Skip to content

ACOSB

  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks
ACOSB

Capítulo 33

¡PUM!   

Con un sonido sordo, la vista se le nubló en un destello. Josh no alcanzó siquiera a gritar y retrocedió tambaleándose. Pero no terminó ahí. Chase lo agarró del cuello de la camisa y lo arrojó sobre la cama. En cuanto su cuerpo cayó con fuerza y rebotó sobre el colchón, Chase se subió encima de él.

Por un instante, su mirada se enfocó y alcanzó a ver el rostro de Chase. Aquel rostro perfectamente simétrico, tan hermoso como siempre, sin una sola expresión. Al momento siguiente, Chase volvió a golpearle el rostro con la mano abierta.

Lo abofeteó una y otra vez con violencia. No tuvo ni tiempo de preguntarse por qué lo estaban golpeando. El único sonido que llenaba sus oídos era el sordo golpe de su mejilla siendo azotada sin parar.

Su cuerpo reaccionó antes que su cabeza. Josh logró detener el siguiente puñetazo con una mano, y con la otra, le devolvió la bofetada a Chase. Era una respuesta instintiva, inevitable, y la ejecutó sin pensarlo.

O al menos, debió hacerlo.

Justo cuando estiró el brazo, vio de frente el rostro de Chase. Una expresión vacía, pálida, sin rastro de emociones. En ese instante, Josh abrió la mano, lo agarró del cuello de la camisa y lo atrajo hacia sí con brusquedad.

—¿…?

Sintió con claridad cómo Chase se tensaba por completo. Entre sus labios unidos, le llegó el sabor metálico de la sangre. A pesar del escozor por la herida en la boca, Josh no dudó en invadir con la lengua el interior de la suya.

Le mordió los labios, le restregó la lengua y empujó su aliento con desesperación. Chase intentó incorporarse, alarmado, pero Josh le sostuvo la cabeza antes de que pudiera hacerlo.

El beso no se detuvo. Respiraciones agitadas, labios chocando, lenguas succionándose mutuamente, todo se mezclaba en un caos húmedo y ruidoso. Con los ojos cerrados, Josh exploraba sin reservas la boca de Chase.

«¿Alguna vez había probado una saliva tan dulce?»

Había besado a muchas personas, pero nunca había tenido un beso tan embriagador como este. Quería morderle la lengua, lamerle los labios y tragarse hasta la última gota de su saliva.

—…Mmh.

Chase se incorporó con un gemido reprimido. Sus labios, recién liberados, brillaban por lo húmedos que estaban.

Josh, perdido, lo miraba con la mente en blanco. Sentía cómo su entrepierna se levantaba con fuerza. El pulso que nacía desde su pene golpeaba con violencia todo su cuerpo.

Sentía que podría hacer cualquier cosa con tal de acostarse con ese hombre en ese mismo instante. De verdad. Con todo su ser.

HAA, HAA. HAA, HAA.

Las respiraciones entrecortadas de ambos resonaban por todo el tráiler. Chase, mirándolo desde arriba con el rostro intensamente sonrojado, se cubrió la boca con el dorso de la mano.

—…¿Qué fue eso? —preguntó al fin, con voz temblorosa, sin poder ocultar su agitación—. ¿De verdad era momento de que me besaras?

Josh, conteniendo el deseo de arrojarse encima de él para enredarse de nuevo, respondió entre jadeos:

—¿Cómo se supone que voy a golpear esa cara?

—Pero lo hiciste antes.

Chase lo recriminó apretando los dientes, como si lo hubiera tenido guardado todo ese tiempo. Josh soltó una risa. Lo miró por un momento y, de repente, lo tomó del cuello de nuevo y lo atrajo hacia sí.

—¡…!

En un segundo, las posiciones se invirtieron. Chase lo miraba con sorpresa desde abajo, mientras Josh lo dominaba desde arriba.

La respiración entrecortada no se detenía, pero ambos sabían que esa agitación ya no era por enojo, sino por expectativa. Josh se inclinó lentamente. Chase lo miraba acercarse. Podía haberlo esquivado, pero no lo hizo. O quizá no pudo. No importaba. Chase fue el primero en cerrar los ojos. Y entonces, sus labios se encontraron.

Un suspiro escapó entre ellos. La mezcla de saliva y sangre hacía que sus lenguas resbalaran una sobre la otra. Josh le lamió los labios y volvió a meterle la lengua. Con la punta bien afilada, le acarició el paladar y un gemido brotó desde lo profundo de la garganta de Chase. Josh le acarició el cuello con una mano y, con la otra, se dirigió a los botones de la camisa que aún llevaban puesta.

Solo con un chasquido de sus dedos, la camisa se abrió, dejando al descubierto la piel desnuda. Josh apartó los labios, frotándole la piel con la lengua mientras desabrochaba el resto de los botones, bajando poco a poco.

Finalmente, empujó la camisa abierta y le sujetó el pecho con la mano. Primero marcó su piel con las uñas, dejando un rastro que dolía, y luego lo acarició suavemente. Bajo su palma firme, los pezones de Chase se endurecieron. La reacción tan honesta le hizo reír. Pero justo cuando levantó la cabeza sonriendo, Josh se quedó inmóvil.

Chase lo miraba con el rostro completamente rojo. Tenía los ojos muy abiertos, desorientados, sin saber qué hacer. Su respiración agitada era tan desesperada que parecía que iba a detenerse en cualquier momento. Además, no sabía qué hacer con las manos: las apretaba y soltaba sobre las sábanas, arañándolas. Su comportamiento contrastaba tanto con la imagen habitual que tenía de él, que Josh se quedó mirándolo fijamente, entre asombrado y desconcertado.

«Un hombre promiscuo que asiste regularmente a orgías, reaccionando así solo con besos y caricias…» Josh lo observaba, intrigado. Quería ver más de esa reacción.

Contuvo el impulso de besarlo de nuevo y usó los dedos para acariciarle los pezones. Chase dio un respingo como si fuera a saltar, y tembló ligeramente. Reaccionaba como si nadie hubiera tocado esa parte de su cuerpo antes.

Su erección, endurecida por la excitación, y los temblores intensos delataban claramente su honestidad, pero el rostro decía otra cosa. Como si no pudiera entender lo que le estaba pasando. El mismo rostro pálido y sin expresión de siempre estaba ahora rojo como un tomate, y él no sabía dónde meterse mientras miraba hacia arriba a Josh.

De pronto, Josh sintió ganas de molestarlo. Se sorprendió al descubrir ese lado sádico en sí mismo, y se inclinó. Vio cómo Chase cerraba los ojos, esperando un beso. Pero en lugar de eso, Josh giró el rostro y lo mordió fuerte en el cuello.

—¡Ah!

Chase soltó un grito. Josh, sin soltarlo, succionó con fuerza la zona que había mordido. Hizo que el sonido húmedo y ruidoso de la fricción fuera aún más evidente a propósito. Tal como esperaba, Chase trató de empujarlo, pero dudó.

Estaba claramente excitado. Lo deseaba. Deseaba que lo llevaran más lejos, de forma más lasciva.

«¿Podría hacer ahora lo que antes no pudo?»

Ese pensamiento cruzó por la mente de Josh. Quería bajarle los pantalones y meterle en la boca su erección. Si lo chupaba más fuerte, si lo provocaba con la lengua, probablemente acabaría. Tal vez en su boca. O en su cara.

«¿Se pondría nervioso entonces?»

«¿Y si se ponía a llorar del susto?»

En ese momento, Josh sintió que su entrepierna se tensaba hasta el límite.

HAA, HAA. HAA, HAA.

Su respiración ya era más intensa que la de Chase. No podía contener la excitación. El deseo era tan fuerte que lo aturdía, pero por ahora, debía contenerse. Josh, aún jadeando, abrió la boca:

—¿Puedo saber por qué me golpeó?

—…

Chase se preparó para hablar. Josh esperó pacientemente, pero él no lograba pronunciar palabra.

—Tú…

Su voz salió ronca, tan débil que Chase tuvo que aclararse la garganta con urgencia. Josh lo observó con calma, esperando la continuación. Finalmente, Chase consiguió hablar con dificultad:

—No veas más a esa mujer.

—¿Esa mujer?

No tenía idea de a quién se refería. «¿Hace cuánto que no salía con una mujer?» Mientras hacía cuentas mentalmente, Chase apretó los dientes y escupió:

—Esa mujer, la secretaria de Pittman.

Josh tardó unos segundos en entender a qué se refería. Parpadeó un par de veces antes de responder:

—¿Emma?

—¡¿Qué importa su nombre, carajo?! ¡Ni siquiera menciones su nombre! ¡Te dije que no la veas!

El grito repentino le retumbó en los oídos. Josh frunció el ceño mientras Chase, tumbado en la cama, golpeaba el colchón con el puño, sin poder contener la rabia.

—¡Maldita sea!

Josh lo miró en silencio y entonces habló:

—Ella es mi hermana.

—Hermana o lo que sea, ¿qué dijiste?

Chase, que estaba a punto de gritar de nuevo, se quedó paralizado. Josh repitió con calma:

—Dije que es mi hermana. Mi hermana menor.

—Eso es mentira…

—No sería difícil demostrarlo con una prueba de ADN. Pero si lo hago, más te vale estar preparado para las consecuencias.

Josh lanzó la advertencia con un tono completamente profesional. Chase parpadeó, sin saber qué decir. El silencio se volvió incómodo. Solo entonces se dio cuenta de que el apellido del hombre frente a él y el de la secretaria coincidían.

Emma Bailey.

Joshua Bailey.

Chase abrió la boca, pero otra vez le tomó tiempo poder emitir sonido.

—…¿De verdad? —preguntó Chase, aun dudando, pero en su mente ya se cruzaban las imágenes de Emma y Josh. Eran tan parecidos que incluso daba pena sospechar.

Josh asintió con indiferencia.

—Sí. Así que, como ve, lo que hubo fue un malentendido. Emma y yo no tenemos ninguna relación de ese tipo.

—Ah…

Una exclamación apagada se escapó de los labios de Chase.

—¿Ahora lo entiende?

Josh lo miró inclinando levemente la cabeza. Se detuvo a una distancia tan corta que su aliento podía sentirse, y susurró con un tono completamente distinto al de antes.

—¿Y la disculpa?

Chase parpadeó, desconcertado. Josh entrecerró los ojos. Su exigencia era clara. Chase, sorprendido, abrió y cerró la boca varias veces.

«¿Cuándo fue la última vez que pidió perdón?»

Por más que escarbó en su memoria, no importaba. Lo único que tenía que hacer ahora era una sola cosa.

—…Lo siento.

Lo susurró con esfuerzo, como si le apretaran el cuello. Josh sonrió ligeramente. Su rostro, cubierto de golpes y sangre, se deformó de forma inquietante. Chase se quedó inmóvil. Josh no le dio tiempo a reaccionar y se subió sobre él. El sonido del cinturón al desabrocharse y el cierre bajándose resonaron en sus oídos.

—Chase.

Josh le mordió suavemente la oreja mientras susurraba. Hasta él mismo notó que su respiración era más fuerte que su voz.

—Si hiciste algo mal, tienes que pagar por ello.

Luego, metió los dedos en el nudo de la corbata y lo deshizo de un solo tirón. Envolvió el extremo una vez entre sus manos, lo tensó con firmeza y sonrió. Chase, con el rostro pálido, lo miró desde abajo.

—Espera… ¡Espera un segundo! —gritó Chase, alarmado.

Josh le sujetó la mano extendida con facilidad, y en un instante le quitó el cinturón y le ató las muñecas. Luego las alzó y las fijó al cabecero de la cama con la corbata. Todo ocurrió en menos de veinte segundos. Cuando Chase recobró la conciencia, ya estaba completamente inmovilizado.

—¡Maldita sea…!

Chase apretó los dientes, furioso. Se notaba que contenía las ganas de gritarle insultos, pero el rostro encendido por la ira lo delataba.

—¡Suéltame ahora mismo! ¿Estás loco?

Se retorcía, pataleaba y hacía temblar la cama, pero Josh ni se inmutó. En cambio, se levantó tranquilamente y entró al vestidor. Tardó un rato en salir.

Chase, agotado por su propio arranque, terminó rindiéndose, jadeando con el pecho agitado. Al poco tiempo, Josh salió con una de las corbatas favoritas de Chase en la mano.

—¿Qué… qué piensas hacer? —preguntó Chase, con un hilo de voz en el que se colaba un leve temblor.

Josh no respondió. Se acercó y se sentó al borde de la cama. Envolvió el extremo de la corbata una vez entre los dedos, la apretó con fuerza y lo miró desde arriba. Los ojos de Chase no dejaban de alternar entre el rostro de Josh y sus manos, inquieto. Josh sonrió. Y justo cuando Chase se puso aún más tenso, él extendió la mano.

—Mmh… ¡Ugh…!

Chase giró la cabeza con desesperación, pero Josh no se detuvo. Le metió la corbata en la boca y la ató firmemente detrás de su cabeza. Luego lo miró a los ojos muy abiertos y sonrió.

—En momentos como este, hay que apretar bien los dientes, Chase. Para que no te metan nada más en la boca.

Como si acabara de darle una lección importante, Josh se puso de pie. Subió una rodilla a la cama y se posicionó entre sus piernas.

—Mmh… ¡Mmh!

—Shhh… No hagas eso. Pórtate bien.

Josh susurró con voz calmada, como si tratara de apaciguarlo, mientras Chase intentaba resistirse, pataleando. Pero no tardó en agotarse. Josh no necesitaba hacer nada más que observar. Cuando lo vio tirado, jadeando y agotado, soltó una sonrisa irónica.

—En este tipo de situaciones, lo importante es guardar energía, ¿entiendes? Si te secuestran, lo primero que tienes que hacer es pensar. Buscar el momento justo para escapar de un solo golpe. No sirve de nada agitarte sin sentido así.

A propósito, Josh metió la mano entre sus piernas y le sujetó el pene por encima del pantalón. Chase abrió los ojos de par en par y aspiró con fuerza. Josh, mirándole el rostro, dijo:

—Mírate ahora. En un momento como este, podrías al menos intentar darme una patada.

Y en ese mismo instante, Chase lanzó la pierna. Pero Josh la detuvo con facilidad.

—Está bien que pongas en práctica lo que te enseñé, pero deberías fijarte contra quién lo haces.

Josh soltó una risa corta y llevó las manos hacia su pantalón. El sonido metálico del cinturón al soltarse llenó la habitación, seguido por el crujido del cierre. En un solo movimiento, bajó los pantalones de Chase junto con los bóxers. Chase lo miró con el rostro completamente pálido.

Josh fijó la mirada en su entrepierna por un momento. La sonrisa que había tenido hasta entonces desapareció de su rostro por primera vez, reemplazada por una expresión aturdida, como si hubiera quedado hipnotizado.

—…No hay ni una sola parte tuya que no sea hermosa —murmuró Josh, sin que quedara claro si lo decía con asombro o resignación. No podía apartar los ojos del pene de Chase.

Y al notarlo, Chase, en medio del desconcierto, se excitó.

—¿Eh?

Josh ladeó la cabeza, curioso. Incluso a simple vista se notaba lo duro que estaba el miembro de Chase. Al ver cómo se le encendía el rostro de vergüenza, Josh esbozó una sonrisa maliciosa. El rubor de Chase se intensificó hasta volverse casi escarlata.

—Chase.

Josh habló con voz baja. Bajó la mirada hacia la erección de Chase y, con la yema de los dedos, empujó suavemente la punta. Solo ese mínimo estímulo fue suficiente para hacer que Chase aspirara el aire con fuerza.

—¿Qué es esto?

La voz de Josh era extremadamente suave. Chase apenas podía jadear, sin poder dar una respuesta. Al ver el temblor en esos ojos violetas, Josh volvió a hablar.

—¿Estás excitado?

—…

—Chase…

Josh dejó escapar una sonrisa irónica, como si ya no supiera qué hacer con él. De nuevo, rozó con un dedo la punta del pene completamente erecto. Al ver cómo Chase se estremecía como si hubiese recibido una descarga, Josh dijo:

—Excitarte mientras estás siendo castigado… Qué niño tan travieso.

Los ojos de Chase comenzaron a humedecerse. Josh, viéndolo así, entreabrió los labios y bajó la cabeza. Y de forma totalmente inesperada, se metió su pene en la boca.

—¡…!

Los ojos de Chase se abrieron tanto que parecían a punto de salirse de sus órbitas. Mientras jadeaba con violencia, no podía dejar de mirar cómo Josh abría la garganta y lo engullía hasta el fondo.

El canal cálido y apretado rodeaba con firmeza su glande. La lengua acariciaba todo el tronco con delicadeza, mientras los labios lo succionaban. Pero no se detuvo ahí. Josh tomó con la mano el resto del miembro que no había podido tragar y empezó a acariciarlo con suavidad. Chase sentía que el cerebro se le derretía con cada caricia.

—…Ngh… Ah…

Los gemidos apenas lograban salir de su boca, contenidos por el nudo en la garganta. Quería empujar a Josh al suelo y embestirle hasta el fondo, pero no podía. Por más que forcejeaba, el cinturón con el que lo habían atado no cedía ni un milímetro. Lo mismo ocurría con la corbata que lo sujetaba firmemente al cabecero.

Inútil y sin poder defenderse, solo le quedaba exhalar una y otra vez su respiración entrecortada mientras Josh le chupaba sin piedad. Sentía cómo el semen se acumulaba en el tronco, ardiendo desde dentro. El pulso golpeaba tan fuerte que hasta las sienes le latían.

Conocía esa sensación. Estaba por venirse. Iba a correrse dentro de la boca de Josh. Solo con imaginarlo, el cuerpo entero se le estremecía. Chase deseaba que ese momento llegara pronto. Para que esta insoportable tortura terminara de una vez.

Si pudiera, le sujetaría la cabeza y lo empujaría hasta el fondo para vaciarse dentro. Pero era imposible. Desesperado, intentaba mover las caderas para entrar más profundo, pero Josh retrocedía cada vez, negándole el clímax a propósito.

Cuando eso se repitió varias veces, Chase sintió que iba a enloquecer. Ahogado por la corbata que le impedía gemir con libertad, solo podía soltar quejidos cada vez más frustrados. Cuando apretó los puños con todas sus fuerzas, de pronto, Josh abrió bien la boca y lo tragó entero hasta el límite.

La vista se le nubló. Su conciencia se volvió borrosa por un instante. Chase se quedó quieto, con el cuerpo temblando y el semen acumulado a punto de explotar desde lo más profundo.

—Haah…

Pero justo entonces, Josh levantó la cabeza con un suspiro. Chase, completamente desconcertado por haberse quedado al borde del clímax, lo miró con una expresión atónita. Parecía no comprender en absoluto qué acababa de pasar. Josh, con una sonrisa amarga, se limpió los labios húmedos con el dorso de la mano.

—¿No te das cuenta de que esto es parte del castigo?

Y luego, con un ligero toque, le dio un golpecito en la punta del pene aún erecto. Al ver cómo Chase se estremecía, Josh añadió:

—No deberías estar disfrutándolo.

HUH… HUH… HUH…

La respiración de Chase se dispersaba con fuerza, desordenada. En su rostro, encendido por la fiebre del deseo, se cruzaban la frustración y la ira. No había nada más desesperante para un hombre que ser interrumpido justo antes de correrse.

Pero Josh se mantenía completamente sereno.

Acomodado entre las piernas de Chase, se apoyó en una rodilla y se incorporó a medias. Se bajó el cierre del pantalón y sacó su miembro por fuera de los bóxers. En el campo de visión ampliado de Chase, apareció el pene de Josh, tan erecto y firme como el suyo.

Josh lo tomó con una mano, mientras con la otra abría las piernas de Chase sujetándole las rodillas. Entre los muslos ahora completamente separados, su grueso miembro temblaba levemente, vencido por su propio peso.

Sin apartar los ojos de él, Josh empezó a acariciarse lentamente, recorriéndose a sí mismo de arriba abajo. Chase no podía ni parpadear, simplemente lo observaba con ojos muy abiertos por la sorpresa.

—Haa… haah… haa…

Exhalando con dificultad, Josh frotaba y sacudía su erección. Su rostro empezaba a enrojecerse poco a poco. Chase se dio cuenta: Josh estaba tan excitado como él. Como prueba de ello, apenas lo había tocado y ya la punta estaba empapada, con líquido preseminal goteando sin parar.

Pero no era suficiente para correrse. Su pene, erguido hasta casi rozar el ombligo, no terminaba de liberar esa presión, y Josh frunció el ceño, molesto. Entonces llevó la otra mano entre sus propias nalgas. El sonido húmedo que siguió fue claro y explícito.

Chase observaba atónito cómo ese hombre, justo frente a sus ojos, se tocaba a sí mismo, provocándose. Si solo le soltara el cinturón, Josh podría conseguir lo que quería de inmediato. Chase estaba al borde de la locura por metérselo ya mismo, sin más rodeos. Y aun así, Josh no daba señales de que fuera a liberarlo pronto.

Si seguía así, iba a enloquecer antes de que lo perdonara.

—¡…!

Finalmente, incapaz de resistir más, Chase empezó a agitar los brazos y a gritar con desesperación. Pero con la boca obstruida como estaba, lo único que pudo soltar fueron gemidos ahogados, ininteligibles.



TRADUCCIÓN: ROBIN KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN KLYNN
RAW HUNTER: KLYNN


¿TE HAS CANSADO?

© 2026 ACOSB

No puedes copiar el contenido de esta página.

    Previous Post

  • CAPÍTULO 32

    Next Post

  • CAPÍTULO 34
Scroll to top
  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks