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Capítulo 21

La voz de Millen, que se deslizó como un murmullo casi para sí mismo, seguía sonando suave. Su tono era perfecto para susurrar palabras románticas. Al final, Millen ladeó ligeramente la cabeza y esbozó una sonrisa relajada.

—Renée, más que nada… ¿no hay una mejor forma de demostrar el amor?

—¿Una forma…? ¿Qué quieres decir?

—Tú ya la conoces bien. Me refiero a lo que hiciste con Jack Hartzfeld.

Tras decir eso, Millen besó a Adeline. Su aliento rozó suavemente sus labios. Como si la acariciara, pasó la lengua por ellos antes de deslizarse entre la abertura de su boca.

Millen sabía a aquel vino tinto que habían compartido minutos antes en el salón de baile. Un vino sin dulzor, ligeramente amargo, de trago áspero y algo seco. Adeline también lo había probado, así que quizás Millen estaba saboreando lo mismo en ese instante.

La punta de su lengua recorriendo cada rincón de su boca le cortó la respiración por un segundo. Como si quisiera saborearla por completo, Millen la besaba con tenacidad, robándole el aliento poco a poco.

El beso de Millen parecía suave a primera vista, pero tenía un trasfondo posesivo. De no haber tenido aquella experiencia previa con Jack, si no supiera que durante un beso debía respirar por la nariz, quizás habría acabado jadeando.

«Millen parece tener experiencia…»

Como no tenía muchas comparaciones, no podía estar segura de si aquello era realmente un beso hábil. Solo podía notar que, a diferencia de Jack, cuya forma era más agresiva, el de Millen era más suave.

Sus movimientos, entrelazados con los de ella, le provocaban una sensación de ensueño. Adeline sintió una vaga sensación de ingravidez. Como si estuviera al borde de algo peligroso, una línea fina entre querer detenerse… y desear un poco más.

Cuando el beso largo finalmente terminó, Millen atrapó con delicadeza los labios humedecidos de Adeline antes de soltarlos suavemente. Con una caricia sutil, apartó su cabello detrás de la oreja, mientras sonreía con suavidad.

—Pareces decepcionada, mi querida Renée. Si hubiera sabido que te iba a gustar tanto… lo habría hecho antes.

Mientras escuchaba esas palabras que salían como una broma, Adeline, sin darse cuenta, posó una mano sobre el pecho de Millen. Aún no estaba segura de si aquel gesto era para apartarlo… o para atraerlo nuevamente hacia ella.

Solo hubo una cosa que comprendió con claridad en ese momento.

«Millen…»

Sintió su pulso bajo la yema de los dedos. La mano de Adeline reposaba sobre el corazón de Millen.

PUM. PUM.

Los latidos eran regulares y tranquilos. Ni más rápidos ni más intensos que los de cualquier otra persona. Incluso ahora, después de haberse besado, su pulso era así. Así que, seguramente, en el momento en que le propuso matrimonio… también habría latido igual.

«…Pero el mío sí latía con fuerza.»

Aunque ya habían pasado más de tres años desde aquella propuesta, Adeline aún podía recordarla con total claridad. Incluso el instante en que, tras desatar el ramo de rosas, iba colocando una a una en el florero… su corazón latía emocionado.

Hasta el punto de que le costaba creer que jamás hubiera visto a Millen como un hombre antes de eso.

«¿Acaso… me gustaba Millen?»

En aquel entonces, se lo preguntó sin darse cuenta, mientras su corazón latía apresurado. Y ahora también era así. No sabía si era por el beso… o por el rostro de Millen, ese mismo que en el pasado solía dejarla absorta cada vez que lo observaba.

Incluso con el recuerdo de la traición, su corazón seguía acelerado. Quizá era el eco de aquellas emociones que no pudo afrontar tres años atrás.

Por eso, en ese instante, Adeline lo supo con absoluta certeza.

«Millen no me ama.»

La razón por la que le propuso matrimonio no fue por amor. Fue por ambición. Por su deseo de apoderarse de la Casa Ducal de Zeller. En el fondo, Adeline ya lo sabía.

«Pensar que lo hizo por amor era menos realista que aceptar que lo hizo por ambición.»

Y aun así, lo cuestionó. Le preguntó si la amaba. Se atrevió a buscar una respuesta. La razón era más sencilla de lo que esperaba.

«Yo… realmente, Millen me gustaba.»

Por eso, quería aferrarse a la idea de que fue amor. Aunque quisiera evitarlo, la verdad era demasiado clara para ignorarla. Ese ritmo sereno del corazón que no latía como el suyo, esa sonrisa hermosa… le cortaban como una navaja.

Por eso, el beso con Millen fue realmente como aquel vino tinto.

Amargo. Y le dejó sin aliento.

  ✧¸¸. •*¨`༻✦༺⊱✩⊰༻✦༺¨`*•.¸¸✧

La residencia del Marqués de Bellof, ubicada en las afueras de la capital.

Millen, un joven de cabello plateado con destellos azulados, cruzó el umbral del salón oscuro. Ni siquiera la chimenea estaba encendida, y todo estaba sumido en una oscuridad fría y desoladora. En medio de esa penumbra, una silueta levantó la mano de pronto al ver a Millen.

—Llegaste antes de lo que pensaba, ¿Millen?

—…Huberg. —Millen suspiró brevemente al reconocer a su hermano menor y se acercó a encender una lámpara de gas.

Solo después de encender varias seguidas, las siluetas del amplio salón comenzaron a perfilarse poco a poco. Una repisa decorada con encaje tejido a mano, y un sofá cubierto con cojines mullidos. Y también, un joven de cabello plateado que acababa de levantarse del sofá.

A diferencia de su hermano mayor, ese joven tenía un tono más opaco y menos azulado en el cabello. Su nombre era Huberg Roman Bellof.

Huberg tenía una personalidad bromista y extrovertida. Se notaba con solo ver su forma despreocupada de caminar mientras se acercaba a Millen. Cuando estuvo frente a él, Huberg se apoyó de lado contra la pared y soltó una risita burlona.

—Así que estuviste en el banquete del palacio, ¿eh? Viendo que volviste tan pronto, supongo que la cita no fue muy bien, ¿verdad, hermano? Una noche como esta, deberías haberte aprovechado del ambiente y habértela llevado a la cama.

Palabras vulgares, comportamiento vulgar. Millen, que observaba tranquilamente a su hermano menor, soltó una risa breve y negó con la cabeza.

—Ya decía yo… Siempre me pregunté por qué te rechazaban tan seguido. Pero claro, con razón.

—¡Joder, ¿a qué viene eso ahora?!

Precisamente la semana anterior lo habían mandado al diablo justo cuando intentaba ligar con una chica, así que Huberg se puso de inmediato a la defensiva y se irguió con brusquedad. Pero Millen ni se inmutó. Siguió sonriendo con calma, como si nada.

—Presumir de acostarte fácil no es precisamente un logro, así que mejor cierra la boca. No me digas que eres tan idiota como para no entender algo tan simple.

—…Tsk. Maldito imbécil.

—A menos que quieras volver a darte de golpes conmigo como cuando éramos niños, ¿por qué no te largas ya? Porque la verdad, ahora mismo me da flojera hasta responderte.

Solo entonces Huberg se dio cuenta de que la expresión de Millen estaba más fría de lo habitual. Para cualquier otra persona, esa sonrisa suya no parecería diferente a la de siempre. Pero después de haber vivido toda una vida juntos como familia… ¿cómo no iba a notarlo?

¡CLAC!, chasqueó los dedos y soltó una gran carcajada.

—Vaya, con razón hoy estás tan jodidamente amargado. ¿De verdad fue tan mal con la chica?

La ventaja de ser familia es que uno conoce perfectamente los puntos sensibles del otro. Por supuesto, lo malo… también es eso.

—¿No era con esa con la que ibas al baile hoy? La hija única de los Zeller. ¿Cómo se llamaba…?

—…

—¿Leni? ¿Laria? No, espera… ¿era Edel?

Al escuchar una cadena de nombres erróneos, Millen esbozó por fin una sonrisa burlona y lo cortó de inmediato.

—Con esa cabeza hueca que tienes, ni aunque lo intentaras lo recordarías, así que no te esfuerces, Huberg. Hazte un favor y deja de meterte donde no te llaman. Ignora el asunto y lárgate.

—Tch, joder… Solo quería molestarte un poco.

Fue entonces cuando Huberg se despeinó con fuerza mientras reía entre dientes. La verdad, no le interesaba en lo más mínimo la vida amorosa de Millen, ni recordaba el nombre de la hija única de los Zeller.

Todo era solo una excusa para fastidiarlo. Retrocediendo un par de pasos con expresión desganada, Huberg se encogió de hombros.

—Mamá vuelve pasado mañana. Me quedé hoy para decírtelo.

—¿…Mamá?

—Sí. Papá insistió tanto en que te avisara, que al final terminé viniendo. Una molestia, como siempre, haciéndome venir hasta acá solo por eso.

—…

—A veces pienso que papá solo te quiere a ti, ¿sabes?

—Será porque tú vives así como vives.

—Ya basta de sermones. Ya cumplí con lo mío, así que me largo.

Y sin ganas de seguir hablando, Huberg se despidió agitando una mano y se fue.



TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK


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