Capítulo 25
—Ubícate, Huberg Roman Bellof. Hasta ahora solo te había prestado atención por consideración a Millen, pero ya no hay motivo para seguir haciéndolo. Así que tenlo presente. No volveré a saludarte la próxima vez.
Adeline dejó esas palabras frías como despedida y se marchó.
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La conversación con Huberg le resultó desagradable, y olvidó aquel encuentro con rapidez.
Después de todo, no era algo que mereciera ser recordado por mucho tiempo.
Pero ahora que lo pensaba… le entró una repentina curiosidad: ¿hasta qué punto sabía Huberg?
«Seguramente sabía que Millen me había propuesto matrimonio.»
Por eso fue que preguntó por qué no había aceptado. Y si sabía eso… ¿también sabría la razón por la que Millen quiso casarse con ella?
«¿Y las palabras que dijo el Príncipe Kaiden… también tendría idea de eso?»
Al menos, siendo su hermano, Huberg debía conocer una buena parte de la historia. Y eso solo significaba una cosa: que Adeline debía volver a reunirse con él. El único problema era que Huberg no era precisamente un noble ejemplar ni comprometido.
—Huberg no fue a la academia, y tampoco parece tener una relación estrecha con los otros nobles de la alta sociedad.
Claro que eso no era por falta de habilidades sociales, ni por despreciar a los de su propia clase pese a ser Marqués.
«Por lo que he visto, Huberg siempre se rodeaba más bien de empresarios.»
De hecho, más que “empresarios”, tal vez “financieros” o “inversionistas” sería una descripción más acertada. En el círculo en el que se movía Huberg había de todo, además de empresarios prometedores.
Desde personas que se habían hecho ricas de la noche a la mañana gracias a inversiones inesperadamente exitosas, hasta individuos que, sin un título relevante, habían heredado grandes fortunas.
Su estatus social, su carácter, sus orígenes… todos eran distintos. Lo único que tenían en común era el dinero. Nada más.
«Supongo que por eso fue que llegué a encontrarme con Julian.»
Julian era, después de todo, el perfecto representante de ese tipo de personas con las que se relacionaba Huberg. El problema era que, precisamente por eso, Adeline no sabía qué tipo de encuentro debía fingir para poder reunirse con él.
Si iba directamente a la Mansión Bellof, lo más probable es que se encontrara con Millen antes que con Huberg. Por eso le preguntó a Jack si conocía algo sobre él.
—Tú tienes muchas conexiones. Y también buena información.
Adeline intentó endulzar un poco sus palabras al decirlo, pero Jack alzó una ceja, escéptico.
—No soy muy fan de que me alaben de ese modo, ¿sabes?
—Aun así, si sabes algo, dímelo. ¿Sabes dónde puedo encontrar a Huberg?
La expresión de Jack cambió por un instante tras oír la pregunta. Parecía ligeramente molesto, como si realmente lo que había dicho antes sobre no disfrutar ese tipo de halagos fuera sincero.
Pero al mismo tiempo, había cierto interés en su mirada. Como si la pregunta de Adeline le resultara curiosa. Se quedó en silencio por unos segundos, como si meditara algo, y luego respondió:
—…Lo sé. Aunque no recomiendo visitarlo, sinceramente.
—Dímelo de todos modos. Si voy o no, eso lo decidiré yo.
—Es solo que me da curiosidad. Me cuesta entenderlo, ¿sabes? —Jack la observó fijamente y ladeó la cabeza—. Adeline, sabías todo sobre el territorio del Vizconde Monarhen, información que yo consideraba confidencial… e incluso conocías el anillo de la familia Barrett, ¿cierto?
—…Sí.
—¿Y aun así vienes a preguntarme por los movimientos de una sola persona, Huberg Roman Bellof? Creí que tu informante era competente, pero parece que tampoco era gran cosa. Qué absurdo.
A esa última frase le siguió una risa áspera, que le subió desde la garganta como una hoja afilada. La actitud distendida que había mostrado Jack hasta entonces ya se había tensado de nuevo, con filo.
Desde el principio, no era cierto que hubiera ido a la mansión Zeller a altas horas de la noche solo para recibir un cumplido, como había dicho.
«Es verdad que quería comprobar si todo había salido bien…»
Pero pedir un beso en la mejilla como compensación por el favor… no era ni remotamente su verdadero objetivo. Desde el principio, Jack solo quería descubrir quién era la fuente de información de Adeline. Sin embargo, al ver su rostro apagado, había decidido posponer esa confrontación para otra ocasión. Y aun eso, ahora, se sentía como un plan fallido.
«No hay forma de seguirle el paso.»
Un sentimiento difícil de definir, mezcla de molestia y resignación, le recorrió la espalda. Cada vez que pensaba que podría manejarla a su antojo, Adeline retrocedía un paso y salía con algo completamente inesperado. ¿Y quién no se sentiría como si le arrebataran un caramelo que ya tenía en la punta de la lengua?
Jack, pasándose una mano por el cabello que le caía sobre la frente, dejó escapar una breve risa sin alegría.
—Como te veías de mal humor, pensé en consentirte un poco antes de irme. Pero mi querida novia resulta ser más ahorrativa de lo que pensaba. Siempre aprovechándose de mí a la menor oportunidad…
La voz de Jack murmurando para sí ya no contenía siquiera una sonrisa irónica.
Aunque, claro, eso no significaba que tuviera intención de rechazar la petición de Adeline. Metió la mano en su chaqueta y sacó una pluma de bolsillo y una de sus tarjetas personales. Luego, garabateó algo con prisa en la parte trasera de la tarjeta y se la tendió.
—Si vas aquí, seguramente lo encontrarás. Últimamente entra y sale de ese lugar como si fuera el salón de su propia casa.
Adeline tomó la tarjeta y leyó lo que estaba escrito.
[Club Lambert]
Sorprendentemente, no era un lugar desconocido para ella.
«Club Lambert… he oído hablar de él.»
Lambert era un club social exclusivo para hombres de clase alta. De hecho, en el pasado, Julian solía ir más seguido allí que a la misma Mansión Zeller.
Mientras tanto, Jack, que ya había guardado la pluma en el interior de su chaqueta, señaló la tarjeta y añadió:
—Si vas a Lambert, te recomiendo que me avises con antelación. No es un sitio al que debas ir sola.
—Bueno… gracias.
Así como a los hombres no se les permite entrar en las reuniones sociales exclusivas para mujeres nobles, que Adeline visitara sola un club masculino tampoco era algo muy recomendable. Aunque, claro, no tenía intención de aceptar la ayuda de Jack, tal como él sugería.
«Si me esfuerzo, encontraré la manera.»
Que Jack estuviera siendo tan colaborador era algo que Adeline no esperaba. Pero eso no significaba que pudiera confiar plenamente en él. Siempre se mantenía alerta para no dejar que Jack tuviera ningún control sobre ella.
«No puedo dejar que se obsesione con la Casa Ducal Zeller.»
Si Adeline le devolvía todo el dinero invertido, lo único que Jack obtendría sería una suma de dinero. Pero, para alguien con su fortuna, incluso una gran suma seguramente no sería más que calderilla.
«Lo único tranquilizador es que tiene a alguien a quien ha amado por mucho tiempo…»
Y aun así, prefería evitar cualquier riesgo innecesario. Aun así, Jack estaba siendo más cooperativo de lo esperado. Y además, no parecía pedir nada a cambio por sus favores.
«¿Debería verlo como una señal positiva?»
Mientras Adeline se lo preguntaba, Jack, con indiferencia, se dio dos toques en los labios con los dedos.
—Yo no hago tratos sin recibir algo a cambio, Adeline.
Al comprender el significado de ese gesto, el rostro de Adeline se torció de inmediato.
—…¿Otra vez?
No hubo respuesta.
Ese silencio era una afirmación tácita. Como hace un momento, estaba pidiendo su “pago” por el favor hecho. Solo que, esta vez, no lo quería en la mejilla… sino en los labios.

TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK