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Capítulo 31

Se le puso la piel de gallina al sentir el roce en su sensible piel. Adeline apartó a Julian sin darse cuenta.

—D- deténgase. Esto es…

—Ha, mierda…

Julian frunció el ceño de inmediato con furia al ver su mano rechazada.

—¿Te crees mucho solo porque eres bonita? Eres solo una empleada de bajo rango, ¿sabes? Gasto más dinero en una hora de lo que tú ganas en un día

Julian no había cambiado nada desde la última vez que lo recordaba.

Especialmente en el sentido de que, si las cosas no salían como él quería, o si alguien lo contrariaba aunque fuera un poco, recurría enseguida a los insultos y la violencia.

—¿Acaso dije que te iba a arrastrar a la fuerza? ¿Qué mierda te pasa, por qué me miras así…? Ni siquiera tienes la decencia de sonreír. Te estoy diciendo que, si te portas bien, te llevaré a un buen lugar. ¿No es algo bueno también para ti también?

Riéndose entre dientes, Julian insinuó que al final ella había venido a este lugar para atrapar a algún cliente adinerado y cambiar su vida.

—Seguro que ya te divertiste con otros clientes aquí, ¿y ahora te haces la inocente? Basta, ven aquí. Hoy voy a hacer que pierdas la cabeza.

Después de soltar un montón de insultos, Julian pareció haberse calmado un poco y agarró bruscamente la mano de Adeline.

La sangre de Adeline, que temblaba sin parar, se heló de repente. Hasta hace un momento, había logrado aferrarse con dificultad a su sentido común, pero el temor de que pudiera ser arrastrada la paralizó por completo.

—¡N-no! ¡Suéltame!

—Mierda, esta perra se pone así incluso cuando uno intenta ser amable. ¿Necesitas que te golpeenpara que entres en razón?

Fue entonces cuando ella notó que la voz de Julian tenía un leve arrastre por el alcohol.

Siempre estaba borracho de esa manera, y estaba tan acostumbrada a que hablara así, que incluso tardó en darse cuenta de el

La mano del borracho Julian descendió violentamente hacia Adeline, y ella cerró los ojos fuertemente sin poder evitarlo.

Pero el dolor que esperaba no llegó.

En cambio, al abrir los ojos, vio a alguien sujetando la mano de Julian.

—Me preguntaba dónde estabas… ¿y ahora resulta que estás tratando con este tipo? No tengo ningún interés en hacer esto entre tres, ¿sabes?

Esa voz arrogante característica resonó con sarcasmo.

El cinismo teñido en los ojos grises del hombre era mucho más frío y feroz que de costumbre.

Sus ojos, ya de por sí afilados, parecían tan filosos que podían cortar, y eso lo decía todo.

Aun así, ¿por qué sentía alivio al ver ese rostro que no mostraba ni una pizca de amabilidad?

El aliento que había estado conteniendo salió de golpe. Una sensación de alivio, como tinta dispersándose en el agua, se esparció por todo su cuerpo desde la punta de los dedos.

Una voz débil y temblorosa emergió de Adeline, que se había quedado paralizada.

—…Señor Hatzfeld. 

*** 

Un poco antes, en una de las salas del club Lambert.

—Deberías cambiar el lugar de reunión la próxima vez, Frey Rosché.

El hombre de cabello negro, que apagaba con fuerza el cigarro que fumaba aplastándolo en el cenicero, habló con un tono sarcástico al hombre frente a él.

—¿El hecho de que siempre me pidas que nos encontremos en Lambert es solo una forma amistosa de invitarme a tomar algo?

—No seas así. Ya sabes, ¿no? Que no lo hago porque me guste. Es que mi hermano mayor es muy desconfiado.

Frey se encogió de hombros, diciendo que, si no aparentaba que estaba simplemente divirtiéndose, la situación podría complicarse.
El hombre frente a él, Frey, tenía la apariencia de lo que comúnmente se llama un “ratón de biblioteca”. Su flequillo cubría por completo su frente, llevaba gafas de montura redonda, y su camisa de cuadros combinada con una corbata bien ajustada parecía parte de su piel.

N/T: Le deje como ratón de biblioteca, pero se refiere a una persona de apariencia pulcra y refinada.

Especialmente su cabello castaño verdoso, que bajo la luz lo hacía parecer un erudito.

Por eso nadie sospechaba que este erudito fuera el primer colaborador de Jack Hatzfeld.

Aunque claro, el lugar también ayudaba a que nadie se diera cuenta.

—Jack, ahora que lo pienso, ¿cuánto tiempo ha pasado desde que entraste en Crawford desde Mathes? ¿Dos años? ¿O ya van tres?

—Fue después de que terminó tu exilio, así que tres años.

Jack respondió mientras sacaba otro cigarro de su estuche y se lo ponía en la boca.

Él y Frey se conocieron en el Ducado de Mathes, la tierra natal de Jack.

Y fue precisamente por eso que Frey pudo convertirse en su primer aliado.

Jack recordó la primera vez que lo conoció. Fue también en un bar, similar a este.

La diferencia era que, en aquel entonces, Frey tenía aún más apariencia de ratón de biblioteca, probablemente el triple que ahora.

Frey, con unas gafas de montura mucho más gruesa que las actuales, se le acercó y le dijo:
—T-tú. Dicen que vas a ir a Crawford, ¿cierto? Yo te ayudaré. Pero tú también tienes que ayudarme a mí.

En otras circunstancias, Jack no habría prestado atención a esas palabras. Pero Jack tenía un talento innato para identificar lo que valía la pena, ya fueran objetos o personas.

Frey tartamudeaba, intimidado por Jack, y sus ojos tras las gruesas gafas se veían tímidos.

Aun así, Jack evaluó que el tenía un valor alto como inversión.

Porque en Frey podía verse una determinación tan fuerte que sobrepasaba todos sus defectos.

Una determinación muy parecida a la que Jack había tenido en el pasado.

«Dicen que los títulos nobiliarios son un tema muy sensible para los aristócratas».

Por eso, para evitar disputas por la sucesión, muchas familias optaban por enviar al extranjero a los hijos que no fueran herederos, bajo la excusa de que era por estudios.

A eso se le llamaba, en palabras vulgares, “exilio”. Y Frey era uno de esos casos.

Frey solía lamentarse constantemente frente a su socio, Jack. Por más que no quisiera, el terminó conociendo bien su historia.

{—Viví toda la vida siendo ignorado por mi hermano, y hasta me arrebató a la mujer que me gustaba.}

Dijo que quería vengarse. De su hermano mayor y de su padre, quienes lo habían exiliado. Y también quería recuperar a esa mujer.

Lo primero podía entenderse. Lo segundo, era más difícil. Según había oído, la mujer que su hermano le arrebató era simplemente alguien a quien Frey había amado en secreto.

Nunca llegaron a salir juntos.

¿Entonces cómo podía decir que se la arrebataron?

De todos modos, después de pasar por varias situaciones juntos, Frey empezó a considerar a Jack como un amigo cercano.

Y a cambio de ayudar a Frey con su venganza, Jack pudo entrar al círculo social del Imperio Crawford mientras mantenía un perfil bajo.

«Aunque tenga esa pinta, Frey conoce bien las costumbres y etiqueta de la nobleza de Crawford».

Frey era un socio útil.

Hasta ahora sus intereses habían coincidido, y el hecho de que el lo viera como un amigo facilitaba aún más las cosas para Jack.

Porque alguien que te considera cercano es más fácil de manipular.

Más que nada, Jack a veces sentía una especie de afinidad con Frey.

Ambos habían deseado a alguien que no podían tener. Ambos sentían que sus vidas les habían sido arrebatadas por otros.

«Querer vengarse… sí, eso también tenía sentido».

La razón por la que Jack se unió a Frey y entró en el Imperio de Crawford…

Era porque había una deuda que necesitaba saldar.

Mientras tanto, Frey tomó su vaso de whisky y lo bebió de un trago, sacudiendo la cabeza con decepción.

—Te lo dije, debimos matar a mi hermano. Si lo hubiéramos hecho, no tendríamos que estar actuando en un lugar como este.

—Si vas a hacer eso, hazlo tú solo. No me arrastres contigo.

Si todo pudiera resolverse simplemente matando a alguien, Jack no estaría haciendo todo esto.

Al contrario, la muerte era un obstáculo.

En su mente apareció el nombre de alguien que había muerto hacía aproximadamente un mes:
«Diego Zeller».

¿Cuánto le había sorprendido y devastado su repentina muerte?

En aquel momento, Jack incluso llegó a sentirse desepcionado respecto a todo.

La razón era simple.

—Jack, ¿no dijiste que tenías cuentas pendientes con la Casa Ducal Zeller?

—Sí. Fue una lástima que el duque Diego Zeller muriera.

La razón por la que Jack entró a Crawford…

La razón por la que rechazó otras propuestas y aceptó encargarse de la administración de los bienes de la Casa Zeller, presentándose como un miembro interno de la misma.

Todo fue por venganza contra la Casa Ducal Zeller.



TRADUCCIÓN: ARIETTY
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK


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