Capítulo 23
Al final de sus pensamientos, Adeline frunció el ceño.
«…Ya basta. Es mejor dejar de pensar.»
La autosugestión siempre le había funcionado. Poco a poco, el dolor se fue apaciguando, y el carruaje en el que iba se detuvo frente a la Mansión Ducal.
Adeline apartó sus pensamientos, bajó del carruaje y puso un pie en el jardín de la casa ducal Zeller. Cuando los pensamientos se volvían demasiado intensos, lo mejor era tomar un baño y dormir profundamente. Al abrir la puerta de la mansión, Adeline se prometió a sí misma que, al menos por hoy, se iría a dormir temprano.
«Pensándolo bien, últimamente siento que no he dormido bien ni una sola noche.»
Tanto antes de regresar al pasado como después de haber regresado, ¿cuántas veces realmente había logrado conciliar un sueño profundo? Era curioso si se pensaba en que, por naturaleza, Adeline solía dormir tan profundamente que ni aunque alguien la cargara lo notaría.
«Desde que me casé con Julian, todo cambió.»
Incluso cuando dormía, no era más que un sueño ligero, y Adeline se despertaba con el mínimo sonido, como el leve giro de un picaporte.
Y eso sin contar las pesadillas que venían una tras otra.
Su médico personal había dicho que era consecuencia del estrés y de estar en un estado constante de tensión. Pero incluso después de conocer la causa, dormir profundamente seguía siendo algo difícil.
«Aun así, hoy debo intentarlo.»
El asunto con Millen la había dejado decaída, así que, con algo de suerte, tal vez esta noche sí pudiera dormir profundamente. Adeline decidió pensar en positivo… al menos un poco.
Sin embargo.
—Señorita, el señor Jack Hartzfeld la está esperando.
—…¿Qué dijiste?
Al parecer, hoy era un día en que la suerte no estaba de su lado. De lo contrario, no habría una desgracia como esta esperándola al final del día.
El rostro de Adeline, que acababa de entregarle el abrigo al sirviente que le había informado, se torció de inmediato.
—Haz que se marche. ¿Qué clase de modales son estos? ¿A qué hora se presenta, cuando ni siquiera el dueño de la casa está presente?
—Es que… intentamos explicárselo también, pero fue imposible…
La irritación en la voz de Adeline hizo que el lacayo se mostrara visiblemente incómodo mientras respondía. Según sus palabras, Jack había elegido quedarse, aun después de que Carlyle le pidiera que se marchara.
{—Cuando el dueño llegue, hablaré con él directamente.}
Eso fue lo que dijo.
Además, como Jack había estado varias veces en la mansión debido a su papel en la gestión de los bienes de la Casa Ducal Zeller, el trato hacia él se había vuelto aún más delicado.
Si se tratara de un visitante completamente ajeno, habrían podido echarlo sin más, pero siendo alguien con vínculos internos, no podían tratarlo como si fuera un intruso cualquiera. Y al final, el que terminó lidiando con todo fue Carlyle, quien tuvo que hacerse cargo de Jack en lugar de Adeline.
Después de escuchar toda la explicación, Adeline suspiró profundamente.
—Está bien, entiendo. Tampoco es como si ustedes tuvieran cómo hacer algo. Yo me encargaré, pueden retirarse.
Pensándolo bien, Jack también se había presentado en la mansión la noche antes del matrimonio de Adeline con Julian. Claro que, en esa ocasión, no hubo mayor escándalo gracias a que Adeline terminó aceptando la visita, pese a lo inoportuna que fue. Pero seguramente, antes de eso, había ocurrido algo parecido a lo que estaba pasando ahora.
Adeline hizo una seña para que el sirviente se retirara y caminó hacia el interior de la mansión.
No tan majestuoso como el salón del Palacio Imperial, pero aún así decorado con arañas de cristal finamente talladas y una chimenea encendida, el salón de la Casa Ducal ofrecía una atmósfera elegante.
Al adentrarse, vio a un hombre de cabello negro sentado en el sofá de espaldas a la entrada. Al escuchar los pasos de los tacones de Adeline, Jack giró el cuerpo y se puso de pie.
El visitante no deseado de la mansión Zeller vestía un poco más ligero que de costumbre. Tal vez porque estaban en un entorno más informal… o simplemente porque, siendo tan tarde, no era cómodo llevar un atuendo ajustado de pies a cabeza.
Normalmente vestía trajes de tres piezas tan ajustados que uno podría pensar que llevaba un arnés ceñido al cuerpo, y siempre llevaba el cabello peinado con pulcritud, sin un solo mechón fuera de lugar.
Pero ahora, como solo lo tenía peinado hacia atrás a medias, varios mechones caían sobre su frente. Daba la impresión de estar vestido como alguien que está a punto de irse a dormir; era una imagen mucho más relajada de lo habitual.
Tal vez por eso, ese rostro suyo, normalmente carente de toda sonrisa, hoy se le hacía a Adeline particularmente más burlón.
—Al fin puedo ver tu cara, Adeline. ¿Por fin tienes tiempo?
Rectificación: no era que “pareciera” burlón. Realmente lo era.
Jack estaba repitiendo palabra por palabra lo que Adeline le había dicho años atrás, cuando ella lo había arrastrado a la sala de té durante la gala benéfica de la señora Tilleman.
—Sí, gracias a ti —respondió Adeline, devolviéndole con igual precisión lo que Jack le había contestado aquella vez. Se acercó a él con paso firme y preguntó en tono gélido—: ¿Y cuál es el motivo por el que me esperaste hasta esta hora? Por tu culpa, el personal de la casa se sintió bastante incómodo. Me gustaría que no volviera a pasar.
—Entonces tú también deberías dejar de pedirme favores. Porque precisamente por eso estoy aquí esta noche.
Ante sus palabras, Adeline frunció el entrecejo.
—No entiendo. ¿Hay algún problema con el favor que te pedí?
—Ninguno. De hecho, he venido para recibir una felicitación.
—…¿Perdón?
«¿A recibir una felicitación?»
Ante aquella inesperada respuesta, Adeline parpadeó varias veces con rapidez. Sentía que no entendía ni la mitad de lo que Jack decía. Entonces él soltó una breve risa y se lo explicó con amabilidad.
—¿No me pediste que le dieras un mensaje discreto a Sophia Barrett? Que fuera al salón de banquetes a buscar a Adeline Zeller.
—¿Lo hice?
Por supuesto, lo que Jack le había dicho exactamente a Sophia después de eso era un misterio para Adeline.
El punto era que Sophia fuera a buscar a Adeline.
—Así que le pasé el recado. Que mi novia se había ido al banquete imperial sin mí, y como yo no podía ir, le pedí que fuera a buscarte en mi lugar. Que averiguara con qué idiota habías ido tomada de la mano.
Ante las palabras de Jack, Adeline no pudo evitar quedarse completamente pasmada.
—¿D-dijiste eso?
—Lo dije tal cual. ¿Hay algún problema?
—No repitas mis palabras…
Adeline cerró los ojos con fuerza, apretó los dientes y le lanzó una amenaza entre suspiros. Pero lo que no pudo ocultar fue el rubor que le había subido al rostro.
Jack la observó directamente, y con una sonrisilla torcida, dejó que su mirada recorriera con ligereza la vestimenta que Adeline había llevado al banquete.
«Se cubrió por completo.»
El vestido de Adeline, en tonos negros con azul, no mostraba ni un solo centímetro de piel expuesta. Y considerando que en la alta sociedad las mujeres solían preferir dejar al descubierto desde el cuello hasta la parte superior del pecho para lucir joyas y telas caras, resultaba una elección bastante inesperada.
Aunque para Jack, más que inesperado, le resultaba satisfactorio. Después de todo, esa ropa tan recatada seguramente se debía a él. Lo quisiera o no, Jack conocía bien a Adeline. De hecho, era casi inevitable.
¿Quién podría no conocerla, trabajando con el Duque Zeller?
Por eso, incluso sabía bien de aquellas miradas que ella no notaba.
«¿Adeline sabría que, cada vez que se daba la vuelta, los hombres se quedaban mirando ese cuello blanco suyo?»
Su llamativa y clara belleza ciertamente era un factor, pero lo que más incitaba el deseo era esa línea recta que iba desde su cuello hasta sus hombros. Incluso vestida de esa forma, completamente cubierta, resultaba imposible no mirarla. Era evidente cuánto llamaría la atención si mostrara siquiera un poco más de piel.
Por eso, ver a Adeline tan envuelta le levantó el ánimo a Jack. Ni siquiera había bebido, y aun así se sentía de buen humor… algo debía haberlo embriagado, de todos modos.
Sin pensarlo demasiado, Jack rodeó con un brazo la cintura de Adeline, que tenía el rostro endurecido, y la atrajo hacia sí.
Por la sorpresa, Adeline abrió los ojos de par en par y soltó un grito agudo.
—¡Jack Hartzfeld! ¿Qué crees que estás haciendo?
—Y yo que vine a recibir un cumplido, pero solo recibo regaños. Qué fría eres, Adeline.
—¡Solo haces cosas que merecen reproches! ¡Suéltame ya!

TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK