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Capítulo 38

El testamento póstumo de padre, transmitido por Faye.

Y la carta que padre dejó atrás.   

Una promesa.

Por más que intentara no pensar en ello, los recuerdos volvían una y otra vez. Cada vez que sucedía, su pecho se oprimía tanto que no podía hacer nada. No debía mostrarse tan débil. Tenía que ser fuerte para proteger a su hermano menor.

«Es mi hermano. Mi última familia…».

Por eso, la promesa de padre le dolía aún más.

Su padre se sentía incómodo con Faye, y Faye había renunciado a todas las expectativas que alguna vez albergó hacia él. La relación entre padre e hijo siguió siendo paralela, sin acortarse nunca. Creía que era su padre quien debía cambiar su actitud.

Así que durante tres años se esforzó. Y al final, finalmente escuchó las palabras que tanto deseaba oír:

—Para cortar la obsesión enfermiza de la Duquesa, mantuvo a Faye lejos. Ella le dio veneno constantemente para llamar su atención. Y cuando Faye cumplió ocho años, en pleno invierno, intentó matarlo para concebir un nuevo heredero.

—Aunque ingirió una dosis letal de veneno, sobrevivió por pura suerte, gracias a la resistencia acumulada por años de envenenamiento. Pero ese incidente arruinó su salud para siempre.

El Duque mató a la Duquesa y, a cambio de cortar los lazos con su familia, enterró todo el asunto.

Después de decir eso, su padre suspiró y continuó:

—Faye no sabe que su madre le dio veneno. Que aún la ama es prueba de ello. Le prohibí beber té de rosas por si los recuerdos volvían, pero él, desafiante, lo bebía aún más.

Con una sonrisa amarga, negó con la cabeza.

—No sé de quién heredó tanta terquedad.

Por un instante, vio cómo la expresión de su padre se suavizaba. Su intuición no estaba equivocada.

Él no odiaba a Faye. Si padre extendía la mano primero, el abismo entre ellos podría cerrarse. Aunque llevaría mucho tiempo, al final sería una herida que podría sanar.

—Fue su error, padre. No hay niño que no anhele el amor de sus padres. Los niños buscan la razón de no ser amados en sí mismos. ¿De verdad no sabía cuánto anhelaba Faye su atención y cariño?

El Duque escuchó en silencio.

—Yo lo amo y lo respeto, padre. Pero para Faye, usted ha sido lo peor. Por favor, extiéndale la mano primero. Solo usted puede sanar sus heridas. No es demasiado tarde.

—No me querrá. Ya estamos separados.

—No es cierto. Solo finge proteger su corazón. Si no, el dolor sería insoportable.

—Si odiarme lo hace sentirse mejor, tal vez sea mejor dejarlo así.

Sacudió la cabeza con firmeza.

—¿De verdad cree que eso lo hará feliz? No lo ignore, padre. Acérquese a él. Debe proteger a Faye. Eso es lo que hace un padre.

El Duque guardó silencio por un largo rato. Tomo su mano y suplicó:

—Padre… No fue culpa de Faye.

El Duque miró su mano y luego alzó la vista para preguntar:

—¿De verdad crees que ese niño querrá llevarse bien conmigo?

—Al principio se sentirá incómodo y tal vez se resista. Pero… en el fondo, creo que le gustará.

El diálogo se interrumpió de nuevo. El Duque reflexionó durante mucho tiempo, y solo esperó, rogando que encontrará el valor.

Finalmente, tomó una decisión.

—Está bien. Lo intentaré. Pero si el niño me rechaza de verdad, lo dejaré. Faye parece estar en paz ahora. Tiene a alguien que lo ama a su lado y persigue sus sueños lejos de la presión de ser el heredero. No hay necesidad de revolver el pasado.

—Entendido. Pero prométame que no se rendirá fácilmente. Que hará el esfuerzo.

—Lo prometo.

El Duque sonrió suavemente. Pensó que esa sonrisa se parecía mucho a la de Faye.

Sí, así fue…

—Padre….

¡Plaf, plaf!

Las lágrimas que cayeron sobre la carta emborronaron la tinta.

[ Irene, mi hija.

Lo siento. No podré cumplir mi promesa.

Me han envenenado. No creo que aguante más de unos días. Escribo esta carta porque Faye vino a verme.

Cada conversación con él me confirmó que tenías razón. Faye solo quería el cariño de sus padres. Por eso, de niño, bebía el té envenenado de su madre a sabiendas.

Amaba a esa madre cruel porque, al menos, estaba a su lado. Prefería a una madre que lo usaba antes que a un padre indiferente.

Pero es un entendimiento tardío. ¿De qué sirven ahora mis palabras? No puedo darle lo que quiere. Solo dejaré resentimiento en su corazón.

Así que le he herido. Seré para siempre un mal padre, y tal vez sea lo mejor. No le hables de nuestra promesa.

Irene, mi amada hija.

Cuida de mi hijo Faye, a quien nunca pude amar.

Lo siento por ser un padre tan deplorable. ]

Seco las lágrimas con la manga, pero no dejaban de caer.

«Mi padre perdió la oportunidad de ser perdonado, y Faye perdió para siempre el tiempo de perdonar y ser amado. Todo por la codicia de alguien».

«Primer Príncipe. No tendrás nada de lo que deseas».

Después de calmar sus emociones, terminó los documentos pendientes y se dirigió a la habitación de Faye.

En el pasillo, se encontró con Merin, quien había adelgazado en pocos días.

—Señorita…

—Merin, Faye estará bien. No te preocupes demasiado. Lo traeré de vuelta sano y salvo.

—S-sí, Señorita. Confío en usted. Nuestro Joven Maestro… 

¡Sollozo…!

Mientras consolaba a Merin, que lloraba a mares, le ordenó que descansara y abrió la puerta de Faye.

Ruwen estaba de pie, mirando fijamente la pared.

—Ruwen.

—…

No respondió. Solo contemplaba un dibujo de un gato garabateado en la pared.

—Ruwen.

Al llamarlo de nuevo, giró la cabeza lentamente. Sus ojos estaban llenos de tristeza y rabia.

—El Joven Maestro es un mentiroso. Dijo que no se iría a ninguna parte. Que siempre estaría a mi lado. Prometió esconderse y no moverse hasta que yo trajera a la señorita… Y aun así…

Se acercó y se paró junto a él. El dibujo del gato, sin marco, reflejaba un cariño juguetón pero sincero.

—Faye lo dibujó, ¿verdad?

—Sí.

—Perdimos a Faye porque fuimos débiles.

—Lo sé. Por eso estoy tan enfadado. ¡Si hubiera sido más fuerte, el Joven Maestro no se habría sacrificado por mí!

—Entonces, ¿sabes qué hacer, no? No hay tiempo para lamentarse. Ruwen, entrénate más. Sé más fuerte que nadie.

Los ojos manchados de Ruwen se oscurecieron. No necesitaba decírselo; ya lo sabía. Por eso no podía moverse. Tragaba su furia, su dolor, su impotencia y su miedo.

Apretó los puños con fuerza, clavando las uñas en sus palmas.

«Me haré más fuerte. Para que nadie vuelva a tocar al Joven Maestro».

«Para que esa persona pueda vivir segura y tranquila en un invernadero, protegido».

«Para mantener esa sonrisa cálida que siempre me dirigía desde el mismo lugar».

Para eso, debía elegir entre dos personas. Esta vez, no pudo proteger a Faye porque fue codicioso. Querer proteger a ambos solo le hizo perder a uno.

«Si me hubiera quedado a su lado hasta el final, no habría sido capturado solo».

Incluso si lo hubieran atrapado, habrían estado juntos. Ahora no estaría temblando de miedo entre esa gente horrible.

Ruwen se enderezó y dio un paso atrás. Luego, con respeto, se despidió de la persona que lo había salvado.

—Señorita. Prometí volver en tres años, pero lo siento. Quiero proteger al Joven Maestro. Quiero estar a su lado.

Robin: No lo siento aun asi que ya sabemos el pasado del padre no es justificación, no no lo perdono, KKS.

Patita de perro: Te entiendo Robin, che coraje con ese “padre”… Solo lo sentí por Faye.



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: PATITA DE PERRO
RAW HUNTER: MALVADOS LTD


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