Capítulo 38
―¿Acaso era alguien que conocía?
Revolví mi mente apresuradamente, pero no lograba recordar. No era una persona que me hubieran presentado hoy. Por más que lo intentaba, su rostro no me resultaba familiar. Podría haberlo considerado una mirada sin importancia, pero por alguna razón me molestaba. ¿Por qué me miraba con esa expresión?
Justo en ese momento, aprovechando un vacío en la conversación, aquel hombre me dirigió la palabra.
―Buenas tardes. Creo que es la primera vez que lo veo en estas reuniones. ¿Cómo ha llegado hasta aquí?
Su voz suave sonaba artificial en algún sentido. Había visto a bastante gente con actitud educada pero que, en el fondo, menospreciaba y evaluaba a los demás. Seguramente este hombre era igual.
¿Acaso había alguien entre los asistentes a esta reunión que no fuera así?
De pronto, escapó de mis labios una risa burlona hacia mí mismo. Sintiendo un poco de culpa al ser consciente de que yo tampoco era diferente, le dirigí una sonrisa al hombre.
―Buenas tardes. Soy Chrissy Jin. Asisto por primera vez, me presentó el Fiscal Jefe.
―¿Chrissy Jin? ¿Fiscal?
El otro hombre, que había repetido mi nombre, de pronto abrió mucho los ojos, como si algo hubiera recordado, y me miró fijamente.
―¿Podría ser que es el fiscal a cargo del juicio de Nathaniel Miller?
Todas las miradas se concentraron en mí al unísono. Mientras yo, desconcertado por un instante, me quedaba mudo, él, radiante de alegría, continuó hablando.
―¡Eso es! Vi su foto en el periódico, pero no estaba seguro. Vaya, en persona es mucho más guapo. Es un placer.
El hombre que me tendió la mano para saludarme era el hijo de un juez de la Corte Suprema en activo y trabajaba en el departamento legal de una gran empresa cuyo nombre todo el mundo reconocería. Tras ser presentado a varios más, me di cuenta de que bastantes de los presentes estaban ahí para una transición generacional. Los padres, que deseaban pasar su posición a sus hijos, primero los traían consigo a estas reuniones; después de que se familiarizaran con el ambiente unas cuantas veces, enviaban a sus hijos para que ocuparan sus lugares de forma natural. Era similar a la razón por la que yo estaba ahí, excepto porque el Fiscal Jefe y yo no éramos parientes consanguíneos. El hecho de no ser familia biológica también significaba que podía ser reemplazado en cualquier momento.
Aquí, ellos obtenían información anticipada sobre proyectos de ley o políticas, y también era común que se hicieran peticiones entre ellos. No era una reunión muy deseable, pero se podía decir que era relativamente decente. Básicamente, no era más que socializar, beber y charlar, como niños jugando en el agua.
Al pensar hasta ese punto, sentí que mi conflicto interno antes de venir había sido en vano. Sin querer, solté una sonrisa amarga y negué con la cabeza. Al girar la vista, vi que el atardecer ya había comenzado. Ya se veía a algunas personas bastante borrachas. Entre el paisaje teñido de rojo, entró en mi campo visual al Fiscal Jefe besándose con su esposa. Almas gemelas avanzando juntas hacia la vejez. No podía definirlos de otra manera.
Los observé fijamente mientras se separaban y se sonreían el uno al otro. Sin darme cuenta, hasta olvidé que estaba bebiendo mi trago. Ellos eran, hasta donde yo sabía, la pareja más perfecta. Se complementaban mutuamente en sus carencias, eran esa persona en quien podías creer que, como mínimo, te acompañaría hasta el último día de tu vida, recordándote que no estabas solo en el mundo.
«Una suerte enorme, algo así.»
Lo pensé sin darle importancia. Así es. Eso es solo suerte. Una probabilidad extremadamente, extremadamente baja; quizás incluso menor que ganar la lotería. Así que no hay necesidad de pensar más…
—…¿Eh?
De pronto, sentí un ambiente revuelto. Al girar la cabeza sin pensar, vi que las miradas de la gente se concentraban en un mismo punto. Parecía que había llegado alguien más. No era nada especial, ya que los invitados no habían dejado de llegar durante la fiesta. Pero aun así, se sentía un ambiente inusual. Dado que todos los reunidos en ese lugar eran personajes que solían ser tema de conversación en la sociedad, esta atención me pareció curiosa.
«¿Quién será?», pensé, cuando de repente alguien me habló por detrás.
―Jin, aquí estaba.
Al reconocer la voz alegre, giré la cabeza y el anfitrión de la mansión, sonriendo, continuó.
―Ha llegado un invitado nuevo y quería presentárselo. Espero que no tenga ningún asunto urgente.
Ante su actitud bromista y fanfarrona, respondí de inmediato con naturalidad.
―No, justamente estaba pensando en comer un poco más de steak.
Aunque no era para nada un comentario gracioso, él soltó una carcajada como si algo le hiciera mucha gracia.
―Me temo que eso tendrá que esperar. Venga, por aquí. Vamos.
Me tomó del brazo y, como no dejaba de apurarme, no tuve más remedio que seguirlo. No tenía razón para rechazar que insistiera tanto en presentarme a alguien.
El recién llegado ya estaba rodeado por otras personas. Aunque la mayoría de los hombres exitosos reunidos aquí eran tremendamente altos, aquel hombre era excepcional. Al ver su cabeza, que sobresalía notablemente entre los hombres altos, inconscientemente fruncí el ceño. En ese momento, una hostilidad innata e inexplicable se extendió fríamente por mi pecho.
――¿Eh?
De pronto, sentí un tenue aroma dulce. Una fragancia diferente a la de los postres o las flores, mucho más seductora. ¿Será posible? Aunque pensé que no podía ser, mi mente ya lo había reconocido. No podía haber otro hombre así en el mundo.
Pero mi corazón quería negarlo. Tal vez sea Ashley Miller. Ahora que lo pienso, ¿no se parecían de manera sorprendente? Su espalda también debería ser igual. De hecho, Ashley Miller encajaría mejor en un lugar como este.
Justo cuando pensaba eso, el hombre giró la cabeza. Cuando por fin nuestros ojos se encontraron, ya no pude negarlo más. Nathaniel Miller entrecerró los ojos al verme detenido, soltando un gemido casi doloroso. Las miradas a su alrededor se volvieron hacia mí, una tras otra. Pero la persona a quien yo miraba fijamente era solo una.
―Buenas tardes, Sr. Fiscal.
Él fue el primero en saludar, con una leve sonrisa. Aunque el deslumbrante hombre de cabello blanco platino llevaba unas gafas de sol oscuras que ocultaban sus ojos, yo sabía de qué color eran. «Por supuesto, ¿cómo no iba a saberlo? Esos hermosos ojos violeta.»
Nathaniel Miller.
Me quedé plantado en el lugar, mirando fijamente el rostro del hombre.
- The 12 Cellists of the Berlin Philharmonic Orchestra – The Pink Panther
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«¿Por qué no lo preví?»
Por un momento, me quedé paralizado, sin poder decir nada. En mi aturdida mente, surgió un entendimiento tardío, pero ya era tarde.
«¿No era esto como intentar evitar un zorro y toparse con un tigre?» No, quizás no tanto.
«¿Que mis opciones para pasar el fin de semana se reduzcan a ese hombre terrible o a Nathaniel Miller? Vaya elección más miserable.»
Contuve a la fuerza un gemido casi doloroso que, sin querer, estuvo a punto de escaparse. La gente aún me miraba. Nathaniel Miller también, con su característica expresión sonriente, máscara fija.

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN TU PATRONA