Capítulo 23
Definitivamente, la teoría y la práctica son cosas muy distintas.
Solía burlarme con un chasquido de lengua cuando las protagonistas de las novelas actuaban como si no percibieran en absoluto el deseo sexual del protagonista masculino… pero ahora que me encontraba exactamente en su misma situación, no tenía derecho a criticar.
Peor aún: como pudo leerme por completo, terminé acorralada de esta manera.
«¿Acorralada… de verdad?»
Así como él decía sentirse incómodo y avergonzado, yo también me sentía igual. Aunque por una razón completamente opuesta.
«¿Acabo de aceptar la propuesta de matrimonio de un Duque con un deseo sexual descomunal y una cosa… enorme?»
Parecía el título perfecto para una novela que quedaría atrapada en el filtro de calificación por contenido.
El pecho me palpitaba y el corazón retumbaba con fuerza. Hubo momentos en los que me preguntaba, con una mezcla de ilusión y duda, si Lionel se habría enamorado de mí a primera vista, si de verdad le gustaba… aunque, a veces, todo me parecía una fantasía absurda.
Después de todo, él era el jefe de la gran familia Ruanax, y yo, en mi situación actual con mi casa arruinada, no tenía derecho a desear a un hombre con tanto poder.
«La verdad… incluso cuando Solen seguía en pie, mis posibilidades eran mínimas.»
Por eso, hubo ocasiones en las que llegué a pensar que ese anhelo mío no era más que una esperanza vana, nacida de mi desesperación por huir de Axion, esa calamidad con forma de Príncipe Heredero.
O quizás solo había sido una broma de mal gusto. Pero ahora, Lionel aseguraba que realmente sentía deseo por mí. Tal vez no se había enamorado de mí, ni fue amor a primera vista, pero al menos… sentía suficiente atracción como para desear mi cuerpo.
Y gracias a eso, me propuso matrimonio y llegamos al punto de casarnos. No podía haber tenido más suerte.
Sí quién me hubiera encontrado en el monasterio hubiese sido el Príncipe Heredero Axion, habría terminado tratada como una mujer indigna incluso siendo su concubina, encerrada en un dormitorio y condenada a una vida miserable. Pero tuve la suerte de cruzarme primero con Lionel, y ahora estaba a punto de convertirme en la esposa de un Duque.
«Tengo lo que él desea.»
Al confirmar esa verdad, sentí un alivio inmenso. Desde el día en que me separé de mi familia, había vivido atormentada por una ansiedad constante y un miedo persistente. No era raro que despertara de un salto tras tener pesadillas.
Cuánto había deseado una muralla alta y sólida que pudiera protegerme de todo. Y ahora que había comprobado que podía ofrecerle a Lionel aquello que necesitaba, por fin podía sentirme en paz al apoyarme en él. No podía expresar con palabras lo feliz que me hacía esa certeza.
—Excelencia, según mi criterio… esta enfermedad no puede curarse con poder divino.
«Aunque pudiera curarla… no pensaba hacerlo, jamás.»
—¿En serio?
Como estaba sentada sobre su muslo, nuestras miradas se encontraban a la misma altura, algo que no pasaba normalmente. Lo miré de cerca y le dediqué una sonrisa suave.
—Quizás se cure sola… cuando me convierta en su esposa.
—… Entonces aceptará mi propuesta, a pesar de conocer mi condición.
—Sí, pienso hacerlo.
El estado de Lionel ciertamente no parecía el más normal. Pero, lejos de dejarse llevar por sus deseos, había dicho qué, incluso después del matrimonio, podríamos dormir por separado. Su autocontrol era admirable… y su consideración, aún más.
En un mundo lleno de personas de mal carácter, ¿acaso habría otro hombre con una apariencia tan impecable y un temperamento tan noble?
—No voy a pedirle que lo piense una vez más. No estamos en condiciones de permitirnos ese lujo.
Lionel… por suerte, también parecía estar contento. No era una alegría desbordante, de esas que no se pueden contener por la felicidad. Más bien, se veía aliviado, como si agradeciera que todo hubiera salido según lo planeado, sin complicaciones.
Tal vez Lionel no tenía intención de rendirse hasta que aceptara su propuesta. Quizá fue para bien que cambiara de opinión tan rápido.
—Redactemos el contrato de inmediato. ¿Qué le parece si mañana mismo completamos el proceso de renuncia al sacerdocio?
Se suponía que yo era quien debía estar desesperada por no dejar pasar la oportunidad de convertirme en Duquesa, y sin embargo, parecía que él era quien más prisa tenía.
—Está bien. Entonces… redactemos ahora el contrato, pero hasta que se finalice el trámite de mi reincorporación a la vida civil, me gustaría que tengamos cuidado con ciertas cosas.
—¿A qué tipo de cuidado se refiere?
—Una cosa es enamorarse después de renunciar, y otra muy distinta es que parezca que la relación ya existía antes.
Si llegaba a esparcirse el rumor de que ya tenía una relación con Lionel mientras aún era sacerdotisa, no solo su reputación podría verse afectada, sino que yo también podría meterme en serios problemas. ¿Qué haría si la Orden se sentía ofendida y se negaba a aprobar mi reincorporación?
—Entiendo perfectamente. Me encargaré de que los sirvientes guarden absoluto silencio.
—Gracias.
Sin embargo, justo cuando intenté moverme, él no me soltó de la cintura.
«¿No era que teníamos que ir a redactar el contrato de inmediato?»
—¿Excelencia…?
—Sí, sacerdotisa.
—¿Podría soltarme ya?
Lionel parpadeó lentamente y suspiró.
—Ah…
…Y aun así, no se movía ni un poco.
Lo miré con desconcierto mientras fruncía ligeramente el ceño como si él mismo se sintiera conflictuado… y entonces, por impulso, le robé un beso con un suave MUAC.
«¡Ah!»
Apenas lo hice, me asusté por mi propio atrevimiento y me tapé la boca con ambas manos. Aunque solo había sido un piquito, era la primera vez que besaba a un hombre que no fuera de mi familia. Ni siquiera sabía con qué valor lo había hecho. Yo misma estaba desconcertada.
Lionel también parecía sorprendido; sus ojos se abrieron casi al doble de su tamaño.
Aprovechando el leve aflojamiento de su mano en mi cintura, me bajé rápidamente de sus piernas. Noté un atisbo de vacío en su mirada mientras me seguía con los ojos, pero fingí no darme cuenta.
«Qué vergüenza…»
Era como si el tacto suave y el calor tibio hubieran quedado pegados a mis labios. A pesar de que el beso no había durado ni un segundo.
—Sacerdotisa —dijo Lionel con voz suave, mientras contemplaba mis mejillas encendidas—. ¿Puedo interpretar ese beso como un permiso para llegar, al menos, a ese nivel de cercanía?
¿Tenía que señalarlo tan directamente? Un simple beso, ¡hasta los niños lo hacen!
«No pensará pedir permiso por cada cosa, ¿o sí?»
En lugar de responder, asentí levemente con la cabeza. No me atreví a ver su expresión, pero me pareció escuchar una leve risa baja.
—Ya tengo un borrador del contrato.
Lionel se puso de pie, pasó junto a mí y se dirigió hacia una cómoda colocada en un rincón del salón. Yo lo seguí rápidamente y eché un vistazo al archivador que sacó.
—¿Cuándo preparó esto?
—Antes de proponerle matrimonio.
«Vaya… sí que estaba preparado.»
Lionel y yo nos sentamos juntos en el sofá y empezamos a revisar el contenido del contrato, que constaba de siete páginas en total. Pero ya desde la primera hoja, algo inesperado llamó mi atención.
—¿Piensa registrarme dentro de una casa noble extranjera?
—Así es. Hay una familia apropiada en uno de los territorios que hemos ocupado recientemente.
—¿Hay alguna razón por la que no pueda usar el nombre de mi familia?
Le hice la pregunta porque no entendía la razón, y Lionel me observó en silencio por un momento antes de responder.
—¿Cuánto sabe usted sobre lo que ocurrió hace tres años?
—Eh… la verdad, casi nada. Mi padre me despertó a mitad de la noche para sacarme del castillo, y desde entonces no he vuelto a ver a mi familia.
—Ya veo —murmuró Lionel, tras reflexionar un momento antes de volver a hablar—. Solen es una casa que nació junto con la fundación del Imperio Rubarck. Es una familia de gran renombre, pero, como no participaba en los asuntos políticos de la capital, hay muy poca información conocida sobre ella.
Escuchar hablar de mi familia en boca de él me provocaba una sensación extraña.
—La verdad es que Solen no es una casa noble común. Es la sombra y la espada oculta de la familia imperial de Rubarck. Esa es la verdadera identidad de los Condes de Solen.
«¿Mi familia… era un instrumento del Imperio?»
Pero lo más impactante no fue solo eso.
—Y, según la información que he reunido… Para la caída de Solen hace tres años, tuvo participación directa la propia familia imperial.
«…¿Qué?»
Sin darme cuenta, se me abrió la boca de puro asombro.

TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ANNAD
RAW HUNTER: ANNA FA