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Capítulo 22

―Ay, si no me las extraigo regularmente, voy a tener problemas.

Al instante, revivió en mi mente esa orgía desordenada que solo ellos compartían. Entrecerré los ojos y solté un comentario burlón.  

―Así que, además de liberar feromonas constantemente, ¿hacen eso todas las semanas?

Nathaniel, sin mostrar la más mínima molestia, hizo una propuesta.

―Si quieres, puedo darte una invitación.

―Mejor no.

Lo miré fijamente mientras escupía las palabras.

―Sé muy bien cuán despreciable consideras a los Omegas. No tengo ningún interés en participar.

Fue entonces cuando, por primera vez, reaccionó.

―¿Que yo considero despreciables a los Omegas? ¿Acaso no fue un Omega quien me dio a luz?

Su rostro, esbozando una sonrisa burlona, parecía incrédulo. Los Alfas dominantes normalmente nacen de Omegas dominantes. No cabía duda de que él era un semental de pura sangre, nacido de la unión entre un Alfa dominante y una Omega dominante. Nathaniel corrigió mis palabras como si le parecieran absurdas.

―No es que desprecie a los Omegas, es que menosprecio a los seres inferiores.

Por primera vez, me quedé sin palabras. Realmente estaba pisoteando a los demás con una naturalidad pasmosa. Lo hacía como si fuera lo más obvio del mundo.

Para él, daba igual si eras Omega o beta. Incluso si se tratara de otro Alfa dominante, su actitud no cambiaría. La única medida para juzgar era si tenías poder o no.

Recordé esa mirada arrogante que me observaba desde arriba, tirado en el suelo.

«Si ese hombre llegara a ser asesinado algún día, el culpable sería yo. Si ahora mismo tuviera un arma en la mano, no dudaría en dispararle a esa su cabeza tan engreída.»

Ya no podía soportar sus feromonas, así que saqué un cigarrillo y lo llevé a mis labios. Delante de él, lo encendí y aspiré una bocanada de humo. Cuando el acre humo del tabaco llenó mis pulmones y luego se retiró, ese aroma terriblemente penetrante que flotaba en el aire desapareció en la distancia. Me sentí un poco satisfecho y recuperé la compostura.

―¿Y cuál es la razón para visitar tan temprano a una Beta inferior? A menos que su bufete haya quebrado y esté buscando una oficina vacía.

Pregunté a propósito con dureza. Nathaniel observó mi rostro, que aún mostraba las huellas de la agresión, con aire de interés, y entonces abrió la boca.

―Veo que su rostro está más o menos intacto.

―¿Y qué, acaso está decepcionado?

Pregunté, casi lanzándome sobre él. 

«¡Me pasé todo el fin de semana tomando analgésicos y esforzándome por reducir la hinchazón, y ahora me dice que estoy “más o menos intacto”! Se da tantos aires por ser Alfa dominante, pero debe tener la vista nublada.»

No hacía falta preguntarle cómo estaba él. A la distancia donde Nathaniel podía alcanzar extendiendo su mano, había un bastón. 

«Se lastimó la pierna, sin eso debe ser difícil caminar.»

Habría sido perfecto si en el pomo hubiera un tallado de una serpiente o un cocodrilo, pero para mi decepción, era un bastón de plata de estilo antiguo. Mientras internamente me lamentaba, Nathaniel, sin importarle mi hostilidad, repreguntó.

―¿Acaso nunca ha tenido relaciones sexuales?

Al titubear por la pregunta repentina, Nathaniel continuó como si eso fuera imposible.

―Al fin y al cabo, solo son relaciones sexuales, ¿no? Si ya no es virgen, ¿por qué cuida tanto su cuerpo?

La sangre me subió a la cabeza de inmediato.

―Yo…

Mi voz temblaba sin control, así que tragué saliva y luego espeté con rudeza.

―Yo… no voy a permitir que me fuercen nunca más.

—Ay.

Cuando me di cuenta de mi error, ya era tarde. Apreté la boca con rapidez, pero Nathaniel me miraba con el ceño fruncido.

―¿“Nunca más”?

Conteniendo a la fuerza el deseo de seguir evadiendo su mirada, lo miré fijamente.

―Solo lo haré con quien yo quiera.

Al darse cuenta del significado, Nathaniel sonrió levemente.

―¿Tan desagradable fue acostarse conmigo?

―Fue desagradable que me obligaran a hacer algo en contra de mi voluntad.

Me molesté en aclararle. Entonces él preguntó insistentemente.

―Suena a que lo que me está diciendo es que acostarse conmigo no le desagradó.

Por alguna razón, me quedé callado y cerré la boca. En ese momento, Nathaniel, que había estado mirándome hasta entonces, extendió su mano de repente. Sus dedos fríos tocaron mi mejilla sin previo aviso.

Por un instante, casi dejo caer el cigarrillo. Al mirarlo sin poder ocultar mi expresión, Nathaniel, con rostro impasible, pasó lentamente su mano por mi cabello hacia atrás de la oreja. Sus dedos largos y elegantes acariciaron lentamente mi oreja, que no tenía ninguna marca. Su pulgar e índice acariciaron el lóbulo de mi oreja con una intención clara. Bajo su mirada, que observaba tranquilamente mi oreja en su mano, me costaba respirar.

Cuando su mano giró y tiró de mi cabeza hacia él, no pude oponer resistencia y me dejé llevar inútilmente.

—…

Nathaniel enterró su nariz en mi cabello e inhaló profundamente. Al instante, mi corazón latió como loco. Sentía un hormigueo en las manos y me pareció que la vista se me nublaba, así que cerré los ojos. Él suspiró cerca de mi oído, 

«Ay…».

―Definitivamente, es una beta. ―Susurró Nathaniel con un tono de voz algo amargo. Cuando bajó los labios y mordió suavemente mi lóbulo, mi entrepierna se puso rígida al instante. Su voz baja penetró en mi oído junto con su aliento.

―Si fuera Omega, te habría embarazado en ese entonces.

En ese momento, si él me hubiera besado, me habría acostado con él. No vino a mi mente en absoluto lo que él me había hecho, ni cuánto lo odiaba. Solo el deseo sexual hacia él hervía en todo mi cuerpo, y por un momento, mi único anhelo era recostarme sobre este molesto escritorio, lamer y abrazar cada centímetro de su cuerpo desnudo.

«Ay, sinceramente, si pudiera tener sexo con él ahora, sentiría que no sería una pérdida dar todo de mí.»

Cuando Nathaniel me soltó, mi cuerpo estaba tan relajado como si ya hubiéramos tenido relaciones varias veces. Al abrir los ojos lentamente, el rostro de Nathaniel apareció en mi vista nublada. 

«¿No va a besarme? ¿Nuestros labios no se tocarán? ¿Esa lengua húmeda no revoloteará por toda mi boca?»

Nathaniel acarició suavemente mi rostro, ardiente de anhelo. Me pareció ver una leve sonrisa en él. Nathaniel bajó la mano mientras miraba mi rostro. No me di cuenta de nada hasta que su mano tocó la mía.

—…¿Eh?

Tomó el cigarrillo de entre mis dedos. Observé aturdido cómo el cigarrillo que yo había tenido en la boca era sujetado firmemente entre sus labios.

La punta roja brilló por un instante y luego, fu…, él exhaló una larga bocanada de humo. Sin embargo, no sentí nada del olor a tabaco. Lo único que percibía era una fragancia tan dulce que resultaba mareadora.

Las feromonas de Nathaniel caían sobre mí como una cascada.

Él se movió. Vi a Nathaniel apoyarse en el bastón.

Estiró la espalda y golpeó el bastón ligeramente contra el suelo. Se escuchó un sonido metálico, clac. Nathaniel sonreía con el cigarrillo aún en la boca. Con mi mente aún aturdida, hice un esfuerzo por recuperar la razón.

―Esas sus magníficas feromonas no me afectan. Yo soy una beta.

Al oír eso, él se rió brevemente.



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN TU PATRONA


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