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Capítulo 46

—¿Estas personas son de fiar?

Le expliqué todo a Ruwen, excepto que el secuestro era una farsa planeada con los Kans y que el Primer Príncipe estaba detrás de todo. No había necesidad de que Ruwen supiera los detalles, y además, actualmente yo solo tenía sospechas, sin pruebas concretas.

Después de escuchar todo, Ruwen me hizo una pregunta similar a la inicial: 

—¿Puedo confiar en los Kans?

—Por ahora, yo sí confío en ellos.

—Entonces, yo también lo haré.

Solo entonces Ruwen relajó su cuerpo tenso. Se notaba a simple vista cómo los hombros le perdían la rigidez. Vaya, hasta hace un momento estaba listo para pelear.

—Pero, ¿por qué viniste solo? ¿Mi hermana te dejó venir así? ¿Dónde está Dedrick? ¿Y los caballeros?

—Se lo dije a la señorita. Incluso interpretó lo del patito. Escuché que fue al palacio real para negociar, pero yo no podía esperar más, así que partí antes.

De pronto, noté la espada colgando en su cintura. Era la espada de mi hermana. Algo me resultaba familiar.

«Era el regalo de padre, nunca se separaba de ella… Así que mi hermana se la prestó».

Aun así, ¿cómo pudieron dejar que viniera solo?

Aunque me sentí resentido con mi hermana por permitir que Ruwen se arriesgara así, supuse que, si hasta le prestó su espada, debió ser imposible disuadirlo.

«Bueno, al menos es mejor que venir solo con una espada de madera».

Pero aún así…

—Si calculo el tiempo, debes haber salido justo después de que el mensaje llegará a la mansión. ¿No comiste ni dormiste, solo cabalgaste sin parar? ¿Y si te hubieras topado con un monstruo que no pudieras manejar?

Por joven y saludable que fuera, era claro que había sido un viaje agotador. Que hubiera llegado sano y salvo era un milagro.

A simple vista no parecía herido, pero al revisarlo con más cuidado, noté manchas de sangre seca en su cuello.

—¿Te lastimaste? Ven aquí, déjame ver.

Ruwen siguió mi mirada, bajó la cabeza y sonrió con timidez. ¿Por qué sonreía si yo estaba preocupado?

—Señorito, esta sangre no es mía.

  

—¿Entonces?

—En el camino me encontré con una manada de gnolls.

Mi expresión se arrugó al instante. 

 

—Me enseñó que solo hay que lidiar con los primeros atacantes, ¿recuerda? Hice lo que aprendí: eliminé a los líderes y usé pociones para despistar a los perseguidores.

Aunque era cierto… Ver a Ruwen con los ojos brillantes, como esperando un elogio, me dejó un sabor amargo.

Le había enseñado todo sobre cómo enfrentar monstruos cerca del imperio. Sabía que a veces atacaban aldeas en manadas, y quizás, si seguía a Dedrick, se interesaría en cazarlos en las fronteras.

Así que le di una educación temprana. Gracias a eso, mi propio conocimiento se enriqueció. Pero tal vez le di demasiada confianza. Sin querer, ¿lo había empujado al peligro?

«Esto me inquieta».

Por un lado, me preocupaba que en realidad estuviera herido. Por otro, me enorgullecía que hubiera llegado aquí por su propio esfuerzo, no por un milagro. Mis sentimientos eran contradictorios, pero no podía dejar de reprenderlo por su imprudencia.

—No vuelvas a hacer algo así. Odio verte lastimado.

 

—Si el señorito está a mi lado, seré más cuidadoso.

Su respuesta me sorprendió. Esperaba que prometiera portarse bien, pero en cambio, me echó la culpa.

—Si no quiere que actúe impulsivamente, cumpla su promesa.

  

—¿Promesa…?

—¿Lo olvidó? Dijo que siempre estaría a mi lado.

 

—Ah…

Sus ojos tenían un reproche silencioso. Como diciendo: ¿Cómo pudiste olvidarlo?. Me apresuré a aclarar antes de que malinterpretara.

 

—No lo olvidé. Solo me tomó por sorpresa.

  

—¿Sorpresa?

—Estábamos hablando de tu imprudencia.

Mmm… Hacía tiempo que no veía esa mirada. La que me hacía sentir insignificante. ¿Cómo describirla? ¿Como si me encontrara patético? Era la primera vez desde que era niño.

—¿Por qué no piensa que esto también tiene que ver con su seguridad?

  

—¿Eh?

 

—¿De verdad no entiende por qué salí corriendo de la mansión? ¿O por qué dije que sería cuidadoso si usted está conmigo? ¿O por qué mencioné lo de la promesa?

Vaya, sí que había crecido. De pequeño, solo hubiera suspirado y dejado pasar las cosas. Pero ahora, argumentaba cada punto con claridad. Era conmovedor.

Quería criarlo para que expresara sus opiniones sin miedo, ya fueran deseos, pensamientos o gustos. Parecía que lo había logrado.

Sonreí con orgullo, y sus mejillas se hincharon de inmediato. Aunque parecía mayor, en momentos como este era igual que cuando era pequeño.

—Entiendo. Quieres decir que si estoy contigo, serás más prudente.

  

—Exacto. Así que no puede irse. Tiene que quedarse a mi lado.

¿Qué era esta sensación cálida? Para evitar que mi expresión se ablandara, carraspeé y le di unas palmadas en el hombro.

—Está bien. Me quedaré a tu lado. Pero ahora, debes estar cansado. Ve a lavarte y luego comemos.

 

—Prométalo.

 

—Sí.

—Esta vez no puede romperlo. En serio.

—Lo prometo.

Contesté con confianza, sabiendo que, a menos que Ruwen se independizara o estallara una guerra, no nos separaríamos.

Aunque, más que nada, quería meterlo en el agua para asegurarme de que no estuviera ocultando heridas.

Y luego llenarlo de comida. ¿Cuánto tiempo habría pasado con hambre? En los pocos días que no lo vi, parecía haber perdido peso. Su mandíbula se veía más definida.

—¿Comiste bien en el camino? ¿Quieres carne asada? ¿O prefieres sopa?

  

—¡Carne!

La respuesta fue inmediata. Luego, como si se sintiera avergonzado por su entusiasmo, sus mejillas se sonrojaron y murmuró:

—Mastiqué carne seca durante el viaje, pero aún tengo hambre…

—Entonces te asaré carne. No tengo muchos condimentos, así que no puedo hacer otros platillos.

 

—¡Sí!

Su respuesta entusiasta me hizo sonreír, pero de pronto sentí una mirada penetrante. Al volverme, vi a Taran parado allí, observando a Ruwen.

Mmm… Parece que tendré que posponer la recolección de hierbas. Lo siento por Taran, pero alimentar a Ruwen era más importante.

—Taran, llevaré a Ruwen a la cueva. ¿Puedes traerle ropa limpia? La mía le quedará pequeña… ¡Ah! Espera. ¿No compré ropa por error que era demasiado grande? Se la di al jefe. Esa, y algo de tela limpia.

Taran, que me miraba fijamente, respondió con sequedad:

  

—Está bien.

Su espalda, al alejarse, parecía más decaída de lo normal. Me sentí un poco culpable, pero Ruwen era mi prioridad. Además, podríamos recolectar hierbas después de prepararle una hamaca.

—Ruwen, vamos a lavarte. Te mostraré dónde.

Pero no hubo respuesta. Al mirarlo, lo vi quieto, con una expresión lastimera.

—¿Ruwen?

Cuando lo llamé de nuevo, se acercó y preguntó:

—¿Ese chico de antes es Taran?

Parecía que ya sabía su nombre. Tal vez había escuchado historias en el camino. Eso haría las presentaciones más fáciles.

—Es el niño que me ha ayudado aquí. Parece que ya…

 

—Entonces ya no lo necesitamos.

Ruwen me interrumpió. Su voz sonó fría y abrupta.

—Yo estoy aquí ahora. Yo me encargaré de atenderlo.

Pero, como si nada hubiera pasado, me sonrió y continuó.

De niño, o cuando necesitaba un pretexto, le pedía que hiciera recados, pero nunca lo había tratado como un sirviente. Lo único que hacía por mí era llenar el jarrón de flores y atarme el cabello. Incluso lo de las flores era iniciativa suya. En realidad, su único trabajo era arreglarme el pelo por las mañanas.

Solo le había asignado la tarea más simple porque no quería que se esforzara demasiado. ¿Por qué cambiaría eso ahora?

—No es necesario. Ya está Taran.

—¿Confía más en él que en mí?

¿Eh? ¿Por qué se ve decepcionado? Su reacción, repentinamente hosca, me resultó extraña.

Robin:



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: PATITA DE PERRO
RAW HUNTER: MALVADOS LTD


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