Capítulo 40
Diego le había abierto el almacén secreto a Carlyle.
—Si llevas registros tan meticulosos, la cantidad aumentará rápidamente, así que ¿no te quedarás sin espacio para guardarlos?
De ahora en adelante, guárdalos aquí.
Carlyle se sintió profundamente conmocionado por esas palabras.
No estaba seguro de si sentía alegría o emoción, pero estaba seguro de que su corazón palpitaba más que hacía un momento, cuando estaba ansioso por ser regañado por Diego.
Así que Carlyle se aclaró la garganta varias veces y dijo:
—Duque, agradezco sus palabras, pero ¿no es este el almacén donde se guardan los registros del Ducado Zeller? ¿Cómo podría…?
—Qué importa, todos los registros que se creen durante tu estancia en el Ducado de Zeller son los registros del Ducado de Zeller.
Diego le dio una palmadita en la espalda a Carlyle, diciendo: “Tu padre solía llevar registros separados, pero tú tienes la costumbre de hacerlo, así que eso ahorra muchos problemas”.
Y así, en la biblioteca secreta, cajas y cajas de notas estaban apiladas a un lado.
No se atrevía a ponerlas en una estantería, así que las guardaba en cajas y las apilaba en un mismo lugar.
«Cuando… Tenía catorce años.»
Las cajas estaban ordenadas por años. Después de quitar el polvo y mover unas cuantas cajas,
Carlyle encontró por fin la que contenía el año que buscaba.
Después de desempolvar un poco mas, sacó las notas y empezó a hojearlas una a una.
La primera era un recuerdo del invierno.
La segunda era sobre Adeline diciendo que quería ir al mar.
Una tercera, una cuarta, una quinta.
Todas eran meros registros del pasado, pero ninguna contenía lo que Carlyle buscaba.
Entonces cayó en su mano la sexta nota.
TUCK.
Arietty: Bueno, se supone que es el sonido de las hojas al pasar :v
Las páginas pasaron rápidamente.
—… La encontré.
La mano de Carlyle se detuvo mientras hojeaba las notas.
[19 de principios de verano, soleado]
La entrada del día, que empezaba con la fecha y el tiempo, como todas las agendas, tenía una cosa fuera de lo normal.
[Visitante 2: La familia Sommeier].
Debajo había una breve descripción de su aspecto.
Un hombre de mediana edad con el pelo que probablemente era originalmente negro pero que se había vuelto gris con la edad.
Y un niño de pelo oscuro, presumiblemente su hijo.
«Lo recuerdo un poco cuando miro el registro.»
Como Millen era joven, su trabajo era generalmente cuidar a Adeline.
La niñera de Adeline había sido despedida cuando alcanzó cierta edad, dejando sólo a Carlyle para cuidarla en Ducado Zeller.
Esto puede parecer bastante fácil, pero los niños pequeños, especialmente Adeline, son bastante activos, y el abanico de actividades es enorme.
Ni que decir tiene que la búsqueda de Adeline le hizo resentir el hecho de que la residencia del duque Zeller sea tan grande.
Ese día, Carlyle seguía buscando a Adeline.
Pero en lugar de la joven que buscaba, tropezó con un muchacho.
[Cabello oscuro, se estima que de mi edad.]
El chico estaba encogido en el escalón de la esquina, su atuendo era impropio de un noble.
Así que Carlyle naturalmente asumió que el chico era un niño traído por uno de los sirvientes.
Aun así, era importante establecer su identidad, así que se acercó al chico y le preguntó.
—Hola, ¿cómo te llamas?
—…¿Qué pasa?
El niño levantó la cabeza de repente. Solo entonces Carlyle comprendió por qué había estado acurrucado todo ese tiempo.
Los ojos del niño estaban rojos y febriles. Como si hubiera estado llorando hacía un rato.
Carlyle se quedó atónito, pues nunca había esperado que esto sucediera.
El niño también agitó la mano con dureza.
—Sal de aquí, porque no tiene nada que ver contigo. Para empezar, ni siquiera soy de esta mansión.
—¿No son tus padres sirvientes de esta mansión?
—No, pues deja de decir tonterías y lárgate.
Esta vez, la voz del niño era feroz, como si fuera a cometer algún acto violento si no se iba.
Así que Carlyle decidió dejarlo solo y centrarse en su deber: encontrar a Adeline, que había desaparecido.
Ojalá no hubiera visto la herida en la mano del niño.
Carlyle regresó después de recibir suministros sencillos del médico.
El niño seguía allí, y esta vez frunció el ceño en cuanto vio a Carlyle.
—¿Y ahora qué?
—Creo que es mejor curar esa mano.
Carlyle dejó los objetos que había traído.
La herida debió doler bastante, pero esta vez el niño no se molesto y curó torpemente la herida.
Carlyle, que observaba al niño con la intención de devolverle los artículos al médico después del tratamiento, abrió la boca de repente.
—¿Cómo te lastimaste? La herida parece bastante profunda.
—Me corte con una sierra….
—¿Una sierra?
Un objeto así no era algo que un niño de la edad de Carlyle debiera manejar.
Aún más desconcertante era el hecho de que el corte del niño estuviera en la continuación entre el pulgar y el índice.
Percibiendo las sospechas de Carlyle, el niño explicó.
—Mi padre hace carpintería como hobby, así que intenté imitarle y me hice daño.
La conversación terminó ahí.
Carlyle no preguntó realmente porque sentía curiosidad por cómo se lastimó el chico.
Era porque tenía la costumbre de preguntar cómo se lastimó Adeline cuando la atendía.
El chico no quiso hablar más, así que terminó de curarlo y le devolvió sus cosas.
—…Gracias.
Y una sola palabra.
Carlyle no contestó, sólo hizo una leve reverencia y se fue.
Ahora que había pasado algún tiempo esperando a que el chico sanara, realmente necesitaba encontrar a Adeline.
Ya era bien entrada la noche cuando se dio cuenta de que el muchacho de cabello negro era el hijo de la familia Sommeier, que había visitado al ducado Zeller aquel día.
Como era su costumbre, Carlyle llevó un minucioso registro de los acontecimientos del día, anotando las heridas del muchacho.
[Probablemente tenga una cicatriz en la mano.]
La herida, que había sido cortada con una sierra, tardaba en cicatrizar y ya era profunda.
La herida no estaba limpia porque era una herida de sierra.
Las condiciones eran perfectas para la cicatrización.
Carlyle tomó nota de ello, y luego se olvidó del chico.
El chico no había sido gran cosa, y no se acordaría de él en el futuro.
Hasta hace un momento.
Si tan solo no hubiera encontrado una cicatriz en la mano de Jack al entregarle el cheque.
En el momento en que recordó que el pulgar y la cicatriz le resultaban bastante familiares.
Carlyle se quedó con la boca abierta.
{—Sr. Jack Hartzfeld. ¿Tiene usted una cicatriz?}
{—Oh, de joven, soñaba con ser carpintero. Mi padre hacía ese trabajo.}
Y lo siguiente que supo, es que se corto la mano con una sierra tratando de emularlo.
La ubicación de la inusual cicatriz, el motivo de la misma e incluso el momento en que se produjo coincidían.
Una rápida comprobación de su pasado no disipó sus sospechas, sino que las acrecentó.
«Jack Hartzfeld.»
¿Podría ser que el chico de la familia Sommeier y Jack fueran la misma persona?
Pensándolo bien, nada del pasado de Jack se reveló debidamente.
Como era del Principado de Mathes, la mayoría de la gente no prestaba mucha atención a nada más allá de eso.
Ser de un país extranjero es una buena excusa para ocultar tu pasado.
Pero si, de hecho, el chico y Jack eran la misma persona.
«Jack Hartzfeld no debería estar con la señorita.»

TRADUCCIÓN: ARIETTY
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK