Capítulo 2
Por lo general, los asuntos de una familia noble deben ser gestionados por el cabeza de familia.
Sin embargo solo existe una excepción.
Existe un solo caso en el que un título nobiliario puede ser revocado sin pasar por el cabeza de familia:
Cuando el banco solicita la bancarrota de dicha familia.
Y el primer paso es presentar documentación que demuestre su incapacidad para pagar las deudas.
—¿No es ridículo que una familia que ni siquiera tiene la capacidad de pagar sus deudas actúe con nobleza?
Que un banco solicite la bancarrota de una familia noble equivale, en esencia, a pedir que se evalúe su aptitud para seguir siendo parte de la nobleza.
La prestigiosa Casa del Duque Zeller no era más que una fachada, y lo único que poseía era una montaña de deudas.
Fue una humillación expuesta ante el mundo entero.
—La Familia Imperial ha decidido revocar el título del Duque de Zeller y subastar todos sus bienes. Los acreedores también necesitan recuperar su dinero, así que no hay otra opción.
El título de Duque Zeller fue revocado.
La familia Zeller ya no era una Casa Ducal, ni siquiera una familia noble.
Y no solo la mansión que estaba en manos del banco como garantía, sino todas las propiedades restantes, fueron vendidas en subasta.
En resumen, era así:
—¿Ahora lo entiendes? El Ducado de Zeller ya no existe.
El Ducado de Zeller, Adeline y su padre habían dedicado a protegerlo, pero ahora había desaparecido.
Ahora, lo único que quedaba bajo el apellido Zeller, era la propia Adeline.
—Permíteme informarte de algo: el título revocado me fue concedido a mí.
No como Ducado de Zeller, sino bajo un nuevo nombre: Ducado de Latif.
—Y la mansión que fue puesta en subasta, fue adquirida por Sir Jack Hatzfeld, aquí presente.
Jack, quien había sido el administrador de los bienes de la familia Zeller, ya era un exitoso hombre de negocios que había multiplicado su fortuna.
La fortuna actual de Jack era una de las tres más altas de la capital, así que comprar la mansión Zeller no habría sido nada para él.
Jack dió un paso más para acercarse a Adeline, quien aún estaba paralizada por el shock.
Sus ojos fríos, cargados de desprecio, se clavaron en ella, y una sonrisa torcida apareció en su rostro, que antes era tan frío como un acantilado.
—No sé si lo recordará, Adeline Zeller. ¿No nos veíamos a menudo en esta mansión cuando su padre aún vivía? Ah, ahora que lo pienso… también estuvo aquella noche.
La noche antes de su boda.
—Siempre pensé que era una mansión bastante hermosa, pero nunca imaginé que acabaría en mis manos… de esta manera.
Una voz terriblemente baja la desgarró por dentro.
Todo en él esa voz, esa sonrisa, esa mirada respiraba la arrogancia de un victorioso.
Era, al mismo tiempo, una burla y un desprecio hacia ella.
—…No.
Un sonido ahogado escapó de los dientes apretados de Adeline.
—Eso no puede ser. Debe haber algo mal.
Adeline solo había estado ausente dos semanas.
¿Cómo era posible que, en ese tiempo, la Casa Zeller hubiera quebrado, perdido su título, sus propiedades… y hasta su mansión?
—Si el banco presentó documentos a la familia real, la Casa Zeller debería haber sido notificada. Y si hubiese una evaluación de aptitud, yo lo habría sabido.
Todo lo que Millen había dicho era algo que no podía hacerse ocultándoselo a la cabeza de la familia Zeller.
Y durante esas dos semanas en las que Adeline había estado fuera de la capital…
Hubo alguien que actuó como representante del cabeza de familia en su ausencia.
—…Carlyle Divine.
Un leal mayordomo de la familia Zeller, que al igual que Adeline, había dedicado su vida entera a servir a la Casa Zeller.
Carlyle había sido una pieza clave para ayudar a Adeline a mantener el ducado a flote.
No sería exagerado decir que fue uno de los pilares del ducado Zeller.
Precisamente por eso, Adeline había podido dejarle el cargo de representante y ausentarse sin preocupaciones.
Él había presenciado todos los esfuerzos que Adeline había hecho para proteger la Casa Zeller. Por eso, jamás habría permitido que la familia cayera así.
Adeline, con los dientes apretados, enderezó la espalda.
—¿Dónde está el mayordomo de la mansión Zeller? ¡Tráiganlo ahora mismo! Él estaba al mando de la familia, así que era imposible que las cosas hubieran terminado así.
Si hubiera sido Carlyle…
Si era Carlyle, él debía conocer la verdad.
En el momento en que estaba a punto de decir eso,
una voz sonó tras ella.
—Lo lamento, señorita.
Terriblemente familiar, y por eso mismo, más horrorizante.
—Sir Millen tiene razón. El ducado de Zeller ya no existe.
La voz de un traidor.
La ruina siempre llega en silencio.
Adeline giró lentamente la cabeza y miró a Carlyle.
Con cada movimiento, sentía como si sus articulaciones crujieran.
Adeline se dio cuenta por primera vez de que su cuerpo, paralizado por la traición, estaba rígido.
Al final de su mirada, él con su impecable uniforme de mayordomo y su cabello castaño recogido parecía escalofriantemente sereno, en contraste con ella.
—…Jaja.
Adeline finalmente estalló en carcajadas.
Era extraño: su estómago, destrozado por la traición y la desesperación, ardía como fuego, pero su cabeza estaba tan fría como si le hubieran vertido agua helada.
Adeline estaba sorprendida de que ni una lágrima brotara de sus ojos.
En lugar de llorar, lo que brotó de su boca fue una pregunta que parecía absurda.
—Carlyle, ¿de verdad permitiste todo esto? ¿La caída del ducado Zeller?
—…Sí.
—¡¿Cómo pudiste hacerme esto?!
Adeline finalmente dejó escapar un grito.
—¡Sabes todo lo que he soportado! ¡Sabes hasta qué extremos llegué por esta familia!
La época escolar de Adeline había sido deslumbrante.
El título de sucesora del ducado. Hermosa apariencia, conducta digna de la familia y excelentes calificaciones.
Todos admiraban a Adeline, y ella también vivía con orgullo y autoestima.
Incluso había jurado que, aunque pasara hambre, nunca doblegaría su orgullo.
—¡Viví con un marido que me humillaba todos los días! ¡Hasta me golpeó en nuestra propia cama! ¡Y aun así lo soporté! ¡Renuncié a mi orgullo, a mi dignidad! ¡Tú lo sabes!
—Señorita…
—¡La Casa Zeller era mi vida, la vida de mi padre! ¡Era todo lo que tenía! ¡Y ahora ha desaparecido sin dejar rastro, y tú solo lo observaste! ¿Verdad, Carlyle?
¿Era ira, traición o simple desesperación?
Carlyle cerró los ojos con fuerza y escuchó cada palabra que Adeline gritaba. Luego, dio un paso hacia ella y extendió la mano.
—…Señorita, puedo explicarlo todo. Todo lo hice… por su bien.
—¡Basta!
¡SLAP!
Carlyle, que se había acercado un paso más, le tendió la mano a Adeline, pero ella la apartó con violencia.
Los profundos ojos verdes de Adeline brillaron con ira y traición.
—¿Por mí? No me hagas reír. ¡Lo hiciste por tu nuevo amo, ¿verdad?! ¡Dime! ¿Fue Millen? ¿O Jack? ¿Quién es tu nuevo dueño?
La expresión de Carlyle se complicó ante la feroz acusación. Intentó acercarse a Adeline varias veces, pero finalmente bajó la cabeza sin hacerlo.
—…No tiene que creerme, señorita. Pero tanto Sir Millen como Sir Hatzfeld actuaron por su…
—Oye, eso ya es suficiente.
TAP. La suela del zapato de Jack se interpuso entre ellos.
—Parece que el mayordomo se ha ganado tu odio. Entonces, como nuevo dueño de esta casa, seré yo quien te lo explique.
—No interfiera Sir Hatzfeld. Yo me encargaré de la señorita.
Millen sonrió levemente ante la conversación y se acercó.
—Están siendo presuntuosos. Yo planeé esto, así que, es obvio que debo ser quien lo explique. Ustedes dos deberían mantenerse al margen.
Millen dijo eso y dio un paso al frente, extendiendo la mano hacia Adeline.
—Ven aquí, Renée.
En ese instante, Adeline presenció las miradas de los tres hombres que estaban frente a ella.
Millen, con su sonrisa serena de siempre.
Jack, quien tenía un rostro hosco y ojos extrañamente persistentes.
Y Carlyle, quien la miraba con una expresión ligeramente triste y ojos suplicantes.
Aus: soportó vientos despiadados, infernales desiertos, escaló hasta el último maldito cuarto de la torre más alta y ¿Qué encontró? Al trío de traidores que le dicen que su Ducado ¡Ya no existe! #FreeAdeline
Robin: ajajajajjajajajajajjaja

TRADUCCIÓN: AUS
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK