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Capítulo 43

—Al final resulta que es un niño leopardo negro.

—¿Qué tienes de insatisfecho? ¿Por eso lo odias?

—No es que lo odie… más bien debería decir que es un alivio haberlo descubierto pronto…

—¡Eso es justo lo que diría alguien que lo odia!

No entendía por qué se quejaba tanto, con que estuviera sano, fuerte y lleno de energía era más que suficiente. Apenas lograba contener las ganas de golpearle la nuca, pero Chase, sin entender lo que sentía, no hacía más que refunfuñar.

—Si iba a ser un niño, al menos podría haber sido un cachorro blanco.

—¿Me lo dices a mí? ¿Acaso yo lo creé?

—¿Por qué discutes con el doctor? Si fuiste tú quien lo hizo.

—Exacto. Cada vez que viene me da dolor de cabeza. La próxima vez déjalo en casa.

—Quizá sí lo haga. Yo no tengo problema, ¿verdad? Vendré solo de ahora en adelante.

—También podría cambiarse de hospital…

«¿Qué significa esto, doctor? ¿No me dirá que también le caigo mal?»

La conmoción me dejó boquiabierto. Su expresión era sumamente de sospecha mientras evitaba mi mirada y observaba las montañas a lo lejos.

—Qué cruel, doctor. ¿Cómo puede ser así conmigo…? —Murmuré como si hubiera perdido todo en este mundo, y Chase intervino abruptamente.

—¿Qué clase de relación tienen? ¿Acaso hay algo entre ustedes?

—No, absolutamente nada. Por favor, vámonos ya, ¿sí?

—Pero tú fuiste el primero en decir que nuestro bebé es un niño leopardo negro.

—¡Pues si es un niño de leopardo negro, cómo voy a mentir diciendo que es una niña!

—Pero aún así…

—¿Qué significa “aún así”? ¡Si lo quieres tanto, inténtalo con el segundo!

No tengo idea hacia dónde estaba yendo esta conversación. Estaba al borde de perder la cordura. Sin embargo, Chase parecía intrigado por las palabras del doctor, incluso mostró interés y volvió a preguntar.

—¿Si lo intento, saldrá como yo quiera?

—No hay bases médicas que lo respalden… pero mi madre decía que hay métodos transmitidos por generaciones. Aunque, como médico, no debería decir esto… bueno, ¿quieres que lo investigue?

—Sí, entonces para el segundo.

—¡¿Qué estás diciendo?! ¡¿Qué segundo ni qué nada?!

«¡¿Están en su sano juicio?! ¡¿Quién va a tener un segundo hijo contigo?!»

Impactado, le di una fuerte palmada en la espalda a Chase con todas mis fuerzas. Pero como el enojo no se me pasaba, sin darme cuenta, comencé a gruñir. Sin embargo, Chase, como si él fuera la víctima, alzó aún más la voz.  

—¡Después de todo, los síntomas del embarazo los sufro yo!

—¿Y el parto también lo vas a sentir tú, Chase? ¡Dicen que duele muchísimo!

—Bueno… según los síntomas actuales, es posible que Chase también experimente los dolores de parto.

—¿En serio? Entonces…  

Por un instante, me dejé llevar, pero luego reaccioné. ¡El problema no es quién sentirá el dolor! Aunque, claro, eso también es importante.  

—¡Hablen con sentido común, por favor! ¡Piensen antes de hablar!

—¿Ahora tengo que escuchar que un cachorro me diga que piense?

—¡Por supuesto que sí!  

Era la primera vez… bueno, casi la primera vez que le hablaba con tanta firmeza a Chase, y me sentí lleno de orgullo. Chase, incrédulo, murmuró entre dientes:  

—Mírenlo, qué creído se pone el cachorro.

—Por eso, dejen de decir tonterías. Doctor, por favor, cuéntenos lo que iba a decir antes. ¿Cuál es el método para aliviar los mareos?

—Ah, eso.  

Mientras Chase y yo discutíamos, el doctor, que había estado grabando la pantalla del monitor y revisando cosas, levantó la cabeza. Su sonrisa era tan gentil como siempre, pero al verla, de repente sentí un escalofrío… algo siniestro. ¿Qué era esta sensación inquietante?  

—Es simple. En casos como el de Chase, el principio básico es el mismo. Siempre se ha calmado el malestar con contacto físico adecuado o feromonas, así que, si el contacto superficial no funciona, solo hay que profundizarlo.

—¿Profundizarlo…?

—Sí. Que ya no sea “adecuado”.

—…  

—… 

«¿Qué querrá decir con un contacto “no adecuado”, doctor…?»

Tenía mil preguntas, pero el miedo a la respuesta me selló los labios. Chase, con expresión de que le hubieran anunciado el fin del mundo, no hacía más que morderse el pobre labio inferior.  

El doctor, tras observarnos alternativamente a ambos, esbozó una sonrisa y soltó su veredicto final:  

—Lo saben, ¿verdad? Ya están en el periodo seguro, así que pueden tener relaciones sin problema. Eso sí, no sean demasiado bruscos o asustarán al bebé. ¡Vamos, lárguense a casa y piensen sobre cambiarse de hospital, ¿eh? ¿Trato hecho?

—…

—… 

«Los malos presentimientos nunca fallan.»

Tras soltarnos esa bomba como si nada, el doctor nos echó de la consulta con despreocupación.  

Aturdidos, sin poder articular protesta alguna, nos empujaron fuera de la sala. Caminamos como zombis hasta el coche, y ni en el trayecto ni al llegar al estacionamiento de casa pronunciamos una sola palabra.  

✧─── ・ 。゚★: *.✦ .* :★. ───✧

  

—He estado pensando algo…

—Te dije que no pensaras.

Días después del impactante diagnóstico médico. Hoy también, sin falta, Chase corrió al baño al amanecer para vomitar, y ahora lo enfrentaba con su semblante demacrado.  

Sus síntomas habían empeorado cada día, hasta el punto de que, por más feromonas que liberara o abrazos que le diera, apenas podía tomar un sorbo de agua.  

Al final, tomé una firme decisión y, con rostro resuelto, no tuve más remedio que plantarme ante él:  

—No podemos seguir así. Tú también estás sufriendo demasiado.

—No es para tanto.

—¿Cómo que no? Pareces un cadáver ambulante. Si no comes, cuando nazca el bebé y su papá ha desaparecido, ¿entonces qué?

—…

Incluso Chase, que había insistido tercamente en que estaba bien, se quedó callado al mencionar al bebé. Su rostro mostraba claras señales de disgusto, pero como las náuseas no eran culpa de nadie, no tenía nada que objetar.  

—¿En qué estabas pensando? Dilo de una vez.

Finalmente, Chase respondió con voz llena de desconfianza. Yo tomé su mano con firmeza y hablé con calma:  

—¿Quieres… que nos besemos? Yo me encargaré de hacerlo bien.

—…  

«Acabo de sonar como un pervertido diciendo “¿Confías en mí, cariño?»

Parecía que Chase pensaba lo mismo.  

—¿Qué tonterías…? ¿De qué… estás hablando, cachorro?

Sus mejillas, ya pálidas, se volvieron completamente blancas mientras balbuceaba sin poder articular una frase coherente. ¡Pero si ni siquiera es algo que yo quiera hacer! Como no era yo quien sufría las náuseas, bien podría haberlo ignorado. Pero su estado daba tanta pena que me ofrecí a sacrificarme… y aún así, mira este drama.  

Yo, por mi parte, fruncí el ceño y refunfuñé:  

—Si ni siquiera fue la primera vez, ¿por qué te pones así?

—¿Y tú cómo sabes si fue mi primera vez o no?

—¡Porque la vez pasada contigo fue mi primera vez! ¡Así que obviamente esta sería la segunda!  

—…

Al mencionar el hecho tan directamente, él pareció quedarse sin argumentos. Luego, guardó silencio un momento, evitando mi mirada antes de murmurar:  

—¿Quién dijo que contigo fue mi primera vez?

«¿Qué? ¿Acaso no lo fue?»

—¿No lo fue? ¡Pero eso es imposible! ¡Yo era virgen!

—…¿En serio?  

—¡Claro! ¡Estaba demasiado ocupado sobreviviendo como para tener tiempo de besarme con alguien!

—¿Demasiado ocupado… para besar? ¿Tú?

—¡Pues claro que…!

Estaba a punto de soltar un discurso sobre lo difícil que había sido mi vida —sin terminar la prepa, sin padres— cuando de repente me detuve, sobresaltado. Esa era la vida de mi antiguo yo, Kwon Tae-young. ¿Quién sabía cómo había sido el pasado de Leoruca de Kaisa?  

«Sería un desastre si ahora apareciera una fila de exnovios gritando que eran sus amantes.»

Aunque, pensándolo bien, Leoruca apenas tenía 20 años y, por más amable que uno fuera, su personalidad en la novela estaba lejos de ser “adorable”. Lo más probable era que su historial amoroso fuera inexistente.  

Mientras vacilaba, los ojos de Chase se afilaron. Entrecerrados, su mirada se clavó en mí como una daga.  

—¿Por qué no respondes? ¿Me mentiste?

—No, no es eso…  

—Entonces ¿qué es? No te regañaré, dimelo.

Su mano, que pretendía ser cariñosa al agarrar mi hombro, ejercía una presión sospechosa. 

«¿En serio no estás enfadado?»



TRADUCCIÓN: ELIZA
CORRECCIÓN: HASHI
REVISIONISMO: ELIZA


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