CAPÍTULO 18
Elena sintió un agotamiento insoportable. Al ser la única que conocía el talento de Hewlhard, se imaginó mostrárselo al mundo después de ser elegido por ella; estaba emocionada. Sin embargo, puso los ojos en blanco y miró a Liabric. Tan pronto como sus ojos se encontraron, bajó la mirada y mostró signos de conflicto. Decidió conducir el ambiente.
—Ya me he decidido.
James y Liabric prestaron atención a la voz cautelosa pero obstinada.
—Lord Hewlhard, baje su espada.
—Bien, Princesa.
James, avergonzado, no sabía qué hacer. De pie, junto a él, Liabric la miraba como si tuviera cara de demonio.
Incluso los Caballeros reunidos en el campo de entrenamiento estaban asombrados. Hewlhard, que no era reconocido como un Caballero, fue nombrado excepcionalmente por la Princesa.
Parecían no estar convencidos de lo que se había hecho. Entre la conmoción de las personas, la de Lawrence, era más del doble que la de los demás. No podía evitar sentirse miserable por haber sido abandonado cuando estaba convencido de la bondad de Elena en los últimos días. Ella no le prestó ninguna atención.
—Sir Hewlhard, el dueño de la espada ha sido determinado, ¿cuánto tiempo estará haciendo eso?
Ante las palabras de la sonriente Elena, Hewlhard bajó tardíamente la espada por debajo del ombligo y la sostuvo suavemente con la punta mirando al suelo. Después del juramento, hay una relación de amo y sirviente en la cual se lleva un proceso de nombramiento de reconocimiento ante todos.
—Princesa ¿puedo hacerle una pregunta grosera?
—Sí, Lord James.
Se armó de valor para preguntar por la situación que no entendía del todo.
—Lamento decir esto, pero hay muchos grandes Caballeros aquí que son más experimentados y capaces que Sir Hewlhard.
—¿Y qué?
—Puedo preguntar, ¿Qué vio en los ojos de Hewlhard? —parecía dudar sobre si se había realizado la elección correcta—. No entiendo por qué lo eligió, así que le pido que lo explique —su pregunta también era una representación de la curiosidad de los demás caballeros.
—Está bien, te daré la respuesta.
—¿Cuál es? —preguntó James de nuevo, todos centraron su atención en sus oídos.
Al poco tiempo, sin dudar un segundo, Elena dijo:
—Porque es guapo.
—¡Caramba, ¿Qué está diciendo?!
—Es tan mezquino volver a preguntar. Si no lo has oído, no puedo hacer nada.
James se sintió avergonzado y volvió a preguntar, pero ninguno de los reunidos pudo no oírla. Sin embargo, la respuesta fue demasiado impactante como para no escucharla.
«¿Sólo porque es guapo? Eso que dice es tan vulgar e inculto.» Liabric se avergonzó de sus palabras, que no eran dignas de decir para una Princesa «¿Acaso no tiene educación? ¿No se da cuenta de lo denigrante que es para la dignidad de la Princesa Verónica esa respuesta?»
Había una decepción indescriptible en la expresión de los Caballeros. Algunos incluso se sentían avergonzados de pensar que en vez de juzgar y medir su virtud sería sólo por su apariencia, dejando en un segundo plano la capacidad.
Entre ellos estaba Hewlhard. Incluso cuando fue elegido, sintió más curiosidad que alegría, pero la única razón fue porque es guapo. No pudo deshacerse de eso en su mente.
—¿Cuánto tiempo me mantendrá avergonzada, Lord Hewlhard? —Elena replicó la sonrisa seductora que le ofreció en su primer encuentro.
Hewlhard se posó sobre una rodilla, como si estuviera poseído por el extraño ambiente que se respiraba.
—El Caballero Hewlhard, promete seguir a la Princesa Lady Verónica Von Friedrich. Lo juro con mi vida en esta espada —levantó la espada colocada horizontalmente con ambas palmas.
Elena que estaba mirando hacia abajo, sacó un pañuelo bordado con sellos de la gran casa, este fue colocado sobre su espada. Este acto era la muestra de que se estaba de acuerdo con la promesa del caballero.
—Sir James.
Estaba de pie, con desaprobación ante la llamada en voz baja de Elena, sacó la espada que estaba en su cintura y, sosteniéndola por el mango, la elevó.
—El caballero James de Robres lo aprueba.
Esto era una ceremonia que aprobaba la garantía del juramento del Caballero con la Señorita, por lo que tuvo que aprobar esta decisión. Los demás Caballeros se unieron a regañadientes.
—El Caballero William Finn lo prueba.
—Pedro Von Guerras también lo aprueba.
Aunque los Caballeros intentaran disimular sus expresiones, se notaba un malestar que no se podía ocultar. No se podía esperar nada bueno de tener de Caballero a Hewlhard, un mero plebeyo que solo sabía lo básico. Pero no importa que el orgullo sea importante. La elección de la Princesa Verónica no puede ser refutada.
La ceremonia terminó cuando todos los Caballeros reunidos en el campo de entrenamiento probaron sus votos. Hewlhard se levantó y puso el pañuelo en la armadura para que no se arrugará. No olvidaría el juramento en todo momento manteniéndolo más cerca del corazón.
Elena miró disimuladamente a Liabric. Había un dicho que decía la gente: “Cuando estás demasiado calmado es porque realmente estás enfadado”. En ese momento, la expresión de ella era como el de una hoguera por el enojo que tenía.
«¿Qué puedo hacer? El agua ya se ha derramado.»
Elena fingió tener tacto. Después de lo que ha hecho, debía actuar como una mujer patética.
—Por favor, cuida bien de mí, honorable Caballero —la mano de Elena se extendió a una de las tres espadas que apoyaría el imperio en un futuro próximo.
«────── « ⋅ʚ♡ɞ⋅ » ──────»
En la terraza que daba al jardín, Elena se sentó tranquilamente y disfrutó de la hora del té. La primera tetera que fue de Earl Grey, las flores que estaban sobre la barandilla permanecieron durante días. Cuanto más veía plantar tulipanes en lugar de lirios, más fresca se sentía.
«¿Todo esto se comparará con la alegría de tenerte?»
Elena saboreó su taza de té para que después su mirada fuera a Hewlhard. Se fijó que su piel era limpia, muy diferente al bronceado que adquirían los demás caballeros por entrenar al aire libre. Parecía más a un noble que a un plebeyo. Además, su personalidad tranquila y fría seguía llamando la atención.
—¿Tengo algo en la cara? —preguntó Hewlhard, que se sentía incómodo con su mirada, como si fuera demasiado descarada.
—Quisiera intercambiar algunas palabras con mi caballero —Elena bebía té negro con una ligera sonrisa.
Al ver esa figura, Hewlhard estaba en problemas porque no sabía qué hacer.
—Si tiene alguna pregunta, por favor, hágamela.
—No, vamos a conocernos primero. ¿Cuál es la prisa?
Hewlhard no sabía qué hacer con la misteriosa dama. La sonrisa seductora del primer encuentro se quedó grabada en su mente. Aparte de su estatus, no era la sonrisa que sólo los aristócratas podían hacer. Es la que lo dejó completamente confundido.
En la ceremonia, fue elegido como su Caballero directo porque era guapo. La conmoción aún perduraba en su mente por la increíblemente vulgar razón que salió de la boca de la Princesa Verónica.
La dama ante sus ojos, que estaba en la terraza, bebiendo una taza té, era una mujer tan decente que no podía ni mirarla. Hewlhard no dejaba de sorprenderse por su cambiante personalidad. Gestos elegantes, ojos arrogantes pero respetuosos, discurso juguetón, pero no informal. Sentía la alta dignidad como para inclinar la cabeza.
—Señor, por favor retírese —Elena dejó de beber su taza de té—. Pronto tendremos invitados. No hay razón para que esté aquí.
—¿Quiere decir que alguien vendrá?
Tan pronto como Hewlhard preguntó de nuevo, se escuchó un golpe.
—Es Liabric, Princesa.
—¿Estaba en lo cierto? —Elena sonrió y le guiñó un ojo para que se quedara fuera. Sorprendido y apretando los dientes, se fue, suponiendo que tenía una cita previa.
Hewlhard salió de la habitación y Liabric, que entró, escaneó la atmósfera rápidamente. Elena, que hasta hacía un rato estaba sentada en la terraza de manera elegante disfrutando del té, desapareció.
—Yo, lo siento Liv. Por favor, perdóname sólo una vez.
Elena, que llegó justo delante de Liabric, juntó las manos para después suplicarle clemencia. Tuvo que tragarse su orgullo para mostrar remordimiento por su error.
—No pude soportarlo. En ese momento, me sentí hechizada al ver a Lord Hewlhard. Me siento muy mal por haberme quedado con ese Caballero. Debo haber estado fuera de mis cabales.
Liabric no abrió su boca fuertemente cerrada. Miró a Elena en silencio como si fuera a torturarla. Estaba muy molesta.
—En serio, lo siento mucho. Aceptaré cualquier castigo.
Elena se arrastró, llamándose pecadora. A pesar de que se le prometió el derecho a nombrar al Caballero que quisiera antes de abandonar el Ducado, nunca sacó el tema. En lugar de ser inteligente, prefería parecer sumisa ante Liabric.
—Lo siento.
—Está bien, así que no lo sientas tanto.
—Bueno, realmente soy culpable de morir… ¿Qué? Liv, ¿qué estás diciendo ahora?
Elena la miró con los ojos muy abiertos. Liabric entrecerró los ojos al verla.
—No hiciste nada malo. Es un derecho de la Princesa tener un Caballero, ¿no?
—Pero…
—Así que no te preocupes demasiado. Yo respeto a la Princesa.
(Yionne: ¿y esta hp qué? ¿Se fumó algo? xD)
«¿Respeto?»
Elena contuvo una risa que casi se le escapa. Sabía que había alguna razón detrás por la que no la estaba presionando, ya sea porque no había marcha atrás con la decisión tomada o tenía algo bajo la manga.
—Gracias, Liv, no volveré a hacer lo que quiero.
—Será mejor que no lo hagas. Así, tus padres en las Islas Marianas estarán a salvó, ¿no? —Liabric sonrió al mencionar abiertamente a la pareja. Esto era una evidente amenaza hacia Elena.
Liabric sabía que para controlar a Elena debía amenazarla con la vida de sus padres. En su vida pasada sufrió por estas palabras, pero ahora esto ya no funcionaba con ella, aunque debía mantener la apariencia de que esta advertencia sí le afectaba.
—Yo… Quiero decir… —Elena fingió que ni siquiera podía mantener la boca cerrada y no sabía a dónde mirar con ansiedad.
(Yionne: Elmo cree que eres buena actriz :v)
Su apariencia hizo que la sonrisa de Liabric se engrosara. Comprobó que la amenaza funcionaba correctamente
—Olvídate de todo y concéntrate en preparar tu fiesta, ¿de acuerdo, Princesa?

RAW HUNTER: ANÓNIMO
TRADUCCIÓN: ANÓNIMO.
CORRECCIÓN: ANÓNIMO.
REVISIÓN: LUMA