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Capítulo 4

«La vida ¿Qué será…?»   

No era más que un ciudadano común, ocupado en sobrevivir día a día, y no entendía por qué tenía que sufrir este castigo. Incluso si el destino era cruel, no podía ser tan retorcido como esto.  

Afortunadamente, conocía casi por completo el desarrollo de la historia original. Aunque había muchas partes que no recordaba bien, tenía que esforzarme por recuperar esos recuerdos para deshacerme del papel de “Villano secundario” y cambiar mi futuro.  

«Primero, voy a anotar los eventos que ocurrirán. Lo primero será cortar por lo sano con el protagonista principal. Creo que aún no estamos comprometidos, así que debería ser posible, ¿no?»

Justo en ese momento, mientras estaba tirado boca abajo en la suave cama, tratando de trazar la línea de tiempo del “Heredero de Artheon”, se escuchó un golpe en la puerta.  

El mayordomo asomó bruscamente su cabeza despeinada en el dormitorio y preguntó:  

—Joven Maestro , ¿podría salir un momento? Hay alguien que quiere verlo.  

—¿Quién es?  

—Bueno ¿cómo debería describirlo? Mmm… quizá lo reconozca al verlo. ¿Quiere recibirlo?  

«¿Quién es para que actúe así…?»

Bajé tambaleándome detrás del mayordomo, que parecía incómodo. Al dirigirnos a la sala de recepción, vi una silueta alta de pie frente a un enorme ventanal que ocupaba toda una pared, bañada por la luz del sol de la tarde.  

El hombre volvió la cabeza, como si hubiera sentido mi presencia, y nuestras miradas se encontraron en el aire.  

«¡Dios mío, ¿qué?!»

Casi salto del susto y por poco me muerdo la lengua. La persona que había venido hasta la mansión Kaisa para verme era, contra todo pronóstico, un rostro conocido.  

Era el mismo hombre que, la primera noche que me poseyeron, casi me hizo desmayar.

«¡El incubo de aquella vez, el que apareció con orejas de gato negro! ¿Qué demonios hacía aquí?» 

Debí quedarme paralizado, porque el Director, que venía detrás de mí, me dio un codazo en la espalda y susurró:  

—Es Chase, el chico de quien el joven Maestro , no podía separarse. ¿No lo recuerdas? No es una cara fácil de olvidar.  

—¿Qué?  

¡¿Qué rayos acaba de pasar?! ¿Ese demonio es Chase? ¿El protagonista de “El Heredero de Artheon”? ¿El mismísimo Chase que va a hacer temblar los cimientos de Kaisa y empujarme al suicidio? ¿O sea que apenas me posee este personaje secundario de mierda y ya me metí en problemas con el protagonista principal?  

«¡Maldita sea! ¡Con razón me parecía familiar! ¡Es el modelo de la portada!»

—¿Joven Maestro ? ¿Qué ocurre? ¿Te sientes mal? ¡Leoruca!

El mayordomo, al verme pálido y al borde de echar espuma por la boca, me sacudió violentamente por los hombros, casi descoyuntándome.*

N/T: *Desconyuntar: Desencajar los huesos de su lugar y, en general, descomponer cualquier cosa articulada. Usado también como pronominal,  también en sentido figurado. 

Mientras tanto, el dichoso “protagonista” me observaba con sus ojos perfectos. Su mirada era tan gélida que me sentí como un conejo indefenso frente a las fauces de un depredador. Bueno, en realidad Chase, es literalmente un depredador. ¡Un maldito híbrido de leopardo negro! «¿Entonces esas no eran orejas de gato sino de leopardo aquella noche?»

Justo cuando creía que ya no podía sorprenderme más, Chase frunció el ceño con una expresión que gritaba, “No sé qué estás tramando ahora, pero me tiene sin cuidado.”  

—No sé qué nuevo truco estás planeando, Kaisa. ¿Por qué no dejamos las tonterías y vamos al restaurante? Cuanto antes vayamos, antes regresaremos.  

—¿Eh? ¿A dónde?  

«¿Desde cuándo tengo citas contigo en restaurantes?» logré tragar esas palabras y solo le lancé una mirada interrogante. Chase respondió con una risa burlona.  

—Tenemos un “contrato” para cenar juntos todos los viernes. ¿Qué diablos te pasa hoy?  

—¿Un… qué? ¿Contrato?  

Casi me atraganto con mi propia saliva.

«¿Contrato? ¿No me digas que es uno de esos contratos románticos cliché? ¡Por favor dime que no!»

 

En “El Heredero de Artheon”, Leoruca de Kaisa el villano secundario al que había poseído era el prometido del protagonista. 

Claro que no era una relación basada en el amor, sino que Leoruca había forzado a Chase a comprometerse, arrastrándolo a la fuerza.  

El triángulo amoroso entre el protagonista y Leoruca se detallaba en la segunda parte, durante los recuerdos del pasado de Chase. Por lo visto, yo había llegado justo al inicio de ese arco.

Si el incubo de aquella noche era Chase, entonces estaba a punto de ocurrir el incidente en el que Leoruca tras drogarlo y pasar una noche con él, fingiría un embarazo para chantajearlo.  

Chase, obligado por las circunstancias, aceptaría el compromiso. Solo para descubrir después que el “embarazo” era una mentira. 

Leoruca incluso llegaría a simular un aborto espontáneo.  

Pero Chase no era ningún tonto. Cuando la verdad salió a la luz, reaccionó con furia y rompió el compromiso. Desesperado por no perderlo, Leoruca en un estado de embriaguez cometió un error irreversible. Y así comenzó la venganza implacable de Chase.  

En resumen, aquella noche en la que Leoruca drogó a Chase fue el primer paso hacia su condena como villano secundario. Al menos, así ocurría en la trama original.  

Pero al parecer, antes de que comenzara la historia principal, Leoruca ya había colocado otra pieza en el tablero. Un contrato con Chase, encima uno que incluía “citas para cenar” todos los viernes. No parecía nada inocente.  

Sin tiempo para procesarlo, Chase me arrastró a toda prisa fuera de la mansión Kaisa. Estaba decidido a “liquidar” esa cita lo antes posible.

Casi como si creyera que alguien disfrutaría de su compañía. Qué narcisista.

 

—Oye, sobre eso…

Finalmente me atreví a hablar solo después de llegar al “Sky Lounge del Hotel Kaisa” y tomar asiento. Pero antes de que pudiera articular una frase completa, Chase, con evidente irritación, me interrumpió con un tono desafiante mientras sus ojos se estrechaban peligrosamente.  

—Te lo advierto de una vez…

«¿Qué diablos justifica una “advertencia” ahora?» refunfuñe mentalmente, mientras enderezaba la espalda con postura reverente.

Después de todo, él no era un simple humano, sino un maldito leopardo negro. Un perrito faldero como yo, ni siquiera calificaría como aperitivo para alguien como él.  

—Drogarme con afrodisíacos en mi vino y luego asaltarme sigue siendo un crimen. Por mucho que ahora seamos “novios”, si intentas usar ese incidente para chantajearme, olvídalo.  

—¿Novios…?

Me puse en alerta al mencionar “aquella noche”, pero la repentina elección de palabras me dejó aturdido.

«¿Novios? ¿Él y yo? Imposible…. ¿Así que el contrato era realmente un acuerdo romántico?»

Pensé que con evitar a Chase bastaría, pero ahora resulta que debo lidiar con una relación falsa. Alterar la trama original resultaba ser un nivel de dificultad extremo desde el inicio.  

—Disculpe, cuando dice “novios”, ¿a qué exactamente se refiere…?

Aun así, necesitaba entender los términos del contrato, así que no tuve más remedio que hablar titubeando. 

La respuesta que recibí fue de absoluta incredulidad. Sus ojos negros, clavados en mí con intensidad gélida, hicieron que me encogiera de intimidación.  

—¿Ahora pretendes no saber nada? Hasta llevaste a los abogados de tu familia para redactar ese contrato de relación.  

—…

«¡¿Incluso había involucrado a los abogados familiares en semejante disparate?! Pobre abogado, contratado por la familia Kaisa con sueños de grandeza, solo para terminar siendo cómplice del chantaje romántico del hijo pródigo.»

Me entró un escalofrío al imaginar cómo podría mirarlo a la cara en el futuro. 

«Leoruca cometió la estupidez, pero ¿por qué yo tengo que cargar con la vergüenza?» 

—¿Así que… esto es lo que acordamos? ¿Citas obligatorias los viernes? Oye… ¿Qué cláusulas tiene ese contrato?  

Al preguntar con urgencia, Chase frunció el ceño.  

—¿Qué te pasa? ¿Ahora juegas a ser inocente?  

—¡No es un juego! ¡De verdad no lo sé!  

—¿Y me dices que no recuerdas nada, cuando hasta redactaste el borrador?  

—Verás…  

Mi plan original era evadir el tema, fingir que lo de anoche nunca pasó y alejarme de Chase. Pero todo se derrumbó antes de empezar, gracias a la bomba del “contrato romántico”.  

Necesitaba anular ese acuerdo a toda costa, pero como no sabía ni qué decía, no me quedó más opción que ser honesto.  

Al final, rendido, solté mi última carta con tono monocorde. 

—En realidad… tengo amnesia.  

—…

La mirada de Chase fue la de alguien que ve a un lunático. Hasta yo me sentiría así.  

Pero, pensándolo bien, «¿no era más creíble la amnesia que admitir que en realidad era un coreano de 20 años del siglo XXI, que un día despertó poseyendo a un personaje de novela?»

—Esto es el colmo. ¿Ahora resulta que tienes amnesia?  

«Mala señal».

Era obvio, por supuesto, pero Chase no parecía creerme ni un poco. Sus ojos afilados brillaban con tal ferocidad que parecía a punto de transformarse en su forma de leopardo negro y clavarme los colmillos.  

«¿Cuán aterrador será su verdadera forma? ¿Existía aunque sea una remota posibilidad de que, en realidad, fuera un pequeño y adorable cachorro de leopardo?… Nah, imposible.» 



TRADUCCIÓN: ELIZA
CORRECCIÓN: HASHI
REVISIONISMO:  ELIZA


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