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Capítulo 15

—¿Solo por eso?   

Doug levantó la cabeza y me miró incrédulo. Yo le respondí con indiferencia:

—No cambiaste la contraseña de tu celular.

Se quedó boquiabierto. Al recobrar el sentido, soltó con brusquedad:

—¿Revisaste mi teléfono? ¿No crees que husmear en un celular ajeno es verdaderamente descarado?

Aunque saltó como un resorte, yo seguí impasible. Los culpables siempre buscan echar la culpa a otro. Ver a un fiscal comportándose igual que los criminales que había visto tantas veces solo me confirmaba que la naturaleza humana nada tenía que ver con la fachada. Con ese pensamiento casi filosófico, le pregunté con frialdad:

—Ah, ¿entonces habría sido mejor contestar y decirle que Douglas Bacon vino al hotel a acostarse conmigo, que ya lo hizo y que ahora se está duchando?

Doug cerró la boca de golpe. Lo observé con los brazos cruzados. Con el rostro crispado de rabia, terminó rindiéndose y soltó un suspiro resignado.

—…Estoy comprometido.

—¿Desde cuándo?

—Dentro de dos meses… En la última fiesta del alcalde conocí a sus padres y hablamos del tema.

En ese momento entendí por qué había evitado mencionar la fiesta.

—¿Y desde cuándo la ves?

—…Unos seis meses.

Robin: maldito perro infiel!!

—¡Ja!

Un sonido áspero se me escapó. Me pasé la mano por el cabello con un gesto nervioso. En mi cabeza empecé a contar las veces que habíamos estado juntos durante esos seis meses. Incluyendo hoy, al menos diez veces. La ira comenzó a hervirme por dentro.

—¿Tenías a alguien y aun así no me lo dijiste? Entonces no debiste acostarte conmigo.

Si en ese momento hubiera pedido perdón, habría pensado en dejarlo pasar. Incluso si hubiera dicho, con todas las concesiones posibles, que pensaba que esta sería la última vez, o que quería confesarlo antes de terminar.

Pero Doug soltó una idiotez:

—¿Qué importa? Ella es ella y tú eres tú.

—…¿Qué dijiste?

Por un momento pensé que había oído mal. Sin querer, repetí la pregunta, y Doug respondió con toda naturalidad:

—Me gusta acostarme contigo. No te preocupes, incluso después de casarme podemos seguir viéndonos así. Los fines de semana inventaré alguna excusa…

Robin: bueno este esta estupido o que

—Así que…

Lo interrumpí. Mi voz temblaba levemente.

—¿Te casarás con ella de frente y seguirás acostándote conmigo a escondidas? ¿Engañando a tu esposa?

—¿Y qué tiene? Ya te lo dije, eres el mejor. Tú también necesitas a alguien con quien acostarte, así que nos conviene a los dos. No es diferente de lo que hemos hecho hasta ahora. Podemos seguir viéndonos de vez en cuando para disfrutar. Además, lo sabes: con mujeres, en realidad, no puedo. Apenas pude hacerlo con ella porque pensé en ti para poder endurecerme y entrar.

Escuchar eso no me producía la más mínima alegría. ¿Qué mierda estaba diciendo este imbécil? ¿Pensaba que debía sentirme conmovido al oír semejante basura?

Doug seguía soltando tonterías y se acercó para abrazarme. La toalla que tenía en la cintura se alzó notoriamente. Yo lo esperé en mi sitio hasta que se acercó lo suficiente. Con el rostro enrojecido, se inclinó hacia mí, y en ese instante levanté la rodilla con toda mi fuerza contra su entrepierna erecta.

—…Ghhhk.

El dolor indescriptible le arrancó un gemido extraño; ni siquiera pudo gritar antes de desplomarse. Lo miré desde arriba, rechinando los dientes.

—Eres un maldito perro.

Lo dejé allí, retorciéndose y gimiendo con las manos apretadas contra la entrepierna, y tomé la camisa que había dejado tirada. Estaba a punto de salir cuando, desde atrás, Doug gritó con la voz quebrada:

—¡Maldita sea…! ¡Tú también te revolcaste con otro!

—¡Cierra la boca, hijo de puta! —le grité mientras abría la puerta—. Eso fue después de que terminamos. Mientras estuvimos juntos, siempre te fui fiel.

¡BANG! Cerré con toda mi fuerza. El estruendo hizo que los huéspedes de otras habitaciones asomaran la cabeza, mirando alrededor. Caminé lo más rápido que pude, poniéndome la camisa a toda prisa.

Me dolía el trasero y estaba de pésimo humor. Tomé un taxi de regreso a casa y allí me encontré con un sobre que había llegado en mi ausencia. Al abrirlo, eran los documentos sobre el accidente.

—…Hah.

Al repasar rápidamente las cifras, se me escapó un suspiro ahogado.

El seguro no alcanzaba.

***

—¡Joder, maldita sea, qué mierda!

Lancé improperios como un loco mientras restregaba las baldosas del baño. Todo eran motivos para estar furioso. Para cubrir el dinero que faltaba, tendría que ir al banco en cuanto terminara el fin de semana y averiguar sobre un préstamo.

Y ni siquiera había terminado de pagar el préstamo estudiantil.

—¡Ah!

De pronto la mano me resbaló y me torcí la muñeca. Por suerte no fue grave, aunque un ardor punzante se dejó sentir.

—…Haaah.

Exhalé un suspiro hirviente y me dejé caer contra la pared. Al detenerme, todo a mi alrededor quedó en silencio. Permanecí un rato con la mirada perdida en el vacío. Me había enfurecido tanto, y sin embargo ahora lo único que pensaba era en cómo, dónde y cuánto podría endeudarme. Incluso después de haber explotado contra Doug unas horas antes.

¿Cómo era posible que ahora no sintiera nada? Aunque los sentimientos de pareja se hubieran acabado hacía años, lo único que me quedaba era la incomodidad de haber cometido adulterio sin querer.

¿Habría reaccionado distinto si esto hubiera ocurrido mientras seguíamos juntos?

La respuesta llegó al mismo tiempo que la duda: por supuesto que no. Me habría sentido exactamente igual.

Por eso lo dejé. Porque mis sentimientos no alcanzaban más que para eso.

Que ahora lo único que sintiera hacia él fuera una furia superficial no hacía sino demostrar que nunca lo amé con desesperación, ni antes ni ahora.

Si de verdad hubiera amado a ese cabrón, ¿qué habría sido de mí?

Habría perdido la cabeza. Tal como él lo hizo.

Cerré los ojos y me cubrí el rostro con ambas manos.

Qué alivio tan grande el comprobar que mi corazón late con toda su fuerza únicamente por mí mismo.

Dicen que los lobos aman a una sola pareja durante toda su vida.

En un libro que leí de niño estaba la historia de un lobo que, al ser su compañera capturada por humanos, la buscó desesperadamente por el bosque hasta caer en una trampa. Los humanos intentaron domesticarlo, pero él no perdió su orgullo y solo contempló la llanura donde había nacido hasta exhalar su último aliento. Y la hembra que buscaba con desesperación ya había cruzado antes al otro lado del páramo.

Pero yo soy humano, y no conozco esa clase de grandeza.

6

—Lo siento.

El banquero, de nombre Robin, me rechazó con una voz ligera y alegre, como un gorjeo, tal como su nombre. Yo le sonreí y estreché su mano.

—Entiendo, gracias.

—Sí, que tenga un buen día, señor Chrissy Jin.

Solté suavemente su mano y me di la vuelta. No dejé de sonreír hasta salir del banco.



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN TU PATRONA


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