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Capítulo 45

Josh caminaba por el sendero de tierra con el ceño fruncido. De vez en cuando algún miembro del staff lo saludaba, pero él ni se daba cuenta. Estaba tan absorto en sus pensamientos que no tenía tiempo de mirar a su alrededor.

Tras recibir la llamada de Laura, había salido de su alojamiento. Era un asunto que venía rondándole la cabeza desde que Mark se lo mencionó, y ahora parecía que Chase también lo sabía.   

{—De todos modos, a Miller no le importan cosas como los guardias, así que ni sentido tiene reportarle nada}, había dicho Mark entre risas.

Pero Josh no pensaba igual. Esta vez había llegado el momento de contarle todo. Después de tanto tiempo, ya era suficiente. Debía aprovechar la oportunidad para hablar con calma, paso a paso.

Claro que el impacto sería fuerte.

Mientras dejaba escapar un suspiro, frunciendo aún más el entrecejo, de pronto una sensación extraña lo recorrió. Se detuvo y miró alrededor. Lo único a la vista era el tráiler de Chase. Y, sin embargo, algo no cuadraba: la puerta estaba abierta de par en par y Henry, que debería estar vigilando, no estaba por ninguna parte. Definitivamente había pasado algo.

Una cara cruzó fugazmente por su mente y Josh palideció al instante. Justo entonces, un estruendoso disparo rompió el silencio.

—¡Chase!

El grito se le escapó sin pensar, y salió corriendo a toda prisa.

***

Becky temblaba de horror, blanca como el papel. Le tomó unos segundos darse cuenta de lo que había hecho.

—Q-qué… qué hago…

Asustada, soltó el arma. La pistola rebotó en el suelo y terminó rodando hasta quedar justo frente a Chase.

En el suelo, Henry se retorcía sujetándose el vientre, y la sangre se filtraba entre sus dedos.

—M-maldición… ¿qué demonios… has hecho…? —gruñó entre jadeos, escupiendo la maldición con esfuerzo.

Becky, cada vez más desencajada, acabó desplomándose sobre sus rodillas.

—L-lo siento… solo quería asustar… yo no… ¡Dios, qué hago, qué hago!

—¡Maldita sea! ¡Al menos llama a una ambulancia! ¿O de verdad querías matarme? —gritaba Henry, aunque su voz sonaba rota, mezclada con los quejidos de dolor que le arrancaba la herida.

—Uuh… —las lágrimas empezaron a brotar de los ojos de Becky, hasta que, de pronto, descargó toda su rabia sobre Chase—. ¡Es por tu culpa!

Él frunció el ceño.

—¿Mi culpa?

—¡Sí!

Lo miraba fijamente con los ojos inundados de lágrimas.

—¡Si desde el principio no me hubieras despreciado, nada de esto habría pasado! ¿Sabes lo mal que me sentí después de aquella noche? Tus palabras, tu mirada… ¿por qué? ¿Qué hice mal? —su voz se quebraba bajo el peso de los recuerdos—. ¡Te amaba! Durante todo el rodaje esperé a que vinieras a disculparte. ¡Estaba convencida de que lo harías! Yo incluso te llevé agua, ¿lo recuerdas? Y tú me la tiraste encima solo porque olía a Omega. Y justo cuando empezaba a olvidarlo, ¡me sonreíste! Puede que los demás no lo notaran, pero yo sí… esa sonrisa fue para mí.

Su expresión se transformó en una especie de éxtasis.

—Por supuesto… porque tú eres Doctor Flame y yo soy tu flor. ¡La novia destinada a arder en tus llamas eternas!

Chase permanecía impasible. Esa falta de reacción torció aún más el gesto de Becky, que abrió desmesuradamente los ojos.

—¡Mírate ahora! ¿Esa es tu actitud? ¡Todo es tu culpa! Si hubieras venido a disculparte, si no me hubieras hecho dudar y sufrir todo este tiempo, ¡esto jamás habría pasado! ¡Incluso este hombre no estaría herido si no fuera por ti!

—Maldita loca… la que disparó fuiste tú.

Henry, entre gemidos, aún tuvo fuerzas para señalar lo obvio. Pero ni Becky ni Chase parecían escucharlo. Chase bajó la vista. Allí, en el suelo, seguía el arma que ella había soltado.

Se inclinó y la recogió. Becky lo observaba sollozando mientras él giraba la pistola entre las manos, oliendo todavía a pólvora. Entonces habló con total frialdad:

—¿Ah, sí? Entonces… ¿basta con que yo muera?

Y, sin dudar, apuntó el cañón contra su propia sien. Becky abrió los ojos de par en par, horrorizada, mientras él seguía con voz tranquila:

—Es simple. Solo tengo que apretar el gatillo, ¿no?

—Chase… yo… no quise decir eso en serio…

—¿Qué demonios estás haciendo?

Una tercera voz interrumpió de pronto. Los dos giraron la cabeza hacia la entrada.

En el umbral, con el rostro pálido y la respiración agitada, estaba Josh.

—¿Qué…?

Su mirada recorrió la escena: Henry tendido en el suelo, la mujer en shock… y Chase, con el arma apuntándose a la cabeza.

—¿Qué demonios estás haciendo?

Su expresión era de incredulidad absoluta. Becky miraba de uno a otro con el miedo pintado en el rostro. Josh no podía comprender qué estaba pasando. ¿Por qué Henry estaba herido? ¿Quién había disparado? ¿Y por qué Chase se apuntaba con el arma?

No tenía respuestas. Lo único claro era que tenía que detenerlo.

—Tranquilo, Chase. No sé qué ocurrió, pero podemos resolverlo hablando.

Avanzó un paso, con cautela, el corazón latiéndole a toda prisa. Tenía la certeza de que Chase podía apretar el gatillo en cualquier momento. El frío le recorrió la espalda y el sudor le bajó por las sienes. Becky se quedó paralizada, observando.

Josh siguió avanzando despacio, sintiendo cada zancada como una eternidad. El silencio era tan tenso que parecía que su propia respiración retumbaba en el aire.

Chase lo miraba con el rostro inexpresivo, el arma firme en su mano. Ni un temblor. Josh no apartaba la vista de la pistola mientras hablaba:

—Está bien, Chase. Solo baja el arma primero, luego hablamos. ¿Quieres un baño de espuma? Te lo preparo, con montones de burbujas. Sí, y te doy un masaje también. ¿Quieres algo de comer? Donas, galletas… dime lo que quieras, yo lo hago para ti…

Era desesperado, lo sabía, pero tenía que intentarlo. Estaba a solo unos pasos de distancia. Josh midió rápidamente la corta distancia que lo separaba de él.

—Ya casi estoy contigo, Chase. Solo un poco más, aguanta.

Con ese ruego desesperado, Josh extendió la mano hacia él. Lo único que obtuvo a cambio fue una sonrisa helada.

—Demasiado tarde.

Y apretó el gatillo.

El disparo retumbó dentro del tráiler, mientras Becky lanzaba un grito desgarrador.

—¡…!

El olor acre de la pólvora le llenó la nariz. Chase cerró los ojos por un instante y luego los abrió lentamente. El mundo seguía exactamente igual: Becky seguía llorando, Henry seguía desangrándose en el suelo…

La única diferencia era Josh, pálido, con la respiración entrecortada, mirándolo a escasos centímetros.

—¡Maldita sea!

Josh soltó una maldición y lanzó el arma lejos. Era la misma pistola que Chase acababa de intentar dispararse en la cabeza.

—Tú, hijo de…

Josh lo agarró del cuello de la camisa con furia. Chase no opuso resistencia, se dejó arrastrar sin fuerzas. Los ojos de Josh ardían de rabia, tan oscuros que parecía capaz de matarlo a golpes en ese mismo momento.

«Si termino muriendo así, tampoco sería tan malo», pensó Chase con indiferencia.

Pero entonces Josh se detuvo. El puño quedó suspendido en el aire. Temblaba, apretando los labios, hasta que al fin bajó la mano y la apoyó suavemente en la sien de Chase.

Ese contacto le reveló lo que había ocurrido: la bala solo le había rozado.

—¿Por qué…? —la voz de Josh se quebró—. ¿Por qué haces esto? ¿Por qué siempre intentas matarte?

Las lágrimas se le escaparon de los ojos, húmedas en las comisuras. Chase, sorprendido, parpadeó. Durante un momento ninguno de los dos habló. Solo se oían sus respiraciones agitadas en el silencio.

De repente, unos pasos apresurados resonaron afuera, y enseguida Isaac irrumpió en el tráiler.

—¿Qué ha pasado aquí? Señor Miller, ¿está bien…?

Se quedó petrificado al ver la escena. Seth apareció tras él y abrió los ojos como platos.

—¿Qué demonios es esto…?

Y al instante reconoció a Becky. La había visto en los pasillos durante las rondas, una actriz conocida. Jamás imaginó encontrarla así.

Pero no había tiempo para procesarlo.

—¡Henry! ¡Dios, qué te ha pasado! —gritó Isaac corriendo hacia él.

Henry, medio inconsciente, murmuró algo. Isaac lo miró desconcertado.

—¿Qué? ¿Dice que se muere?

—¿Qué pasa? —preguntó Seth.

—No, no… —Isaac suspiró y se corrigió—. Solo pide que llamemos una ambulancia.

—Y a la policía también.

La voz de Josh, firme, los hizo volverse. Ya más sereno, se agachó, envolvió la pistola en un pañuelo y se la entregó a Seth.

—Que ellos investiguen lo ocurrido. Dile a C que, cuando se calme, podrá declarar como testigo.

Seth lo miró de reojo.

—¿Y C está bien?

—La bala solo lo rozó. Que lo atienda un médico.

—Será mejor llevar a Henry a la enfermería primero, antes de que llegue la ambulancia —intervino Isaac, nervioso—. ¿Aguantas, Henry?

—Solo me rozó, idiota… —gruñó Henry con voz débil.

—Menos mal… —murmuró Isaac, ayudándolo a incorporarse.

Seth, mientras tanto, salió escoltando a Becky, que caminaba como un fantasma, sin lágrimas ya, totalmente ida.

Josh se apresuró a llamar a Mark y a Laura. Les explicó la situación, recibió instrucciones y se puso en contacto con el médico del set. Solo después colgó el teléfono y exhaló un suspiro exhausto.

Al volverse, vio a Chase sentado en el suelo, cabizbajo, inmóvil. Josh se acercó despacio. Aun cuando sus pasos resonaban claramente, Chase no reaccionó.

Josh se arrodilló frente a él.

—Chase.

Lo llamó con suavidad.

—¿Por qué lo hiciste?

—…

—¿Por qué intentaste matarte otra vez?

Esperó paciente. No le importaba cuánto tardara en responder. Al final, Chase habló con voz apenas audible.

—Si muero… ¿llorarías?

Josh respondió sin dudar:

—Sí.

Y, con un hilo de voz, añadió:

—Lloraría mucho.

Chase guardó silencio de nuevo. Josh, intrigado, bajó un poco la mirada y entonces se quedó helado. Chase estaba llorando.

—…Chase.

Josh sacó un pañuelo con la intención de limpiarle el rostro, pero al comprobar que el bolsillo estaba vacío se detuvo en seco. Con un gesto incómodo miró hacia atrás y luego de nuevo a Chase; sin darse cuenta, dejó escapar un profundo suspiro.

Chase no sollozaba ni emitía ningún ruido. Simplemente las lágrimas le resbalaban por las mejillas, espesando y aclarando a cada instante el violeta profundo de sus pupilas, nubladas por el llanto.

El agua salada se acumulaba en su barbilla, vacilaba un segundo y terminaba cayendo al suelo. Una tras otra, en silencio. El pecho de Josh se oprimió hasta dejarlo sin palabras.

—Chase…

Al fin logró llamarlo de nuevo. Chase levantó la cabeza lentamente, pero sus ojos, deshechos por las lágrimas, volvieron a empañarse en cuanto se cruzaron con los de Josh.

HAA… Por primera vez Chase dejó escapar un suspiro tembloroso. Ladeó el rostro y besó sus labios. El sabor salado le llenó la boca a Josh, que abrió los ojos y lo encontró a escasos centímetros.

—Te amo.

Soltó aquellas dos palabras y mordió su labio inferior, respirando entrecortado, conteniendo los sollozos. Josh solo pudo mirarlo. Chase suspiró otra vez, más agitado.

—No vayas con esa mujer.

—…¿Qué mujer?

Josh consiguió preguntar, perdido en sus ojos. Chase, con la respiración desordenada, contestó:

—Escuché… Escuché que tienes un hijo. Que la madre lo espera.

Josh se quedó helado. Su mirada vacilante fue suficiente para que Chase lo malinterpretara.

—Dijiste que los hombres no te interesaban… entonces ella debe ser una Alfa, ¿verdad? El niño es tuyo, y la cicatriz en tu vientre era por una cesárea. Lo sabía.

Las palabras se derramaban sin pausa, y Josh no pudo replicar. Chase volvió a llorar.

—Elígeme a mí.

—…

—No a ella. Elígeme a mí —suplicó entre sollozos—. Por favor… Haré lo que quieras. Todo lo que quieras…

La emoción lo quebró y se echó a llorar a gritos. Aquel llanto, crudo y desgarrado, terminó por desarmar a Josh, que apenas pudo balbucear:

—No digas eso… ¿qué harías si yo fuera un desgraciado y te arrastrara conmigo?

Con voz débil intentó bromear, pero Chase estaba serio.

—No me importa.

—No quiero ser un mantenido

El rostro de Chase palideció, golpeado por aquellas palabras. Josh lo besó suavemente para tranquilizarlo. El corazón le dolía, los ojos le ardían.

—¿Por eso redujiste tus feromonas?

Chase no respondió. Josh lo entendió igual: esa mirada turbia estaba llena de miedo e inseguridad. Lo abrazó con fuerza.

«¿Cuánto debió haber sufrido? ¿Cuánto tiempo dudó de sí mismo?»

—No me acosté contigo por tus feromonas.

—¿Entonces por qué?

Josh lo pensó apenas un instante antes de sonreír.

—Por tu cara.

Chase no contestó. Josh repitió con firmeza:

—Sí, por tu cara. No por las feromonas.

«Ahora ya no es solo tu cara», se dijo en silencio. Y lo besó otra vez, decidido.

—Perdona por haberte hecho sufrir.

Se separó un segundo para añadir:

—Quiero presentarte a mi hijo.

El gesto de Chase se endureció, sus ojos vibraron de ansiedad. Josh le habló con suavidad:

—No te preocupes. Le caerás bien. Porque…

«Porque yo te amo.»

Las palabras se quedaron atascadas en su garganta. Aunque tantas veces había podido decirlas sin problema, ahora no salían.

—Porque… —balbuceó de nuevo.

Y entonces, por suerte, sonó su teléfono. Josh se levantó apresurado para contestar.

—Sí, Mark. Ah… ya veo. Aquí todo está bajo control. Sí, lo esperamos.

Al colgar, miró a Chase, aún sentado en el suelo con la vista fija en él.

—Vendrá el médico. Vamos a la cama.

Lo ayudó a levantarse, lo llevó hasta la cama y empapó una toalla para limpiar la sangre seca de su rostro. Cada vez que pasaba cerca de la herida, Chase fruncía el ceño.

—¿Te duele?

—…Estoy bien.

Pero su cuerpo reaccionaba con un sobresalto cada vez que la tela tocaba la piel lastimada. Josh lo encontró tan tierno en ese momento que no pudo evitar volver a besarlo.

—…¿Por qué me besas tanto?

Josh se quedó en silencio un segundo y comprendió que ya lo había hecho más de cinco veces. Solo había una respuesta posible.

—Porque eres hermoso.

—…Ha —suspiró Chase, incrédulo.

Josh sonrió, y justo entonces se oyó un ruido afuera: el médico y Laura entraban de prisa al tráiler.

Mientras lo atendían, Josh salió y encendió un cigarrillo. Le temblaba ligeramente la mano al encenderlo.

FUU…

Exhaló el humo y dejó que su mente repasara lo que acababa de decir.

«Tengo que contarlo todo.»

Inspiró profundo y pensó:

«Cuando lo sepa todo… ¿seguirá diciéndome que me ama?»



TRADUCCIÓN: ROBIN KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN KLYNN
RAW HUNTER: KLYNN


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