Capítulo 40
Como si fuera poco, querían internarme en un hospital psiquiátrico sin mi consentimiento.
¡Aunque pareciera una loca durante dos semanas, seguía siendo una historia tan absurda!
Una parte de mí quería correr, agarrar a Camila por el cuello y sacudirla. Pero…
«Cálmate, cálmate. Y piensa».
De todos modos, no me serviría de nada pelearme con Camilla. Había muchas posibilidades de que me enviara directamente al manicomio, llamándome loca por enfrentarme a ella.
Había muchas razones para creer que Camilla estaba planeando internarme sin que nadie se diera cuenta. Una de ellas era el hecho de que ninguno de los otros nobles sabía de mi existencia.
Los círculos sociales sabían que Amude se había casado, pero no sabían con quién. Nadie me conocía, por eso podía hacer un plan tan ruin. Incluso si desapareciera repentinamente, nadie me buscaría, nadie preguntaría por mi.
Podría aprovechar de ello para hacer que me divorcie de Amude y así encontrarle una nueva esposa. Eso sería todo.
Luego le ordenaría a la nueva esposa que tuviera un heredero y…
Impresionante, de verdad. Era tan sencillo como sustituir una pieza innecesaria.
«Espera un segundo. ¿Por qué Camila de repente tuvo esa idea? ¿Realmente fue idea de Camila?…».
Las preguntas en mi mente se multiplicaron rápidamente. Camilla me habría enviado a una institución mental en un santiamén.
«Pero entonces, ¿por qué de repente?».
{—Camila siempre se preocupa por tu salud, no sólo física, sino también en lo que respecta a tu salud mental, y no escucha las palabras de la gente que la rodea.}
«Las palabras de la gente que la rodea…».
En lo que respecta a cualquier persona cercana a Camila, sólo estaba Greta.
«¿Por qué desconfía tanto de mí?».
Empecé a reconstruir el comportamiento pasado de Greta. Al principio, Greta era arrogante. Tenía la confianza de Camila, así que nadie en la mansión se atrevía a rebelarse contra ella. Ni siquiera yo, una Duquesa impotente.
Yo no era exactamente el tipo de persona que molestaría a Greta, ya que era una superior a la que podía ignorar fácilmente.
«Supongo que mi comportamiento reciente le ha molestado».
Gasté dinero al comprar ingredientes de lujo y trasladé la cocina a otro lugar… Antes de eso, todo había estado en manos de Greta. Incluso un niño se pondría a llorar a gritos si le quitaran su caramelo favorito, y mucho más cuando se ve amenazado el poder de controlar los asuntos de la casa de un Duque. Lo que hice fue suficiente para que ella quisiera deshacerse de mí.
El problema es que todo esto es sólo mi suposición. No puedo ir con Camilla y preguntarle si Greta le dijo que me metiera en un manicomio.
TOC, TOC, TOC.
De repente tocaron a la puerte y enderecé mi cuerpo casi colapsado.
—Adelante.
Miré con orgullo hacia la puerta, apoyando mi cuerpo sobre un cojín. Nadie debía descubrir el escenario de mi colapso mental, en absoluto.
—La doncella de la gran dama está aquí.
La doncella de aspecto joven, que había seguido a Lorna, hizo una profunda reverencia mientras me miraba a los ojos. Su rostro era desconocido, como si acabara de entrar en la mansión.
—¿Qué ocurre?
Tartamudeó la criada en respuesta a mi pregunta.
—La gran dama quiere verle.
—Ya veo.
—Dijo que esperaría en la “Habitación de la Alondra”.
—¿La Habitación de la Alondra?
Se trataba del aposento privado de Camilla y se utilizaba a menudo para recibir invitados. Tenía ese nombre por un mural de una *alondra en el techo.
*Alondra: Las alondras son aves de campiña de color pardusco claro, considerablemente más grandes que los gorriones, salpicadas de manchas más oscuras.
—Dijo que como hoy hace buen sol, pueden tomar el té en la terraza…
—… ¿En serio?
El “vamos a tomar el té” de Camilla era casi siempre un momento para regañar. Esta vez, no tenía ni idea de lo que me iba a decir.
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De pie frente a la Habitación de la Alondra, respiré profundamente unas cuantas veces. En la habitación estaba la mujer que intentó meterme en un manicomio. La mujer que tenía el contrato, la mujer que tenía los hilos de mi vida.
—…
Me quedé mirando, estupefacta, la escena que tenía frente a mí.
«¿Qué demonios está pasando?».
Delante de mí estaba Camilla, mirándome con los ojos muy abiertos por la sorpresa.
El problema era… que no era la única. Tres señoras estaban sentadas alrededor de la mesa del té, mirándome con curiosidad. Me preguntaba qué estaba pasando.
«¿Por qué estoy donde está Camilla con las damas…?».
No podía haberme llamado, Camilla me prohibió acercarme el día de la fiesta. De ninguna manera iba a aparecer en su fiesta de té sin avisar.
«A menos que… Claro».
—…
Estaba tan nerviosa que mi cerebro parecía haber dejado de funcionar. Mientras tanto, Camilla me miraba con una expresión que decía: “¿Qué demonios haces aquí?”.
—Dios mío. ¿No es usted la Duquesa? —una voz alegre resonó en el aire. La voz pertenecía a la más joven de las tres damas—. ¡Qué alegría conocerla!
—Dios mío. Conocer así a la esposa del Duque de Efret.
—Oh, qué encantadora. Espero que podamos tomar el té juntas.
Dijeron las otras damas.
Una sonrisa forzada se dibujó en el rostro de Camilla mientras me miraba fijamente. Entonces se desplegó un espectáculo que nunca había visto antes.
—Selene, bienvenida. —Camilla me tendió la mano y sonrió.
—…
Por supuesto que no me lo creí.
«¿Tú no me has invitado? Esto es una conspiración. Es un truco. Alguien me está jugando una mala pasada», gritaba internamente, pero no podía decirlo delante de las damas.
—Sí, madre.
Al igual que Camilla, tuve que actuar de manera que la situación pareciera natural. Caminé hacia la mesa de té donde estaban sentadas las damas con el paso más elegante que pude.
—Ella es muy tímida. No le gusta estar rodeada de mucha gente. La he llamado hoy especialmente para saludar a las damas.
Camilla incluso me abrazó cálidamente por la espalda.
—Hmm.
Tuve que apartarme, pues mi cuerpo se había estremecido de manera involuntaria en el momento en que sentí su mano.
—…
Volví a sonreír, observando cómo Camilla abría mucho los ojos para evitar que las demás damas se dieran cuenta.
—Es un placer conocerte.
Hice contacto visual con cada una de las damas, que me miraban con ojos brillantes.
—¿Deberíamos presentarnos primero? —Camilla se rió y levantó las comisuras de la boca. Hubo un ligero tic en las esquinas de sus ojos por la risa forzada—. Ella es la Marquesa de Morde.
Era una noble de cabello mezclado entre el castaño y el gris. Me miró con curiosidad. Intercambiamos miradas y sonreímos ligeramente.
—Esta es la Condesa de Lafayette.
La mujer era rubia clara, me miró y me sonrió alegremente. Era la más joven de las tres damas.
—Y por último, la… Marquesa de Avon.
Ella me sonrió. Era bajita y de ojos amables.
Las tres damas no podían ocultar su curiosidad por mí.
—Dios mío —dijo una—. No me extraña que el Duque de Efret te mantuviera en secreto, eres tan hermosa.
Cuanto más aumentaban los halagos, más espinas parecían brotar de donde yo estaba sentada.
—Por cierto, he oído que la Duquesa se abstiene de reuniones sociales a causa de la salud de su marido… —dijo la Marquesa de Morde, mirandome como si buscara una respuesta.
Camilla apretó los labios secos mientras me miraba.
«¿Tienes miedo de que pueda decir algo extraño?».
Por supuesto, fue un error obvio ir a la fiesta del té, pero no era tan tonta como para arrojarle barro en la cara a Camilla.
—Sí, mi marido no se siente bien y le resulta difícil salir en público, así que tengo que cuidar de él.
Creo que Camilla estaba satisfecha con mi respuesta porque pude ver cómo las comisuras de sus labios se elevaron ligeramente.
—Lo único que quiero es que mi marido se recupere. —Bajé los ojos lastimosamente y sonreí con pesar.
—Howw…
—El Duque debe estar muy contento de tener una esposa tan sensata.
—Por supuesto. Ya verás que se pondrá mejor
Las damas intervinieron con palabras de consuelo.
—Gracias a todas. No olvidaré sus amables palabras.
Camilla me miró como si estuviera un poco aliviada y dejó escapar un pequeño suspiro.
—Ahora, vamos. El té debe de estar enfriándose. Espero que los refrigerios que he preparado sean de su gusto.
—Son los refrigerios del Duque de Efret, ¿cómo podrían no serlo?
Tomando las palabras de Camilla como una señal, las damas levantaron simultáneamente sus tazas de té y saborearon el sabor.
También sonreí mientras levantaba mi taza de té. Una parte de mí quería agarrar el dobladillo de mi vestido y salir corriendo de la habitación, pero no podía. Estaba a punto de morir.
Una tarde tranquila, en un evento que debía lucir elegante y con clase. No era sólo una reunión para tomar una taza de té. Además de que se servía todo tipo de postres, solía ser a la medida de todo en la mansión. Y las historias que allí se contaban iban desde chismes hasta historias políticas.
—¿Te has enterado de lo del Conde de Solton? —inició la conversación la Condesa de Lafayette. De hecho, era obvio que era de lo que más quería hablar, y ahora que el ambiente parecía haber cambiado finalmente sacaba el tema.
—Llevan casados cinco años, creo —como si hubiera estado esperando, la Marquesa de Morde tomó la palabra.
—En la familia solo ha nacido un hijo en las últimas cinco generaciones, así que los herederos son muy escasos.
—Por eso hay rumores de que el Conde está intentando tener un hijo con otra mujer.
—Ese sería un hijo ilegítimo.
—No lo sé. He oído que la madre dijo que mientras él tenga un heredero, ella lo criará como su hijo legítimo sin importar que sea el hijo de una concubina.
—Ya veo, incluso mil años de amor se enfrían ante la cuestión de la sucesión.
Me pregunté cómo responder a semejante tema sin dejar de parecer una dama elegante y noble.
Me limité a sonreír suavemente y a asentir con la cabeza un par de veces. Pero Camilla parecía pensar de otro modo.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: MORADITO
CORRECCIÓN: IDALIAM
REVISIÓN: ESME