Capítulo 17
Llegado este momento, Adeline comprendía que las palabras de Sophia en aquel entonces eran ciertas.
«Sophia Barrett tenía razón.»
La información se convierte en dinero. Incluso en el caso de Jack, su inmensa fortuna se debía en gran parte a que obtenía datos de inversión antes que los demás.
«Si yo también hubiera tenido más información, no habría sido derrotada tan impotentemente.»
Pensar en eso le dejaba un regusto amargo en la boca, pero al menos ya lo sabía, y eso era lo importante ahora. Así, después de haber aceptado asistir como pareja de Millen al baile del palacio imperial…
Adeline fue directamente a buscar a Jack para hacerle una petición.
—Señor Hartzfeld, ¿podría comprarme un artículo en la subasta de mañana en Solide?
Solide.
Un lugar cuyo nombre ya parecía rezumar materialismo, y donde se realizaban transacciones legales de artículos de alto valor imposibles de conseguir en grandes almacenes o tiendas comunes.
En Solide se manejaban productos extremadamente variados, desde antigüedades hasta obras de arte. Entre ellos, algunos artículos raros solo se subastaban una vez al mes.
—Sé que su empresa también invierte en arte. Mañana planean ir a Solide, ¿verdad?
Ante las palabras de Adeline, Jack apoyó la barbilla en la mano mientras la observaba fijamente, y luego negó con la cabeza, como si no pudiera entenderlo.
—Qué curioso. Estoy seguro de que no hay espías en mi empresa. ¿Cómo es que sabes todo, desde que llegará un tren al territorio del vizcondado de Monerhen hasta que iré a Solide?
—Ya le dije antes que tengo mis métodos. No es ningún espía.
Por supuesto, no podía explicarle que había muerto y regresado en el tiempo, así que no podía entrar en detalles. Por suerte, dado que existía un contrato entre ellos, Jack no se interesaba demasiado por el origen de las fuentes de información de Adeline. Y fue con esa misma excusa, arriesgándose a despertar las sospechas de Jack, que Adeline le hizo aquella petición.
—Al final de la subasta saldrá un anillo con diamante amarillo. Me gustaría que lo comprara.
—¿Está pidiéndome un anillo de compromiso?
—No, es que habrá alguien que quiera conseguirlo.
Un anillo con diamante amarillo. Era una de las reliquias familiares que habían sido transmitidas de generación en generación en la Casa Barrett, originalmente perteneciente al patriarca fundador de la familia.
«Se decía que al final lo vendieron porque no pudieron superar la pobreza.»
El responsable de convertir a la familia Barrett en una casa adinerada, el abuelo de Sophia, fue quien comenzó su negocio con el dinero que obtuvo al vender ese anillo. El negocio prosperó enormemente y con el tiempo acumuló la fortuna que tienen hoy. Pero, según contaban, el abuelo de Sophia se sintió profundamente culpable hasta el momento de su muerte por haber vendido aquella reliquia. Incluso llegó a pedir en su testamento que lo recuperaran.
«Por suerte, en el pasado Sophia logró recuperarlo.»
Durante su matrimonio con Julian, Adeline se había cruzado una vez con Sophia. Se conocían de antes, así que intercambiaron saludos por cortesía.
{—Cuánto tiempo, Sophia. Ese anillo en tu mano, ¿es nuevo?}
{—¿Lindo, verdad? Es el anillo que mi abuelo me pidió recuperar. ¡No tienes idea de cuánto trabajo me costó encontrarlo!}
Fue en ese momento cuando Adeline escuchó de boca de Sophia la historia que rodeaba al anillo. También supo que Sophia había logrado recuperarlo mediante una subasta en Solide. Y Adeline planeaba aprovechar ese hecho.
—Si usted compra el anillo, la familia Barrett hará cualquier cosa por recuperarlo, incluso pagar varias veces su valor. No es que sea una joya especialmente valiosa, pero para la familia Barrett ese anillo tiene un significado muy importante.
Considerando que en el pasado quien lo compró fue Sophia, estaba claro que Jack no tenía ningún interés particular en el anillo como tal.
—Después de todo, es un objeto que no le hace falta. Véndalo por un precio razonable.
—No saldré perdiendo, entonces. ¿Eso es todo lo que quiere pedirme?
—No.
El anillo no era más que un simple anzuelo. Un cebo para atraer a Sophia hasta el salón de baile del palacio imperial y hacer que actuara según los planes de Adeline.
—Entréguele esto a Sophia Barrett, con la condición de que le dará el anillo.
«Que venga al banquete del palacio… que me busque.»
Jack aceptó la petición de Adeline sin dudarlo.
Después de todo, como él mismo había dicho, no perdía nada y, por el contrario, podía recibir de la familia Barrett una suma varias veces mayor que el precio de subasta, así que no tenía motivo para rechazarlo.
«No sé qué le habrá dicho Jack a Sophia para hacer que viniera hasta mí.»
El papel de Adeline terminaba con pedirle el favor a Jack. Lo que ocurriera después ya estaba en sus manos, y por eso, a Adeline le resultaba imposible saber con certeza cómo se había desarrollado todo. Pero lo que estaba claro era que Jack había cumplido la petición de Adeline con total seriedad.
La prueba estaba justo delante: Sophia había aparecido ante Millen y Adeline.
—Nunca pensé que vería en un mismo lugar a la princesa de nuestra querida Proud y al mayor mujeriego. Cuánto tiempo, Adeline.
Sophia saludó brevemente a Adeline, y enseguida se giró hacia Millen con una sonrisa burlona.
—¿Así que esta vez estás intentando conquistar a Adeline, Millenberg? La vez pasada fue mi prima Mireille, ¿recuerdas?
—Eso fue un malentendido, Sophia. Con Mireille no pasó absolutamente nada.
—Ja, ¡como si me lo tragara!
Mireille Leroy, prima de Sophia, era un nombre que Adeline también había escuchado alguna vez.
«En el pasado… ¿no fue ella la del escándalo con Millen?»
Mireille, que tenía la misma edad que Millen, se vio envuelta en un escándalo con él en el pasado. Se rumoraba que estaban saliendo, y el chisme se propagó rápidamente… pero al cabo de una semana se desmintió como una completa tontería, y el escándalo desapareció tan rápido como había surgido.
Era una historia que incluso Adeline ya había olvidado hacía tiempo. Pero para Sophia, quien era cercana a su prima, no parecía ser un asunto que pudiera olvidar. De no ser así, no habría reaccionado con tanta hostilidad en cuanto vio a Millen. Sophia, como si hubiera esperado ese momento, lanzó comentarios sarcásticos hacia él sin disimulo.
—¿Qué malentendido ni qué nada? Oye, Millenberg. ¿De verdad crees que no sé que coqueteas con chicas para luego dejarlas tiradas?
Ante la mordaz acusación de Sophia, Adeline miró de reojo a Millen, casi sin darse cuenta. Y lo que vio en su rostro fue algo que nunca antes había presenciado. La sonrisa que siempre llevaba puesta había desaparecido por completo. Solo quedaba una expresión fría, sumida en una tensa calma, mirando fijamente a Sophia.
«Y justo después se desvaneció.»
Millen cambió de expresión tan rápido que Adeline se preguntó si acaso la había imaginado. En un instante, volvió a sonreír con amabilidad.
—Parece que Sophia ha malinterpretado algo. ¿Te importa si hablamos un momento?
—Sí, no te preocupes por mí. Ve.
—Vuelvo enseguida. Lo siento, Renée.
Después de eso, Millen se alejó llevando a Sophia con él. Adeline los observó en silencio mientras sus siluetas se perdían a lo lejos, y entonces lo comprendió con certeza.
—…Ya veo.
Durante los tres años de su matrimonio, siempre le había parecido extraño lo repentino que había sido el libertinaje de Millen con las mujeres. Pero, al parecer, no fue algo que surgiera de la nada.
Las palabras afiladas de Sophia y la actitud de Millen al llevársela del lugar…
Todo le hablaba con claridad a Adeline.
«Millen me engañó.»
En realidad, a estas alturas ya ni siquiera le sorprendía la fama de mujeriego de Millen. Ahora que sabía que esa era su verdadera cara, la que había mostrado durante esos tres años, y que la dulzura que le mostraba en el presente era una farsa… lo cierto es que se sentía más aliviada que molesta.
Pero por mucho que comprendiera, era inevitable que mientras más sabía, más desconcertante le resultara todo. Una duda fundamental seguía rondando la mente de Adeline.
«Entonces, ¿por qué Millen se tomó tantas molestias para pedirme matrimonio, incluso llegando a engañarme?»
Ocultó su historial de mujeriego. Renunció a un título que, claramente, podría haber heredado sin problemas. ¿De verdad existía alguna razón por la cual tenía que mantener durante más de diez años ese rostro amable y dulce de amigo de la infancia solo para poder proponerle matrimonio?
Justo cuando Adeline, ahora sola, comenzaba a perderse poco a poco en sus pensamientos…
—¿Dónde está tu pareja, y por qué estás aquí sola, Adeline Zeller?
Una voz, desconocida y al mismo tiempo familiar, interrumpió su línea de pensamiento al llegar desde algún lugar cercano.

TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAW HUNTER: GLOOMY CLOCK