Capítulo 24
—Parece que el Conde Solen, al darse cuenta de la traición de la familia imperial, evacuó a su familia antes que nada y prendió fuego al castillo. Por suerte, tengo entendido que el Imperio cree que todo fue resuelto limpiamente.
«¿Entonces la mala relación con la familia imperial no se limitaba solo a Serenia Solen?»
—El instrumento que se usó para borrar a Solen fue Rex Ruina. Ese lugar que usted conoce como un gremio de información.
—¿Q-qué…? Entonces…
—Sí. Aunque se hacen pasar por perros del Imperio, en secreto están ayudando a Solen.
—¿Cree que la familia imperial no se ha dado cuenta de todo esto?
Habiendo enviado dinero y cartas a través de ellos todo este tiempo, no pude evitar sentir miedo. ¿Y si mis acciones ponían en peligro a mi familia?
—No tiene de qué preocuparse. De hecho, que yo llegara a saber esto… fue casi un milagro.
—¿De verdad…?
—Lo aseguro. Si esa organización hubiera sido comprometida, usted ya estaría en manos del Imperio.
Sentí un escalofrío recorrerme por la nuca. ¿Qué habría pasado si Lionel no me hubiese encontrado antes?
No había garantía de que ese secreto se mantuviera para siempre. Tarde o temprano descubrirían quién era yo, dónde estaba y me habrían llevado ante la familia imperial. Y, por mi culpa, mi familia también habría estado en peligro.
—Parece que se ha llevado una gran sorpresa. No imaginé que no supiera nada sobre el secreto de Solen.
—Mi padre y mi hermano mayor no me dejaban ni acercarme al área de entrenamiento subterráneo. Solo me hacían correr diciendo que tenía que fortalecer mi cuerpo. Supongo que siempre me protegieron más por ser la menor.
Me sentí culpable al pensar que, mientras yo vivía felizmente recibiendo cariño, ellos soportaban sufrimiento y preocupación. Seguramente hubo momentos en los que sus rostros se veían apagados. Tal vez alguna vez suspiraron sin que yo lo notara. Pero yo, centrada solo en mí, no me di cuenta de nada. No pregunté. No compartí su carga.
Me pregunté qué pensarían al ver que lo único que yo quería era ir a la capital y hacer amigos de mi edad.
—Oiga… Yo visité la Capital una vez, hace mucho. ¿No habrá alguien que pueda reconocerme?
El día que nos separamos, mi padre no me dijo ni a dónde debía ir ni a dónde no debía ir. «¿Fue porque jamás imaginó que pondría un pie en una ciudad donde no tenía ningún lazo?» Si incluso una sola persona me reconocía como Serenia Solen, la información acabaría llegando a oídos del Imperio, tarde o temprano.
—¿Recuerda si se encontró con alguien en esa ocasión?
Lionel, pensativo por un momento, me hizo la pregunta.
—No, era demasiado pequeña… tendría unos tres o cuatro años, quizá.
—Entonces no hay problema. El Conde Solen enviaba cada año un retrato falso de su hija al Imperio, como se lo exigían. El color de cabello y de ojos eran completamente distintos.
Una vez más, no pude evitar quedarme boquiabierta. Primero, me sorprendió que mi padre hubiera hecho algo tan arriesgado. Luego, me impactó el hecho de que Lionel hubiera conseguido una copia de esos retratos falsos.
—¿Cómo supo eso?
—El Príncipe Heredero me los mostró. Aún están en su poder.
Solo con que Lionel mencionara al Príncipe Heredero, sentí el corazón hundirse en el pecho. Y más aún al enterarme de que Axion tenía en su poder mis retratos falsos.
—Parece que el Conde Solen pensó en todo esto desde el momento en que usted nació. Ha logrado engañar al Imperio de forma bastante meticulosa, así que no debería preocuparse por su identidad.
Miré el nombre junto al de Lionel en el contrato.
Sasha Dilot del Reino de Cloren.
Ese sería el nuevo nombre que tendría que usar en lugar de “Serenia Solen”. Y cuando me casara con Lionel, incluso ese cambiaría a Sasha Ruanax.
—Llegará el día en que puedas recuperar el nombre de Solen. La visita a Rex Ruina será el primer paso hacia eso —dijo Lionel, como si hubiera notado lo abatida que me sentía—, aunque quisiera ayudar, por ahora esa gente desconfía demasiado de mí.
Por eso debió de haber intentado llevarme con él. Mientras no se ganara su confianza, no habría forma de contactar a mi familia.
—¿Por qué desea ayudar a Solen, Excelencia?
Le pregunté con desconcierto, y él frunció el ceño con aún más extrañeza.
—Es su familia, ¿no? Me parece lo más natural.
—¿…?
Sus palabras solo me confundieron más. No parecía que me hubiera buscado para ayudar a Solen, sino que quería ayudar a Solen por mi causa.
—¿Incluso si eso lo pone en conflicto con la familia imperial?
—Nunca he sido particularmente leal a ellos —dijo, encogiéndose de hombros.
No era algo que pudiera decirse tan a la ligera.
«¿Qué haría si lo acusaban de traición?»
Pero yo… ya no pude decir nada más. Sería demasiado egoísta de mi parte pedirle que no lo hiciera. Aunque supiera de política, él debía saber cien veces más que yo. Y, por supuesto, entendía perfectamente qué clase de riesgos estaba asumiendo.
Si Ruanax, la casa más poderosa en este momento, decidía apoyar a Solen, entonces reencontrarme con mi añorada familia no sería un sueño imposible. Podría volver a ver a mi padre y a mi hermano. Y si Lionel lo permitía, tal vez hasta podríamos vivir juntos de nuevo.
Solo imaginarlo bastó para que las lágrimas comenzaran a agolparse en mis ojos. Bajé la cabeza con rapidez, fingiendo que me concentraba en revisar el contrato.
«Aún falta mucho para eso. Primero tengo que enfocarme en lo que debo hacer ahora.»
Lionel iba a darme algo muy grande. Por eso, yo también debía hacer algo por él. Así que debía abrir bien los ojos y revisar con atención cada punto del contrato.
… Estaba segura de que debía concentrarme en eso.
«Esto… ¿qué se supone que es?»
En un instante, las lágrimas que me llenaban los ojos desaparecieron por completo. El contrato estaba redactado de forma tan favorable para mí, que hasta daba vergüenza preguntarse si aquello era siquiera legal.
De las siete páginas, tres estaban dedicadas exclusivamente a asuntos financieros, y describían con todo detalle las enormes sumas que recibiría de Lionel, aun si llegaba a quedar completamente en la ruina.
Incluso la exorbitante dote, que en realidad saldría del bolsillo de Lionel, pero que en los papeles figuraría como enviada por la familia Dilot, podría ser utilizada por mí libremente, cuando quisiera.
«El presupuesto mensual para mantener el decoro… ¿es correcto esto? ¿Cuántos ceros tiene esto, por Dios?»
Con la nariz pegada al papel, intentaba contar la cantidad de ceros que acompañaban los números cuando él habló desde al lado.
—No creo que haya otro hombre en todo el Imperio con tanta riqueza como yo. Sin duda, esa es mi mayor fortaleza al momento de ofrecerme a usted.
Me giré a mirarlo, atónita.
«Vamos a ver…»
La mayor virtud de Lionel no era su riqueza. Honestamente, incluso si quebrara hoy mismo y acabara en la calle, habría mujeres haciendo fila para casarse con él. Su rostro, su cuerpo y, además… eso de tamaño alarmante. Era un hombre perfecto.
Me forcé a apartar la mirada de su rostro —más exactamente, de sus labios, donde había rozado antes—, y la volví hacia el contrato.
—Um… esta cláusula…
Cuarta página del contrato.
—Incluyó en el contrato que dormiremos en habitaciones separadas.
Y no era todo. También había una cláusula que decía que no tendría obligación de producir herederos.
—¿Y cómo pensaba resolver su deseo sexual?
Si no lo supiera, sería una cosa… Pero era el mismo hombre que preguntó si su estado podía tratarse con poder divino, y que se agitaba con solo estar cerca de mí. Ya lo había descubierto todo.
Lionel se apresuró a responder.
—Como hasta ahora. Me las arreglaré solo. No hay razón para que usted tenga que hacer algo que no desea solo por culpa de mis circunstancias personales.
Algo que no deseo… no es del todo cierto.
«Esto es un poco… problemático.»
Puedo parecer una sacerdotisa piadosa que ha entregado todo a Dios, pero eso es solo la fachada. Dentro de esta cáscara se esconde un pozo de corrupción y lujuria, que al elegir libros, lo primero que revisa es si tienen esa llamativa etiqueta roja de +19.
Klynn: Esta niña me representa. No por nada estoy aquí, traduciendo esto.

TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ANNAD
RAW HUNTER: ANNA FA