Capítulo 24
―Por supuesto que sí.
El juez Regan me miró como preguntándome qué iba a hacer. Sin querer, me humedecí los labios secos con la lengua y miré alternativamente al juez y a Nathaniel.
―Yo tampoco tengo objeciones, pero….
La sensación de desconfianza hizo que mi voz se desvaneciera al final. Mientras miraba a Nathaniel con el ceño fruncido, el juez Regan, que había gemido un momento antes, dijo:
―Como usted sabrá, también necesitamos seleccionar al jurado y asignar una sala para el juicio, una semana no es suficiente… En fin, entonces fijaremos la fecha lo antes posible, ¿de acuerdo?
Esta vez, el juez Regan me miró a mí. Como si estuviera verificando. No tuve más remedio que asentir.
―De acuerdo.
―Entonces.
Nathaniel, sin perder más tiempo, se levantó de su asiento. Tras el chirrido de la silla al ser empujada, cuando él se enderezó por completo, sin darme cuenta, ya lo estaba mirando hacia arriba.
―Hasta la próxima, señor juez Regan.
Después de un breve apretón de manos con el juez, Nathaniel me hizo un pequeño saludo con la mirada y entonces se dio la vuelta sin dudar. Tal como cuando entró en la habitación, apoyado en su bastón, salió al exterior con pasos lentos y medidos.
Tardíamente reaccioné, me despedí apresuradamente del juez Regan y salí tras él. Al salir al pasillo, pude verlo de inmediato. Debido a su andar incómodo, Nathaniel no se había alejado mucho.
―¡Señor Miller!.
Al oír mi voz, se detuvo y se volvió. Nathaniel esperó en silencio mientras yo me acercaba casi corriendo.
―¿Qué está pasando?.
Finalmente pregunté lo que había estado cuestionándome todo el tiempo. Nathaniel ladeó la cabeza como si no entendiera. Pacientemente, volví a preguntar:
―Lo del abogado, ¿por qué se ha hecho cargo usted personalmente?.
―Ah….
Solo entonces, como si lo hubiera entendido, suspiró en voz baja. Me pareció que sonaba un poco decepcionado, pero eso no me incumbía. Había otro problema más importante.
Por lo que yo sabía, este hombre se especializaba en derecho económico. Era conocido por ser un experto que defendía todo tipo de corruptelas y abusos de grandes corporaciones, dejando a las víctimas hechas trizas. Que de repente se hiciera cargo de un caso penal era inesperado. Sobre todo, nunca imaginé que Nathaniel Miller aparecería personalmente en un juicio. Era una situación cuya intención no lograba descifrar, pero la respuesta que vino después era aún más difícil de comprender.
―Despedí al abogado anterior.
Por un momento, me quedé atónito y parpadeé. ¿Despedir? ¿Lo echó?
Recordé vagamente el rostro de ese hombre engreído con su traje caro, y tardíamente comprendí sus palabras.
«¿En serio?» No podía creerlo, pero era impensable que Nathaniel Miller bromease sobre algo así.
―Despedirlo por no lograr un acuerdo….
Lo musité sin querer, pero la razón era diferente a lo que yo pensaba. Nathaniel entrecerró los ojos y me corrigió:
―Hizo que mi cliente tuviera que ir a juicio.
―¿Está diciendo que fue un error que el caso llegara a juicio?.
Cuando, sin darme cuenta, le devolví la pregunta, Nathaniel respondió como si fuera obvio.
―Por supuesto. Debería haberse cerrado en el Gran Jurado.
Él, que me había dejado sin palabras, habló con rostro impasible:
―Mi firma no necesita gente incompetente.
Me quedé completamente callado.
―¿Algo más?.
Nathaniel me dio la oportunidad, pero no se me ocurrió nada que decir. Inclinó ligeramente la cabeza a modo de despedida y se volvió de nuevo.
…TOK.
El sonido del bastón golpeando el suelo me hizo volver en mí. Nathaniel caminó lentamente por el pasillo. Yo me quedé mirando fijamente su espalda alejarse. No pasaron ni tres días desde entonces hasta que supe la razón de su actitud tan segura.
***
―¿Qué quiere decir con que la prueba fue excluida?.
Ante la voz alterada del detective, respondí lo más serenamente posible.
―Exactamente eso. El abogado de la otra parte presentó una objeción y fue aceptada.
―No, cómo, eso qué….
El detective tartamudeaba, sin poder hilar las palabras. Como yo ya había pasado por lo mismo, entendía perfectamente su reacción. Lo observé por un momento mientras soltaba un torrente de groserías, golpeando la palma de una mano con el puño de la otra, y su compañero le daba palmadas en el hombro como calmándolo. Esperé a que sus emociones se hubieran serenado un poco y entonces hablé.
―No era una prueba tan crucial, así que está bien. Además, tenemos un testigo sólido y la prueba principal sigue intacta.
Al ofrecer mi propio consuelo, el detective que calmaba a su compañero preguntó con el ceño fruncido:
―¿A usted no le importa, señor fiscal? ¿No está enfadado?.
―Claro que no le importará, después de todo, nosotros fuimos los que corrimos día y noche para recoger las pruebas.
El hombre, que contenía su indignación, secundó el comentario con un tono cargado de sarcasmo y resentimiento. Aunque era un reproche injusto, respondí con calma:
―Sí estoy enfadado, yo también.
Bajo la mirada de los dos pares de ojos fijos en mí, recogí los documentos sobre el escritorio con actitud desafiante y añadí:
―Por eso, cuando termine el trabajo, pienso ir a tomar una copa.
―¿Nos acompaña?.
Al levantarme de mi asiento, uno de ellos preguntó como si lo hubiera estado esperando. Sonreí levemente y lo rechacé con suavidad.
―El bar al que voy prohíbe la entrada a hombres casados. Será en otra ocasión.
Por supuesto, era mentira. Pero no necesitaba informarles de mis murallas defensivas. Mirando a los detectives, que habían vuelto a poner cara de enfado, salí de detrás del escritorio y dije sonriendo:
―Todo saldrá bien. Como usted dijo, todavía tenemos todas las pruebas que recogimos día y noche.
Vamos, vamos —dije, dándoles palmaditas en el hombro a los hombres mientras los acompañaba fuera de la oficina, y luego solté un profundo suspiro. Me estaba empezando a doler la cabeza. Necesitaba algo más que alcohol. Algo que pudiera aliviar este estrés e irritación.
***
Por supuesto, sexo.
Me senté en la barra con un brazo apoyado en la mesa, bebiendo cerveza mientras observaba lentamente el interior. Entre las personas que conversaban en parejas, había hombres que aún no habían encontrado compañía y miraban a su alrededor como hienas buscando presa. Apresurarse es malo, pero tardar demasiado es peor. El número de hombres decentes disminuirá gradualmente.
«Como solo será un encuentro, tal vez debería bajar un poco el listón.»
Pensándolo bien, estaba tan ocupado que no tenía tiempo para morir. Pero a partir de ahora, hasta que el juicio termine, se repetirán días en los que estaré encerrado en la oficina sin poder ni siquiera volver a casa como es debido, así que es mejor liberar este estrés acumulado, que parece a punto de estallar, antes de que eso pase.
Creo que la preparación es suficiente, pero el oponente es Miller. No puedo bajar la guardia en absoluto. Debo revisar los materiales una y otra vez y encontrar sus puntos débiles. Porque no sé por dónde intentarán atacar.
―Hola, ¿estás solo?.
En el instante en que recordé el dulce aroma que flotaba alrededor del hombre rubio platino, una voz áspera interrumpió de repente. Sobresaltado, levanté la vista y un hombre me estaba mirando. Con un rostro de barba cuidadosamente arreglada y un atuendo bastante pulcro, no era especialmente guapo, pero tampoco un adefesio como para matar el deseo sexual. Justo en el momento en que había decidido contemporizar, apareció un hombre que parecía ajustarse a ese estándar.

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN TU PATRONA