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Capítulo 28

—¿Están paradas?  

—La cosita pequeña parpadea. Mira, aquí.

«¿En serio?» Por más que miraba fijamente la pantalla, no lograba distinguir nada. Incliné la cabeza confundido, moviendo solo los ojos, cuando de pronto Chase giró bruscamente hacia el Dr. Jeffrey.  

—Hyung. ¿Por qué el bebé es un leopardo?

—…

La protesta inesperada dejó sin palabras tanto al doctor como a mí. «Si es un leopardo, es un leopardo, ¿por qué preguntar por qué es un leopardo…?»  

Parece que el doctor pensó algo similar, porque miró a Chase con incredulidad antes de preguntar:  

—Entonces, ¿por qué tú eres un leopardo?

Era exactamente lo que yo pensaba. ¿Será que no le gusta que el bebé sea así? Aun así, después de causar el problema él mismo, ahora estaba cuestionando cosas absurdas al pobre doctor. ¿O espera…? ¿Fui yo quien causó el problema?  

Como fue la anterior Leoruca quien tomó el inductor de rut, estaba reflexionando sobre quién era realmente el responsable de este “accidente”, cuando Chase continuó abruptamente:  

—No. ¿No será un error? No creo que sea un leopardo.

—Entonces, ¿qué crees que es?

—Un cachorro.

—…

El doctor volvió a quedarse sin palabras. Sin embargo, al escuchar eso, mis orejas se pararon de inmediato y entrecerré los ojos para examinar detenidamente la pantalla negra.  

—¿En serio? ¿Parece un cachorro?

—Mira aquí. La colita redonda como un pompón se parece a ti.

—Solo parece un punto… ¿En serio?

Siguiendo el dedo de Chase, tal vez sí se parecía un poco. ¿Habrá estado equivocado el doctor? ¿Acaso el padre conoce mejor al bebé que el médico? Justo cuando estaba a punto de meter la cabeza en el monitor para ver mejor… 

—¡Qué tontería es esta…! ¡Los resultados de la prueba de feromonas lo confirmaron! ¡Y eso no es una cola, es solo una sombra!

-—Ah…

Con razón. Suspiré mientras apartaba el dedo de Chase, que seguía señalando la pantalla. Pero él, terco como siempre, insistió:  

—Vale, digamos que es un leopardo. Entonces…

—No es “digamos”, ¡es que es un leopardo!

—¿De qué color es? ¿No será blanco?

—…  

¿Acaso podía distinguir eso en algo tan pequeño como un guisante? Mientras Chase acosaba al doctor, volví a mirar fijamente la pantalla. Mis ojos seguían sin ver nada. ¿Los leopardos negros tendrán también una vista excepcional?  

—Oye, ¿crees que eso se ve en un ultrasonido? ¿No ves que la pantalla está negra?

—Las orejitas parecen rosadas…

—¡No es momento para tus fantasías!

Al parecer, Chase había estado imaginando cosas. Aliviado, compartí mi propio deseo:  

—Doctor, ¿no podría ser un leopardo negro?

—Eso no lo decido yo.

—Un bebé leopardo negro sería tan adorable…

«Imagínense un pequeñín de color negro moviéndose frente a nosotros… ¡Qué preciosidad!» Mientras me perdía en mis pensamientos, Chase hizo un sonido de desaprobación con la lengua.  

—Los leopardos no son particularmente tiernos. Aunque, los blancos son más lindos, ¿no?  

—¡Qué dices! ¡Un bebé negrito sería precioso!

Precisamente mi deseo de tener este bebé nació al ver las fotos de Chase de pequeño. No saben lo adorable que se veía el bebé Chase con su cabello negro como seda y esos ojitos brillantes como cuentas de ébano.  

Refunfuñando por su falta de gusto, volví a mirar el monitor. Ahora que lo mencionaba, en una esquina parecía distinguirse algo como un frijolito negro.

—Por mucho que discutan, eso no cambiará la realidad.

El doctor arrojó otro baldazo de agua fría, pero igual señalé una esquina de la pantalla. Sin duda, ese puntito negro era el que más se parecía a Chase.  

—Chase, ¿esto es el bebé?

—Sí. Mira, aquí tiene las orejitas paradas.

—¿Eso que está parpadeando son las orejas levantadas?

—Ajá. Y esto redondo es la cola. ¿No te parece que es blanco?

—¿En serio…?  

Entonces, el doctor se levantó en silencio y señaló el lado opuesto de la pantalla:  

—El bebé está aquí.  

—…

—…

Bajé la vista avergonzada junto a Chase, que se había quedado mudo. El doctor le dio un golpecito a Chase y preguntó:  

—Dejen las tonterías… ¿Ya decidieron el nombre provisional?

—¿Nombre provisional?  

Chase me miró con expresión confundida. Aunque él no parecía haber pensado en ello, yo sí tenía algunas ideas. Asentí con entusiasmo y anuncié:  

—¡Yeontan!*

*N/T: Significa carbón o carbonsito.

Tras pensarlo un momento, añadí:  

—¡Antracita!  

Y luego probé con otra opción:  

—¡Frijolito negro!  

Pero de pronto me preocupó que el bebé heredara mis rasgos y terminara siendo un pequeño punto negro como yo, así que me apresuré a corregir:  

—¡No, mejor Bolita de carbón!

Preferiblemente debería parecerse a Chase. Sería lindo si fuera niño, pero si era niña sería una belleza incomparable. Aunque… ¿no sería problemático si crecía y era demasiado hermosa? Pero de todos modos quería ver mi mini versión de un leopardo negro…

Mientras reflexionaba profundamente sobre el futuro del bebé, Chase me miró de reojo y respondió:  

—Pompón. 

—¿Eh? ¡Qué Pompón ni qué Pompón!

—Blanquito tampoco estaría mal.

—Pero si es un leopardo…

—No. ¿Qué dijo Taylor esa vez? Ah, sí, “Bapoori”.*

*N/T: Significa grano de arroz hace referencia a que el bebé sea un cachorro blanco como Leoruca.

—¿Te estás burlando de mí?

—Estamos eligiendo un nombre temporal. ¿Paranoias?

—¡Ese es mi apodo! 

Cada vez que iba al Club en forma de cachorro, Taylor se burlaba llamándome “Bapoori”. No entendía qué resentimiento lo llevaría a querer ponerle ese apodo al bebé. Molesto, le pedí auxilio al doctor:  

—Doctor, ¿no le parece lindo “Yeontan”?

—La verdad… no me interesa mucho…

El doctor, con cara de cansancio, nos echó agitando las manos. «¡Pero si él mismo había preguntado!»

Mientras nos retirábamos de la consulta, de pronto giré y me acerqué rápidamente al doctor. Chase, que ya había salido, me miró confundido, pero le dije que solo sería un momento y cerré la puerta de golpe frente a su hermosa cara, que seguramente se deformó de frustración.  

—Luego te consiento. ¡Quédate solo un ratito!

Grité hacia la puerta cerrada. El doctor parpadeó sorprendido. Lo tomé del brazo y pregunté en voz baja:  

—Doctor, ¿se puede tener náuseas matutinas incluso si no te gusta la otra persona?

—Ah, ¿así que era eso?

El doctor sonrió mientras se ajustaba los lentes. Yo me quedé más confundido. ¿Qué era “eso”? ¿A qué se refería?  

Pero sus siguientes palabras me aliviaron:  

—No es imposible. Dicen que el vínculo debe ser profundo, pero los estudios muestran resultados divididos. 

—¿En serio? ¿Entonces podrían ser solo problemas digestivos en vez de…?

—Como sea, no se preocupe. Conozco a Chase, y dudo mucho que ese sea el caso.

«¿Qué caso ni qué caso? ¡¿Por qué sigue hablando con medias palabras?!»

Me sentí aliviado por un momento, solo para recibir un golpe inesperado. Mientras parpadeaba confundido, la puerta se abrió de golpe detrás de mí.

—Oye, cachorro. ¿Qué hacen los dos ahí dentro? Salgan ahora mismo.

El malhumorado leopardo negro no pudo contener su temperamento ni un minuto más. El doctor se encogió de hombros y agitó las manos como quitándonos importancia.  

—Está celoso. ¿De qué te preocupas si actúa así? Anda, ve con él.

—¿Qué? ¿Celoso…?

«¿¡Eso le parecen celos!? ¡¿Seguro que es médico?!»

Mientras me preparaba para protestar, Chase entró con pasos largos y me miró fijamente con el ceño fruncido. Me molestó que tuviera que agacharse tanto para mirarme, y mi expresión se tornó fría. ¿Para qué necesitaba tener las piernas tan largas? Hacía que yo, con mi estatura promedio, pareciera diminuto.  

—¿De qué hablaban? Hyung, ¿qué te dijo él?

—Míralo. ¿Otra vez celoso?

—¿Qué tonterías dices? Cel… ¿qué? ¿Quién está…?

—¡No es eso, doctor, usted no sabe nada!

Nuestras voces protestando se encimaron en el aire. Pero el doctor, haciendo caso omiso a nuestras quejas, se limitó a sacudir la cabeza mientras nos empujaba hacia la salida.  

—No interrumpan más mi trabajo. Tengo que atender al siguiente paciente.

—No hay nadie esperando. ¿Acaso tu clínica está en quiebra?

—Oye, Chase. Puedes pelearte conmigo, pero sé más amable con Leoruca. ¿Acaso tienes siete años? ¿Por qué le hablas con mal genio a alguien que te gusta? El está preocupado.

—¿Qué es eso de que me gus…? ¿Quién…? ¿Preocupado por qué?

—¡No es nada! ¡Salgamos ya!

Empujé la espalda de Chase con ambas manos para salir del consultorio. No había ganado nada, solo malentendidos del doctor, lo que me dejó un mal sabor de boca.  

Chase seguía mirándome con curiosidad sobre lo que había hablado en privado con el doctor, pero fingí desinterés y jugueteé con mi teléfono. Como si alguien fuera a contactarme… además de él.

—¿Eh? 

Había un mensaje. Y no cualquiera, sino el que tanto había esperado.  



TRADUCCIÓN: ELIZA
CORRECCIÓN: HASHI
REVISIONISMO: ELIZA


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