Capítulo 19
Ante las siguientes palabras de Kaiden, la expresión de Adeline se volvió repentinamente fría.
—…¿Perdón? ¿Qué quiere decir con eso?
Tan solo por el tono serio con el que lo dijo, ya quedaba claro que no se trataba de una broma. Al tensarse ligeramente, Adeline vio cómo Kaiden dejaba escapar un breve suspiro.
—Tendré que decírtelo sin rodeos. No te cases con Millenberg, Adeline Zeller.
—¿Cuál es… la razón? No entiendo lo que me está diciendo.
—Es que no quiero que termines como mi padre. Eso es todo.
El “padre” al que se refería Kaiden era el Emperador Albert. Un hombre que se casó por amor y no cosechó más que arrepentimiento. Y al oírlo decir eso, Adeline comprendía aún menos.
«¿Por qué razón habría de seguir los pasos del Emperador Albert? ¿Qué tiene que ver eso con ella?»
Si hubiera sido otra persona quien dijera algo así, lo habría ignorado sin más. Pero siendo Kaiden… no podía hacerlo.
«El príncipe Kaiden… es alguien que se preocupa por mí más que nadie.»
Lo sabía bien por su vida pasada. Kaiden había sido su único aliado. Y esa confianza que sentía hacia él fue lo que provocó su confusión.
Al no ser capaz de dar una respuesta inmediata, Adeline guardó silencio. Fue entonces cuando Kaiden se inclinó un poco y le susurró en voz baja:
—Pareces confundida, así que te diré algo. Aunque puede que ya lo sepas…
Las palabras que le susurró al oído eran, tal como Kaiden había anticipado, era algo que Adeline ya sabía.
Que el siguiente Marqués de Bellof no sería Millenberg, sino Huberg. Pero lo importante vino después, en forma de una pregunta:
—Adeline Zeller, ¿tú también sabes por qué?
La razón por la que Millen no heredó el título de marqués de Bellof. Curiosamente, eso coincidía con algo que Adeline llevaba tiempo preguntándose.
Cuando su mirada se estremeció, Kaiden esbozó una sonrisa, como si lo hubiera esperado. Pero la conversación no continuó. Kaiden giró el rostro que tenía inclinado hacia ella y señaló discretamente en una dirección.
—Mira allí. Tu pareja regresa.
Quizá escuchar la respuesta directamente de él no estaría mal. Era Millen, que al parecer había terminado de hablar con Sophia y se acercaba hacia ellos.
Cuando sus miradas se cruzaron, Millen sonrió con calidez de inmediato.
Kaiden, al ver esa expresión, soltó una breve risa nasal y dio un par de golpecitos en el hombro de Adeline.
—Entonces piénsalo bien, Adeline Zeller. Si de verdad está bien que te cases con Millenberg.
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¿Qué quiso decir realmente el príncipe Kaiden? ¿Hasta qué punto sabía lo que ocurría para decirle eso a Adeline?
«¿Acaso sabe también que Millen me propuso matrimonio?»
Si hubiera podido, Adeline habría querido detener a Kaiden para preguntarle más, pero él no dijo nada más al respecto. Quizá porque tampoco podía hablar a la ligera sobre los asuntos internos de otra familia noble.
Por eso, incluso al salir del salón de banquetes, su mente seguía ocupada por esos pensamientos.
Al notar que Adeline hablaba cada vez menos, Millen, que caminaba a su lado atravesando los jardines del Palacio Imperial, abrió la boca para romper el silencio.
—Ya terminé de hablar con Sophia. Parece que hubo algún malentendido con Mireille Leroy… —Millen desvió la mirada y sonrió con cierta incomodidad, dejando la frase inconclusa—. Siento haberte hecho presenciar algo así tan de pronto. Ya no tienes que preocuparte por eso.
—…
En lugar de responder, Adeline se limitó a observar en silencio al apuesto joven que intentaba tranquilizarla.
Millen, por su parte, parecía convencido de que el silencio de Adeline se debía al asunto con Sophia.
Y en realidad, en el pasado, Adeline sí solía preocuparse cuando Millen se veía envuelto en escándalos. Pensaba que, si Millen tenía a alguien más, no era apropiado que ella pasara tanto tiempo a su lado ni se comportara de forma demasiado cercana.
«Pensaba que lo correcto sería mantener cierta distancia.»
Adeline siempre había dicho que la Casa Ducal de Zeller no necesitaba verse envuelta en escándalos, y esa misma idea se aplicaba a su relación con Millen. Claro que ahora, si Adeline decidía tomar distancia de él… no sería precisamente por un simple escándalo.
Entonces, tras un largo silencio, Adeline habló de repente.
—Millen, hace un momento el Príncipe Kaiden me dijo algo… comentó que será tu hermano quien herede el título de Marqués de Bellof. ¿Es cierto eso?
—…Sí. Es cierto.
La expresión con la que Millen lo admitió, sin intentar negarlo, parecía más apagada que de costumbre. Y eso solo confundía aún más a Adeline. Una vez abierta la boca, no pudo contener sus preguntas.
—¿Por qué lo hiciste, Millen?
—¿A qué te refieres?
—¿No es porque me propusiste matrimonio que el título pasó a manos de Huberg? Si no me lo hubieras propuesto, tú habrías podido heredar ese título.
¿Por qué Millen renunció al título solo para pedirle matrimonio? ¿Y por qué, tras ser rechazado, acabó destruyendo la Casa Ducal de Zeller solo para obtener ese mismo título?
En realidad, el plan original de Adeline no era hacer preguntas de forma tan directa e impulsiva. Pero no fue capaz de contenerse. Había demasiadas cosas que empujaban su espalda con fuerza, demasiadas dudas acumuladas en un solo día.
Empezando por las palabras del príncipe Kaiden…
La actitud de Sophia, que en cuanto vio a Millen, lo atacó con reproches mordaces. Y Millen, que tras hablar con Sophia no mencionó una sola palabra de lo que conversaron, limitándose a decir que había sido un malentendido y que no se preocupara por ello.
El jardín, ya envuelto en la oscuridad de la noche, estaba iluminado solo por la luz de la luna. Bajo esa luz, el joven de cabellos plateados resaltaba más que nunca. Sus ojos azul claro, cargados de melancolía bajo unas cuencas profundas, parecían un lago bajo el sol.
Una sonrisa suave. Un tono de voz amable, gestos atentos. Sus pestañas, densas y perfectamente delineadas alrededor de unos ojos siempre sonrientes, le daban una apariencia aún más etérea y ensoñadora. Por eso, Adeline quería preguntarle.
«Millen, ¿por qué me estás engañando?»
No sabía de qué había hablado con Sophia, pero si Millen lo había dicho de esa manera, entonces estaba claro: Sophia no volvería a mencionar sus escándalos. Siempre era así cuando Millen decía “No te preocupes.”
Simplemente no podía entenderlo. «¿Por qué se tomaba tantas molestias para mentirle?»
¿Por qué se esforzó tanto por proponerle matrimonio?
Con ese rostro tan hermoso, con una sonrisa que parecía hechizarla…
Adeline bajó la mirada y apretó con fuerza los puños.
—¿No habría sido suficiente con que tú heredaras el título de Marqués de Bellof?
«Si hubiera sido así, yo no habría perdido la Casa Ducal de Zeller.»
No importaba cuánto pensara en ello, no encontraba una respuesta.
—¿Por qué me propusiste matrimonio, Millen? —preguntó con la voz temblorosa—. Cuando lo hiciste, dijiste eso… que querías casarte conmigo desde que éramos niños.
—Sí, lo dije, ¿no?
Al alzar la vista, vio que el rostro de Millen no había cambiado casi nada respecto a momentos antes. Esa expresión tan serena, como si no entendiera por qué habría algún problema con su propuesta.
La sombra de Millen dio un paso más hacia ella. Adeline lo miró directamente, y pronunció sus palabras una por una, con firmeza:
—Lo he pensado muchas veces, pero sigo sin entenderlo. Así que dime… Millen, ¿me amas?
—…Por supuesto.
Con esa breve respuesta, la mano de Millen, que había dado otro paso más, se posó en la mejilla de Adeline. Con una sonrisa, sus ojos azules la miraron con profundidad.
—No voy a proponerle matrimonio a alguien a quien no amo, ¿verdad?
—¿Ah, sí? —Adeline soltó una ligera risa. Luego tomó la mano que sostenía su rostro y la cubrió con la suya—. Si de verdad me amas… quiero saber qué estarías dispuesto a hacer por mí.
«Si vas a hablar de algo tan ingenuo como el amor, entonces también debes poder demostrarlo.»
—Millen, ¿serías capaz de morir por mí?
Esta vez, la respuesta no llegó de inmediato. En su lugar, Millen soltó una breve risa. Cuando volvió a alzar la mirada, sus ojos azules brillaban con un matiz distinto.
—¿Probar mi amor con la muerte? Qué cruel. Si muero… ya no podría volver a verte.

TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK