Capítulo 151
—La voluntad del cielo ya se ha revelado. ¡No de boca del Templo Sagrado, sino de la del Divino Guardian!
El Emperador gritó desde lo alto del estrado.
En ese instante, la plaza volvió a sumirse en el silencio.
Innumerables miradas se concentraron en el Emperador sobre la plataforma.
—¡El Juicio Sagrado de mañana ya no puede garantizar la voluntad divina. ¡Ese juicio está corrompido! Si la Gran Duquesa es la culpable de robar el Poder de la Purificación, ¿no debería haber recibido el castigo divino en el Gran Templo el día de la boda? ¡Ya es una señal de que los dioses han dejado de velar por el Templo!
El grito del Emperador, amplificado por los círculos mágicos de sonido, resonó por cada rincón de la plaza.
Desde tiempos inmemoriales, el Juicio Sagrado era considerado un juicio absoluto donde el castigo divino caía al instante ante la más mínima mentira.
Existía la creencia de que nadie podía sobrevivir si mentía frente a él.
Pero incluso esa fe, que parecía inquebrantable, se tambaleó ante el dragón.
La multitud, que había vacilado por un momento, pronto comenzó a asentir y murmurar.
Al principio, eran susurros intercambiados en secreto, pero pronto las voces de desconfianza e ira comenzaron a crecer.
Aquellos sobornados por la familia Kardel entre la multitud comenzaron a instigar.
—¡El Divino Guardian ha descendido en persona, qué juicio podría ser más grandioso que el testimonio de un dragón!
—El Día de la Guardiana se acerca. ¡El cerco se debilita, y todavía hay quienes retienen ese poder para sí mismos!
—¿Por qué la Gran Duquesa de Exion no enfrenta el juicio?
Las voces se alentaban unas a otras, amplificándose.
—Es cierto… ¡El Templo ya está corrompido!
—¡Nos están engañando!
La duda pronto se convirtió en desconfianza, y la desconfianza en ira.
La gente llegó a creer que el Juicio Sagrado ya no era justo y perdió la razón para esperarlo.
—¡Esperar al juicio será demasiado tarde! ¡La bruja se volverá más poderosa!
—¡Debemos actuar antes de que la ira del Divino Guardian arrase el Imperio!
La plaza bullía de locura.
Finalmente, la multitud ya no se conformaba con escuchar las palabras del Emperador.
Alzaban piedras, agitaban antorchas, convirtiéndose en armas de ira.
—¡Juzguen a la bruja!
Esa proclama ya se mezclaba con los cánticos que proclamaban la inocencia de la familia Kardel, hasta volverse indistinguibles.
Y entre aquellos que observaban la escena, también había quienes no podían disipar un presentimiento siniestro.
Ya fueran los sobornados por Kardel, los leales al Emperador, las sombras de la familia Exion, o simplemente espectadores.
Todos lo sabían.
El juicio de mañana no sería un simple juicio, sino una enorme chispa que sacudiría el destino del Imperio.
* * *
Día del Juicio Sagrado.
La mañana en la capital ya era un caos.
La plaza frente al Templo era un remolino de ira popular.
La multitud apiñada frente a las grandes puertas del blanco Templo gritaba hasta desgarrarse la garganta.
—¡El Templo que encarcela a un inocente comete un sacrilegio!
—¡Liberen al joven Kardel!
—¡No necesitamos ningún juicio!
—¡El Divino Guardian ya ha testificado! ¿No dijo que la Purificación era de Kardel?
La mirada del pueblo estaba consumida por la locura.
Gritos de ira y fanatismo ondulaban como olas, y las escalinatas del Templo eran como una represa que apenas contenía una revuelta a punto de estallar.
—¡La verdad se revelará en el Juicio Sagrado! —gritó uno de los sacerdotes, alzando la mano desde lo alto de las escaleras.
Pero su voz fue rápidamente ahogada por la ola de locura.
—¡El juicio no tiene sentido!
—¡El Divino Guardian ya ha hablado!
—¡Si de verdad es la voluntad divina encarcelar al joven Kardel, entonces muestren un oráculo!
La autoridad de los sacerdotes ya no podía calmarlos.
El pueblo reunido frente al Templo era como un mar enfurecido.
Ensuciados por la ira, lanzaban piedras y las antorchas ardían violentamente.
Hasta los paladines, que sostenían escudos y mantenían la formación, tenían pupilas temblorosas ante esta locura incontrolable.
En ese momento, incluso ocurrió que alguien entre la multitud, empujado y pisoteado, resultó herido, lo que enfureció aún más a la gente.
—¡Sangre! ¡El Templo ha hecho correr la sangre de un inocente!
El interior del Templo estaba lleno de una tensión sofocante.
El Sumo Sacerdote, con el rostro pálido, miraba a la multitud que se agolpaba.
Miles de miradas consumidas por el fanatismo. Ya no funcionaban ni la persuasión ni las justificaciones.
—¿Qué piensa hacer? —preguntó el Sacerdote Principal con preocupación.
Si había bajas incluso antes de que comenzara el Juicio Sagrado, el Templo ya no podría controlar la situación.
Eso sería como si el Templo desafiara la voluntad divina.
Su autoridad quedaría destrozada.
Pero…
—…Una vez que comience el juicio, nadie podrá ocultar una mentira ante la voluntad divina.
El Sumo Sacerdote, con el rostro endurecido, alzó la mano.
—No podemos demorarnos más. Lleven al joven Kardel al tribunal de inmediato.
Al caer su voz, los sacerdotes se apresuraron a desactivar los sellos.
CLANCK
La pesada puerta de hierro se abrió, revelando a Gawain, fuertemente atado con cadenas de luz.
En ese momento, la plaza contuvo la respiración.
Gawain caminó lentamente.
A pesar de su largo encarcelamiento, avanzó como una procesión de un santo sufriente.
—¡Joven Kardel!
—¡Es nuestro salvador…!
A partir del grito tembloroso de alguien, la plaza estalló en vítores.
Salvador, héroe, santo, el verdadero heredero de Kardel.
De la boca del pueblo brotaban alabanzas.
Entre los vítores de la multitud, Gawain inclinó la cabeza y sonrió.
La escena del dragón detrás de él, de pie como una sombra, se convirtió en prueba de que era el mensajero elegido por los dioses.
La turba enfurecida, como amotinados, sacudía las grandes puertas del Templo coreando el nombre de Gawain.
—Estimados ciudadanos.
Gawain, mientras era llevado al tribunal, habló como si hubiera estado esperando este momento.
Las cadenas de luz aún lo sujetaban con fuerza, pero incluso eso lo mostraba con dignidad, como una prueba divina.
—Fue su voluntad de hacer cumplir la justicia… la que ha hecho posible este día.
Inclinó la cabeza. Como un mártir que había soportado un sacrificio injusto.
—He estado atado en una fría celda durante mucho tiempo. Pronto se revelará la verdad. Pero antes, recordaré sus fervientes oraciones, su coraje y fe. Ustedes son los verdaderos testigos de la justicia.
Gawain inclinó la cabeza y cerró los ojos.
Pero una mueca de desdén cruzó sus labios.
Para entonces, la mirada de la multitud había pasado de la ira y la locura a la reverencia.
—¡Los sacerdotes, engañados por los susurros del demonio maligno, lo llevan al tribunal para hacerle daño!
—¡Déjenlo! ¿Por qué atan con cadenas de hierro al santo elegido por el Divino Guardian?
La multitud cayó instantáneamente en un crisol de excitación.
Volaban piedras, surgían manos que intentaban arrebatar a la fuerza los escudos de los paladines.
Brazos y cuerpos se enredaban y chocaban, y por todas partes estallaban gritos.
—¡Alto! ¡Todos, retrocedan!
La voz de los paladines se perdió entre los gritos de la multitud consumida por la locura.
La atmósfera frente al Templo se precipitaba a un punto de no retorno.
Y en ese momento.
Como si el tiempo se detuviera, el sonido en la plaza comenzó a desvanecerse lentamente.
No fue que alguien diera una orden a la fuerza, ni que hubiera una represión.
Simplemente, al sentir una presencia y volverse, la gente instintivamente enmudeció.
Miles de miradas se fijaron simultáneamente en un mismo lugar.
Y allí…
Nadie había visto cuándo o cómo había aparecido.
Pero ya se abría paso entre la multitud y estaba sobre el estrado.
—…Es el Gran Duque de Exion —murmuró alguien con voz temblorosa.
Los gritos que sacudían la capital desaparecieron como si fueran mentira.
La plaza se sumió en un silencio tan profundo que era difícil incluso respirar.
La gente, como si hubiera sido alcanzada por un rayo, miraba congelada al hombre ante ellos.
Un hombre envuelto en una capa negra.
Observaba con calma la plaza convertida en un caos, como un cazador contemplando a su presa.

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD