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Capítulo 36

En el buen sentido, claro.

 

«Aunque… ¿realmente esto es algo bueno? Uno podría ir caminando tan tranquilo y acabar con un dedo menos.»

 

Ese es el poder de las joyas: despertar incluso una codicia que no se tenía.

 

—Tómese su tiempo.

 

Mientras Lionel conversaba aparte con un anciano que parecía ser el dueño de la tienda, mis ojos empezaban a acostumbrarse al fulgor de las gemas, así que me acerqué más a la vitrina.

 

Si las observaba una a una, era imposible apartar la vista, como si estuviera hipnotizada.

 

Tal vez, en vez de haber sido un conejo en mi vida antepasada, había sido un cuervo. Me encantaban las cosas brillantes. Eran fascinantes. Quería seguir mirándolas una y otra vez.

 

Aun así, tenía que volver en mí.

 

De entre todas, tenía el deber —y el derecho— de elegir una sola: la más hermosa.

 

«Si es un anillo de compromiso, Lionel también tendrá que llevarlo, así que no puedo pensar solo en la practicidad.»

 

Estaba inmersa en la duda sobre qué piedra nos quedaría bien a ambos cuando el encargado murmuró:

 

—No tiene por qué pensarlo demasiado. Al fin y al cabo, todas estas gemas serán de usted.

 

—…¿Perdón?

 

Pero ¿qué dice este joven?

 

—Elija la que le parezca más adecuada para el anillo de compromiso; el resto se usará para elaborar otras piezas de joyería y se las enviaremos.

 

Entendí de inmediato lo que quería decir.

 

Lionel ya había comprado todas las piedras que había aquí y ahora me las mostraba para que, al menos el anillo que llevaría siempre, lo eligiera personalmente.

 

«¿Este es el típico alarde de riqueza propio de una novela romántica de fantasía…?»

 

Es un cliché que no puede faltar, pero cuando lo vives en carne propia, es imposible llamarlo trillado.

 

¿Aburrirse de esto? Ni pensarlo.

 

Es lógico que los autores lo usen siempre; quien lo vive sabe la sensación eléctrica que recorre el cuerpo al poder decir: “De aquí hasta allá, todo”.

 

Elegí un diamante rosa que, según la historia, había pertenecido a una princesa considerada la más afortunada en la historia de la familia real de Cloren, y que se lo había legado a su nieta cuando esta se casó con un noble de Rubarck.

 

Aquella nieta también llevó una vida dichosa y cerró los ojos para siempre después de conocer incluso a sus bisnietos.

 

«Vivir feliz por mucho, mucho tiempo es lo mejor.»

 

Si pudiera casarme con Lionel y vivir en paz hasta el día en que naciera nuestro primer bisnieto, sería perfecto.

 

Quería atravesar este tiempo plagado de miedos y temores sin contratiempos, y vivir luego con tanta calma que incluso pudiera resultarme algo monótono.

 

Ese diamante que elegí, con ese deseo en mente, tenía un tono similar al de mi cabello, así que quizá cada vez que Lionel lo viera, se acordaría de mí.

 

«¿Y por qué siento que eso es algo bueno?»

 

Últimamente, pienso más en Lionel que en mi propia familia. Incluso el Príncipe Heredero Axion ha quedado relegado a un segundo plano.

 

«Las relaciones son mejores cuando hay equilibrio.»

 

—¿Ha elegido este? —preguntó Lionel, que justo había terminado de hablar con el dueño y se acercó para mirar la piedra.

 

—Sí. Para que piense mucho en mí.

 

—¿Más de lo que ya lo hago…? Si es así, no creo que quien termine en apuros sea yo.

 

El anciano, que había escuchado nuestra conversación, abrió los ojos de par en par, con una expresión de incredulidad absoluta. Estuve a punto de reírme; entendía perfectamente lo que debía de estar pensando.

 

De regreso en el carruaje, camino a casa, Lionel dijo:

 

—De ahora en adelante, muchas cosas cambiarán.

 

¿Cuántos días tardaría en difundirse por toda la capital la noticia de nuestro compromiso? Tal vez bastara con uno solo.

 

—He mandado preparar la habitación que usaba la señora de Ruanax, en el tercer piso. Para evitar inconvenientes, prefiero que empiece a quedarse allí desde hoy.

 

—Está bien.

 

Los invitados que iban y venían libremente para visitar a Vivian nunca se atrevían a poner un pie en el tercer piso. Para no enfrentarme a situaciones absurdas como la de hoy, sería mejor vivir en el edificio principal, en lugar de la residencia anexa.

 

—Necesitará una doncella… ¿Tiene a alguien en mente? Si no, podría seleccionarse entre las familias vasallas de los Ruanax.

 

—Se lo dejaré a usted. Como sabe, no puedo llamar a personas de mis viejas relaciones.

 

Ante mi respuesta, Lionel tiró suavemente de nuestras manos entrelazadas.

 

—Quedamos en que nos llamaríamos por nuestros nombres.

 

—Ah… es verdad. Lo olvidé, Lionel.

 

Al oírlo de inmediato, una suave sonrisa se dibujó en sus labios.

 

—Me resulta familiar… y hasta nostálgico.

 

—¿Mi voz?

 

—Más bien, la forma en que usted pronuncia mi nombre. Es como si siguiera viva dentro de mí.

 

Tras decir eso, Lionel pareció sumirse en profundas reflexiones, así que me quedé en silencio y desvié la mirada hacia la ventana.

 

«¿Existió, como él dijo antes, algún lazo entre nosotros en su vida pasada? ¿Hubo algún día en que yo lo llamara por su nombre, igual que ahora?»

 

En “La noche en que las serpientes se enredan”, la historia giraba en torno a Vivian y los tres protagonistas masculinos, por lo que los personajes secundarios tenían muy poca participación.

 

Lionel aparecía de vez en cuando únicamente porque era el dueño de la Mansión Ruanax, el escenario clave donde Vivian y los tres hombres se cruzaban.

 

Era un observador absoluto: nunca intervenía en los asuntos de su hermana, no la consolaba cuando lloraba herida, y tampoco la reprendía ni la miraba con desprecio cuando se revolcaba de forma libertina con dos o tres hombres a la vez.

 

¿Qué hacía Lionel entonces? ¿Qué le interesaba tanto como para apenas quedarse en la mansión?

 

Ahora me había sacado del monasterio, me había llevado a su casa y estaba impulsando un matrimonio, así que esta vida de Lionel era claramente distinta a la que mostraba “La noche en que las serpientes se enredan”.

 

¿Será que aquella historia correspondía a una de sus vidas pasadas, o a un recuerdo tan lejano que había quedado en el olvido?

 

Quería preguntárselo.

 

Quería saber si conocía la enemistad entre Serenia Solen y el Príncipe Heredero Axion.

 

Pero para eso, primero tendría que revelarme su secreto.

 

«No será algo fácil.»

 

Yo también guardaba un secreto parecido, y aun así ni siquiera me atrevía a pensar en explicarlo.

 

El carruaje ya se adentraba en el camino que conducía a la Mansión Ruanax.

 

Con la mirada perdida por la ventana, de pronto creí que mis ojos me engañaban.

 

—¡Un momento! ¡Detenga el carruaje!

 

—¿Qué sucede? ¿Pasa algo?

 

Incluso mientras preguntaba, Lionel golpeó la pared que daba al pescante para que el carruaje se detuviera.

 

—Ahí… ¡es Baikal!

 

—¿Baikal…? ¿Se refiere a Baikal Solen?

 

Lionel, igualmente sorprendido, miró por la ventana.

 

Pero en el lugar donde mi hermano Baikal Solen había estado ya no había nadie. Solo alcanzamos a ver un carruaje color café rojizo que se alejaba en dirección contraria.

 

Lionel entornó los ojos y ordenó al cochero que siguiera de inmediato al carruaje café rojizo.

 

—¿Cómo logró reconocerlo? —preguntó Lionel, sin apartar la vista de aquel vehículo que apenas se mantenía en el límite de nuestra visión—. A diferencia de usted, Baikal Solen es más conocido y no puede pasearse abiertamente por la zona de las casas adosadas*.

 

N/T: *Filas de casas o casas en hilera.

 

—Pero… estoy segura de que era mi hermano. Además, me estaba mirando directamente…

 

—O sea, que parecía saber que usted estaba en este carruaje.

 

Asentí.

 

—¿Podría ser una trampa?

 

—No lo sé.

 

Tras reflexionar un momento, añadió:

 

—Tal vez se enteró de su paradero a través del gremio de información y se dejó ver a propósito. Por ahora, vamos a comprobar a dónde se dirige.

 

Lo seguimos durante unos cinco minutos.

 

El carruaje café rojizo cruzó el portón de una mansión tan grande como la de los Ruanax. El problema era que no era el único: otros carruajes iban entrando en fila.

 

—Este lugar… —murmuró Lionel—. Es la Mansión Orthatum.

 

El mismo lugar donde esa noche se celebraría el baile de máscaras al que Vivian planeaba asistir.



TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ANNAD
RAW HUNTER: ANNA FA


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