Capítulo 199
La enorme energía que la Odelli del pasado jamás habría podido soportar sin estallar comenzó a circular por todo su cuerpo, como si siempre le hubiera pertenecido.
«Esto es…»
Odelli bajó la mirada hacia sus manos.
Al intentar canalizar su poder de purificación, una débil aura azul, semejante a una llama, brotó de la punta de sus dedos.
Ya no era aquella fuerza inestable que la consumía desde dentro.
Era la vida infinita y absoluta que emanaba del corazón del dragón.
«La enfermedad… se fue.»
Lo supo al instante.
Ya no era una persona condenada.
De hecho, se sentía incluso más sana que cuando había habitado el cuerpo de Althea en el pasado.
—¿Odelli…?
Rudville, al percibir el cambio en su energía, la miró con los ojos muy abiertos.
Odelli apretó y aflojó el puño.
Una vitalidad desbordante, una mente clara y una sensación de protección envolviendo todo su cuerpo.
Una sonrisa lenta apareció en sus labios.
—Rudville… ya no estoy enferma.
—…
—Y además… creo que ahora soy muy fuerte.
Odelli se incorporó.
El suelo bajo sus pies descalzos estaba cubierto por los restos ennegrecidos del ritual prohibido que Rudville había activado.
Las huellas de un acto destinado a sacrificar toda la vida del mundo para forzar un milagro.
Aunque aquel desastre había sido detenido gracias a su regreso, el aire aún estaba cargado con un olor pesado y asfixiante.
La mirada de Rudville recorrió esas marcas horribles… y se torció.
—No mires.
Se limpió la sangre de la comisura de los labios y alargó la mano hacia ella con urgencia.
—Es sucio. Yo me encargo…
Intentó rodearla con los brazos, ocultarle la vista, como si no quisiera que presenciara el rastro de su propia locura.
Pero Odelli lo detuvo con firmeza.
—…!
Rudville abrió los ojos, sorprendido.
De aquella muñeca frágil que siempre había protegido, brotaba ahora una fuerza capaz de detenerlo.
—Mira conmigo, Ru.
Odelli alzó lentamente la mano.
El corazón del dragón que latía en su pecho respondió, palpitando con fuerza.
«Ah…»
Desde sus dedos estalló una oleada de luz azul tan pura que dolía contemplarla.
Era una marea sagrada que arrasaba con toda impureza.
Como si un océano entero hubiera sido vertido sobre un pantano corrompido, disolviendo su podredumbre hasta dejar solo claridad.
Una misericordia absoluta e irresistible brotaba de sus manos.
Purificación.
Era un poder de la misma naturaleza que el retorno.
«Así que… así era.»
Odelli sintió, hoy por primera vez, el verdadero poder de la purificación que había manejado desde que nació como si fuera respirar.
Era una autoridad absoluta de restauración: corregía el mundo distorsionado y lo hacía regresar al instante primordial, el más perfecto e inmaculado.
PAAAH—
Cuando la luz azul barrió el lugar, el olor a sangre podrida que llenaba el palacio desapareció en un instante, y en su lugar se llenó de un aire claro y fresco.
La onda azul atravesó el techo de la mansión ducal y se extendió hasta el extremo del cielo.
Y se propagó por el cielo del imperio, que se estaba consumiendo con un rojo negruzco.
En ese momento ocurrió un milagro.
La extraña nieve grisácea que caía sin descanso por todo el imperio empezó a detenerse poco a poco.
—¡E-el cielo!.
—¡Las nubes rojas desaparecen!.
El cielo que hervía teñido de sangre por el arrebato de Rudville estaba siendo empujado hacia atrás, en un instante, por la luz azul que se elevó desde el centro de la fortaleza.
Las nubes oscuras se apartaron, y la atmósfera rasgada se selló.
La escena que parecía la puerta del infierno abierta se desvaneció como si nunca hubiera existido, y quedó al descubierto un cielo azul tan transparente que lastimaba los ojos.
Como si el mundo primordial se abriera.
Pero la purificación no terminó ahí.
Partículas doradas que florecieron desde la punta de sus pies avanzaron como una ola y empezaron a abrazar todo el imperio.
El escudo dorado, fundamento de la protección del imperio que había desaparecido por completo, se estaba restaurando con una forma mucho más sólida y resplandeciente que la de hace tres años.
—…Esto.
Rudville dejó escapar una risa hueca y alzó la vista más allá del techo perforado.
Las leyes del mundo que él había arruinado apostándolo todo, ella las devolvió a su estado original con un solo gesto.
No; las hizo aún más perfectas, convirtiéndolo en un santuario.
Su mirada se fijó en una sola persona.
Era una mirada donde se mezclaban asombro, veneración y un afecto desbordante.
—¿Lo viste?
Odelli, con una sonrisa tan amable como segura, se acercó a Rudville.
Extendió la mano y le limpió la costra de sangre que le cubría la mejilla.
Cuando la luz azul se filtró en el lugar que tocó, las cicatrices y las manchas de sangre desaparecieron sin dejar rastro y solo quedó una piel lisa.
—Ahora da igual si destruyes todo lo que quieras.
Los ojos azules de Odelli brillaron con certeza.
—Aunque conviertas este mundo entero en cenizas, da igual. Yo puedo devolverlo todo a su forma primordial.
—….
—Así que ahora no hay nada que pueda impedirnos.
Ella lo abrazó del cuello y susurró, como clavando una cuña:
—Nada.
Nada podría interferir con su amor, con ese reencuentro perfecto.
Odelli ya no era una muñeca de vidrio que temía romperse con solo que Rudville la tocara.
Podía cubrir y lavar incluso su locura, su destrucción, y todos los pecados que él cometiera…
—Puedo salvarte.
En las largas pestañas de Odelli se balanceaban gotas transparentes.
La valentía con la que acababa de hablar había desaparecido sin dejar rastro, y su rostro se torció como si fuera a romper a llorar en cualquier momento.
—…¿Lloras?
Rudville, desconcertado, intentó alargar la mano, pero Odelli se adelantó y le sujetó la mano con fuerza entre las dos.
Las lágrimas que había estado aguantando por fin cayeron, tuk, y humedecieron el dorso de la mano de Rudville.
—Qué alivio….
Odelli susurró con voz temblorosa.
—De verdad… qué alivio….
La impotencia de no poder hacer nada por él aun recibiendo su amor pesado, y la culpa de que la causa de empujarlo a la ruina fuera ella.
Eso siempre había estado clavado en algún rincón del pecho de Odelli, como una espina que no se pudre.
—Siento que solo recibo, que solo termino por destruirte… y eso siempre me daba mucho miedo….
Odelli volvió a acariciarle la mejilla a Rudville.
La cálida luz azul de curación contenida en su toque lo envolvió, como si también apaciguara su alma agotada.
—Pero ahora también puedo protegerte.
—…
—Si te lastimas, puedo curarte, y si cometes un pecado, puedo lavarlo.
Odelli, sin poder contener la emoción que la desbordaba, sonrió entre sollozos.
Más allá del calor de sus cuerpos, la infinita fuerza vital que enviaba el corazón del dragón se le transmitió a él.
Rudville contuvo la respiración por un momento.
Odelli siempre había sido su salvación, en todo momento.
Y aun así, como si fuera algo nuevo, ella lloraba en su abrazo diciendo que le lavaría sus pecados y cubriría su destrucción.
—…Sí. Por favor, sálvame.
«Que mi dios se apiade de mí a cada instante. Aunque sea esa compasión, que todos tus sentidos queden atados únicamente a mí.»
Rudville se tragó ese deseo posesivo, egoísta y sombrío, y besó hondo y con lentitud la palma de la mano de Odelli, como si ofreciera un juramento.
CHUP, el sonido húmedo llenó el silencio.
—Porque sin ti… me habría convertido en un cascarón que hasta olvidó cómo respirar.
Él murmuró, frotando su frente ardiente contra la nuca de Odelli, como una bestia completamente domada.

RAW HUNTER: SUNNY
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD