Capítulo 39
«¿Mi hermano… en un baile de máscaras?»
Apenas sintió la extrañeza, los ojos de Vivian brillaron al ver a la mujer que descendía del carruaje escoltada por Lionel. Llevaba puesta una máscara y lucía completamente distinta a como solía verse, pero Vivian la reconoció de inmediato. No podía ser otra, porque Lionel solo actuaba así con una sola persona, antes y después.
«Trajo a Sasha.»
Al identificar a su acompañante, todo le resultó aún más extraño.
«¿Fue idea de Lionel venir aquí?»
Por lo que había visto Vivian, esa pobre sacerdotisa odiaba exponerse en público. Parecía que lo único que le importaba era cómo pasar desapercibida, cómo vivir en paz y tranquilidad sin llamar la atención. Y fue precisamente su hermano, Lionel, quien encontró a esa tal Sasha en el monasterio del Reino de Cloren y lo trajo hasta la capital imperial.
Con la excusa barata de que cuidara a una hermana menor por la que ni siquiera mostraba interés.
«¿Qué estará tramando?»
¿Después de tratarla con tanta delicadeza, como si fuera la criatura más frágil del mundo… la trae a un lugar como este? ¿Y con lo bonita que está vestida Sasha?
Aún no terminaba de aparecer y ya atraía miradas de todos lados. Aunque ella hubiera querido venir, lo correcto habría sido impedírselo. De cualquier forma, daba igual. Y si de verdad no tuvo más remedio que traerla, debía de haber una razón lo bastante importante como para pasar por alto todo eso.
«Qué curiosidad.»
Le daban ganas de acercarse, abrazarla del brazo y ver la expresión avergonzada de Sasha. Pero lamentablemente, Vivian no estaba en condiciones de moverse con libertad en ese momento.
—¿Qué pasa? ¿Tu amante está allí, verdad?
Halid, que se dio cuenta de que Vivian no dejaba de mirar furtivamente hacia la entrada, la volteó con brusquedad.
—De todas formas, tu prometido soy yo, Vivian.
La empujó contra la barandilla de la terraza hasta que el torso de ella quedó colgado del borde, y levantó las faldas de su vestido. Con rudeza le apretó las nalgas expuestas al aire frío, pegando su cuerpo con fuerza contra la espalda de ella.
—No importa lo que hagas, ese hecho no cambia.
Un hombre que pasaba más de medio año en las tierras heladas, empapado en la sangre de las bestias, no podía ser apartado por el frágil cuerpo de Vivian. Y tampoco parecía que Danteer fuese a llegar a tiempo para rescatarla.
—Si lo que quieres es humillarme, termina rápido.
Lionel y Sasha ya no estaban a la vista, seguramente habrían entrado al salón de baile.
—No quiero hacer esperar demasiado a mi pareja.
A propósito, Vivian pronunció esas palabras provocadoras, mientras abría levemente las piernas para que la mano de Halid pudiera entrar con mayor facilidad.
—…Si acabo rápido o no, eso lo decido yo.
En el instante en que los dedos apartaron la ropa interior y se hundieron de golpe en su intimidad, Vivian tembló de pies a cabeza. Quizás el calor de los cuerpos que se restregaban sin pudor dentro del salón de baile ya le había contagiado el frenesí: lo cierto es que estaba lo bastante húmeda para permitirle la entrada sin dificultad.
¡AH…!
Los movimientos bruscos de aquellos dedos, que removían su interior sin contemplaciones, le arrancaron un estremecimiento de placer. La prueba evidente del éxtasis fue el fluido que resbaló por los dedos de él.
«Se siente tan bien…»
Vivian cambió de idea. Ya que la situación había llegado hasta ahí, mejor disfrutarla.
Aunque Halid fuese un hombre del norte de modales arcaicos y de lengua insoportablemente mordaz, sus dedos gruesos y ásperos le resultaban bastante placenteros. Y además, siempre había querido probar algo prohibido: entregarse con lujuria al aire libre junto a un hombre de carácter tan rígido como él.
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—¿Quieres que regresemos ahora?
Lionel me lo dijo con voz baja y grave. No era raro que se sintiera incómodo. A mí también me resultaba desagradable.
Incluso estando con mi pareja, desde la entrada había estado recibiendo miradas descaradas. Tan directas eran, que si volteaba la cabeza, lo más probable era que me encontrara con los ojos de varios al instante.
Pensé que quizás el vestido mostraba demasiado, pero al observar el entorno, no era para tanto.
Había mujeres con la espalda tan descubierta que se les notaba hasta la línea de los glúteos, e incluso algunas con aberturas hasta los muslos, dejando entrever su ropa interior.
—Recién acabamos de entrar. Seguro solo es curiosidad. Aguanta un poco.
—… ¿De verdad lo crees?
—Claro que sí.
Siendo sincera, no es como si fuera una belleza tan deslumbrante, y además, tenía el rostro cubierto. ¿Qué podrían ver para mirarme así? En cuanto se aburrieran, se pondrían a disfrutar del baile.
—Por cierto, el salón está muy oscuro. Y hay más gente de la que imaginé. No será fácil encontrarlo.
—Si el joven Conde piensa igual que yo, no tardaremos en dar con él. Querrá sacar a su hermana de aquí aunque sea arriesgado.
Nos mantuvimos lo más cerca posible de los bordes del salón. En un lugar tan oscuro y lleno de gente, si llegábamos a soltarnos de la mano, podríamos perdernos entre la multitud. Al menos, en las orillas había algo más de espacio. Aunque igual teníamos que avanzar rozando con otras personas.
De vez en cuando, algunos intentaban acercarse a hablarme, pero Lionel los interceptaba como un muro, ahuyentándolos con una mirada helada.
Fue después de haber recorrido aproximadamente la mitad del salón.
—Vaya, pero si es quien yo creo.
Un hombre pelirrojo con una máscara plateada ricamente decorada con joyas apareció de pronto frente a nosotros.
La máscara parecía inútil; su identidad se podía reconocer en un instante.
—Danteer.
Lionel también lo reconoció al instante y lo llamó por su nombre, sin dudarlo. El problema era que Danteer también lo había identificado de inmediato.
—¿No estaré viendo una ilusión? Que tú hayas asistido al baile de máscaras que yo organicé… no podría estar más feliz. Y además, acompañado de una dama tan encantadora.
Danteer realmente parecía estar de buen humor.
—¿Viniste por Vivian?
Me preocupaba que Danteer comenzara a hacer preguntas molestas, pero por suerte, él mismo se inventó una excusa.
—Escuché que te la llevaste. ¿Dónde está mi hermana?
—Justo estaba buscándola también. Se esfumó mientras me ausenté un momento. No debí dejarla sola —Danteer recorrió el oscuro salón con la mirada, con expresión de fastidio—. Hay un lugar desde donde se puede ver todo el salón. ¿Quieren venir conmigo?
Lionel y yo nos miramos brevemente.
—Claro.
No había razón para rechazar la propuesta. Aunque la persona que nosotros buscábamos no era Vivian.
Seguimos a Danteer hasta una puerta cubierta con cortinas. Esta conducía a una escalera que llevaba al piso superior, aunque en dirección distinta a las salas de descanso destinadas a los invitados.
—Es aquí.
La habitación a la que nos guió tenía una de sus paredes completamente de cristal, y tal como había dicho, permitía observar todo el salón de baile desde arriba. Desde abajo, jamás habría imaginado que existía un lugar así. Seguramente la estructura daba la impresión de ser solo una pared o una columna.
—Hmm… No la veo por ningún lado. ¿Habrá salido a la terraza?
—Qué irresponsabilidad.
—No tenía opción, soy el anfitrión —dijo Danteer, encogiéndose de hombros ante el reproche de Lionel—. Creo que mejor buscaré por los alrededores.
—Si encuentras a Vivian, dile que vuelva a casa de inmediato.
—Hmm… Se lo diré, supongo.
Danteer respondió con evasivas y salió de la habitación. Entonces me acerqué al vidrio, pegando el rostro casi contra él, y empecé a buscar con cuidado si lograba divisar a alguien que pudiera ser mi hermano.
Lionel se colocó a mi lado y también comenzó a observar hacia abajo.
—¿Cree que el joven Conde no me reconoció?
—Quién sabe. Es tan retorcido que quizá finge no saberlo.
—¿Qué ganaría con eso?
—Hacer que baje la guardia y atraparla.
Pensé que era una broma y lo miré… pero una vez más, su rostro no mostraba ni un atisbo de sonrisa. Seguía mirando el salón de baile con total seriedad, cuando sintió mi mirada y volvió el rostro hacia mí.
Justo en ese momento, se oyó un golpe en la puerta.
—Por orden del señor, traigo vino y comida.
Al parecer, Danteer había enviado a un sirviente.
Estaba por decir “adelante” sin pensarlo mucho, pero Lionel estrechó los ojos y negó con la cabeza. Luego, colocó un dedo frente a sus labios y susurró:
—Shh.
Y acto seguido, desenvainó una espada fina de su cinturón.

TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ANNAD
RAW HUNTER: ANNA FA