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Capítulo 20

Por supuesto, no era lo que yo pensaba.   

—Este lugar es el más seguro —dijo Lionel, arrodillándose frente a mí para quedar a la altura de mis ojos, justo después de sentarme en la cama.

—Bueno, sí… supongo que sí…

Mientras dudaba, él se agachó y me quitó los zapatos. Sentí sus dedos rozar mi tobillo, y sin querer, encogí los hombros. Probablemente para Lionel no significaba nada… pero yo sola me puse tensa. Era como si algo, en un punto indefinido de mi cuerpo, me provocara una sensación cosquilleante, como querer rascarme sin saber dónde.

—Quédese aquí y descanse. No se mueva hasta que regrese.

Lionel insistió en acostarme en su cama y me cubrió con la manta hasta la barbilla, con sumo cuidado.

—Volveré pronto.

Me lo repitió mirándome a los ojos, como si quisiera tranquilizarme, y solo entonces se apartó de la cama.

Justo cuando él estaba por alcanzar la puerta del dormitorio, le dirigí unas palabras con voz casi imperceptible.

—… Sí. Que le vaya bien.

Era la primera vez en mucho tiempo que le decía eso a alguien.

Pensé que quizá no me había escuchado por lo bajo que lo dije.

Pero Lionel se detuvo de inmediato y dio la vuelta para mirarme.

Luego, me dedicó una leve sonrisa mientras yo lo observaba desde debajo de la manta, dejando apenas los ojos asomados.

Y entonces salió de la habitación.

Justo antes de que la puerta se cerrara por completo, escuché lo que le decía a su ayudante, Keil.

—No dejes que nadie entre. Ni siquiera Vivian. Que no haya excepciones, ¿entendido?

—Sí, Su Excelencia.

Una vez que la puerta se cerró por completo, el sonido del exterior quedó bloqueado, y ya no pude oír nada más de su conversación. Solo cuando quedé completamente sola en aquel espacio silencioso, fui capaz de asimilar la realidad en la que me encontraba.

«¿De verdad estoy acostada en la cama del jefe de la familia Ruanax…?»

Hundida en una cama tan grande que podrían acostarse diez adultos a la par, parpadeé sin parar, y luego me di un buen pellizco en la mejilla. Por más que lo pensara, era una situación difícil de creer. Probablemente había más posibilidades de que todo esto fuera un sueño… o de que me hubiera vuelto loca. Pero mi mejilla dolía tanto (al punto de hacerme lagrimear) que no quedaba duda: esto era real.

«Lionel fue quien me trajo hasta aquí.»

¿La razón?

«Porque pensó que este era el lugar más seguro.»

Desde su punto de vista, solo había hecho la elección más eficiente.

«Claro… solo eso. No hay por qué exagerar.»

Decidí pensar de esa forma, por mi salud mental, y me cubrí entera con la manta.

Y aunque estaba agotada, no lograba conciliar el sueño con facilidad.

Me venía a la mente la voz de Lionel, advirtiéndole a Ardin frente a la galería. Y también aquella expresión suya cuando se dio vuelta para mirarme.

Lionel parecía mucho más sorprendido e indignado de lo que yo había imaginado.

¿Por qué?

¿Por qué reaccionó así?

No es como si él conociera tan bien los peligros que representa Ardin Silias como yo.

Tampoco podía conocer lo que yo sabía sobre el Príncipe Heredero Axion y el futuro de Serenia Solen.

Aunque pensándolo bien… No era la primera vez que sus palabras y acciones me resultaban difíciles de entender.

Desde nuestro primer encuentro había sido así.

Se empeñó en llevarme a mí entre todos los sacerdotes sanadores disponibles, y para hacerlo, donó al monasterio una cantidad que podría fácilmente valer lo mismo que un castillo. Y aun así, daba la impresión de que ni él mismo sabía por qué me necesitaba. A veces parecía más bien que buscaba una excusa para tenerme cerca.

«¿Y si resulta que Lionel se enamoró de mí a primera vista?»

Durante la última semana, me sorprendí imaginando eso varias veces al día.

Aunque al pensar en la personalidad de Lionel Ruanax, tal como era descrita en la novela “La noche en que las serpientes se enredan”, sabía que era algo completamente absurdo. Pero… ¿cómo explicar si no su forma de mirarme y esas expresiones que tenía cuando se dirigía a mí?

«¿Y si de verdad le gusto?»

Lo más ridículo era que, aunque sabía lo improbable que era… no podía evitar desearlo un poquito. Después de todo, ¿no era Lionel la mejor carta que tenía para protegerme y mantenerme a salvo del Príncipe Heredero Axion?

«¿Y si simplemente cierro los ojos y acepto su propuesta de matrimonio?»

Sentía que, si con eso podía liberarme de esta maldita inseguridad y miedo constante, sería capaz de hacerlo sin pensarlo dos veces.

No habría más momentos como el de hoy, en los que me sentí impotente, a merced de otros.

Y, si me permitía un toque de egoísmo, entre mi vida pasada y esta, nunca había tenido una relación… así que, si iba a probar el romance, qué mejor que con un hombre tan apuesto como Lionel.

«Al menos tiene buen carácter. Esos protagonistas fríos y distantes solo funcionan en las novelas… En la vida real, alguien atento y amable como Lionel es lo mejor que puede pasarte.»

Solo de recordar lo fácilmente que me levantó en brazos, como si fuera una hoja de papel, con ese cuerpo fuerte y firme, y ese abrazo cálido y protector… el corazón me dio un pequeño brinco.

«Yo también tengo confianza en que puedo hacer bien mi parte si me esfuerzo por ser una buena pareja para Lionel.»

Aunque no tuviera un gran linaje como el suyo, aunque estuviera llena de carencias en comparación, con la experiencia que tengo como lectora devota de novelas, podría interpretar bien el papel de una novia ideal. No soy alguien con un orgullo desmedido, tampoco me encierro en el silencio esperando que el otro adivine lo que siento, y en términos de energía física… tengo bastante aguante.

«De todos modos, pensaba hablar con él para modificar nuestro contrato, así que cuando Lionel regrese… le propondré algo.»

Mientras imaginaba su posible expresión, pensando en qué respondería, poco a poco me fui quedando dormida.

Rodeada de su aroma, en un espacio donde su presencia estaba por todas partes.

°.♡┈┈∘*┈୨୧┈*∘┈┈♡.°

—¿Crees que Sasha ya no quiera volver a pasar tiempo conmigo?

Mientras salían de la galería, Vivian murmuró en voz baja.

—Probablemente. A pesar de su apariencia, no tiene una personalidad fácil que digamos —respondió Ilina frunciendo el ceño.

Solo de recordar cómo aquella Sasha, siempre tan dócil, había brillado los ojos hablando de “castigo”, aún le recorría un escalofrío.

—Si quieres sobrevivir en la capital Imperial, tienes que ser capaz de responder si te atacan primero.

Vivian no podía evitar sentir cierta culpa, pero no se arrepentía.

De todos modos, era una situación por la que Sasha tenía que pasar tarde o temprano.

Ese día, Vivian había puesto a prueba dos cosas.

La primera, era comprobar si Sasha sería capaz de sobrevivir incluso si se quitaba el hábito de sacerdotisa y se lanzaba a un nuevo campo de batalla.

Por suerte, Sasha se había manejado mucho mejor que ella misma cuando debutó por primera vez en la alta sociedad tras ser adoptada por la familia Ruanax.

Era una chica lista. Y como dijo Ilina, tenía carácter.

Con eso era suficiente para dejar de preocuparse por ella.

Y la segunda… era confirmar cuánto la valoraba Lionel.

«Ardin casi muere ese día, ¿no es así?»

Vivian rió en voz baja, cubriendo sus labios con un abanico.

—¿De verdad era necesario llegar a tanto? ¿Y si el señor de la casa decide castigarla también a usted?

—Mmm… ¿crees que fui muy dura?

—Es un hecho que lo provocó bastante.

—Pero no había otra opción. Si la dejo así, esa niña terminará envuelta en mis problemas.

Vivian, que parpadeaba con lentitud, giró el cuerpo despacio.

A lo lejos, vio a un hombre de cabello plateado observando fijamente la entrada de la galería. Su rostro, normalmente indiferente, se contrajo en cuanto reconoció a Vivian.

—Mira, Ilina. Parece que mi prometido ha venido a verme.

—Sí, parece que sí.

Ilina soltó un suspiro y, discretamente, retrocedió unos pasos para dejar distancia entre ella y Vivian.

Halid Kalitas.

El prometido de Vivian se acercaba con pasos firmes.

Se detuvo a apenas un par de pasos de distancia y, con tono amenazante, gruñó:

—Explícate, Vivian.

—Qué agradable tarde soleada, Halid. ¿Has estado bien?

—¿Me preguntas eso después de enviarme algo así sin previo aviso?

Mientras hablaba, arrojó un papel hacia ella. La hoja flotó en el aire, girando levemente, hasta posarse suavemente en el suelo.

En la parte superior del papel se leía claramente: “Anulación de compromiso”.

—No firmaste. Pensé que era lo que querías.

—Nuestro compromiso no se va a romper, Vivian.

Halid la tomó de la muñeca y le susurró con tono amenazante.

Vivian lo miró de reojo y, con una sonrisa incómoda, respondió:

—Vaya… qué problema.

Mientras era prácticamente arrastrada hacia el carruaje de Halid, su mente estaba ocupada en otros asuntos.

¿Podría su hermano, con esa forma de pensar tan propia de un lunático, iniciar una relación después de lo ocurrido? ¿Tendría éxito en ganarse el corazón de esa adorable sacerdotisa?

Solo esperaba no tener que volver a intervenir otra vez.

Annad: Estoy confundida, ¿es Vivian amiga o enemiga?



TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ANNAD
RAW HUNTER: ANNA FA


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