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Capítulo 33

Eso… no parecía que pudiera volver a guardarlo dentro del pantalón.

 

¿Cómo había aguantado hasta ahora? Debía de ser no solo incómodo, sino doloroso.

 

No tenía el valor para hacer algo más, pero tampoco me sentía capaz de volver a acomodarlo con cuidado. Mientras dudaba, él me levantó con facilidad de sobre sus rodillas y me depositó sobre la cama.

 

—Voy a usar el baño un momento.

 

Luego tomó su camisa, arrugada y hecha un desastre.

 

«El baño….»

 

Por lo visto, pensaba masturbarse allí para arreglar el asunto.

 

«Dios mío….»

 

Con solo imaginarlo, la sangre se me subió a la cabeza. Sentí un calor sofocante extenderse por mis mejillas, ya de por sí encendidas.

 

—¿Quiere que le ayude?

 

Sin darme cuenta, lo detuve justo cuando intentaba levantarse.

 

Los ojos de Lionel, que me observaban desde arriba, estaban inundados de deseo. En cuanto aquellas pupilas rojas, hirvientes y llenas de fervor, se fijaron en mí, lo lamenté por un instante.

 

¿Qué creía que podía hacer yo…?

 

—¿Lo dice en serio?

 

Pensé que, por supuesto, lo rechazaría y se iría al baño, pero en cambio inclinó un poco la cabeza y me miró fijamente.

 

—Pues… si hay algo en lo que pueda ayudar.

 

—¿Cualquier cosa?

 

Lionel parecía complacido. Suave y peligrosamente atrapada por la curva de sus ojos enrojecidos, asentí.

 

—Sí, cualquier cosa.

 

Sin saber qué era lo que iba a pedirme, así fue como…

 

°.♡┈┈∘*┈୨୧┈*∘┈┈♡.°

 

¿Cuál sería el procedimiento “correcto” cuando una pareja que ya ha tenido su primer beso se acostumbra a los besos y decide ir un paso más allá?

 

A pesar de haber leído infinidad de novelas para mayores de 19, encontrar la respuesta no es tan sencillo.

 

Esto se debe a que las escenas para adultos, las que disparan las ventas de forma drástica, suelen aparecer relativamente pronto en la historia; por lo tanto, en muchos casos se va directo a la cama sin pasar por demasiadas etapas previas.

 

Incluso, la tendencia era hacerlo desde el primer capítulo. Las novelas que insertaban una escena sexual de golpe en el prólogo para incitar a los lectores a comprar más eran, aunque criticadas, las que mejor se vendían.

 

Klynn: Esta novela comenzó así JAJAJAJAJA

 

Annad: Coincidencia… ¡No lo creo!

 

Entonces, ¿en qué debería basarme?

 

Lamentablemente, ni siquiera las obras para todo público o con clasificación de +15 ofrecen una respuesta.

 

En las de todo público, la descripción no pasa de un beso, así que no hay nada que decir. Y en las de clasificación +15, debido a la prohibición de usar palabras explícitas, las escenas resultan tan ambiguas que no pueden describir con detalle las etapas del contacto físico.

 

Algo parece que se está lamiendo, pero no se sabe dónde; algo se está tocando, pero lo que provoca tal estremecimiento queda a la imaginación de los lectores.

 

«¡Yo soy una víctima de la educación memorística*, sin un ápice de creatividad…!»

 

*N/T: La educación memorística, también conocida como aprendizaje por repetición, es un método de enseñanza donde los estudiantes aprenden información repitiéndola varias veces hasta que la memorizan, sin necesariamente comprender su significado profundo.

 

Claro, así que esto no es, en absoluto, culpa mía.

 

UH, MMM….

 

Sentada al borde de la cama, con las nalgas peligrosamente al filo, me mordí el dorso de la mano. De lo contrario, sentía que iba a soltar un gemido sin control.

 

Fallé en adivinar lo que Lionel pediría.

 

Hasta ahora había sido bastante contenido: mientras me besaba, lo más que hacía era acariciar mi mejilla o mi espalda.

 

Por eso, cuando dijo que quería besarme ahí abajo, me quedé perpleja, como si me hubieran golpeado.

Klynn:

 

«¿Eh… eh…?»

 

Lo que quería hacer era exactamente lo que Danteer le había hecho a la doncella en la biblioteca hacía un momento.

 

«¿Acaso sabía que, tras presenciar ese acto lascivo, lo imaginé sustituyendo a Danteer por él?»

 

Jamás habría imaginado que en menos de una hora podría ver su rostro en esa misma situación.

 

Yo estaba vestida únicamente con mi ropa interior.

 

No me había quitado nada más, y aun así me encontraba sentada en el borde de la cama, con las piernas abiertas.

 

Una de ellas descansaba sobre su hombro y la otra estaba sujeta por su mano.

 

Lionel contempló, casi hechizado, mi intimidad expuesta durante un largo rato. Luego acercó con cuidado los labios y, tal como hacía al besarme, empezó poco a poco a lamer y succionar de forma más descarada.

 

Con una mano, sujetaba y movía aquel enorme miembro que era el culpable de todo esto.

 

Al principio, mostrarle esa parte me resultaba tan embarazoso que quería huir. Sin embargo, en cuanto sus labios se posaron ahí, comprendí que la vergüenza dejaba de importar. Esa sensación era, sin duda, la primera que experimentaba en toda mi vida, pasada o presente.

 

El agudo placer, distinto al que sentí al frotarme contra su rodilla, hacía que mi cuerpo se estremeciera y diera pequeños saltos involuntarios.

 

En especial, cuando jugaba con la punta de su lengua sobre mi clítoris erguido, no podía evitar temblar como si tuviera un espasmo.

 

En medio de esa sensación casi idéntica a la urgencia de orinar, sentí que algo se derramaba de golpe desde mi interior.

 

Cada vez que ocurría, Lionel lo succionaba con un sonoro CHUUP, y como si eso no bastara, introducía la lengua en la abertura de la que fluía para exigir más.

 

—Uh… Su Excelencia, todavía… Mmm… No he… Llegado…

 

A medida que su lengua se volvía cada vez más diestra, terminé por rendirme y dejar de taparme la boca, echando los brazos hacia atrás para sostener mi cuerpo. Me era imposible mantener las nalgas pegadas a la cama.

 

—Solo un poco… solo un poco más, huu… ayúdeme, por favor.

 

¿Sería idea mía… o parecía más concentrado en lamerme ahí abajo que en masturbarse?

 

El rostro de aquel hombre noble estaba completamente empapado y desordenado con el fluido que yo había derramado.

 

Aun jadeando, perdida en el placer, notaba que, cada tanto, me miraba hacia arriba. En sus ojos, junto a un deseo intenso, se escondía un atisbo de cautela.

 

Como si temiera que le arrebatara el cuerpo que estaba disfrutando. Lo deduje por la forma en que sus dedos se aferraban con fuerza a mi muslo.

 

«¿Cuánto tarda normalmente un hombre en correrse…?»

 

Yo ya había llegado al clímax dos veces por mi cuenta.

 

Pensé que, por lo incómoda de la postura, no lo sentiría tanto… pero no imaginaba que mi cuerpo reaccionaría con tanta sensibilidad.

 

Quizá, en mi vida anterior, o en la anterior a esa, fui un conejo…

 

Annad: JAJAJA… ¡UN CONEJO! JAJAJA 

 

Lionel por fin eyaculó cuando yo me vi envuelta en mi tercer orgasmo.

 

En el instante en que gimió bajo y su cuerpo se estremeció, el mismo olor lascivo que percibí en la biblioteca inundó mi habitación.

 

Entre la oleada de placer que me teñía la vista de blanco, me las arreglé para mirar su rostro.

 

Con el ceño fruncido, mordiéndose el labio y recuperando el aliento, estaba mucho más erótico de lo que yo había imaginado.

 

Entonces, alzando la mirada hacia mí, pasó la lengua por sus labios, limpiando el fluido que los humedecía.

 

—Estaba en un aprieto… pero gracias a usted, pude solucionarlo rápido.

 

No sé si era consciente de que su expresión aún destilaba insatisfacción. Guardó su miembro dentro del pantalón y, sacando un pañuelo, se dedicó a limpiar cuidadosamente mi intimidad.

 

—Está bien, yo puedo… ah…

 

—Le ruego que me deje encargarme de los cuidados posteriores.

 

La insistencia de Lionel me tenía al borde de perder la razón. Mis brazos temblaban al sostener mi torso, agotada.

 

Al final, olvidando por completo la vergüenza, me dejé caer sobre la cama.

 

Él se aseguró de dejarme completamente limpia y acomodó la falda, que se había enrollado hasta el vientre. Solo entonces se incorporó y volvió a ponerse la camisa.

 

Yo, aún tumbada, lo miré con la vista perdida y me froté los ojos con el dorso de la mano.

 

Fue porque había presenciado algo imposible de creer.

 

—Su Excelencia.

 

Tan sorprendida estaba, que me incorporé de golpe y volví a mirarlo fijamente.

 

—Sí, sacerdotisa.

 

—Eso… ¿no se había resuelto ya?

 

Estaba segura de que Lionel había logrado correrse. No había forma de que lo hubiera imaginado.

 

Entonces, ¿por qué su entrepierna seguía abultada bajo el pantalón como si fuera a reventar?

 

—Ah…

 

Siguiendo mi mirada hacia abajo, él echó un vistazo y, sentándose en el borde de la cama, dijo:

 

—Esto no tiene remedio.

 

—¿Perdón…?

 

«¿Qué significaba eso de que no tenía remedio?»

 

—No se soluciona con una sola eyaculación.

 

Lo decía como si bastara con el hecho de haberlo guardado en el pantalón sin problemas.

 

Así que, si no le hubiera abierto la bragueta en primer lugar, nada de esto habría pasado. Al final, todo fue por tocar algo que, de todos modos, no se iba a resolver por completo.



TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ANNAD
RAW HUNTER: ANNA FA


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