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Capítulo 34

—¿Chase? —preguntó su madre.

Pero ahora podía sentir que esto no era un sueño ni una fantasía. Este momento era una realidad vívida.  

Tambaleándose como si se fuera a caer, Chase logró acercarse a su madre y enterró la cabeza en el borde de la cama. Un nudo en la garganta le impedía hablar, ahogado por la oleada de emociones que brotaban desde lo más profundo. Una mano marchita se acercó lentamente y acarició su nuca. Desde arriba, una voz débil pero cálida, impregnada de risa, llegó a sus oídos.  

—Mi niñito, ¡cuánto has crecido!…

—¿Crecer? ¿Qué he crecido…?  

¿O sí? ¿Había crecido? Su madre había perdido la conciencia cuando Chase aún era un estudiante de primer año. Seguro que después de entrar a la universidad siguió creciendo, tanto en altura como en complexión. Para su madre, debía parecer que había dado un estirón enorme. Chase tragó las lágrimas a la fuerza y negó con la cabeza.  

—Mamá, ¿cuántos años tengo ya para que todavía me llames “niñito”?  

—Y tú, ¿cuántos años tienes para que todavía me digas “mamá”?  

—¡Afuera siempre te digo “madre”!  

—¿Acaso tienes otra madre ahí afuera?  

—Ay, señora, no me deja decir ni una palabra… En un momento tan emotivo, de verdad…  

—Solo te digo que no llores, mi bebé.  

Al ver a su madre sonriendo sin fuerzas, las lágrimas brotaron de nuevo. Chase se las secó con el dorso de la mano mientras refunfuñaba:  

—¿Estás usando diminutivos? ¡Mido 1.89!  

—Con ese carácter, quién sabe si en tu vida encontrarás a alguien que te consienta… Al menos yo debería hacerlo.  

—Mamá, hoy, antes de abrir los ojos, abriste la boca primero. Parece que si te caes al agua, solo flotarás boca arriba.  

—Te heredé esos genes, ¿no? Pero, dime, ¿ya se te secaron las lágrimas?  

—…

Era cierto. Las lágrimas habían desaparecido. Mejor dejar de hablar.  

Su madre podía volver a caer en coma en cualquier momento. Nadie sabía cuánto tiempo tendrían. Así que Chase decidió hacer que este momento fuera lo más alegre posible. Su madre estaba ansiosa por saber cómo había estado todos estos años. Pero la historia era demasiado larga, y después de pensarlo un momento, Chase optó por ocultar los detalles más impactantes. Decirle nada más despertar que ahora era abuela… eso sí que sería demasiado.

—Últimamente, vivo con mi compañero de cuarto.  

—¿Tú, con un compañero? Bueno, espero que sea una buena persona. No lo molestes, ¿eh?  

—¡Ay, pero qué dices! ¡No es nada de eso!  

Si supiera lo mucho que Leoruca lo explotaba, no diría semejante injusticia.  

—Mamá, no tienes idea de lo problemático que es. Es insoportable…  

Justo cuando Chase, exasperado, estaba a punto de enumerar todas las fechorías de Leoruca, algo se movió dentro de la bolsa que había traído apresuradamente. Al volverse sobresaltado, vio una cabecita blanca asomando por la cremallera.  

—¡Ay!  

Su madre abrió los ojos como platos. Al mismo tiempo, el cachorro exclamó:  

¡GUAU!  

✧─── ・ 。゚★: *.✦ .* :★. ───✧

En mi defensa, había una razón muy clara para esto.  

Últimamente, Chase se las daba de muy independiente. Decía cosas como que sus náuseas ya casi habían pasado o que ya estaría bien sin mí, despreciando así todos mis esfuerzos.  

Pero, desde mi punto de vista, eso era un completo disparate. Que Chase pudiera estar bien solo era únicamente gracias a mi arduo trabajo: cuando se quedaba dormido, exhausto, me acurrucaba a su lado y lo abrazaba fuerte por la cintura, o cada vez que se movía inquieto, le acariciaba el pecho… digo, le daba palmaditas mientras liberaba feromonas tranquilizadoras. 

Pero ese leopardo negro ni siquiera se daba cuenta y creía que sus náuseas habían desaparecido porque estaba “más saludable”. ¡Pero si estuviera realmente saludable, ni siquiera habría tenido náuseas en primer lugar!  

Así que, cuando Chase recibió la llamada del hospital y se apresuró a prepararse, me preocupé un poco. Escuchando a escondidas, parecía que su madre había despertado, lo cual era una buena noticia, pero… ¿y si, yendo solo a la habitación, le daban arcadas de repente y le hacía pasar un susto innecesario?  

Aunque no estuviera pegado a él, con solo liberar feromonas suavemente o quedarme cerca, sus náuseas mejorarían. Pero por su actitud, parecía que quería dejarme atrás otra vez…  

Después de pensarlo un momento, me dirigí torpemente hacia el armario de Chase. Saqué la chaqueta que había usado ayer al salir, cerré la puerta y luego dudé. Eso no sería suficiente, así que tomé un par de abrigos más, varios suéteres gruesos y los metí todos en la bolsa.

Apilé varias capas de ropa sobre la cama, me metí entre ellas y me cubrí con un par de chaquetas, quedando enterrado bajo la montaña de prendas. Al enterrar la nariz en el abrigo y respirar hondo, el fresco aroma a feromonas me invadió de golpe. Sentí una frescura como si mi pecho se hubiera despejado de repente, y mi ánimo se elevó.  

Pero antes de que pudiera tomar unas cuantas respiraciones más, mi visión descendió bruscamente y la ropa que llevaba puesta se deslizó suavemente, quedando apilada junto al montón de ropa de Chase.

En ese momento, Chase, que estaba en el baño intentando despejarse con agua fría en el rostro, salió corriendo con pasos apresurados. Iba a salir disparado solo con su bolsa, pero cuando me acerqué corriendo. Se volvió hacia mí y dijo con tono ansioso:  

—Cachorro, no hagas travesuras y quédate quieto. Volveré pronto.

¡GUAU!

Rodé los ojos por un momento y, mientras Chase dejaba la bolsa en el suelo y se ataba los cordones de los zapatos, me colé dentro y me acomodé. Por suerte, dentro había una bufanda que había metido en algún momento, así que la usé como manta, estiré las cuatro patas y me acosté.  

Y entonces… me quedé dormido.

Cuando desperté, había un alboroto sobre mí. Froté mis ojos con las patas delanteras y miré a mi alrededor, confundido por un momento sobre dónde estaba y quién era, quedándome quieto en posición fetal. Pero entonces, la conversación que llegaba desde fuera de la bolsa no sonaba nada bien. Era la voz de Chase:  

—¿Sabes lo problemático que es? Es que no puedo con él…

Parecía que hablaba de mí.

Mientras escuchaba en silencio, el enfado comenzó a crecer dentro de mí. ¿Quién está llamando problemático a quién? ¿Acaso no fue él quien, engañado por ese sospechoso protagonista, entregó toda su devoción en los arcos 1, 2 y 3 de la novela? Si no fuera por mí en esta vida, seguro que habría seguido detrás del Senior Abel como un perrito faldero y se habría enamorado perdidamente. El solo pensarlo hizo que la ira me hirviera de repente.  

Así que empujé la cremallera semiabierta de la bolsa con la cabeza y asomé la cara de golpe.

¡GUAU!  

[—¡El problemático eres tú!] —Golpeé el suelo con mis patas delanteras mientras gritaba, y vi a Chase con los ojos como platos. Parecía haber perdido la capacidad de hablar, solo abría y cerraba la boca sin emitir sonido.

Desde el otro lado, una voz suave sonó:

—Qué lindo. Oye, Chase, ¿no solo tienes un compañero de cuarto, sino también un cachorrito?

—No, no es eso…

—Mi niño, ¿te sentías muy solo?

¿GUAU?

[—¿Qué… qué dijeron?]

Por un momento, me golpeé las orejas con las patas delanteras y luego las erguí. 

¿Acababa de oír algo extraño?  

—¡No, no es así! ¡Oye, cachorro! ¡Te dije que te quedaras en casa tranquilo!

—¿Por qué le gritas al cachorrito? Es demasiado lindo. ¿Acaso es más bebé que tú?

¿GUAU…?

[—¿Qué acaba de decir, señora…?]

Seguía escuchando cosas raras. [«¿Habré comido algo malo antes de salir? Tal vez fue ese cerdo medio crudo… ¿pero eso afecta los oídos?»]  

—Es tan pequeñito. Chase, tráemelo. Déjame abrazarlo.

—No, si se queda aquí, va a causar problemas. Lo dejaré afuera y volveré.

—¿En un hospital? ¿Dónde vas a dejar a un cachorrito? Ah, espera… ¿Es una bestia humanizada? Oh. 

—Sí, lo es, pero… ¡Oye, cachorro! ¿A dónde crees que subes?

¡BANG!

Sin importar que Chase gritara, salté rápidamente hacia la cama donde su madre extendía los brazos hacia mí. Me tendí largo sobre la cama, y la madre de Chase me acarició mientras soltaba una risa suave.  

—¿Así que este es tu nuevo compañero de cuarto?

—Bueno, sí, pero solo es algo temporal.

—¿Por qué? ¿No puede vivir contigo porque eres malhumorado? ¡Por eso te dije que controlaras ese carácter!

—¡Ay, no es eso!

¡GUAU!  

No sabía cómo lo hacía, pero parecía elegir cada palabra perfecta para humillar a Chase. Aunque no llevaba ni cinco minutos con ella, ya me había encariñado. Me arrastré perezosamente y me acomodé en sus brazos, dejándome abrazar. Su abrazo olía fresco y cálido. Excepto por el carácter, en apariencia sí se parecía un poco a Chase…

—¿Cuántos años tiene el cachorrito?

—…Veinte.  

—Un bebé de verdad. 

—¿Qué parte de él es un bebé? ¡Si sigues así, se lo va a creer!

—Chase, ¿estás celoso?

—¡No, qué tontería!… Ugh, olvídalo. Mejor no hablemos más.

Ver a Chase refunfuñar sin poder contraargumentar adecuadamente era simplemente delicioso.



TRADUCCIÓN: ELIZA
CORRECCIÓN: HASHI
REVISIONISMO: ELIZA


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