Capítulo 32
―Señor fiscal.
Quien asomó la cabeza era la asistente del fiscal. Pareciendo notar el tenso ambiente en la habitación, vaciló antes de hablar.
―He organizado los documentos del caso que me mencionó. ¿Se los traigo ahora?
―Ah, sí. Deme.
Contesté apresuradamente suavizando la voz para no desquitar mi enojo con alguien ajeno al asunto. La asistente, al parecer tranquila, trajo los documentos y dijo:
―Y… el fiscal general quiere que vaya a su oficina.
―¿El fiscal general?
Sorprendido por el inesperado mensaje, me levanté de inmediato de mi asiento y pregunté:
―¿Cuándo lo dijo?
―Hace un momento. El asistente llamó y preguntó si usted había llegado ya a la oficina. Le dije que acababa de llegar y entonces me dijo que fuera a la oficina del fiscal general.
Mientras salía de detrás del escritorio, volví a abrocharme el botón de la chaqueta del traje.
―¿Sabe usted de qué se trata? —pregunté mientras caminaba, pero ella solo negó con la cabeza con expresión perpleja.
Dije, Entiendo, gracias y me dirigí rápidamente a la oficina del fiscal general.
―Buenos días, fiscal.
El asistente, al verme, me recibió con una sonrisa como de costumbre.
«Parece que no son malas noticias», pensé aliviado. Lo seguí para encontrarme con el fiscal general.
―Señor fiscal general.
El asistente, tras golpear ligeramente la puerta, esperó un momento y abrió.
―Ha llegado el fiscal Chrissy Jin.
―Oh, bien.
El rostro del fiscal general apareció más allá del asistente, que retrocedió con rapidez. Entré en la oficina, cerré la puerta y me acerqué decidido hacia él.
―Señor fiscal general, ¿qué sucede?
―Siéntese primero.
El fiscal general carraspeó y comenzó a hablar.
―Bueno, ¿qué tal el caso? ¿Parece que se resolverá bien?
――…Sí, lo estoy intentando.
Respondí escogiendo mis palabras con cuidado. Él asintió con la cabeza y dijo Bien, y luego se acarició la barbilla sin razón aparente.
―Mmm, necesitamos un buen resultado. Como se trata de Miller, es inevitable preocuparse.
―La evidencia de nuestro lado es tan sólida que no tiene por qué preocuparse demasiado.
Al escuchar mi respuesta profesional, el fiscal general guardó silencio por un momento.
«¿Qué querrá decir para estar dando tantos rodeos?»
―Pronto habrá elecciones, ¿no?
Finalmente, el fiscal general sacó el tema principal. Mientras esperaba en silencio su siguiente palabra, él continuó con expresión seria.
―Este juicio tendrá un gran impacto en las elecciones. Los ciudadanos claman todos por justicia. Si no obtenemos el resultado deseado, las repercusiones serán considerables.
«¿Está preocupado por el resultado del juicio?»
―Saldrá bien, no se preocupe demasiado.
Al escuchar mi respuesta convencional, el fiscal general suspiró profundamente y asintió.
―Sí, saldrá bien. Miller tampoco es un dios todopoderoso.
De repente, un silencio incómodo invadió la habitación.
«Por alguna razón, tengo un mal presentimiento.» El fiscal general no me habría llamado a esta hora tan temprana solo para decirme esto.
―Jin.
―Sí, señor fiscal general.
Al responder de inmediato, él me miró fijamente a la cara con expresión seria y preguntó:
―Sabe que lo aprecio mucho, ¿verdad?
―Lo sé. Siempre se lo agradezco.
De nuevo era una respuesta trillada, pero como era sincera, no tenía nada más que decir. El fiscal general dijo, Bien.
―Creo que algún día llegará el momento en que usted ocupe este puesto. Resolverá muchos casos y hará justicia.
―Sí.
«Cuanto más se alarga esto, más siniestro se vuelve.» El fiscal general continuó hablando.
―Por eso no quiero que resulte herido. Ah, no me refiero a lo emocional. Hablo de lo externo. Por ejemplo, su reputación, cosas así.
Esperé en silencio su siguiente palabra.
«Ya era hora de que sacara el tema principal», pero él vaciló un momento. El fiscal general se frotó las palmas de las manos, bajó la cabeza y soltó un breve suspiro. Finalmente, fijó su mirada en mi rostro.
―Terminemos este caso con una negociación.
―¿Qué?
Sin poder evitarlo, alcé la voz, pero el fiscal general no pareció sorprendido, como si ya hubiera anticipado esa reacción. Al verlo, lejos de calmarme, me alteré aún más.
―¿Negociación? ¿Ahora, en este punto? ¿Qué está diciendo? ¿Negociación?
Al no poder contener mis emociones, repetí la misma palabra varias veces y alcé la voz. Él, una vez más, repitió Sí.
―Si por casualidad perdemos, tampoco será bueno para su futuro. Ya hablé con el bando de Miller. Pronto acordaremos una fecha para reunirnos.
El fiscal general, tras decir eso, miró mi incapacidad para articular palabra y carraspeó.
―En realidad, anoche quise decírselo, pero ya se había ido.
«Claro que sí.» Había actuado primero, yéndome temprano para liberar el estrés antes de que me agobiaran los documentos.
En el momento en que se estaban discutiendo asuntos tan importantes, yo estaba en un club pescando hombres. Me daba tanto asco mí mismo que quería morir. Pero eso no era todo.
―Si a usted no le parece bien, dé un paso al margen de este caso. Dejaré las negociaciones de la sentencia a Bacon.
Ante las palabras del fiscal general, me quedé boquiabierto.
«Parece que el fiscal general ya había tomado una decisión.»
Me había llamado no para persuadirme, sino para informarme. Seguir las instrucciones del fiscal general o ser eliminado por completo del caso; esas eran mis únicas dos opciones.
―¿Por qué tan repentinamente?
Tras la breve autoculpa, la ira brotó en mi interior. Aunque comprendía la realidad, no podía aceptarla sumisamente. Tenía que saberlo. La razón detrás de esta decisión repentina.
―¿Acaso hice algo mal? Creí que era un asunto ya zanjado, y ahora de repente me dice que negocie, no lo entiendo en absoluto. Por favor, explíquemelo de manera que pueda entenderlo. De esta forma, jamás podré retirarme.
Hice todo lo posible por no soltar improperios ni gritar. Gracias a eso, aunque no logré suprimir por completo mis intensas emociones, pude recuperar una actitud algo serena. El fiscal general, con una expresión de compasión como si entendiera mi sentir, dijo:
―Como ya le dije antes, no quiero que resulte herido.
Continuó hablando como si intentara aconsejarme.
―Si Nathaniel Miller no se hubiera involucrado personalmente, no habríamos llegado a este punto. Pero como él intervino, ahora hay demasiado enfoque en este caso. No podemos hacer de usted un chivo expiatorio.
―¿Qué es lo que él dijo? —espeté con nerviosismo.
―¿Acaso debo renunciar a un caso con pruebas tan sólidas y claras solo porque Nathaniel Miller se ha involucrado? ¡No puedo, jamás podré aceptarlo!
―La Sra. Smith así lo deseaba.
El fiscal general me reprendió con un tono más firme que antes. Ante el nombre inesperado, me detuve en seco.
――…¿La Sra. Smith? ¿La madre de Anthony Smith?
―Sí.
Mientras yo, sorprendido, cerraba la boca, él continuó hablando con severidad.

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN TU PATRONA