Capítulo
Los ojos de Lionel se agrandaron como si estuviera sorprendido.
—¿Cómo… lo supo?
—Cuando una se dedica a curar, termina dándose cuenta sí alguien fue herido por otra persona en combate o sí se hizo la herida solo.
La verdad es que ni yo misma lo sé con certeza. Nunca he conocido a otro sacerdote sanador que pudiera usar sanación divina de alto nivel.
Aun así, no es como si estuviera mintiendo. Solo que puedo ver más de lo que le dije.
Lionel parecía muy desconcertado, lo cual no era propio de él.
—Entonces, la vez que revisó mi cinturón…
—Así es. También lo sabía en ese momento —suspiré suavemente y le hice una pregunta—. ¿Por qué lo hizo? Si es algo que no puede revelar, lo entiendo, pero si no es el caso, por favor dígamelo.
Tomé su mano y lo miré profundamente a los ojos.
—Vamos a casarnos pronto. Si hay algo en lo que pueda ayudar, quiero hacerlo.
Sus pupilas, agitadas, se quedaron fijas en mí. Abrió los labios varias veces sin decir nada, hasta que finalmente suspiró.
—En realidad… fue porque necesitaba su poder divino.
—¿Mi poder divino?
—He recibido sanación sagrada antes, pero nunca me había pasado algo como esto. Parece que el suyo tiene un efecto especial en mí.
«Ahora que lo pienso, cuando curé por primera vez la herida de su hombro, su reacción fue inusual.»
—Olvidé algo muy importante. Sé que lo olvidé, pero no tengo pistas, ni puedo recordar nada relacionado. Y cuanto más pasa el tiempo, más se desvanece como si se alejara sin remedio.
—Eso de olvidar…
—Mi memoria no está completa.
Esta vez fui yo quien se sorprendió. ¿Pérdida de memoria? Parecía sacado de una novela.
—Pero cuando su poder divino permanece dentro de mí, aparecen escenas, como visiones. Son fragmentarias… pero creo que forman parte de los recuerdos que perdí.
—¿Y por eso se hizo una herida? ¿Para comprobarlo?
Lionel bajó la cabeza y se disculpó.
—Le causé molestias innecesarias, no debía hacerlo dos veces. Lo siento.
—Podría haberlo dicho desde el principio. Habría estado dispuesta a ayudar.
Aunque dije eso, lo entendía. A diferencia de mí, que sabía por la novela “La noche en que las serpientes se enredan” qué tipo de persona era Lionel Ruanax, él no sabía casi nada sobre mí.
¿Lo único que sabe es que soy la hija menor de Solen? ¿Y con eso qué base tendría para confiarme algo así? Perder parte de la memoria puede convertirse en una debilidad fatal.
—¿Entonces esta vez también vio algo?
Lionel asintió a mi pregunta.
—Sí, gracias a usted.
—Me alegra oírlo, pero de verdad no puede seguir haciéndose daño así.
—Entendido.
—En cambio, si no ocurre nada especial, le transmitiré poder divino una vez al día.
Ante mi propuesta, puso una expresión de desconcierto.
—¿Cómo lo hará? Hasta donde sé, no se puede usar poder divino sin un propósito claro.
—Le dije que borraría las cicatrices que le quedaron en el cuerpo. Con eso será suficiente.
—Ah… ya veo.
Lo observé en silencio mientras se acariciaba el costado, donde ya no había ni rastro de cicatriz.
Entonces, de pronto, mi atención se dirigió a la camisa que seguía cubriendo sus rodillas ese día. Y al mismo tiempo, vino a mi mente la escena de la visión que acababa de observar, en la que él parecía lamentar haberse apresurado.
—¿Entonces, en lugar de ayudarme, desea algo a cambio…?
—¿Quiere que lo bese?
Lionel me miró en silencio.
—¿De verdad?
Después de un largo rato, abrió los labios y preguntó en voz baja:
—Pensé que había sido malo porque fui torpe.
…Como lo imaginaba, Lionel había malinterpretado todo. No entendía por qué no podía mirarlo a los ojos desde aquel beso.
—Le dije ese día, ¿recuerda? Que yo también… había pensado en eso todo el día.
Me moví lentamente hasta subir sobre sus piernas. Sentada frente a él, apoyé las manos sobre sus hombros.
—Hoy que he descubierto uno de sus secretos, yo también le confesaré uno, Excelencia.
Pude sentir el contorno de aquello duro que su camisa ocultaba.
«¿Cómo puede guardar algo tan grande dentro de los pantalones y la ropa interior? Debe de ser terriblemente incómodo.»
—La verdad es que… fue por nervios.
Me acerqué a su oído y le susurré suavemente:
—Cuando estoy con usted, me pongo tan nerviosa… Mi corazón late tan rápido, como si estuviera descompuesto, que termino jadeando sin darme cuenta… Me daba miedo que me viera rara, por eso lo evité.
Después de soltar por fin lo que me avergonzaba demasiado para decir antes, lo observé con cuidado.
Lionel, sin parpadear, parecía procesar el significado de lo que acababa de escuchar. De pronto, sus largas pestañas, que se alzaban sobre sus pupilas rojas, temblaron levemente. Poco después, sus ojos se movieron despacio.
Nuestras miradas se cruzaron.
O eso creí… porque para cuando me di cuenta, ya tenía los ojos entrecerrados mientras devoraba mis labios.
Rodeé su cuello con mis brazos, y él me abrazó por los hombros y la cintura.
Fue nuestro tercer beso.
Desde el segundo beso en el carruaje, no dejé de revivir en mi mente su fragancia, la suavidad de sus labios y la textura áspera de su lengua. Pero ahora, era todo mucho mejor de lo que recordaba.
Me entregué por completo al invasor que revolvía y acariciaba la parte más sensible de mi boca, y tragué la saliva que se deslizaba hasta mi garganta.
Con solo eso, sentí cómo el bajo vientre, y todo mi cuerpo, se calentaban. Tal vez desde el momento en que me senté sobre sus piernas ya estaba así.
Frente a un hombre cuyo deseo parecía estar a punto de desbordarse tan solo por compartir el mismo espacio conmigo, era imposible no reaccionar. Me gustaba demasiado.
Su rostro, su cuerpo, su carácter delicado y amable.
Los brazos con los que me rodeaba comenzaron a apretarme con más fuerza, y nuestros vientres se juntaron sin dejar espacio. A través de las telas, no muy gruesas, su parte se agitaba y me rozaba por debajo.
Desde el momento en que presencié en la biblioteca la escena explícita entre un hombre y una mujer, mi ropa interior se había humedecido sin remedio.
Y al ser consciente de eso, supe que tenía que admitirlo de una vez. No quería que esto terminara solo en un beso. Quería hacer cosas más indecentes con él.
Abrí los ojos un instante para ver a Lionel, completamente absorto en el beso, y con cuidado me levanté la falda y comencé a mover mis caderas suavemente.
En la habitación de Vivian, Danteer también se había unido con una doncella en una posición similar.
Aunque yo todavía llevaba puesta la ropa interior y Lionel ni siquiera había desabrochado su cinturón, si alguien nos viera así, no sería extraño que creyera que ya estábamos teniendo relaciones.
Con cada roce, mi ropa interior —completamente empapada al punto de ser inútil— se pegaba con precisión a la forma de mi intimidad.
Y aun sabiendo que si seguía así podía incluso mojarle los pantalones, no podía detenerme.
El hecho de que, por mi culpa, Lionel frunciera el entrecejo y soltara gemidos bajos, solo avivaba aún más mi deseo, empujándome a moverme con más audacia.
Bajé las manos que tenía alrededor de su cuello y empecé a tantear su cintura. Mi intención era desabrocharle los pantalones y liberar aquello que, claramente, estaba incómodamente comprimido.
Logré aflojarle el cinturón y abrirle los pantalones sin problema.
Pero solo hasta ahí.
En cuanto toqué sus calzoncillos, Lionel abrió los ojos de golpe y me sujetó la muñeca.
Separó sus labios, brillantes por haber estado lamiéndome y besándome tanto, y habló con la respiración agitada:
—Si seguimos, no podré contenerme.
Y como para demostrar que decía la verdad, aquello que había estado reprimiendo tanto tiempo se levantó de golpe y golpeó contra mi palma a través de los calzoncillos.
Hasta entonces solo lo había intuido, pero al sentir con claridad el tamaño que tenía, me sobresalté y retiré la mano instintivamente.
Era una presencia tan imponente, que si no lo contenía ahora, sentía que algo realmente grave iba a pasar.
Klynn: ¡Serenia tu mamá no crió a una cobarde!

TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ANNAD
RAW HUNTER: ANNA FA