Capítulo 3
Al momento de enfrentarlos, se le cortó la respiración.
—…No quiero.
Arrojaron la Casa Zeller a la basura y ¿Ahora quería darle explicaciones?.
¿Qué clase de explicación podría haber?
¿Acaso recitarán su hipocresía, admitiendo que arruinaron a los Zeller para su propio beneficio?
«No importa cuál sea esa explicación…»
No deseaba escucharla.
Tambaleándose, Adeline retrocedió sin pensar, sus pasos dirigiéndose hacia las escaleras.
Sin embargo, no se dio cuenta:
de lo inseguros que eran sus pasos, con las piernas sin fuerza,
Y de lo peligroso que era estar en las escaleras sin siquiera agarrarse a la barandilla.
El lugar donde pisó al retroceder no era un escalón, sino el vacío.
Para cuando lo comprendió, su cuerpo ya estaba cayendo.
—¡Adeline!.
Al caer, Adeline leyó las expresiones en los rostros de los tres hombres.
¿Cómo es posible que hombres con personalidades y apariencias tan diferentes tengan expresiones tan parecidas?
Sus caras, teñidas de desconcierto y urgenciacomo si fueran ellos los que cayeran, no ella, le arrancaron una risa amarga sin querer.
Era ridículo.
«Si muero, hasta les estaría haciendo un favor.»
Habían destruido la Casa Zeller, que era su vida misma… ¿Y ahora ponían esas caras?.
Esa fue la última escena que Adeline vio en su vida.
Con ese pensamiento, siguió cayendo… y cuando abrió los ojos de nuevo:
—¡Señorita! ¿Tuvo una pesadilla? Bueno, es comprensible… Solo ha pasado una semana desde que falleció el Duque…
Tres años atrás, justo después del fallecimiento de su padre.
Había regresado a la Casa Zeller, antes de su ruina.
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Lo primero que hizo al despertar fue verificar el calendario, pero no había error:
«Todo es igual que en mi memoria».
Adeline había retrocedido exactamente una semana después de la muerte de su padre.
El vestido negro que llevaba desde el funeral de su padre, el interior de la mansión decorado con flores de lirios en señal de luto.
Incluso los sirvientes que había despedido por no poder costear sus salarios… todo coincidía con sus recuerdos.
Al confirmarlo, estuvo a punto de llorar de alegría.
«No sé por qué he vuelto al pasado, pero…»
Y si iba a regresar, ¿no podría haber sido antes de la muerte de su padre? Aunque, en realidad, ya no importaba.
«Esta es una oportunidad».
Una oportunidad para cambiar el destino de la familia Zeller.
En cuanto se dio cuenta de que había regresado al pasado, Adeline evaluó la situación actual.
Una semana después de la muerte del Duque Diego Zeller.
—Hace poco más de un mes que me gradué de la Academia.
Proud Academy, el instituto imperial donde los hijos de la mayoría de la nobleza estudiaban por tradición.
Se graduó de la academia este año, y poco después, Diego enfermó repentinamente y falleció un mes después.
«Fue entonces cuando lo supe.»
Que la familia Zeller estaba endeudada.
Ahora que Adeline heredaría el título ducal, también asumiría todo lo que conllevaba:
Incluyendo las deudas de los Zeller.
{—Lo siento, hija mía… Te dejo una carga demasiado pesada.}
Creía que las últimas palabras de Diego se referían al peso de heredar a la familia.
Pero en realidad, hablaba de las deudas.
Ahora lo sabía:
Las finanzas actuales de la familia Zeller no son suficientes para pagar sus deudas, y mucho menos para los impuestos de sucesión.
«No tengo dinero para pagar al banco ahora mismo, así que la mansión está a punto de ser embargada».
Lo más urgente, por supuesto, era el préstamo bancario que usaba la mansión como garantía.
Si no conseguía el dinero en un mes, la caída de la Casa Zeller sería cuestión de tiempo.
Así que, en su vida pasada, Adeline contactó a todos.
Desde familias que llevaban mucho tiempo asociadas a la familia Zeller hasta amigos que había conocido en la academia.
Pero solo recibió condolencias y palabras de consuelo.
Era lógico.
Ahora, la familia Cheller sólo tenía un joven sucesor que acababa de graduarse de la academia, y el dinero que quería pedir prestado era una suma enorme, ya que tenía de garantía a la mansión.
Incluso el Conde Middleton, el más cercano a su padre Diego, le dijo en el funeral:
—Qué pena… parece que Diego no te dejó preparada. Aunque sí insistió en protegerte… ¿Cómo esperaba que pagaras semejante deuda?.
Era el único externo que conocía, aunque vagamente, la magnitud de las deudas de Zeller.
—Simplemente renuncia a la herencia. Tu padre debió estar delirando al final.
Si renunciaba a la herencia, el conde Middleton se ofreció a ayudar a Adeline a encontrar trabajo.
Pero Adeline no podía aceptarlo.
—Agradezco su preocupación, pero deseo honrar el legado de mi padre. Quiero vivir, como él lo hizo, por el honor de la Casa Zeller.
Adeline amaba a su padre Diego, y también amaba a la familia Zeller.
Su vida como heredera había sido un orgullo constante.
Así que comprendió plenamente por qué Diego le había pedido que cuidara de la familia.
«¿Cómo no iba a saberlo?»
Era imposible ignorar el deseo de proteger lo que amas.
Adeline no tenía intención de renunciar al Ducado de Zeller.
Ni en el pasado. Ni ahora.
Recordó la escena final antes de su regreso:
{—¡Adeline.}
La mano que se extendía hacia ella, y los rostros de los tres hombres, oscurecidos por la confusión y la desesperación por alguna razón.
«Sin duda, estaban coludidos.»
Jack, Millen y Carlyle.
Hasta donde Adeline sabía, no tenían motivos para asociarse… y, sin embargo, parecía natural verlos juntos.
Además, las palabras de Carlyle y Millen.
{—… No pasa nada si no me cree, señora. Pero tanto Millen como el Sr. Hatzfeld, actuaron por el bien de la joven.}
{—No se entrometan. Yo organicé esto, así que seré quien lo explique.}
Solo de pensarlo, le brotaba una risa amarga.
«Fue una confesión descarada.»
Los tres, admitiendo que habían conspirado para destruir la Casa Zeller.
¿Cuánto la habían subestimado para decir algo así?
Podían permitirse decir esas cosas porque sabían que, aunque descubriera la verdad, no podría hacer nada.
Pero no hay necesidad de estar triste.
Gracias a eso, ahora que había vuelto en el tiempo, sabía exactamente qué hacer para salvar la Casa Zeller.
«Si lo hago bien, incluso podría mejorar la situación comparada con la anterior.»
No. Lo haría.
Definitivamente lo haría
Adeline estaba frente al retrato de su difunto padre, el Duque Diego Zeller.
El cuadro encargado en su infancia a un pintor famoso era tan grande y realista que ocupaba la pared entera.
Adeline recordó las palabras de Diego cuando le mostró el cuadro recién terminado.
{—Este es un retrato que pinté para ti, Adeline.}
{—¿Por qué? ¡Es el retrato de mi padre! ¡Es exactamente igual!}
{—Solo tienes a este padre. Tu madre también falleció después de darte a luz… Mi hija debería tener al menos algo a lo que recurrir cuando me extrañe.}
Para Diego, lo más preciado había sido su hija.
Y tal como él deseaba, en momentos difíciles, Adeline buscaba el retrato como si buscara a su padre.
Ahora que había regresado al pasado, era igual.
Adeline miró a su padre en el retrato y apretó el colgante que llevaba al cuello.
Una reliquia heredada por generaciones entre los líderes de la Casa Zeller.
Adeline también recibió el colgante de Diego.
Era natural que lo llevara, incluso lo tenía puesto al caer por las escaleras.
«…¿Fue usted quien me protegió, padre?»
No lo sabía con certeza, pero quería creerlo.
Porque proteger al Ducado de Zeller también era algo que Diego quería.
«Definitivamente lo protegeré. No desaprovecharé esta oportunidad.»
Ahora que había regresado, no sería la ingenua ignorante de antes.
Ni ante Millen, ni Jack, ni Carlyle.
Ante nadie.
Aus: ¿No tienen el presentimiento de que todo fue un teléfono descompuesto? 🫠

TRADUCCIÓN: AUS
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK