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CAPÍTULO 17

—Adora a la Princesa, por lo que no tiene nada de qué preocuparse. No encontrará a alguien mejor incluso si busca por todo el Gran Ducado. 

Después de escuchar aquellas palabras, Elena casi estalla en carcajadas. 

«Si alguien viera esta escena, pensaría que se trata de un cliché.» 

Sabía que Liabric se estaba comportando como un promotor, y de alguna manera, Elena tenía que estar a favor de Lorentz, quien trataba de convencerla para que lo eligiera como su Caballero. 

«Si es eso lo que deseas, fingiré estar impresionada por él. Solo por esta vez actuaré como la muñeca de Liabric.»

—Me gustaría ofrecer mi espada, honor y vida a la Princesa. 

—Sir Lorentz —Elena hizo una actuación muy conmovedora—, me lo ha dicho Liv, muchas gracias. Si no fuera por ella, no habría podido encontrar a alguien como Sir Lorentz. Siento que mi sueño se ha hecho realidad.

 —Me siento aliviado de escuchar eso.

Liabric se encuentraba satisfecha. Estaba convencida de que Elena realmente seguía haciendo lo que quería. 

«────── « ⋅ʚ♡ɞ⋅ » ──────»

Las doncellas y sirvientes del Gran Ducado sufrían por el exceso de trabajo, ya que se acercaba el aniversario del nacimiento de la Primera Gran Familia. Este evento era de mucha importancia, incluso para la familia Friedrich era el evento más importante del año. 

Todos estaban agitados, no solo por esta celebración, sino también porque había un nombramiento de un Caballero que no estaba programado. 

Elena sonrió, elevando las comisuras de su boca; todo estaba saliendo como lo había planeado. 

«Ya no funcionara a tu voluntad.» 

En su vida pasada, comía, vestía y hablaba con la nobleza sin equivocarse, tal como se le dictaba hacer. Si se revelaba que era una Princesa falsa, perdería la vida, por lo que siempre fue amenazada con que matarían a sus padres cada vez que intentaba salirse de su control. Sin más remedio, tuvo que seguir las palabras del enemigo. Al final de cuentas, ellos mataron a sus padres sin que ella lo supiera. 

Sin embargo, todo esto era diferente ahora. Sus padres estaban a salvo en un país lejano y esto confirmaba más el hecho de que Liabric, quien es tan cautelosa, no haya mostrado ningún movimiento significativo hasta ahora; esta teoría es cada vez más sólida. Significaba que no podía ser controlada por sus enemigos con la garantía de sus padres.

—¡¿Eh?! Mi flequillo está despeinado —estas palabras salieron de la boca de Elena, quien estaba sentada con las piernas cruzadas, en una postura arrogante. 

Anne se asustó, mientras le peinaba el cabello. 

—Lunarin, zapatos. 

Puso los pies en los hermosos tacones decorados con gotitas de vidrio. 

Todo el cuerpo de Elena resaltaba con el lindo vestido rosa que dejaba al descubierto sus hombros, acompañado con un llamativo maquillaje que hacía juego con su brillante cabellera rizada de color rubio, que caía detrás de su espalda. 

—Es muy hermosa.

—¿Es así? 

El halago de Anne, que había estado de pie, hizo que Elena no fuera sincera.

—Oh, ¿Liv está esperando afuera?

—Sí, ha estado aquí un tiempo.

—Me olvidé al estarme vistiendo. Todos salgan y déjenla entrar.

Elena se encontró bajo el pretexto de estar cambiándose y mantuvo esperando a Liabric de pie, en el pasillo, durante mucho tiempo.

—Liv, esperaste mucho tiempo, ¿verdad? Lo siento. Fue un buen día, así que me retrasé por querer verme bonita.

Cuando las criadas vieron entrar a Liabric, se retiraron como la marea baja, ante la señal de Elena.

—¿Han terminado todos los preparativos?

—Sí. Liv, ¿Qué hay de mí? ¿Se ve bonito? Espero que lo sea a tus ojos.

Elena, ante los ojos de Liabric, parecía una niña pequeña que intentaba estar en el corazón de un Caballero, y aunque le había prometido no dañar la dignidad de la Princesa Verónica, no podía quitar de su rostro esa mirada patética. 

«Veo que eres más manejable. Tienes tanta vanidad que te decidiste por Lorentz.»

—Obviamente, te lo garantizo.

—Gracias… Me siento tan emocionada que mi corazón estallará. Siento que estoy soñando.

—¿Cómo estuvo ayer?

Elena tuvo la hora del té con Lorentz durante los últimos cuatro días. Fue la oportunidad perfecta para demostrar sus habilidades de actuación, por lo que fingió estar conmovida por él.

—Pasé un buen rato con él mientras bebía el té. Me encantó el tiempo que compartimos, y aunque no nos dirigimos muchas palabras, fue tranquilizador y confiable.  

—Sir Lorentz es un Caballero afortunado por ser elegido por la Princesa. 

—¿De verdad? —la boca de Elena se llenó con una gran sonrisa.

—Asegúrate de hacer un voto por Lord Lorentz hoy. No deberías ser una mujer malvada que hace la vista gorda ante el anhelo de un Caballero honorable, ¿verdad?

—¡Ah, una villana! Nunca podría traicionar su sinceridad y sentimientos —Elena estaba disgustada por la expresión “malvada”.

Liabric estaba convencida de que Elena haría lo dicho por lo que ya no mencionó el tema.

—Ha pasado mucho tiempo, vamos al baile.

Liabric dio un paso atrás y ofreció que Elena llevara el frente, por lo que aceptó y prosiguió con un paso provocativo pero elegante, los demás acompañantes la seguían cortésmente.

Los que seguían a Elena llegaron al campo de entrenamiento central, ahí es donde se llevaría a cabo la ceremonia de inspección oficial del Gran Duque. Más de cien caballeros se alinearon entre sí. Los que portaban armaduras plateadas con el patrón del Archiduque en su pecho, parecían llenos de dignidad.

—Princesa, sube —después de las palabras de Liabric, Elena recogió el dobladillo de su falda y subió las escaleras—. Te lo advierto, no permitiré que hagas algo que no esté planeado. Solo haz lo que memorizaste.

Aferrándose al consejo que estaba más cerca de ser una amenaza, Elena subió a la plataforma, quedando a la altura de los hombros de un hombre adulto.

—¡Saludos a la Princesa Verónica! 

En nombre del Primer Oficial, que no pudo asistir debido a un envío externo, James, el comandante de la segunda división, encabezó los círculos de los Caballeros justo debajo del podio*.

(*Un podio es una plataforma o tarima sobre la que se coloca a una persona para ponerla en lugar preeminente por alguna razón)

—¡Perfecto, perfecto!

Los Caballeros sacaron sus espadas con un movimiento modesto y las levantaron por encima de sus cabezas. Cuando la luz del sol se reflejó en la espada, tiraron del mango hacia un extremo. La serie de movimientos completados sin un solo error es una forma de prometer lealtad y obediencia eterna al maestro. Elena también recitó su saludo poniendo sus manos sobre su pecho, siendo ligeramente educada.

«Novena fila, tercera desde la izquierda.» 

Una sonrisa de alivio se posó en la boca de Elena, que miraba el rostro de los caballeros. Le preocupaba el qué pasaría si no estaba, pero era solo una preocupación. Él estaba ahí, justo en este desfile central.

Elena, quien bajó de la plataforma, caminó hacia los caballeros alineados. Liabric y el segundo comandante de los Caballeros, James, la siguieron inmediatamente. 

Cuando el pie de Elena se detuvo frente al caballero de pie, James lo presentó:

—Este es Lord Hamel. Es el más fuerte en el 1er Cuerpo de Caballeros, y un maestro de las espadas rápidas. Es un hombre con el coraje de querer estar siempre al frente de la batalla.

—Sin duda, te ves absolutamente valiente —Elena continuó de pie frente a los caballeros de interés y se presentó repetidamente. 

Esto se debe a que la historia tiene como objetivo inculcar la imagen de una princesa interesada en los Caballeros tanto que ha decidido celebrar una gran ceremonia de elección. Dándose la vuelta, los zapatos de Elena se colocaron frente a Lorentz.

—¿Esta persona es…?

—Este es Sir Lorentz, un Caballero que ha sido llamado el León Blanco por su elegante apariencia.

Liabric, que había estado en silencio hasta ahora, también ayudó con una palabra.

—Es un caballero que el Gran Duque también ha estado observando.

—¿Padre? —Elena deambuló frente a Lorenz; tenía una expresión de interés. 

Teniendo en cuenta la habilidad de este Caballero, incluso si fuera elegido, no habría nada inusual en ello. 

Elena se dio la vuelta y pasó de él. 

Lo más vergonzoso del momento fue Lorentz, quien no sospechaba nada, porque creía que sería elegido. Sus ojos temblaban de manera poco convencional, haciendo evidente su vergüenza. Esa reacción no fue muy diferente a la de Liabric. 

«Tú, tú… ¿Qué más estás haciendo?» 

Para Liabric fue un desarrollo inesperado. Como había acordado de antemano, se suponía que Elena, que había estado encantada con este Caballero, señalaría a Lorentz y recibiría el juramento en el acto. El plan estaba en peligro de ser cambiado. Elena estaba prestando atención a otros miembros de los Caballeros que ni siquiera había visto.

«De ninguna manera.» 

Las manos de Liabric estaban empapadas de sudor por la oleada de ansiedad. Es una ceremonia de nombramiento a gran escala para Caballeros. Una vez que fuese elegido, no podía evitarse bajo ninguna circunstancia. Incluso, había muchos ojos para ver. Todos los Caballeros que participaron en la ceremonia de elección serian testigos. 

De cualquier manera, Elena, iba y venía entre los Caballeros. Sus pasos, que parecían no parar, finalmente se detuvieron

—¿Le gustaría presentarlo? 

Los ojos de Liabric se entrecerraron, no entendía de dónde venía ese repentino interés. No tuvo oportunidad de averiguarlo porque era un caballero nuevo sin nada que destacar.

—Este es Sir Hewlhard, un miembro de la 2ª División de Infantería. Es un Caballero nuevo que fue contratado justo antes del evento.

Elena miró a Hewlhard. 

«¿Es porque la impresión del primer encuentro es muy profunda?» 

Podía sentir al chico temblando levemente ante la mirada descarada de ella. 

—¿Podrías contarme más? 

—Es… del Frente Oriental, así que es muy bueno montando a caballo. Aparte de eso, solo es… 

Aunque James era miembro de la 2ª División de Infantería, parecía saber poco sobre Hewlhard salvo que era nuevo. Además, no importa si se trata de un recién llegado, de igual forma no sintió ningún afecto en comparación a cuando presentó otros candidatos. 

—Le ruego que me disculpe, Su Alteza, Lord Hewlhard es un plebeyo y aún está en etapa de aprendizaje, por lo que todavía carece de habilidades con la espada que debe tener como Caballero. Por lo tanto, se considera insuficiente para ser nombrado su Caballero. 

—¿De verdad? —Elena miró a Hewlhard con cara triste. 

Aunque James lo devaluó, el rostro de Hewlhard se mantuvo sin cambios.

«Por eso le llaman el Caballero de Hielo.» 

Es a finales de este año que Hewlhard se convierte en la espada del Gran Duque y empieza a ganar fama en el Imperio a partir de la derrota de los Rebeldes del Norte. Suponiendo que sus habilidades con la espada no las ganó en un mes o dos, Hewlhard ya es un hombre fuerte.

«Quizás esté ocultando su talento. Por supuesto, si destacas, los aristócratas periodistas lo mantendrían bajo su control.»  

Esto significaba que nadie reconoció su talento.



RAW HUNTER: ANÓNIMO
TRADUCCIÓN: ANÓNIMO.
CORRECCIÓN: ANÓNIMO.
REVISIÓN: LUMA


¿Aquí no ibas?


¿Te has cansado?


¿Uno más?

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