Capítulo 33
―Leyó un artículo que decía que Nathaniel Miller se había involucrado personalmente y vino a buscarme. Se lo dije sinceramente, sobre Nathaniel Miller.
Yo abrí la boca, pero no pude pronunciar palabra. Así que, ¿me preguntó si habíamos dicho que íbamos a perder?, ¿por qué no tranquilizamos a los familiares de la víctima?, ¿acaso no la asustamos para obtener la respuesta que queríamos?.
Tenía mucho que decir, pero no lograba expresarlo porque ya conocía las respuestas. Él, como si también supiera de las numerosas preguntas que me había tragado, con una expresión amarga, abrió la boca.
―No podía decir que todo iba a salir bien. No sé tú, pero yo no puedo hacerlo. Sí, quizás podríamos ganar. Pero es un hecho que una negociación de la condena es más favorable, ¿no es así?.
―¿Y no fue una buena oportunidad para persuadir a la señora?.
Ante mis palabras abiertamente sarcásticas, el fiscal jefe respondió de mala gana.
―No negaré eso tampoco.
Ja, exhaló un breve suspiro y continuó.
―Una derrota en un caso tan importante no es solo cosa tuya. En mi posición, no puedo evitar pensar también en los riesgos para la organización.
Me pareció la frase más cercana a la verdad de todo lo que había escuchado hoy. Mientras yo permanecía en silencio con la boca cerrada, el fiscal jefe siguió hablando.
―A veces, aunque no estés de acuerdo, hay momentos en que debes seguir las decisiones que toma la organización. Aunque sea una lástima, déjalo ya. En vez de eso, ¿por qué no nos aseguramos de llevar la negociación de la manera más favorable posible?.
―Ganar el juicio es difícil, pero hacer favorable la negociación es fácil. Sí, por supuesto.
Volví a ser sarcástico, pero el fiscal jefe solo me miraba en silencio. Ese silencio, en cambio, quebró toda mi voluntad. Frente a mí había un muro sólido contra el que ninguna protesta surtía efecto. Apreté los puños, pero pronto solté la fuerza y exhalé un suspiro. Al confirmar que me rendía, el fiscal jefe, con un tono más suave, comenzó a calmarme.
―Lo siento, las cosas terminaron así. Pero es cierto que también tomé esta medida porque te aprecio. A veces, hay que renunciar a un beneficio inmediato por una ganancia mayor. Con el tiempo, tú también lo entenderás. De verdad.
No dije nada. El fiscal jefe esperó a que me serenara. Después de calmar un poco mi furia, abrí la boca.
―La señora Smith…
―¿Qué?.
Al escuchar el nombre inesperado, frunció el ceño y preguntó de nuevo. Yo, con un tono profesional, volví a preguntar.
―La madre de Anthony Smith. ¿De verdad ella lo entendió?.
―Por supuesto.
El fiscal jefe asintió y añadió con énfasis.
―Es verdad que la señora me contactó primero. Que es mejor esto que perder el juicio, también fue algo que la señora, tras escuchar consejos aquí y allá, me preguntó para confirmar.
Si llegaba a este punto, ya no había nada que yo pudiera hacer.
—Está bien —respondí.
―Como usted dijo, prepararé la negociación. Me pondré en contacto con ellos para fijar una fecha lo antes posible.
―Espera.
Me levanté después de una breve despedida, pero de repente el fiscal jefe me detuvo. Me detuve en seco y lo miré, entonces él hizo una pregunta inesperada.
―Jin, ¿tienes tiempo este fin de semana?.
―¿Tiempo?.
Al preguntar frunciendo el ceño por sus palabras repentinas, él soltó rápidamente los detalles.
―Hay una fiesta este fin de semana. Es una villa en las afueras, vendrán muchas figuras influyentes de la política y el mundo empresarial. ¿Qué te parece si vienes y vas conociendo caras?.
Fue una propuesta inesperada. Mientras yo parpadeaba desconcertado, él intentó persuadirme.
―Es una oportunidad poco común. ¿Y si además descansas un poco? No solo es bueno conocer gente, pero incluso si vas de vacaciones, estarás satisfecho. Hay una piscina grande y el paisaje es muy hermoso. Estoy seguro de que no te arrepentirás. No, más bien me lo agradecerás.
Al terminar de hablar, hasta se sentía su confianza. Parecía que él le daba importancia a esta fiesta. Pero yo aún no podía entender su valor. Al ver que no respondía nada, el fiscal jefe intentó persuadirme con más ahínco.
―Vamos juntos, te será de verdad útil. Ah, y lo digo por si acaso, pero no es para nada un lugar raro. Es una reunión social decorosa. Es para relajarse moderadamente y fomentar la camaradería. La mayoría trae a su esposa o pareja. Sería una tontería hacer tonterías allí, ¿no crees?.
Sentí sinceridad en el fiscal jefe. Aunque a mí no me convencía mucho.
―No logro entender bien por qué debo ir necesariamente a ese lugar.
Cuando intenté rechazarlo con un tono profesional, él alzó y bajó ligeramente las dos manos.
―Si lo dices así, quizás tengas razón. Pero como dije antes, es porque espero que te sea de utilidad para tu futuro.
El fiscal jefe sonrió con amargura hacia mí, que lo miraba en silencio.
―Dije que te aprecio, ¿no?.
Yo, en silencio, lo miré y al final respondí de mala gana.
―Lo pensaré.
―Bien, esperaré una buena respuesta.
Mostré una sonrisa ambigua y salí de la oficina. Según las palabras del fiscal jefe, me había hecho un favor. Para alguien ambicioso, sería una oportunidad incomparable. Claro que yo también tengo ambición. Pero no estoy tan desesperado como para morder el anzuelo en esta situación. Después de todo, la razón por la que fui invitado a ese prestigioso lugar fue porque me quitaron el caso.
―Señor fiscal.
Al regresar a la oficina, la asistente fiscal preguntó mostrando curiosidad.
―¿Qué pasó? ¿Qué le dijeron?.
Ante la pregunta obvia, eliminé al máximo mis emociones y respondí profesionalmente.
―Se canceló el juicio. En su lugar, terminaremos con una negociación, así que prepárate para eso.
―¿Eh? ¿De repente?.
Ella gritó sorprendida, como si le hubiera caído un rayo. Es una reacción natural, por supuesto. Claro que la asistente fiscal no se detuvo ahí.
―¿Eso es todo? ¡¿Cómo puede pasar algo así?! ¡Señor fiscal!.
Ante su voz que me llamaba con impaciencia, añadí con un ritmo tardío.
―Ah, y fui invitado a una fiesta este fin de semana.
Ella volvió a gritar con un sonido agudo como un chillido. Ignoré a la asistente, que parecía esperar más explicaciones, y entré a mi despacho. Poco después, se escuchó un golpe en la puerta y esta se abrió. Justo cuando alzaba la cabeza del montón de documentos que estaba organizando, la asistente asomó medio cuerpo por la puerta y preguntó.
―¿Le traigo un café?.
―Me parece bien. Gracias.
Al aceptar de inmediato, ella sonrió y salió rápidamente. Afortunadamente, no preguntó nada más. Agradecido por la consideración de la asistente, cerré los ojos e hice una respiración profunda.
«Recupérate. No es momento para preocuparse por cosas sin importancia».
Justo cuando mi mente se distraía con facilidad, me sentí culpable. Empujé una pila de documentos a un lado, me froté los hombros y encendí un cigarrillo. Al ver los documentos restantes, mi corazón se volvió pesado de nuevo.
«Será mi error por no haberle dado a la señora Smith suficiente confianza».

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN TU PATRONA