Capítulo 18
A pesar de todo, Chase decidió apretar los dientes e intentar una conversación un poco más racional. Después de todo, Chase era un hombre moderno extremadamente sensato y normal para esta época. Haciendo como si no hubiera escuchado la palabra “bruja” que acababa de soltar Leoruca, dijo:
—Esta zona no tiene ningún valor de inversión. ¿Sabes cuánto pago de alquiler al mes? Si compro terrenos cercanos con un préstamo y no anuncian la liberación de restricciones, no podré revenderlos. Entonces la mansión irá a subasta, ¿y qué piensas hacer entonces? Es tu única propiedad; si pierdes la casa, ¿dónde vivirás?
—¡Eso no pasará! Bueno, si tanto te preocupa, supongamos que vivimos aquí.
Leoruca, creyendo que Chase estaba medio convencido, se enderezó con dignidad. Su actitud al responder era incluso bastante arrogante. Esta vez, fue Chase quien quedó pasmado. Ni medio convencido, ni siquiera una millonésima parte. «¿Y quién dijo que vivirían aquí…?»
Al parecer, ya había olvidado que estaban en una situación especial y que solo convivían temporalmente por necesidad. ¿Será que su cabeza era tan pequeña que no puede retener nada? De pronto, Chase sintió un cansancio abrumador y deseó echar de inmediato a ese cachorro irreflexivo para quedarse solo. Si no fuera porque de repente le revolvió el estómago, realmente lo habría hecho.
UGH…
—¿Eh? ¿Qué pasa, te duele algo? ¿Vas a vomitar? ¿Dónde está la bolsa de plástico?
—Estoy bien…
UGH, ¡GLUP!
—¡No, no, al baño, al baño! ¡Ven por aquí, no puedes vomitar en la alfombra!
—Solo son náuseas… Cállate.
UGH, ¡GLUP!…
Parecía que el bebé se había asustado por escuchar tantas tonterías. Aunque el bebé estaba en el vientre, la reacción se manifestaba en el exterior. El efecto de la marca era realmente asombroso. Mientras tanto, Leoruca era tan ruidoso que Chase, incluso entre arcadas, se enfadó. Aun así, Leoruca seguía moviendo la cola con entusiasmo, comportándose de manera bulliciosa.
—¡Ay, en serio, solo por esta vez!
«¿Qué…?»
—¡Solo lo haré una vez, así que no te acostumbres!
«¿Qué cosa…?»
—¿Qué estás tramando? Quédate quieto…
Justo cuando Chase, alterado, empezó a agitar las manos para apartar a Leoruca, ocurrió lo inesperado. Leoruca se levantó de puntillas, envolvió sus brazos alrededor del cuello de Chase y lo abrazó con fuerza.
—…
—…
Un silencio más denso que la muerte se extendió entre ellos. Chase no entendía lo que estaba pasando. «¿Acaba de… abrazarme? ¿Este cachorro que parece una bola de peluche blanco? Esto es… una locura.»
Incluso notó un olor peculiar, y sospechó que este maldito cachorro estaba liberando feromonas. «¿Feromonas caninas?» Chase sintió un hormigueo en la cabeza y, de pronto, unas orejas negras brotaron de su cabeza.
«¿Revelar mi verdadera forma por culpa de las feromonas de Leoruca?… Qué vergüenza para un leopardo negro…»
—¡Maldita sea, estás jodidamente loco!
—¡Espera un momento!
Pero Leoruca, aferrándose con fuerza a su nuca, no tenía intención de soltarse. Al contrario, liberó más feromonas, y para colmo, una cola negra y larga surgió de la cintura de Chase. Estuvo a punto de perder la cordura.
—¿No te vas a separar?
—¡Esto calmará tus náuseas, te lo digo en serio!
—¡Eso ni siquiera tiene sentido! ¡Acosador de mierda!
—¿Quién está acosando? ¡Ni siquiera me interesan los hombres!
—¿Entonces quién fue el que me drogó y se me tiró encima, eh?
—¡No lo sé! ¡No fui yo!
—¿La amnesia es tu comodín universal? ¡Quítate de encima y no me sigas abrazando!
—Mírate, ¿ves? Ya no tienes náuseas.
—¿Que ya no…?
Chase, que estaba a punto de seguir gritando, se detuvo de repente. El mareo que lo había estado revolviendo se había calmado por completo. Las náuseas, efectivamente, habían desaparecido.
—Normalmente, cuando me dan náuseas, no se calman hasta que vomito todo y sufro durante horas… Esto es increíble.
—¿Ves? Uf… ¿Ahora que te abrazo, te sientes mejor, verdad?
—…
Más que un abrazo, era como si estuviera colgado de él. Aun de puntillas, Leoruca no lograba abrazarlo correctamente y terminó balanceándose como un péndulo. Jadeaba, esforzándose por mantener la postura, pero aun así insistía con orgullo en que tenía razón.
«¿Acaso cree que esto es una competencia de barras?»
Con el ceño fruncido, Chase sostuvo las nalgas de Leoruca para estabilizarlo. Solo entonces el cachorro relajó los brazos y apoyó su frente contra el hombro de Chase.
—Uff… El bebé es muy exigente. Si está en mi vientre, ¿por qué te molesta a ti?
—Puede pasar. Supongo que es por la…
—¿La qué?
—…
Chase tragó saliva, conteniendo las palabras que estaban a punto de escaparse, y negó con fuerza. No podía decirle que era una reacción común cuando la persona “marcada” quedaba embarazada.
La marca, y encima una marca unilateral hacia este maldito cachorro. Ese era un secreto que se llevaría a la tumba. Leoruca ya soltó suficientes tonterías insinuando que Chase estaba enamorado de él. Si se enteraba de la marca, no habría forma de evitar que lo tacharan de acosador.
No entendía cómo había terminado marcando a Leoruca de Kaisa, de entre todas las personas. Jeffrey, Hyung de Chase, no paraba de decir que era “amor del destino” y que claramente había sido “flechazo”. Pero ya llevaban casi un año conociéndose. ¿Flechazo qué? No entendía cómo ese charlatán había obtenido su licencia médica.
Lejos de ser un “amor del destino”, ese cachorro revoltoso era la última persona que quería encontrar, incluso en sus sueños. Ojalá nunca hubiera descubierto lo de la marca unilateral. Era una información inútil que preferiría olvidar. Mientras Chase se hundía en sus pensamientos, Leoruca seguía parloteando sin parar. El problema era que, sin querer, estaba tocando puntos clave.
—Es raro que mejores cuando estás cerca mi. He visto casos de náuseas empáticas, pero nunca escuché que un abrazo las calmara. ¿Y lo de las feromonas? ¿No es extraño que te tranquilicen?
—…
«¡Es por la marca!»
Aunque ni el propio Chase sabía que el olor a cachorro tendría un efecto tan potente. El mareo y las náuseas habían desaparecido en un instante. «¿Cómo es posible? Hace un minuto estaba agonizando y ahora estoy completamente bien…» Se quedó pasmado al darse cuenta de que, sin ese maldito cachorro, su vida cotidiana sería imposible. Mientras tanto, el cachorro seguía hablando, entusiasmado, como si nada.
—¡Tengo que llamar al mayordomo! ¡Que busque propiedades de inmediato! ¿Qué haremos si los precios suben demasiado? ¿En qué gastaremos todo ese dinero?
Una fatiga abrumadora lo inundó como una ola. Chase, aún cargando al cachorro que colgaba de él, murmuró con amargura:
—Solo quiero estar solo…
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Aunque la decisión ya estaba tomada, ahora yo también empezaba a asimilarlo. Chase, por su parte, parecía negarse a aceptarlo por completo.
«Un bebé… ¿De verdad voy a tenerlo? ¿Yo, con un bebé?»
Mientras acariciaba mi vientre aún plano, incliné la cabeza con curiosidad. Si ya decidí tenerlo, debo cuidar mi salud y hacer bien las cosas. Era, básicamente, una excusa para seguir comiendo y divertirme sin límites. Pero, como siempre, el maldito leopardo negro me arruinó el momento.
—Oye… ¿Y la universidad?
—¿Qué universidad…?
—Esa al que tú vas y a la que yo voy.
—Yo no he ido en un mes… Me la pasé encerrado en casa jugando. ¿De qué hablas?
—Los exámenes finales son la próxima semana. Aunque dejes el próximo semestre, al menos termina este. Ya falta poco.
—¿Tengo que estudiar?
«¿Ahora, después de faltar un mes? ¡Ni en mi vida pasada hice esto! ¡Quiere que me ponga al día con los exámenes universitarios! ¡Y encima compitiendo contra los mejores estudiantes del país!»
—¿Qué te pasa? Entraste como el primero de tu generación. Oye… ¿Leoruca?
Al parecer, cuando el shock es demasiado grande, el instinto hace que regrese a su forma original. Tan grande fue mi sorpresa que, en un instante, ¡PUF!, me convertí en cachorro.
—Oye! ¿Por qué te derrumbas así? ¡Despierta!
La voz de Chase, alarmado, sonó como si viniera de muy, muy lejos.
Eliza: Hasta yo me meaba si me ponen a hacer exámenes en una semana jajajjaj

TRADUCCIÓN: ELIZA
CORRECCIÓN: HASHI
REVISIONISMO: ELIZA