddy.

—¿Ah, quieres jugo?

Josh se levantó con el vaso en la mano, solo para notar que había un insecto dentro. Chasqueó la lengua.

—Voy a traer otro, espera aquí, ¿sí?

Sonrió al niño y repitió:

—Daddy te va a traer otro jugo.

Pete lo miró, luego giró los ojos hacia Chase, todavía incómodo. Josh se hizo el desentendido.

—Te lo encargo un momento.

—Josh, espera… —alcanzó a llamarlo Chase.

Pero Josh ya se había alejado con paso largo.

Quedaron los dos solos, rodeados de un silencio incómodo. Pete mordía el hot dog, más lento ahora, como si la comida se le atorara. Chase, después de dudar un instante, le acercó su vaso.

—Es malteada. ¿Quieres?

El niño lo miró, vacilante, y luego al vaso. Chase se lo ofreció de nuevo, con suavidad. Finalmente, Pete murmuró un tímido “gracias” y bebió por el popote.

El corazón de Chase se desbordó: el niño había aceptado. Comprendió entonces la intención de Josh al dejarlos solos.

«Quiere que me acerque a él.»

Chase respiró hondo, mirando la cabecita rubia idéntica a la de Josh. El impulso de acariciarlo le ardía en las manos, pero no se atrevía. Se obligó a buscar tema de conversación:

—¿Qué te gusta? ¿Dibujos animados?

Tras pensarlo un poco, el niño contestó con entusiasmo, mencionando un famoso tren de caricatura:

—¡Sí! ¡Chucu-chu!

Chase se quedó pensando si le gustaba más el personaje o los trenes en sí, pero al ver la sonrisa del niño, supo que había dado en el clavo. Y se animó a seguir.

—¿No te gusta Earthtaker?

«¿Será que todavía no tiene la edad para eso?», pensó Chase al mencionar el título animado de la película en la que estaba actuando.

Pete parpadeó. «Como imaginaba, no lo conoce», pensó Chase… hasta que el niño respondió:

—Sí lo conozco.

—¿De verdad? ¿Y quién es tu favorito? ¿Conoces al Doctor Flame?

Sin darse cuenta, preguntó con un entusiasmo creciente. Pete pareció pensarlo un instante y luego contestó con timidez:

—No me gusta el Doctor Flame. Lo siento.

Chase se desanimó, pero al ver al niño inclinarse en señal de disculpa no tuvo más remedio que recomponerse.

—Entonces, ¿quién te gusta?

Pete ladeó la cabeza y de pronto sonrió radiante.

—A mí me gusta Glacier Man.

—…

«Claro, los niños siempre prefieren al protagonista.»

Chase lo aceptó. Era lo más lógico del mundo.

—Haa… —se frotó los ojos con frustración—. ¿Por qué le hice caso a Keith y acepté interpretar a ese tal Doctor Flame?

—¿Eh?

De repente, Pete abrió mucho los ojos y salió corriendo hacia algún lado. Chase se quedó pasmado unos segundos antes de reaccionar y correr tras él. El niño se había detenido frente a un enorme cartel: un anuncio del parque temático inspirado en el famoso tren animado que había dicho que le gustaba.

—¡Daddy, daddy! —exclamó emocionado mientras miraba a su alrededor, ansioso de que Josh apareciera y lo llevara a ese “paraíso”.

Claro que Chase también tenía boletos para entrar, pero aun así le costaba tomarlo en brazos. En lugar de hacerlo, se agachó un poco y dijo:

—¿Quieres que vayamos? Puedo decirle a tu daddy que vaya directo para allá.

—¿De veras?

El niño preguntó con una expresión llena de ilusión. Chase asintió y entonces Pete extendió la mano. Chase tardó un segundo en comprender el gesto. Al verlo insistir, con la manita estirada, finalmente entendió y se la tomó.

La palma pegajosa por el helado quedó atrapada en la suya, pequeña y suave. El corazón casi se le detuvo de golpe. Quiso cargarlo como hacía Josh, pero le dio miedo que se le resbalara. Así que prefirió caminar despacio a su lado, adaptando el paso al del niño mientras avanzaban hacia la entrada del parque.

Entonces ocurrió algo inesperado. Un ladrido rompió la calma, y Chase se quedó helado en el sitio. Pete se giró sorprendido y abrió los ojos como platos.

—¡Oh! ¡Es Jason! —gritó con alegría—. Mira, ¡es igualito a Jason!

Agitaba feliz el perrito de peluche que llevaba en brazos, comparándolo con el perro real.

Pero a los oídos de Chase no llegó nada de eso. Estaba completamente bloqueado. Pete siguió hablando y riendo un buen rato, hasta que soltó su mano y echó a correr hacia el perro. Chase, sin embargo, seguía paralizado, sin poder reaccionar.

El jefe de seguridad, al notar que algo iba mal, se acercó a toda prisa.

—Señor Miller, ¿está bien? Su rostro se ve muy pálido.

—…

—¡Señor Miller, reaccione!

El hombre lo tomó por los hombros y lo sacudió ligeramente. Chase parpadeó, sobresaltado, pero aún le tomó varios segundos darse cuenta de dónde estaba. Poco a poco reconoció las atracciones del parque, recordó por qué se encontraba allí.

Pete.

Con un vuelco en el pecho, bajó la mirada y descubrió que su mano estaba vacía. El color le desapareció del rostro.

—¿Dónde está Pete?

El jefe de seguridad miró alrededor con alarma. Los demás guardaespaldas, que hasta ese momento tenían los ojos fijos en Chase, comenzaron a buscar desesperados. Pero el niño ya no estaba a la vista.

Chase sintió cómo todo se le borraba de la mente, distinto al shock de antes.

—¡Encuéntrenlo ahora mismo…!



TRADUCCIÓN: ROBIN KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN KLYNN
RAW HUNTER: KLYNN


¿TE HAS CANSADO?

© 2026 ACOSB

No puedes copiar el contenido de esta página.

    Previous Post

  • CAPÍTULO 45

    Next Post

  • CAPÍTULO 47
Scroll to top
  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks