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Capítulo 42

Durante el regreso a la mansión de Chase, en lugar del set de filmación como él había ordenado, nadie abrió la boca. Chase tampoco dijo nada, con el rostro serio. Pero cada vez que Joshua miraba de reojo el retrovisor, se encontraba con la misma escena: Chase lo observaba fijamente. Nadie podía negar que no había apartado los ojos de él en todo el trayecto.  

Una vez en la mansión, nada cambió. Tras ver a Chase subir directamente a su habitación, Mark habló con el ceño fruncido:

—Todos al salón.

Lo que quería decir era evidente. Joshua lo siguió con la sensación de ser un condenado esperando sentencia.

El aire en el salón, con todo el equipo reunido, estaba más denso que nunca. Joshua intentó recordar cuándo había sentido una tensión así por última vez. Ni siquiera durante el secuestro de Chase el silencio se había sentido tan opresivo. Quizá porque esta vez se trataba de él mismo.

—Haah —suspiró Mark suspiró por primera vez. Sin embargo, el ambiente no cambió. Volvió a guardar silencio y los demás tampoco se atrevieron a hablar.

Al final, fue Joshua quien no pudo resistir más.

—Siento mucho haberlo ocultado todo este tiempo.

La voz le salió ronca y tuvo que aclararse la garganta a la fuerza. Aun así, pese a disculparse con dificultad, el silencio se mantuvo. Isaac, todavía en shock, apenas parpadeaba con el rostro completamente pálido. Mark no hacía más que fumar, y Henry no estaba mucho mejor.

El único relativamente tranquilo era Seth, que lo sabía desde hacía tiempo, pero ni él podía hablar con naturalidad en un ambiente así.

—Ejem.

Por fin, Mark carraspeó como si al fin fuera a decir algo. Todos, salvo Isaac, dirigieron la mirada hacia él. Se rascó la cabeza, suspiró, expulsó el humo del cigarrillo, bajó la cabeza, volvió a levantarla y volvió a suspirar. Solo después de repetir esa serie de gestos tres veces abrió la boca.

—Me dejaste realmente sorprendido, Joshua. Te conozco desde hace años y jamás sospeché nada…

Era justo la frase que Joshua había esperado escuchar desde siempre si llegaba este momento. Con el rostro incómodo pero sereno, volvió a disculparse.

—Como saben, no podía revelarlo. De lo contrario, jamás habría conseguido este trabajo.

—Eso sí es cierto.

Mark asintió y volvió a llevarse el cigarrillo a los labios. Si hubiera sabido desde el principio que Joshua era omega, no lo habría contratado. Por la naturaleza del trabajo, los omegas tenían muchas desventajas. Tal vez fuera un prejuicio, pero no veía razón para arriesgarse innecesariamente.

El problema era que, justo en el momento en que se reveló la verdad, Mark no pudo evitar que sus propios prejuicios salieran a flote. Esa incomodidad era evidente. Joshua también lo sabía y, consciente de que había engañado a todos, prefirió quedarse callado.

Quien rompió el silencio fue Seth.

—Dejemos el pasado atrás. La pregunta es: ¿qué vamos a hacer de ahora en adelante?

Todos lo miraron. Incluso Isaac, que parecía haber vuelto en sí, lo observaba con más claridad. Seth continuó con su tono habitual y profesional.

—La decisión es simple: ¿Joshua sigue trabajando en el equipo o no? Eso es lo único que hay que resolver. Y supongo que desde el principio Joshua estaba preparado para aceptar lo que viniera cuando llegara este día.

—Sí, es verdad —Joshua asintió y miró a Mark—. Soy consciente de que mentí y de que lo engañé. Aceptaré cualquier decisión que tome.

—¡El problema es que no es tan fácil como lo pintas, idiota! —Mark estalló, pero enseguida soltó otro largo suspiro—. En fin, no puedo dar una conclusión ahora mismo. Necesito tiempo… De verdad, no puedo creer que no seas Alfa, sino Omega.

Se quejó como si hablara solo, sacudió la cabeza y se levantó de su asiento.

—Yo me encargaré de la sala de monitores. Ustedes encárguense de las rondas. Seth, organiza los turnos y avísame mañana.

Le pasó la responsabilidad al más sereno de todos en ese momento y abandonó el salón.

El silencio volvió a caer. Seth se levantó después, abrió la nevera y sacó varias latas que dejó sobre la mesa. Tomó una para sí mismo y Joshua también agarró una bebida gaseosa. Entonces Henry habló de pronto.

—Oye, Seth… ¿y tú por qué lo tomas con tanta calma? ¿Acaso ya lo sabías?

Con el rostro lleno de sospecha, lo miró fijamente. Seth respondió sin darle importancia.

—Sí, desde hace unos años.

—¿Tanto tiempo?

—¿Qué?

Tras Henry, también Isaac alzó la voz. Joshua bajó la cabeza fingiendo abrir la lata, incómodo. Henry abrió y cerró la boca, incrédulo, antes de fijar la mirada en Joshua.

—¿Y Pete, entonces? No me digas que lo tuviste tú.

Joshua no respondió. Pero su silencio bastaba como respuesta.

—Dios… Ahora que lo pienso, siempre me pareció que se parecían demasiado.

Ante el murmullo de Henry, Joshua dijo sin pensar:

—Seguro piensas eso porque solo conoces mi cara.

Al instante, todas las miradas se clavaron en él. «Rayos», pensó, pero enseguida fingió naturalidad y añadió:

—Es normal que un rostro conocido resalte más.

—No, no es eso. Pete es igualito a ti.

Henry replicó enseguida. Joshua lo miró frunciendo el ceño.

—¿De qué hablas? Aunque se pareciera, ¿cuánto podría parecerse?

—Sí se parece —Isaac intervino desde un lado—. Estoy seguro de que de niño te veías justo como él. Y aún con tu cara actual, sigue habiendo mucho parecido.

Joshua, desconcertado, miró a Seth en busca de apoyo, pero este se limitó a concluir con el mismo semblante impasible de siempre:

—Yo pensé que lo habías tenido por reproducción asexual. Veo que sí tuviste pareja.

Joshua parpadeó, atónito. Por lo menos no habían llegado a imaginar que Pete se pareciera a Chase; eso era un alivio, aunque la situación seguía siendo absurda.

—¿Entonces todo este tiempo fui el único que pensaba que Pete se parecía más al otro que a mí?

Lo dijo con sarcasmo, pero nadie lo tomó de esa manera. Casi al mismo tiempo, todos asintieron con un “sí”. Joshua se quedó sin palabras otra vez. Soltó un suspiro y apartó la vista, pero sus ojos se cruzaron justo con los de Isaac, la persona más incómoda en ese momento.

«Ahora que sabe que soy Omega, ¿se pondrá aún más insistente?»

Ese temor lo atravesó, aunque estaba equivocado. Isaac, con expresión apagada, lo miró un momento y luego bajó la cabeza, derrotado. La reacción, casi de rendición, sorprendió a Joshua… y no solo a él.

—¿Y eso qué? ¿No que estabas desesperado por lanzártele encima?

Henry soltó con tono burlón. Joshua pensó en detenerlo, pero se contuvo: era normal que reaccionara así, aunque para él fuera incómodo. Isaac, en lugar de discutir, habló con voz desanimada.

—Con la marca, ¿qué se supone que haga?

—¿Qué?

—¿Qué dijiste?

Henry, y hasta Seth, reaccionaron con sorpresa. Isaac pasó una mano por su cabello y continuó con desgano:

—Es como si estuviera casado. Si yo me meto, sería un adulterio.

—…

—Ahora entiendo por qué Joshua me rechazó —suspiró otra vez y, tambaleándose, se levantó—. Lo siento por todo, Joshua. Si lo hubiera sabido antes, me habría rendido mucho antes. Perdón por incomodarte tanto.

Tras disculparse varias veces, abandonó la sala. Los tres restantes lo miraron irse en silencio.

—Ese idiota es un completo imbécil, ¿no?

Al fin, cuando Isaac desapareció de su vista, Henry rompió el silencio. Se giró hacia Joshua y Seth con una mueca de incredulidad.

—¿Qué tiene de malo? Una marca puede cubrirse encima y ya. ¿Qué es eso de hablar de matrimonio o adulterio con un Omega? Entonces, ¿qué pasa con los Omegas que viven con dos o tres Alfas a la vez, todos marcados? ¿Qué, ellos qué son? ¡Dios, qué desesperante es ese tipo, en serio!

Henry soltó un profundo suspiro de frustración, y fue entonces cuando Seth habló.

—Entonces ve tú y dile que le haga una nueva marca.

Antes de que Joshua pudiera negarse, Henry se adelantó con esa salida absurda.

—¿Estás loco? ¿Cómo voy a enseñarle yo algo así?

«Ah…» Joshua y Seth recordaron al mismo tiempo.

Henry había estado enamorado de Isaac.

—En fin, al menos ahora sé bien que no tienes ningún interés en Isaac.

Con eso Henry desvió la atención hacia Joshua y sonrió de oreja a oreja, la sonrisa más satisfecha que Joshua le había visto nunca. Incluso le dio una palmada en el hombro antes de añadir:

—Pues nada, te deseo que vivas muy feliz con tu mini-yo.

—…Gracias.

Joshua agradeció a regañadientes, cuando de pronto sonó el teléfono colgado en la pared. Seth se levantó para contestar, y al girarse miró directo a Joshua.

—Es C. Dice que subas a su habitación.

El corazón de Joshua se desplomó en el acto. Seth, que notó cómo se le reflejaba en el rostro, añadió con una expresión compasiva:

—Que te lleves todos los supresores también.

—¿Para qué diablos?

Henry frunció el ceño. Seth colgó el auricular y se encogió de hombros.

—Tal vez quiera comprobar si de verdad eres Omega.

Joshua no pudo responder nada.

El camino hasta la habitación de Chase, con los frascos de supresores escondidos al fondo del bolso, se le hizo insoportablemente pesado. Por más que pensara en qué decir, sabía que con Chase nada serviría.

«¿Y si lo confieso todo de una vez?»

La idea lo tentaba, pero una voz interior lo frenaba con fuerza.

Chase no había podido estar con nadie más por culpa de sus traumas. ¿Y si se enteraba de que había perdido el conocimiento y había terminado en la cama con él?

El rostro de Joshua se crispó solo de pensarlo. Y peor aún: ¿cómo explicarle que de eso había nacido un hijo?

Estaba seguro de que la mente de Chase no lo soportaría. Algún día tendría que decirle la verdad, pero no ahora. Lo mejor sería esperar, hasta que Chase estuviera preparado.

Joshua levantó la cabeza. La puerta de la habitación de Chase estaba ya a unos pasos. Inspiró hondo, y obligándose a seguir, caminó sobre la suave alfombra con pies de plomo.

Finalmente se plantó frente a la puerta. El impulso de salir corriendo lo azotó, pero lo reprimió con todas sus fuerzas y alzó la mano.

TOC, TOC.

El sonido del golpe retumbó con un eco casi siniestro. Como siempre, no hubo respuesta. Tras unos segundos, Joshua giró el pomo. La puerta de madera se abrió chirriando de manera desagradable, y en ese momento se sorprendió pensando, absurdamente, que debería aceitar esas bisagras.

Pero al poner un pie en la habitación, ya no pudo evadir más la realidad.

Chase lo esperaba con el rostro frío y endurecido, sentado en el cuarto vacío como si lo hubiera estado aguardando desde siempre.



TRADUCCIÓN: ROBIN KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN KLYNN
RAW HUNTER: KLYNN


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