Capítulo 24
Dentro del auto rumbo al hospital reinaba un silencio absoluto. Siempre era así, pero ese día lo era aún más. Claro, porque el humor de Chase estaba hecho trizas. Todos se limitaban a decir únicamente lo necesario para evitar contrariarlo. Nadie quería provocar un puñetazo o una patada en cualquier momento, así que estaban completamente tensos.
La noticia le llegó a Josh al día siguiente de que Chase despertara. Fue Mark, quien había llegado para el cambio de turno, quien se lo comentó.
{—¿Va a hacerse un chequeo?}
Mark asintió con la cabeza.
{—Sí, por los efectos secundarios del medicamento. En realidad, Laura quería llevarlo de inmediato, pero el manager se opuso. Decía que primero había que coordinar con el director y ajustar la agenda. Al parecer, al final se llegó a un acuerdo. Dadas las condiciones en las que está, no hay muchas opciones… Le dieron dos días más libres. Lo aprovecharán para hacer la visita. Cuanto antes se resuelva, mejor para todos.}
{—…Entiendo.}
Josh asintió brevemente. Después de explicarle algunos detalles de la escolta para el día siguiente, Mark le dio una palmada en el hombro.
{—Ayer hablé con el jefe anterior. Están buscando un nuevo guardaespaldas y la respuesta ha sido bastante positiva. Aguanta un poco más, me dijeron que se apresurarán en volver.}
Josh respondió con una ligera sonrisa. Finalmente, llegó la mañana. Todos se prepararon con rapidez, y solo quedaba esperar a Chase.
Hasta entonces, Josh había tenido una inquietud persistente. El rostro pálido que vio por última vez seguía grabado en su mente. Las rodillas que se doblaban sin fuerza, los hombros que temblaban mientras respiraba con dificultad…
Incluso su expresión, dormido como un cadáver, con los ojos cerrados durante tanto tiempo.
«No puede ser que vuelva a repetirse lo mismo…»
Justo cuando pensaba eso, se abrió la puerta del tráiler, y Chase apareció. Y Josh se quedó inmóvil, con la mirada clavada.
Chase tenía un aspecto inusualmente descuidado: llevaba solo un par de botones de la camisa abrochados, con una chaqueta encima. El cabello, que solía peinar con pulcritud, caía desordenado.
Ese día, daba la impresión de no haberse molestado en arreglarse en absoluto. Aun así, nadie podía apartar la vista de él. Incluso con una simple manta encima, ese hombre provocaría alabanzas. Josh lo recordó de nuevo. Además, tal vez por el estilo relajado, parecía más joven.
De no ser por el ceño fruncido y la expresión cansada, habría sido perfecto.
—No ha dormido casi nada desde que dejó la medicación. Le recetarán algo nuevo, así que debería mejorar pronto.
Laura le susurró desde un lado. Justo en ese momento, Chase se pasó la mano por el cabello y soltó un suspiro. Ese simple gesto sacudió el corazón de Josh sin piedad.
Las largas pestañas caídas proyectaban una sombra sobre su mejilla. Su nariz recta y los labios entreabiertos, pálidos, hacían que el interior rojizo de su boca resaltara aún más.
Josh lo observaba embelesado cuando, de pronto, Chase giró el rostro. Sus miradas se cruzaron al instante. Fueron apenas uno o dos segundos, pero Josh no podía apartar los ojos.
Solo podía mirarlo con los ojos bien abiertos. Chase entrecerró los suyos. Parecía que iba a decir algo, pero cerró la boca de nuevo. Luego, ignorando por completo a Josh, subió al auto.
Josh, que recién entonces recobró la compostura, se apresuró a abrir la puerta del conductor. Chase se detuvo un momento al notar que iban en el mismo auto, pero al final no dijo nada y desvió la mirada.
La voz de Mark se oyó desde atrás.
—Vamos, todos arriba. Tenemos que irnos ya.
Una vez en su asiento, Josh miró disimuladamente por el retrovisor. Se encontró con los ojos de Chase al instante. Sobresaltado, desvió la vista con rapidez, fingiendo no haberlo visto.
En el asiento del copiloto iba Mark, Laura se sentó en el asiento trasero, e Isaac, Henry y Seth los seguían en otro auto. Durante el trayecto, Laura intentó conversar ocasionalmente sobre la producción o la agenda, pero no obtuvo mucha respuesta por parte de Chase. Él no apartó la mirada de la ventana en ningún momento. Al final, Laura también guardó silencio.
Así, en medio de una quietud total, llegaron al hospital tras un viaje de tres horas.
***
—Bienvenidos, ¿el camino fue difícil? Todos tienen mala cara.
Steward, que los esperaba sentado en su consultorio, echó un vistazo al grupo y soltó una broma con una sonrisa. Pero nadie rió.
Su consultorio estaba completamente vacío. A pesar de que era una sala considerablemente amplia, lo único que había dentro era un escritorio grande y la silla en la que él estaba sentado. Ni siquiera había sillas plegables para los visitantes.
«¿Aquí hacen las consultas?», pensó Josh, extrañado.
En ese momento, Steward se levantó de la silla.
—Pasemos a la sala de consultas. ¿Podrían los demás esperar en la sala de descanso? Aquí no es necesario preocuparse tanto por la seguridad.
Tal como decía Steward, en la zona donde estaban agrupados varios laboratorios e instalaciones de investigación, había varios edificios separados entre sí por cierta distancia, y además de tener personal de seguridad, todo estaba cubierto por un sistema automatizado bastante estricto, por lo que parecía imposible que alguien pudiera colarse. Incluso para ingresar a este edificio donde estaba el consultorio, todos tuvieron que pasar un control de identificación bastante riguroso.
Steward ordenó a un empleado que guiara a los acompañantes de Chase hacia la sala de descanso, y añadió:
—Pónganse cómodos. Aquí no va a ocurrir ningún accidente.
Aun así, era una misión, y por eso Mark y los demás decidieron revisar el edificio. Mientras Chase recibía la consulta, eligieron a Isaac para que lo esperara frente a la puerta de la sala. Steward no dijo nada más y se dirigió a la consulta con Chase. Isaac los siguió por detrás.
—Uff…
Después de dividirse para revisar el edificio, todos volvieron a reunirse en la sala de descanso. Seth fue el primero en hablar, dejándose caer sobre un sofá.
—Es más grande de lo que pensaba. Supongo que no hace falta revisar los otros edificios, ¿no?
Mark asintió mientras se servía una taza de café.
—El sistema de seguridad general está bastante bien instalado. Además, si quisiéramos revisar todos esos edificios, tendríamos que pasar aquí la noche. La consulta de C terminará antes de eso.
—Tienes razón —asintió Josh.
Lo único que quedaba era soportar la tediosa espera. Henry, recostado sin cuidado en el sofá, empezó a roncar suavemente.
—¿Qué demonios? —Mark lo miró con incredulidad y luego negó con la cabeza.
Josh, por costumbre, sacó un caramelo para llevárselo a la boca, pero se detuvo. El bolsillo estaba vacío. Seth, que lo notó, sacó tres caramelos a la vez y se los ofreció.
—Gracias.
Josh le agradeció y se metió uno en la boca, justo cuando Mark habló de repente.
—Últimamente se acaban muy rápido los caramelos. ¿No hay alguien que esté comiendo demasiados?
En ese momento, Henry, que estaba medio dormido, se sobresaltó y se incorporó.
—¡Ah, es que están muy buenos!
Josh parpadeó hacia Henry. «¿Así que no soy el único que come muchos?»
Como si respondiera a esa pregunta silenciosa, Seth empezó a sacar más caramelos de su bolsillo en silencio. Henry añadió con prisa:
—¡Isaac come más que yo! Ese tipo se llena la boca como un hámster, así —dijo, inflando las mejillas con ambas manos como si lo imitara.
Cruzándose de brazos, Henry proclamó:
—¡Yo por lo menos no me como más de tres bolsas al día!
—¿Sabías que cada bolsa tiene treinta unidades? —preguntó Seth, incrédulo.
Henry, en lugar de retractarse, golpeó la mesa con un golpe seco.
—¿Y cómo se supone que no los coma si ese aroma a feromonas flota por todas partes? ¡Y además están tan ricos!
Ante su defensa descarada, todos se quedaron en silencio. Finalmente, Mark suspiró y propuso una solución.
—A partir de ahora, todos pagarán 10 dólares más.
Nadie se opuso. En medio de eso, Seth buscó silenciosamente un sitio de ventas con descuentos de caramelos y se lo mostró a Mark. Él lo miró fijamente sin decir nada, justo cuando una empleada entró a la sala y vio la pila de caramelos en la mesa.
—Ah, parece que ya no quedan refrigerios. Lo siento, debí haberlos repuesto antes.
Sin siquiera darles tiempo para responder, desapareció y al poco rato regresó con un tazón lleno de chocolates. Henry abrió los ojos como platos.
—¡Esto es carísimo! Cada uno de estos cuesta 2.99 dólares. ¿Puedes creerlo? ¡Una cosa tan pequeña como una uña!
La empleada les sonrió y se retiró, dándoles a entender que podían comer todo lo que quisieran. Mark tomó uno, lo observó de cerca y frunció el ceño.
—¿Esto es tan caro?
Desenvolvió el envoltorio y se lo metió en la boca. Al masticar, ladeó la cabeza con duda.
—No le noto la diferencia.
Seth también se lo llevó a la boca y luego le ofreció uno a Josh. Pero él negó con la cabeza.
—Aún no se me derrite el caramelo.
Josh comió dulces todos los días, y tanto dulce había terminado por hastiarlo. No podía evitarlo con los caramelos, pero todo lo demás ya no le apetecía. Seth lo notó de inmediato y dejó el chocolate a un lado, empujándole en su lugar algunos caramelos.
—Este es más de tu estilo, ¿cierto?
Josh, agradecido por la discreta consideración, tomó los caramelos que quedaban sobre la mesa y los guardó en su bolsillo. Al verlo, Henry chasqueó la lengua y, acto seguido, agarró un puñado de chocolates.
—Entonces me los como yo.
Se puso a desenvolverlos con una velocidad alarmante, como si lo hiciera a propósito para demostrarlo, y todos se quedaron en silencio.
***
TAC, TAC, TAC, TAC.
Los pasos, regulares, se mezclaban con un eco algo confuso. Isaac caminaba detrás de Steward y Chase, pero no podía sacudirse un frío que se instalaba en su pecho.
El edificio estaba demasiado silencioso. Como si ellos tres fueran los únicos seres humanos dentro.
«¿Acaso no había más pacientes ni médicos?»
Mientras inspeccionaba el lugar con esa sensación incómoda a cuestas, Steward se detuvo frente a una puerta.
—Bien, entonces hasta que termine la consulta.
Esbozando una sonrisa, abrió la puerta y dejó que Chase pasara primero. Isaac se quedó afuera, sin otra opción. Steward, que entró tras Chase, se giró justo antes de cerrar la puerta. Le sonrió como queriendo decir que no se preocupara.
Y la puerta se cerró.
—Muy bien, empecemos, ¿sí?
Steward le habló a Chase, que permanecía de pie en medio de la sala de consultas. Chase lo miró de reojo y Steward se acercó con paso natural.
—Más o menos ya sabes lo que vamos a hacer, ¿no? Lo de siempre.
—…Lo sé.
Respondió en corto Chase, y sin más palabras, empezó a remangarse una de las mangas. Steward fue hasta el armario de medicinas y lo abrió con decisión. Sacó los instrumentos necesarios para la muestra y, mientras se preparaba para extraer sangre, le preguntó:
—Grayson me dijo que Bliss se fue a Inglaterra, ¿es cierto?
Chase frunció el ceño, pero en silencio extendió el brazo. Como si le dijera que se callara y se concentrara en lo que tenía que hacer. Steward le ató el torniquete y se preparó para pinchar la parte interna del codo, pero volvió a hablar:
—Supongo que no tuvo otra opción si quería proteger a su adorado hermanito, ¿no? Sería un problema si acababan violándose entre hermanos.
Y como murmurando para sí, añadió:
—Qué lástima, nacer como Omega dominante entre Alfas dominantes. Acabó sufriendo cosas que ni le tocaban.
Chase apretó el puño que había extendido hacia Steward y rechinó los dientes mientras decía:
—No digas cosas que ni piensas. En el fondo te encantaría que pasara algo así, ¿no es cierto? Para ti ese chico no es más que un sujeto de prueba. ¿Crees que no lo sé? Si alguno de nosotros lo violara, tú serías el primero en gozar con eso.
La voz cortante hizo que Steward levantara la mirada y sus ojos se cruzaron con los de Chase, fríos y feroces. Guardó silencio por un momento, pero luego esbozó una sonrisa leve y bajó la vista.
—Podrías pensarlo así.
Con los ojos entrecerrados, ubicó con precisión el punto donde iba a pinchar y volvió a hablar.
—Pero de verdad quiero ayudar. A ti. A Bliss.
La aguja gruesa se inclinó y penetró su piel. Chase frunció el ceño por el dolor, y Steward le susurró:
—Supongo que si estás aquí, a pesar de todo lo que piensas, es porque tampoco tienes otra opción.
Chase no respondió. Solo se mordió los labios. La aguja, que se movía lentamente dentro de la carne, finalmente se fijó y comenzó a salir sangre en un flujo abundante.
—Ya está.
Steward sonrió mientras soltaba el torniquete. Colocó una curita en el sitio donde había pinchado y se ocupó de clasificar y marcar la muestra antes de volver a su asiento.
—A Chase no le gustan los pájaros, ¿cierto?
Frunciendo el ceño, Chase lo miró, mientras Steward sonreía con tranquilidad.
—Eso me dijo Grayson. Que tampoco te gustan los perros, ni los pájaros. ¿No te gusta ningún animal?
—…¿Se supone que tengo que responder?
—No, solo era curiosidad. —Steward esbozó una sonrisa ligera y de inmediato cambió de tema—. Entonces, ¿desde aquel día no has vuelto a tener pérdidas de memoria?
Chase se tomó de un solo trago las pastillas y el agua que le había dado, luego negó con la cabeza. Steward respondió con un “ya veo” y se sentó frente a él.
—Eso es un alivio. Te dejaré una receta provisional hasta que tengamos los resultados del análisis. Hoy estarás más aturdido de lo normal, ya que es la primera vez que tomas este medicamento, y tu cuerpo necesitará al menos un día para adaptarse. No deberías experimentar pérdida de memoria, pero podrías sentirte algo confuso o somnoliento, así que cuida ese detalle también. —Añadió en tono significativo—: No queremos que se repita lo de la vez anterior.
Chase seguía sin decir nada. Pero Steward no pasó por alto cómo su rostro se tornaba especialmente pálido.
—Bien, entonces… —Steward sonrió con calma—. ¿Comenzamos la sesión?
***
CLAC.
Al escuchar el sonido de la puerta, Isaac se giró. Chase fue el primero en aparecer, seguido por Steward, quien cerró la puerta tras ellos. El interior que alcanzó a verse por un segundo estaba mucho más amueblado que el consultorio de antes. Claro, la puerta se cerró antes de poder fijarse bien.
—Escuché que cambiaron a los escoltas. ¿Los que están aquí hoy son todos los nuevos?
—Sí.
Isaac respondió con una palabra. Steward continuó, como si le pareciera curioso:
—No debió ser fácil conseguir Gammas… ¿O son Alfas? ¿Betas?
Ante la pregunta sobre la composición del grupo, Isaac contestó con franqueza:
—Hay Alfas y Betas…
—¿Y Gammas u Omegas?
—No hay.
Steward sonrió al recibir otra respuesta breve.
—Debe ser un trabajo duro para ustedes también.
Isaac se preguntó a qué clase de trabajo se refería con eso. Pero no le apetecía preguntarlo. Lo que más le preocupaba era que Chase no había dicho una sola palabra. En una situación así, lo normal sería quejarse, levantar la voz, incluso gritar o mostrar molestia, pero él simplemente caminaba en silencio, sin abrir la boca.
—Es por la medicina.
Como si hubiera adivinado sus pensamientos, Steward habló.
—Le cambiamos el tratamiento. Durante un día se sentirá algo desorientado. Estará lento, parecerá somnoliento… pero en cierto modo, eso es mejor. Así no podrá golpear a nadie ni causar problemas. Ah, pero no te preocupes, no tendrá lagunas mentales. Aunque viva algo terrible, su cuerpo no podrá reaccionar, pero el recuerdo del miedo quedará intacto.
—¿Eso es verdad? —preguntó Isaac, sorprendido. Estar consciente sin poder moverse… solo de imaginarlo se le erizó la piel. Al ver su reacción, Steward susurró como compartiendo un secreto:
—Dicen que es como tener una pesadilla con los ojos abiertos.
Al ver cómo se le endurecía el rostro, Steward sonrió de nuevo.
—Los cerebros de los Alfas dominantes son realmente fascinantes.
Isaac no supo cómo responder. «¿Por qué me dice eso a mí?» No encontraba palabras, y mientras se quedaba en silencio, Steward abrió la puerta de la sala de descanso.
—Gracias por esperar. Permítanme presentarles al renovado señor Chase Miller.
Todos se pusieron de pie con expresión desconcertada. Steward sonrió al ver sus reacciones.
—Es broma. Solo le cambiamos el tratamiento. Hoy estará un poco apagado…
Repitió con fluidez las mismas advertencias que ya le había dado a Isaac. Mientras lo escuchaba, a Isaac le invadía una sensación de incomodidad, pero no tenía nada específico que decir. Al salir del edificio, Steward le preguntó:
—¿Cuánto tiempo les tomó llegar? ¿Tomaron la carretera 24?
Mark asintió con la cabeza.
—Sí, toma unas tres horas más o menos.
—Ya veo. Escuché que por esa carretera suelen aparecer muchos coyotes, será mejor tener cuidado.
—Ah… últimamente han aumentado bastante en general. Dicen que incluso han atacado personas… aunque bueno, no creo que pase nada grave.
—Cierto.
Steward esbozó una sonrisa.
—¿No cree que pase nada grave?
Luego, uno por uno comenzó a subir a los autos. Steward se quedó de pie observándolos y luego habló.
—Bueno, entonces. Que tengan un buen viaje.
—Gracias por todo, Steward. Estaremos en contacto.
Ante las palabras de Laura, él sonrió y le dio un apretón de manos ligero. De regreso, Josh, Mark y Seth compartirían un auto, mientras que Laura viajaría en el segundo coche con Isaac, que era conducido por Henry.
Cuando Josh vio que Laura se dirigía al segundo auto, estaba a punto de subir la ventana del asiento del conductor, pero entonces Steward silbó.
♬♪…….
Fue un silbido corto que imitaba el canto de un pájaro. Chase, que hasta ese momento no había reaccionado, se detuvo un momento. Josh lo notó por el retrovisor y levantó la cabeza de inmediato, pero no pudo distinguir el rostro de Steward, que seguía de pie fuera del vehículo.
La ventana se cerró por completo y el auto arrancó.
En la amplia carretera apenas se veían otros vehículos. Lo único visible era un camión estacionado tranquilamente en el arcén. Josh, disfrutando de la sensación de velocidad, aceleró sin restricciones. Una de las ventajas de trabajar en seguridad era poder conducir autos caros a placer.
Con las manos disfrutando de la suavidad del volante forrado en cuero, siguió recorriendo la interminable autopista. A lo lejos, una columna de humo negro se elevaba en el cielo. Al verla, Josh murmuró como si hablara para sí mismo:
—Parece que se ha desatado otro incendio forestal.
—¿Y acaso hay algún día que no haya uno?
Seth le respondió con desdén. Josh, encogiéndose de hombros, cerró la boca.
Pronto se pondría el sol. Josh se dio cuenta de que ya era bastante tarde y calculó aproximadamente a qué hora llegarían.
«Seguramente para cuando lleguemos ya habrán comido.»
Podía pedir que le prepararan algo aparte, pero no le gustaba la idea de causar molestias innecesarias. Había ingredientes de sobra, así que pensaba que bastaría con asar algunas salchichas o preparar una barbacoa sencilla.
«¿Cómo reaccionará Chase si le pido que comamos juntos?»
Justo cuando pensaba eso, de pronto divisó una silueta sospechosa más adelante. Frunciendo el ceño sin darse cuenta, Josh pronto entendió la situación.
—Mark.
Se dirigió al jefe de equipo que iba sentado en el asiento trasero.
—Parece que hubo un accidente. Hay gente parada en la carretera.
—Ignóralo y llama al 911 o algo.
—Quisiera, pero no puedo hacerlo.
Josh explicó con calma:
—Un coche está bloqueando un carril y una persona bloquea el otro. A menos que los atropellemos, no hay forma de pasar.
Entonces Mark se inclinó para mirar al frente, y soltó un quejido.
—Ni modo. Tendremos que detenernos y despejar esto. Nosotros esperaremos en el auto hasta que se libere el camino y partamos. Como el otro auto viene más lento, nos toca a nosotros. Caray….
—Entendido.
Josh fue reduciendo poco a poco la velocidad. Mientras tanto, Mark contactó a los compañeros del vehículo trasero para informarles de la situación.
La puesta de sol, que hasta hace poco cegaba con su resplandor rojizo, se tornó rápidamente en un cielo grisáceo. El crepúsculo que se extendía sobre el paisaje transmitía un extraño escalofrío. Josh detuvo el auto a cierta distancia y lo dejó encendido mientras esperaban.
Seth era el encargado de evaluar la situación. Estaba sentado en el asiento del copiloto, y sin vacilar salió del coche y avanzó a paso largo hasta acercarse al hombre y la mujer que bloqueaban uno de los carriles.
—¿Qué está ocurriendo aquí?
La mujer respondió como si hubiese estado esperando justo ese momento.
—El auto se descompuso de repente. Y como no hay señal para el celular, no teníamos forma de contactar a nadie… estábamos empezando a preocuparnos por si tendríamos que pasar la noche aquí. Pero ya veo que siempre hay alguien que viene al rescate. Gracias.
Juntando las manos como en una plegaria, hizo una pequeña reverencia. Seth la miró brevemente de reojo y luego dirigió la vista hacia el hombre.
—Ahora mismo estamos ocupados, así que no podemos revisar el auto como tal. Pero podemos ayudarles a contactar con su aseguradora, si quieren.
—Ah, no es nada grave, solo parece que se agotó la batería. ¿Podrías ayudarnos con eso? No debería tomar más de cinco minutos… Llamar al seguro por algo así parece demasiado.
El hombre explicó con cierta incomodidad. La mujer que estaba junto a él también parpadeó con una mirada suplicante. Seth quería negarse, pero si no accedía, era evidente que no se moverían del camino. Chasqueando la lengua con molestia, se echó el cabello hacia atrás con la mano y se giró en dirección al coche donde esperaba Josh.
TOC, TOC.
Al escuchar el golpecito en la ventana, Josh la bajó ligeramente, y Seth habló enseguida.
—No se van a quitar si no les echamos un vistazo al auto. Voy a hacerles el favor para que se aparten, y tú, en cuanto veas la oportunidad, adelántate por un lado. Llámales al seguro o lo que sea, yo los alcanzo luego.
—¿Quieres que lo revise yo?
Josh intentó bajarse del coche, pero Seth alzó la mano para detenerlo.
—Dicen que solo es la batería, así que terminaré rápido. Tú solo prepárate para salir de inmediato.
Dicho esto, se alejó hacia el coche donde la pareja esperaba. Josh volvió a subir la ventanilla y siguió a Seth con la mirada mientras se alejaba.
Seth se sentó en el asiento del conductor del otro vehículo y comenzó a revisar el tablero. Si no había ningún problema grave, debería terminar pronto.
Josh, mientras tanto, tamborileaba sin pensar sobre el volante con los dedos, intentando recalcular la hora estimada de llegada. Pero de pronto, sintió algo extraño. Ya había experimentado una sensación similar antes. «¿Cuándo fue…?»
La escena frente a sus ojos parecía completamente normal. Seth revisaba el auto mientras la mujer de pie junto al camino bloqueaba el paso.
«…Es igual que aquella vez.»
En cuanto el recuerdo le vino a la mente, un escalofrío le recorrió la espalda. Josh gritó con urgencia:
—¡Seth, cuidado!
Estuvo a punto de bajarse sin darse cuenta, pero ya era demasiado tarde. Seth, como si hubiera escuchado el grito, se detuvo por un momento. Y justo entonces, el hombre que estaba a su lado le disparó sin vacilar.

TRADUCCIÓN: ROBIN KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN KLYNN
RAW HUNTER: KLYNN